Otro invierno mortal para las personas sin hogar en las calles de Barcelona

En los últimos días, y en plena ola de frío, dos hombres que vivían en la calle han muerto en Barcelona y en Badalona.
Sin Hogar Barcelona
Álvaro Minguito Una persona durmiendo en la calle en Barcelona.

Eusebio tenía 57 años y vivía en la calle. El pasado 6 de enero, sobre las once de la noche, alguien dio el aviso de que estaba muerto, en una plaza del barrio de la Barceloneta, en Barcelona. Apenas unas horas antes de ese mismo día, otro vecino de Badalona en condiciones de sinhogarismo había muerto en Badalona. Malvivía en un parking y fue descubierto por un vecino cuando le llevaba una taza de caldo caliente.

Descartada la muerte violenta, ahora la policía local catalana investiga las causas de estos dos fallecimientos; un procedimiento habitual para personas que mueren en situación de calle. “Cuando una persona muere en la calle y no se sabe de qué es, siempre se abre una investigación, independientemente de la época del año en la que muera”, puntualiza Bea Fernández, directora de Fundació Arrels, una entidad catalana que monitoriza a las personas que viven en la calle y que dispone de un centro de acogida en el barrio del Raval

Protocolos poco adecuados y poco eficientes

La muerte de Eusebio es la quinta que se produce en las últimas cinco semanas, aseguran desde Arrels. Aunque nunca se sabrá si murió a causa de las temperaturas extremas de frío que han azotado estos días la península —sólo los familiares pueden tener acceso a la autopsia y solo se solicitan para investigaciones médicas o estadísticas—. Lo que sí es evidente es que las bajas temperaturas pueden empeorar las condiciones de salud preexistentes. “Es indiscutible que estas personas han muerto en un contexto de frío intenso; y el frío ha empeorado su estado de salud. En el caso de la persona muerta en Badalona no lo sabemos, pero en el caso de Eusebio sí. Él tenía 57 años, una edad avanzada para alguien que vive en la calle; y su estado físico estaba deteriorado”, explica Bea Fernández. “El frío es un factor de riesgo muy alto”.

Desde Arrels ponen el foco en los protocolos, insuficientes o poco adaptados o realistas cuando se producen este tipo de emergencias. El mismo martes 6 de enero, el Ayuntamiento de Barcelona había activado la alerta por la ola de frío extremo que ha azotado el territorio estos días y había habilitado cien camas adicionales para que algunas de las personas que viven en la calle pudieran resguardarse de las temperaturas extremas. Estas cien camas adicionales se suman a las cien habilitadas, desde el 2 de diciembre en el Centre d’Acolliment Nocturn d’Emergències (CANE). Esta medida resulta insuficiente para las casi 2.000 personas sin techo que Arrels ha contabilizado en Barcelona. En el resto de Catalunya, donde el número de personas sin hogar asciende a unas 7.000, aproximadamente, se habilitaron 400 camas adicionales.

El plan de emergencia se activa cuando el termómetro alcanza los 0 grados de media en la ciudad, algo inusual en Barcelona

“Las primeras cien camas se suelen habilitar a principios de diciembre y el protocolo dura hasta marzo, cuando termina el invierno. De todos modos, se trata de plazas no permanentes. Las personas se apuntan, entran en unas listas y pueden permanecer allí un tiempo determinado. Es un sistema rotatorio”, explican desde Arrels. Este sistema hace que muchas de las personas en situación de calle no quieran ir a estas plazas, ya que tienen que entrar sin sus pertenencias y se arriesgan a “perder” el sitio en el que habitualmente se quedan en la calle. Además, las personas con consumos activos de alcohol o sustancias no pueden acceder. Estas cien primeras camas las activa el Ayuntamiento de Barcelona, pero las cien camas adicionales, las activadas el 6 de enero, se abren a iniciativa de Protección Civil, que depende de la Generalitat, cuando hay una emergencia. Esta emergencia se activa cuando el termómetro alcanza los 0 grados de media en la ciudad, algo inusual en Barcelona. El servicio de camas adicionales se cierra tan pronto se sale de los 0 grados y la temperatura vuelve a subir.

