Ayuntamiento de Madrid
Casa Árabe: una comunidad que se resiste al desahucio
La noticia llegaba a final de curso y con un mensaje muy duro: el 29 de junio el Alcalde de Madrid Jose Luis Martínez—Almeida comunicaba oficialmente que el Ayuntamiento interrumpía la cesión de las Escuelas Aguirre a la Casa Árabe. El icónico edificio, situado a un lado del Retiro y que alojaba la sede de la institución en la capital desde 2008, debía ser desalojado antes de septiembre. El anuncio se hacía con un lenguaje beligerante, en el que se tachaba a la institución de “chiringuito” de quien fuera su directora desde 2021 hasta febrero de 2025, Irene Lozano, y afirmaba que devolvería el espacio “a las madrileñas y madrileños”. Una semana después, en el mismo tono, el alcalde expresaba su esperanza de que la Casa Árabe acatase la orden y no se quedasen de “okupas”.
La decisión sigue a la salida de la Comunidad de Madrid del consorcio de Casa Árabe, el pasado enero, después de que un informe del Tribunal de Cuentas revelara la difícil situación económica de la entidad, fallas en el control interno de la estructura, y falta de asistencia ministerial, entre otros problemas, encomendando al Consorcio subsanar los problemas señalados. Creada en 2006 como entidad pública-privada, el consorcio de la Casa Árabe estaba formado, además de por la saliente Comunidad de Madrid, por el Ayuntamiento de Madrid, el Ministerio de Asuntos Exteriores, Unión Europea y de Cooperación (MAEUEC), la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AECID), la Junta de Andalucía y el Ayuntamiento de Córdoba, donde se halla la otra sede.
La decisión del Ayuntamiento ha sido contestada por la oposición, el lunes 20 de julio, Más Madrid, a través de su portavoz, Rita Maestre, acusaba al consistorio de “sectarismo cultural”, señalándole por intentar “no cuidar, no atender y despreciar todo aquello que no controla directamente”, mientras, Reyes Maroto, portavoz del PSOE, apostaba por la rehabilitación del edificio sin necesidad de expulsar a la Casa Árabe del mismo rompiendo “unilateralmente una colaboración estratégica”. Por su parte, el pasado 16 de julio, el Ministro de Asuntos Exteriores, Jose Manuel Albarés, enmarcaba la decisión del Ayuntamiento en una presunta intención del Partido Popular de “torpedear las relaciones con el mundo árabe”.
La propia Irene Lozano se defendía, el pasado 15 de julio, en sus redes sociales, explicando que durante los años que estuvo al frente de la institución el consorcio —que se reunía semestralmente— aprobó todos los presupuestos y memorias presentadas. La exdiputada del PSOE reivindicaba su labor, achacando el déficit estructural de la Casa Árabe a los recortes de 2012, durante el gobierno de Mariano Rajoy, mientras señala al Ayuntamiento falta de voluntad para reunirse y afrontar los problemas del edificio. Lozano finalmente argumenta que siguió la línea general de anteriores gestiones, y saca pecho de medidas laborales —como haber hecho indefinidos a los profesores, acabando con su situación como falsos autónomos—, o de llevar a cabo una política de austeridad.
Más allá de los partidos: “Casa Árabe no se toca”
A la sorpresa ante el desalojo del espacio, se le ha sumado la forma en la que se ha comunicado la decisión: con un preaviso de dos meses en pleno periodo estival, y usando términos como “chiringuito”, o “recuperar”, el espacio. Así, la reacción por parte de alumnado, profesorado, investigadores y especialistas que frecuentaban la institución no se hizo esperar, con varias concentraciones, la última de ellas convocada el 21 de julio frente al Palacio de Cibeles, coincidiendo con el Pleno del Ayuntamiento. El 22 de julio a las 20:30 de la tarde, está prevista una nueva concentración en la Puerta del Sol.
Los días siguientes al anuncio del Ayuntamiento, una petición en Change.org, bajo el lema “Casa Árabe No se toca”, y que ya cuenta con más de 12.000 firmas, plantaba resistencia a la decisión del alcalde: “No existe ninguna necesidad de desalojar el inmueble de la Casa Árabe más allá de una disputa política y ‘de despachos’, y la alternativa supondría una disrupción e incertidumbre demasiado arriesgadas como para ser en beneficio ya no de la Casa Árabe, sino de toda la ciudadanía de Madrid”, se afirmaba en el texto, antes de exponer: “la Casa Árabe ya es para disfrute de los madrileños, es un espacio abierto y diverso que refuerza la proyección internacional de la ciudad, de la que se beneficia su población, igualmente diversa”.
