Opinión
El octubre brasileño: cómo la acción de los jóvenes cambió todo
Los jóvenes están dando una sorpresa más que agradable para quienes imaginaban que la extrema derecha les tenía de su lado. Sabemos cómo el movimiento de las inquilinas está cambiando la apatía participativa de la política en España, hasta el punto de obligar a Pedro Sánchez, en una maniobra electoral, a adelantar los comicios para intentar frenar la sangría de votos de su formación y resistir el avance de la extrema derecha.
Desde la acampada en la Puerta del Sol y las otras que se han sucedido en las más diversas ciudades del Estado, los jóvenes están enviando claras señales de compromiso con el futuro político del país. También vemos como en Francia los estudiantes de los liceos se juegan literalmente la vida en su lucha por una educación de calidad que les permita un futuro negado por el Gobierno militarista del presidente Emmanuel Macron. O, como en Italia, la misma juventud organizada se enfrenta a la policía matona de la primera ministra, Georgia Meloni. En Serbia, la lista de los estudiantes ha alimentado la victoria electoral oposicionista sobre el primer ministro, Aleksandar Vučić, que llevaba 14 años al mando del país. También en nuestro vecino Portugal la juventud lucha en defensa de una vivienda digna para todos.
No hay que desesperarse con el supuesto apoyo a Vox por parte de una franja del electorado joven; no son la mayoría. Hay que confiar en su capacidad de cambiar las inercias desmovilizadoras. En el mundo entero, desde India hasta Brasil, la mayoría de la juventud está conectada con la realidad política luchando por un futuro más digno a través de las movilizaciones populares.
En la noche del 4 de octubre, en la rueda de prensa del presidente, Lula da Silva, para reconocer la derrota electoral en la primera vuelta de las elecciones brasileñas, el clima en el escenario era de sepultura y de fin de época. Los veteranos políticos allí presentes —el exministro de Hacienda, Fernando Haddad; el presidente del PT y coordinador de la campaña, Edinho Silva; o la primera dama Rosângela da Silva, petista de primera hora, entre otros— tenían un semblante de quien había entrado en la más profunda depresión post derrota.
El cambio vino inesperado, espontáneo y como una avalancha. En principio fue un levantamiento juvenil en todo el territorio del país y después un tsunami popular que hizo temblar las calles de Brasil
La excepción naturalmente era del presidente Lula da Silva, que hizo uso de la palabra para animar a los suyos y al público. En una simple apreciación del lenguaje corporal, se notaba que la batalla era dada por perdida por la gran mayoría. Vale la pena recordar las palabras de profundo pesar de los periodistas del canal independiente Brasil 247, que demandaban un cambio profundo en la orientación de la caótica campaña para el balotaje. Incluso algunos de ellos pedían algún gesto de la campaña para calmar al mercado financiero, cosa que afortunadamente no se hizo.
Tampoco los pronósticos de los analistas electorales eran positivos para la segunda vuelta, porque la diferencia de votos de la primera vuelta aseguraría una victoria holgada de Flávio Balsonaro en la segunda. El drama se confirmó cuando los candidatos conservadores Augusto Cury, Ronald Caiado y Romeu Zema, así como la mayoría de los gobernadores de los estados, diputados, senadores y alcaldes, no sólo pidieron votos a sus electores, sino que comenzaron a trabajar duramente para garantizar el éxito de Bolsonaro. Esta vez, ni siquiera la oleada de los votos de la región nordeste del país, donde el presidente Lula da Silva llegó a obtener más del 70% en algunos estados, pararía la extrema derecha.
Pero la arrogancia típica de la familia del candidato oposicionista le llevó al primer gran error de una serie desafortunada de tropiezos de su campaña en segunda vuelta. Desde el cuartel general del Partido Liberal (PL), seguro de la victoria, se dijo que cambiarían la Constitución de 1988 y restringirían los programas sociales del Gobierno. Después, se filtraron nombres para los ministerios, como el de Economía y Seguridad Pública, e invitaciones a jefes de Estado extranjeros para la toma de posesión del día 5 de enero, por ejemplo, al presidente de Colombia, Abelardo de la Espriella.
En Brasil, los políticos más experimentados ya saben que el electorado no perdona el hecho de adelantarse al recuento final de los votos. La más conocida anécdota de un caso similar fue cuando el expresidente Cardoso osó sentarse en la silla de alcalde de São Paulo antes de finalizar la campaña electoral de 1985 y perdió frente a Jânio Quadros.