Fundació Arrels:  “Esto es ineficaz, porque al tratarse de una situación de emergencia no hay ninguna previsión, con lo que no se puede avisar a las casi 2.000 personas que viven en las calles barcelonesas”

Y es precisamente en este punto en el que Fundació Arrels centra su crítica a los protocolos: cuando se activa la emergencia trabajadores y trabajadoras de los servicios sociales avisan a las personas que viven en la calle sobre la posibilidad de ocupar estas camas; y lo hacen saliendo a la calle y localizándolas. “Esto es ineficaz, porque al tratarse de una situación de emergencia no hay ninguna previsión, con lo que no se puede avisar a las casi 2.000 personas que viven en las calles barcelonesas. Esta emergencia concreta se activó durante el mediodía del día 6. Es materialmente imposible poder avisar a todo el mundo”, destaca Fernández. “Además, se abre el servicio, pero no sabemos cuándo se cierra. No hay la seguridad de que estas plazas continúen abiertas al día siguiente, porque depende del termómetro”. Esto hace que el protocolo no sea efectivo, “porque está planteado en términos de emergencia, y el sinhogarismo no es una cuestión de emergencia”.

Tal y como destacan desde Arrels, que consta de unos 600 voluntarios y voluntarias que peinan asiduamente las calles barcelonesas para hacer acompañamiento a las personas sin techo, este 2025 se han batido todos los récords de personas durmiendo en la calle en la ciudad condal. El recuento no tiene en cuenta a las personas que malviven en asentamientos.

En Badalona, también las entidades sociales han criticado el dispositivo especial para afrontar la ola de frío, y han calificado las medidas de “insuficientes”. Allí, aún hay personas desalojadas del B9 que malviven debajo de un puente. El consistorio badalonés habilitó un pabellón para los días más críticos de frío, pero estaba a una hora andando del puente.

Protocolos discriminatorios en el Aeropuerto de Barcelona

Desde hace algunas semanas, en el Aeropuerto Josep Tarradellas – El Prat (el aeropuerto de Barcelona) se prohíbe el acceso a la terminal a todas aquellas personas que no tengan una tarjeta de embarque. Quizás se trate de una medida temporal, porque de momento, no se ha construido ni habilitado ninguna estructura fija más que unas cintas que indican a los pasajeros por dónde entrar a la terminal. El acceso está controlado por un par de trabajadores de Aena que piden la tarjeta de embarque. Sin embargo, hay personas que, sin tener la tarjeta de embarque pueden acceder, sobre todo si van acompañando a alguien que viaja.

El pasado mes de abril, la Generalitat firmó un convenio con los ayuntamientos de Barcelona y de El Prat y Aena para atender a las personas sin techo que vivían en las instalaciones aeroportuarias por el cual se iba a llevar a cabo un plan de actuación para dar respuesta a estas personas. Esto produjo el desalojo de una setentena de personas; y desde otoño, la instalación de nuevas medidas de seguridad para que estas personas no puedan acceder a la terminal. 

Esta no es una situación nueva, en 2023, unas 160 personas fueron desalojadas de las dos terminales del complejo aeroportuario. Si bien Aena indicó que las fechas no tenían nada que ver, desde los sindicatos se aseguró que la operación tenía que ver con la celebración del Mobile World Congress, uno de los eventos más importantes que acoge la ciudad condal.

“A inicios de 2025 se publicó en varios medios de comunicación que había mucha gente durmiendo en el aeropuerto; luego saltó todo lo de Barajas, con una situación similar. Aena, bajo el pretexto de la salubridad, llevó a cabo una operación de ‘limpieza’. El convenio, firmado en abril, quedó inactivo, pero se volvió a activar este otoño”, explica Fernández, que, si bien reconoce el derecho de admisión de Aena a las instalaciones, destaca que los procesos de entrada en al termina podrían ser “discriminatorios”. “El control que se está llevando a cabo es estigmatizador y basado en el aspecto de las personas”. Desde Arrels y desde El Salto se ha podido comprobar que hay personas acompañantes, sin tarjeta de embarque, que sí pueden acceder al recinto aeroportuario.

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