“No existe ninguna necesidad de desalojar el inmueble de la Casa Árabe más allá de una disputa política y ‘de despachos’”
Una carta firmada por más de 800 académicos, diplomáticos, profesiones de la traducción, periodistas y otros perfiles afines cercanos a La Casa Árabe, publicada también en los primeros días tras el anuncio del desalojo, defiende la importancia de esta institución en términos de proyección internacional, recordando todas las actividades que se realizan en el centro y poniendo en relieve que la cesión acordada es por treinta años, de los que solo se han cumplido veinte.
“El menosprecio a la labor de esta institución manifestado en el anuncio del desalojo de su emblemática sede madrileña, calificándola de ‘chiringuito’ y queriendo asociarla al degradado clima político que actualmente se vive en España, es una muestra de incomprensión de la necesidad de instituciones como esta que, como ocurre en Francia con el Institut du Monde Arabe, trabajan en pro del acercamiento entre las naciones”, afirman en un documento que tiene por primera firma la de uno de los principales referentes de los estudios árabes en el país, el catedrático honorario de Estudios Árabes e Islámicos de la Universidad Autónoma de Madrid, Bernabé López García.
Un lugar para crear comunidad
La catedrática en Sociología del Islam en la Universidad Autónoma de Madrid, Ana Isabel Planet, considera que la inauguración de la Casa Árabe, hace ya 20 años, permitió, por primera vez, a una amplia comunidad de personas especializadas o interesadas en el mundo árabe e islámico ponerse a la par con otras capitales europeas, apareciendo finalmente una institución que hiciera justicia a “la amistad hispanoárabe y a todo nuestro pasado”.
Planet, quien también forma parte como experta universitaria de la Comisión Asesora de Libertad Religiosa del Ministerio de Presidencia, confiesa que, antes de que se crease esta institución, ahora en peligro, sentía cierto pudor porque el espacio para el estudio de la lengua, la cultura, o la historia árabe se limitara al ámbito de la universidad. “Sí teníamos nuestra Biblioteca Islámica de la Agencia Española de Cooperación Internacional, la Felix María Pareja”, biblioteca que a su vez fue reducida en espacio, hace dos años, una pelea que dieron pero no pudieron ganar. Ahora están enfocados en defender este espacio que trasciende con mucho lo académico.
“Casa Árabe es un actor central de la colaboración universidad- sociedad civil”, apunta Planet, quien subraya el rol de la institución para la transferencia de conocimiento, uno de los principios vectores del sistema científico español. Se trata de que aquello que se estudia y se piensa en los espacios universitarios llegue más allá de los campus. “Evidentemente, Casa Árabe no es un chiringuito, como dice el señor Almeida, sino que es un punto importante de anclaje de todo el conocimiento que se genera sobre el mundo árabe”.
Y para anclar, es necesario un espacio, un referente físico donde se encuentren universidad y sociedad, especialistas y público general, artistas y ciudadanas curiosas, profesoras y alumnos. En este sentido, Planet recuerda el rol del Centro de Lengua en la enseñanza del árabe. De hecho, el alumnado enseguida reaccionó a la amenaza de desalojo. Un estudiantado bien amplio que va desde edades muy tempranas hasta la tercera edad. Gente que proviene de diversos orígenes y se suman al centro con el objetivo de aprender árabe. Pero también profesorado que ha podido formarse en cómo dar clases de español a personas refugiadas palestinas o sirias.
“La casa no puede irse a otro lado pues la hemos construido durante 20 años entre todos, la hemos convertido en un espacio de acogida y en un espacio de aprendizaje, de acceso a la cultura y a todo lo que tiene que ver con el mundo árabe de una manera dialogada, de una manera bella también a través de exposiciones, a través de conciertos, a través de muchas iniciativas”, enfatiza Planet, quien considera fundamental defender esta casa “abierta a todos”. Y es que, comenta ligera, aún después de dos décadas, cada vez que va a Casa Árabe se pregunta “¿de dónde ha salido toda esta gente?”