Gracias a la iniciativa del diputado André Janones el canal de WhatsApp “Ejército de Lula” se convirtió en un arma fundamental para el éxito de la campaña digital del PT
El cambio de paradigma fundamental de la campaña de la primera vuelta a la segunda fue la conquista de las redes sociales por la izquierda. Gracias a la iniciativa del diputado André Janones el canal de WhatsApp “Ejército de Lula” se convirtió en un arma fundamental para el éxito de la campaña digital del PT, con casi once millones de seguidores. Las calles alimentaron las redes sociales y las redes amplificaron la acción de las calles. Por otro lado, los jóvenes parlamentarios electos, Ana Elisa (PT), Pedro Rousseff (PT), Guilherme Cortez (PSOL), Rosa Amorim (PT) y Luna Zaratinni (PT) pasaron a integrar el grupo responsable por la exitosa movilización de la izquierda en las plataformas digitales. Ese grupo, autodenominado “Vengadores”, amplió el apoyo a la candidatura de Lula da Silva con la introducción de contenidos digitales en las plataformas Instagram, TikTok, WhatsApp y YouTube.
Sin embargo, lo que nadie se imaginaba fue la auténtica “sorpresa de octubre” que dio un giro de 360 grados al panorama electoral del balotaje. El cambio vino inesperado, espontáneo y como una avalancha. En principio fue un levantamiento juvenil en todo el territorio del país y después un tsunami popular que hizo temblar las calles de Brasil.
Todo empezó el día 5 de octubre, en lo que debía ser una convocatoria juvenil casi de improviso y sin grandes pretensiones. El caso es que el sindicato estudiantil brasileño, la Unión Nacional de los Estudiantes (UNE), tradicionalmente vinculado al Partido Comunista, pidió concentraciones estudiantiles a sus socios sectoriales de todo el país: los Centros Académicos (CA) y Directorios Estudiantiles (DCE). La UNE no esperaba más que una respuesta tímida, ya que aquella era otra de las innumerables llamada a la movilización de los estudiantes en defensa de la democracia. Lo previsible eran que se dieran manifestaciones aisladas, ya que desde 2014 la extrema derecha era la dueña de las calles de Brasil.
Las cosas habían cambiado cuando el Movimiento Brasil Libre (MBL), conservador y financiado por los EEUU, aprovechó una movilización popular justo contra el alza de las tarifas de los servicios y el gasto excesivo el Mundial de Fútbol de 2014, en unas protestas que crecieron y arrinconaron el Gobierno de la expresidenta Dilma Rousseff. El MBL dirigió manifestaciones que se convirtieron en un altavoz para el golpe de Estado parlamentario y judicial que tuvo su ápice con la prisión del presidente Lula da Silva. El resultado fue casi una década desastrosa con la extrema derecha controlando las calles y las instituciones del país.
El grado de movilización popular para la reelección de Lula da Silva que si vio entre los días 5 al 25 de octubre ya es historia digna de ser contada
La llamada de la UNE fue secundada horas después por la Universidad Federal Fluminense (UFF), de la ciudad de Niterói en Rio de Janeiro. Los estudiantes de la Facultad de Derecho de la UFF convocaron un acto en su campus, pero, como compareció demasiada gente, decidieron salir a las calles en un gran acto de apoyo a la reelección del presidente que sorprendentemente fue secundado por los vecinos. Ese hecho producto del improviso prendió la mecha en los campus de las mayores universidades brasileñas y desde entonces el movimiento juvenil no dejó de ocupar las calles del país en manifestaciones masivas de apoyo a la reelección del presidente, contagiando a los demás sectores de la sociedad brasileña. El grado de movilización popular para la reelección de Lula da Silva que si vio entre los días 5 al 25 de octubre ya es historia digna de ser contada.
Otro hecho inesperado es que a las manifestaciones espontáneas callejeras se hayan unido los llamados Fandoms, un grupo de jóvenes considerado hasta entonces como despolitizado, que ha sido uno de los motores centrales para la consolidación de las grandes movilizaciones en São Paulo. Bajo el eslogan de “Fandoms na rua con Lula: Marcha pela democracia”, los clubs de fans de más de 70 grandes artistas brasileños y extranjeros como Madonna, Taylor Swift, Xuxa, Daniela Mercury, Luisa Sonza y un largo etcétera, se posicionaron a favor de Lula da Silva y ayudaron a llenar la Avenida Paulista con una multitud inesperada.