Mariana vino a la Casa Árabe desde México, y contesta a El Salto desde París. Como a tanta gente, la noticia del desahucio de la institución donde estudia árabe y hace vida cultural y social, le ha pillado cuando ya tenía un pie en las vacaciones. Está triste, tras dos años siguiendo online los cursos del Centro de Legua, recién había conseguido matricularse en modo presencial el último semestre, tras mudarse a Madrid. “De hecho, terminamos apenas hace dos semanas y fue maravilloso, entrar al edificio, ver las exposiciones…”
Aunque Mariana ya disfrutaba de las clases y las personas de todas las latitudes con las que compartía aula virtual, “el espacio físico me parece importante para aprender. Ir físicamente a Casa Árabe estos meses para mí fue superbonito”. Mariana no solo alaba la arquitectura del edificio. “Es un sitio de encuentro, un sitio para crear comunidad”. Esta periodista mexicana que conoció la Casa Árabe gracias a unas amistades catalanas que hizo durante una estancia en Palestina describe el grupo con el que todas las mañanas del sábado estudiaba árabe como un conjunto de personas diversas desde una perspectiva ideológica o política, pero unida por “el amor” a la lengua árabe. Y también a la cultura, explica Mariana, quien, antes de mudarse a Madrid, durante años aprovechó cada visita a la ciudad para ver todo tipo de exposiciones en Casa Árabe y pasar largo rato en la librería Balquis, que tuvo que cerrar en 2024, en una especie de preámbulo a lo que estaba por venir.
La lengua árabe como puente
Carmen Pérez es profesora de español como lengua extranjera (ELE). Cuando Carmen se interesó allá por los noventa por el aprendizaje del árabe, le hubiese venido muy bien tener un lugar como la Casa Árabe para estudiar. En aquella época, solo se podía estudiar árabe clásico (el complejo fusha) en la universidad, tomar clases en algunas mezquitas, y poco más. Por suerte, la Casa Árabe llegó a tiempo para que sus hijas pudieran aprender la lengua allí desde pequeñas. Era importante: su padre es egipcio, Carmen lo conoció cuando vivía en El Cairo, en esos años en los que intentaba hacerse con el idioma.
Para Carmen y su familia, tener un sitio laico, accesible, donde aprender árabe ha sido muy importante, pero lo que más valora la profesora es “el hecho de relacionarse con gente de otras nacionalidades, gente de diferentes países árabes, pero también franceses, ingleses… una cultura enorme, una riqueza enorme es lo que te encuentras allí, en un edificio que es maravilloso”, explica la profesora con cierta amargura cuando recuerda que solo quedan semanas, en pleno verano, para perder ese espacio. “Es un desalojo en toda regla, no han dado ninguna opción”. Algo que le ha molestado particularmente es el argumento de que se quiere devolver el edificio a las personas madrileñas: “yo soy madrileña, mis hijas son madrileñas. La Casa Árabe ya existe para el disfrute de los madrileños, de otros españoles y de otras nacionalidades”.
“Yo soy madrileña, mis hijas son madrileñas. La Casa Árabe ya existe para el disfrute de los madrileños, de otros españoles y de personas de otras nacionalidades”
Desde el otro lado del aprendizaje, Hatim valora, como profesor, lo que ha supuesto para él Casa Árabe, donde por cuatro años dio clases a personas de todas las edades. “A nivel humano es un ambiente inmejorable. Todos los profesores son muy buenos profesores. Y también representan la diversidad del mundo árabe: cada uno viene de un país diferente y la verdad es que nos llevamos superbién”, resume. La diversidad, más allá de la etaria, impera también en el alumnado: “estudiantes, empresarios, diplomáticos, incluso políticos”, enumera. Por no hablar de la gente que, como Mariana, se conecta desde cualquier lugar del mundo en las clases online. “Estados Unidos, Líbano, Rusia, China, una gran parte de Latinoamérica…”, enumera de nuevo.
Hatim también quiere poner en valor la parte metodológica de la enseñanza del árabe en esta institución, con un programa propio que “suma a lo que es meramente lingüístico, lo que es cultural, social, folclórico”. Lo que se quiere potenciar es la competencia comunicativa, un enfoque, defiende, “que te permite también adaptar un poco el contenido a las necesidades de cada alumno”.
Ricardo es un periodista especializado en internacional que quiso especializarse en Medio Oriente, aunque finalmente acabó cubriendo otros destinos. Fue en la Casa Árabe donde, cuando era estudiante, le dieron ganas de dirigirse hacia esta región del mundo, y es en la Casa Árabe donde, muchos años después, su hijo de cuatro años estudia el idioma de su madre, la mujer de Ricardo, marroquí. “Una de las razones de que vaya ahí es que nos gusta que esté en contacto con parte de la cultura árabe de su madre”. Los compañeritos del pequeño provienen de algunas familias locales, otras árabes, y muchas mixtas.
A Ricardo no le interesa solo la lengua o la actualidad del mundo árabe, habla con entusiasmo de la última exposición que recuerda, “Del álif a la zain. Arte caligráfico en movimiento”, que pudo admirar junto a su hijo. En el cártel, recuerda, aparece “La gran ola de Kanagawa”, reinterpretada desde una mirada árabe. Lo trae a colación porque le parece que representa algo que la Casa Árabe ofrece: “Esa posibilidad de crear conversación, crear puntos en común, fomentar el entendimiento y alejarse un poco de todo el ruido este tan tremendo en el que vivimos hoy en día”. Como periodista, agradece también que en la institución se de espacio a debates contemporáneos fundamentales que no siempre son fáciles: “es una visión plural realmente: introducir temas de género, temas de identidades LGTBI, me parece acertado, y en la Casa Árabe se hace con bastante sensibilidad”.
Un espacio de conocimiento más allá de la lengua
El Centro de Lengua Árabe convive con otro espacio que da cuenta de la internacionalización de la institución, se trata del Aula Árabe Universitaria, hermanada con el Aula Mediterrànea del Instituto Europeo del Mediterráneo (IEMed), un programa en el que “participan 13 universidades, 30 programas distintos universitarios y ya vamos por la séptima edición”, defiende Planet, quien explica que la modalidad es tanto presencial como online quedando registrados y accesibles todos los encuentros: “el impacto que tiene en América Latina, por ejemplo, como un conocimiento sobre el mundo árabe en español, es impresionante. Desde Madrid se trasciende Madrid”, apunta. Planet también defiende la Casa Árabe como un polo simbólico de atracción para las personas provenientes de países árabes: “no hay visitante árabe que pase por Madrid que no se interese por el centro”.
María (no es su verdadero nombre) está enfrascada en acabar sus tesis doctoral, un trabajo centrando en Argelia. Esta investigadora considera que en su ámbito de estudio es fundamental tener un cierto conocimiento del árabe, “una lengua que muchas veces se presenta como algo inaccesible, una realidad que te aleja totalmente de los sujetos que estás estudiando”. Para María, Casa Árabe “tiene ese valor de haber democratizado el acceso a la lengua árabe también para hijos de clase obrera”. No solo se trata de precios más asequibles que los de otras instituciones, sino también de “romper el mito de que la lengua árabe es una cosa a la que no se puede acceder y que nos aleja de realidades que nunca vamos a entender”.
Entender va también más allá de la lengua y pasa por imbuirse en la cultura, y por dialogar con la academia. En este sentido, María reivindica tanto la amplia oferta artística como el Aula Árabe Universitaria “cuando entrabas en la tesis tenías entre los centros de referencia todo lugares que estaban fuera, pero si te acercabas a Casa Árabe veías que en Madrid y en Córdoba también podías tener acceso a este tipo de de actividades”. Encuentros o conferencias que María considera complementarios a sus estudios de postgrado universitario. “Cuando viajas fuera como doctoranda, como estudiante, el punto de referencia de los estudiantes de fuera en España es Casa Árabe”.
Hay otra dimensión que María piensa que no se está abordando lo suficiente: “se habla mucho de Casa Árabe como una institución de diplomacia para acercar el mundo árabe a España, pero a mí me rechina un poco el hecho de que no se habla también de todo lo que ha aportado Casa Árabe para nuestra propia memoria democrática, cómo nos hace pensarnos a nosotros mismos”, apunta, poniendo como ejemplo una exposición reciente, Del Éxodo y del Viento, centrada en el exilio republicano hacia el Magreb.