El día 11 de octubre, tuvo lugar la mayor manifestación de apoyo a un candidato en la ciudad de São Paulo en décadas, pero es que el 24 de octubre, en el cierre de campaña la multitud superó a la anterior. Lo mismo ocurrió en el centro de Belo Horizonte, en la playa de Copacabana de la ciudad de Rio de Janeiro, en el paseo marítimo de Salvador de Bahia, en Belém, en Fortaleza, en Recife, en Brasilia y en las más diversas capitales, ciudades grandes, medianas y pequeñas del país. El levantamiento popular por Lula da Silva tomó dimensiones inusitadas; de los 5.500 municipios brasileños, más de 800 tuvieron manifestaciones con más de 3.000 participantes, considerando que la mitad de los municipios del país no llega a 20.000 habitantes, se puede tener una idea bastante aproximada del grado de movilización en las tres semanas que separaron la primera vuelta del balotaje.
El día 11 de octubre, tuvo lugar la mayor manifestación de apoyo a un candidato en la ciudad de São Paulo en décadas, pero es que el 24 de octubre, en el cierre de campaña, la multitud superó a la anterior
Se puede considerar que la organización de la campaña de Lula da Silva tuvo apenas una participación testimonial en ello. El PT fue un mero observador del extraordinario movimiento que tomó las calles del país. Faltó incluso material publicitario de campaña, como banderas, pegatinas, etc. No se había visto nada parecido desde la campaña por las elecciones directas para presidente de la república en 1984, tras el fin de la dictadura militar.
Se toma São Paulo como termómetro de Brasil, se ve que aquellas multitudinarias manifestaciones en la mayor ciudad brasileña, gobernada por el bolsonarismo más militante del gobernador Tarcísio de Freitas y el alcalde Ricardo Nunes, anunciaba que algo importante estaba por venir. Los institutos de encuestas no pudieron reflejarlo: el prestigioso instituto de pesquisa Data Folha cifró en el 51% de votos para Bolsonaro contra el 49% para Lula da Silva apenas un día antes de la segunda vuelta.
Los veteranos líderes de PT que acompañaban Lula da Silva el día de la derrota de la primera vuelta, políticos válidos con un currículo de innegable prestación de servicios al país, no comparten esa especial trayectoria vital y política que confiere a Lula da Silva una especial conexión con las clases populares de su país, probada una y otra vez. El octogenario político brasileño, pese a todos los errores cometidos en la primera vuelta de las elecciones y en el período de gobierno previo, supo entender su papel en el dentro del movimiento sísmico que el país vivió en las tres últimas semanas del mes de octubre.
El pueblo brasileño ganó una batalla existencial contra sus tradicionales enemigos internos y externos, en unas elecciones cuya victoria tiene tintes épicos en la historia del país
El presidente se dejó llevar por el arrollador movimiento democrático espoleado por la juventud, y se situó al lado de ellos inspirando a la conmoción social que se extendió por toda la sociedad. Es sin duda un político con mayúsculas que entiende mejor que nadie que las batallas adversas tienen que ser dadas. No olvidemos que, antes de llegar a la presidencia por primera vez, el exoperario perdió tres disputas electorales y que en 2023, pocos meses después de salir de la cárcel, ganó una votación con un resultado ajustado frente a toda la máquina tramposa del Gobierno de Jair Bolsonaro, para después en los primeros días de mandato enfrentar con éxito un golpe de estado con intento de magnicidio.
Pese a las críticas justas a la política económica del llamado Lula 3, seguramente uno de los motivos que dificultó su victoria en primera vuelta, una de las grandes virtudes del presidente es su extraordinario faro político, que se dejó ver cuando se hizo acompañar por los jóvenes, las mujeres y los mayores en el difícil balotaje. En las tres últimas semanas, la campaña electoral se puso detrás de la sociedad y dejó que, por primera vez en la historia del país, el pueblo tomase la dirección del proceso electoral. Lo más extraordinario del levantamiento popular de octubre es que otra vez las calles fueron recuperadas por la izquierda juvenil en Brasil, con el inesperado resultado de un aumento increíble de más de diez millones de votos en sólo tres semanas.
De esta vez el pueblo brasileño ganó una batalla existencial contra sus tradicionales enemigos internos y externos, en unas elecciones cuya victoria tiene tintes épicos en la historia del país.
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