“Cuando viajas fuera como doctoranda, como estudiante, el punto de referencia de los estudiantes de fuera en España es Casa Árabe”
Destruir sin un plan
María lamenta la incertidumbre y la falta de claridad respecto al futuro de la Casa Árabe: “se la puede dejar en una habitación de algún espacio alejado del centro y decir que eso sigue siendo Casa Árabe, pero a día de hoy no tenemos confirmado que eso vaya a ser así. No se entiende que se desplace. Iba a formar parte de las Escuelas Aguirre durante 30 años y lleva 20”, insiste, lamentando que esta continuidad se esté poniendo en crisis por “rencillas políticas”. María quiere poner también en valor la labor del profesorado, comprometido con el Centro, por cuestiones que la doctoranda considera más vocacionales y simbólicas que meramente laborales. “Estamos todos dolidos”.
Y es que, entre quienes han habitado estos tiempos la Casa Árabe, no hay un afán de defender ni atacar la gestión de Irene Lozano, ni de entrar en la batalla ideológica. El consenso es en torno a proteger la institución de los juegos políticos y la ofensiva de la derecha. Así lo ve Carmen, quien considera que si se trata de un problema de gestión, lo que corresponde es que quienes hayan actuado mal rindan cuentas, y no que lo paguen trabajadoras y usuarios. “A mí lo que me atañe es que es un sitio donde se va a aprender árabe, donde hay un montón de posibilidades y lo van a cerrar con cualquier excusa. Eso no está bien, y ya está. Respecto al momento político, evidentemente todos sabemos qué es lo que está pasando”.
Carmen no cree que la decisión de cerrar Casa Árabe tenga que ver con que no se sepa lo que supone para tanta gente. “Es bastante difícil que que un político, sea del partido que sea, desconozca el legado de la Casa Árabe durante estos años, esta labor de divulgación, de mediación, de ofrecer un horizonte de encuentro entre la cultura, la tradición, la lengua española y el mundo árabe”. Un trabajo de puente que en su opinión está siendo atacado por razones políticas, ya que no tiene en cuenta otras posibilidades para subsanar cualquier irregularidad en la gestión o problemas en el edificio que se podrían haber afrontado sin necesidad de abocar a la institución a esta incertidumbre. Pero para ello, apunta Carmen, era necesario tener “voluntad política”.
Desde París, Mariana, la estudiante mexicana, ve clara la motivación política: la afinidad de los responsables del Ayuntamiento y la Comunidad de Madrid con el Estado de Israel está sobradamente probada, y ha sido puesta en evidencia en estos años de genocidio. En este contexto, cualquier espacio próximo al mundo árabe, o al Islam, considera, no es deseable para ambas administraciones. “Creo que terminar con el espacio es terminar con esos puentes que se llevan muchísimos años intentando construir”.
Y es que, recuerda Ricardo, el mundo en el que vivimos es muy distinto al mundo en el que se creó Casa Árabe: “Es una realidad innegable que la política afecta las decisiones que se están tomando sobre la institución. Yo realmente no me quiero meter en defender a unos u a otros, pero, obviamente, estoy totalmente en contra de la decisión de dar dos meses para desalojar ese edificio emblemático, pues tira por tierra un montón de esfuerzos que están mucho más allá de la gestión”. Ricardo no cuestiona los datos del Tribunal de Cuentas ni la gravedad de la situación, pero piensa que lo fundamental es “exigir responsabilidades y sobre todo garantizar la viabilidad de una institución que significa tanto para tantas personas” en un contexto donde no hay iniciativas ni espacios similares.
“Ha sido todo tan burdo, sin tener en cuenta el factor humano y profesional que hay detrás de todo esto, y todas las personas que utilizan la Casa Árabe”, lamenta el periodista, “yo estoy totalmente en desacuerdo y muy cabreado con este tema”. El cabreo es colectivo, estando en el origen de las convocatorias de protesta y las acciones que han ido surgiendo en los grupos de whatsapp de manera espontánea.
Y es que, como explica Planet, la falta de escucha de Ayuntamiento y Comunidad de Madrid denota una “agenda propia”, que “no tiene ningún pudor en acabar con proyectos, o dificultar proyectos que ya existen para sustituirlos por otros proyectos, evidentemente generados desde lógicas neoliberales”. A esto se sumaría una “arabofobia e islamofobia atmosférica”, apunta Planet —usando un término que se empieza a extender en Francia—, un rechazo que más que beber de la historia de España, se importa desde otras latitudes. “Casa Árabe lucha contra esa ignorancia. Su mera presencia es un recordatorio de que no se puede ignorar nuestro presente y nuestro pasado con el mundo árabe. Y eso molesta y la hace incómoda”, sentencia.
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