Opinión
Un acto más para maquillar la brecha salarial
Militante de Itaia.
La semana pasada Barakaldo se ha convertido en escaparate institucional de la lucha contra la brecha salarial, con la celebración de un congreso internacional respaldado y patrocinado por empresas e instituciones vascas. Un nuevo intento de lavado de cara para aquellos que se llenan los bolsillos a costa del empeoramiento de las condiciones laborales de las mujeres trabajadoras. Su hipocresía no tiene límites.
El evento buscaba proyectar el compromiso de las instituciones con la igualdad y presentar el III Plan Operativo contra la Brecha Salarial, que promete reducirla de manera significativa para 2030. Pero tras la pose y los aplausos, el día a día de las mujeres que trabajan en sectores como el de los cuidados y la limpieza nos muestra una realidad muy diferente: mientras sus vidas están atravesadas por jornadas parciales, horas sin pagar, acoso y ratios imposibles, las instituciones públicas son las que privatizan y recortan unos servicios cuyo deterioro llevan años denunciándose.
La brecha salarial refleja que, debido a las condiciones laborales y de vida a las que estamos sometidas, la participación proporcional de las mujeres en la riqueza general es mucho menor
Todo por abaratar costes y en beneficio de determinadas empresas, y es que la relación entre la política y el mundo empresarial tampoco es un secreto: varios representantes políticos del PNV, uno de los principales impulsores de la privatización, han terminado incluso en puestos de responsabilidad de empresas favorecidas por estas políticas.
Si tanto dicen combatir la brecha salarial, ¿por qué no mejoran las condiciones de las trabajadoras de las residencias de Gipuzkoa y Bizkaia, las trabajadoras de la limpieza o de las conserveras? El beneficio privado no se toca; a quienes se organizan, en cambio, les responden con despidos, vulneraciones del derecho a huelga, identificaciones y criminalización a quienes se organizan.
La brecha salarial es el resultado del empeoramiento de esas condiciones, en el puesto de trabajo y fuera del mismo; ya que la carga de trabajos sigue recayendo sobre nuestros hombros, en un momento, además, en el que las necesidades de cuidado van en aumento. De ahí que cualquier reducción de este indicador no sea fruto de una mejora generalizada en las condiciones de vida y trabajo de las mujeres, sino de todo lo contrario: la brecha disminuye únicamente porque las condiciones de toda la clase trabajadora han empeorado. Nos igualan, sí, pero a la baja.
La agenda económica de los capitalistas afecta de manera significativa a las mujeres trabajadoras, ya que la precarización que nos caracteriza en el capitalismo como sujetos de segunda se brutaliza
En contextos de crisis como el que atravesamos, la agenda económica de los capitalistas se traduce en políticas en contra de los salarios de las y los trabajadores: empeoramiento de condiciones de trabajo, despidos masivos, encarecimiento de la vida, recortes y empeoramiento de servicios públicos… Y esta situación afecta de manera significativa a las mujeres trabajadoras, ya que la precarización que nos caracteriza en el capitalismo como sujetos de segunda se brutaliza.
Lo que verdaderamente refleja hoy en día la brecha salarial es que, debido a las condiciones laborales y de vida a las que estamos sometidas, la participación proporcional de las mujeres en la riqueza general que genera la clase trabajadora es mucho menor. Esto impacta, entre otras cosas, en las pensiones de muchas mujeres trabajadoras, donde la brecha se hace especialmente palpable, durante toda una vida han encadenando contratos temporales, empleos sin contrato y periodos dedicados al cuidado de familiares.
Es ahí donde tenemos que poner la mirada. Acabar con la brecha salarial sólo puede venir de la mano de acabar con un modelo de sociedad que se rige por el beneficio económico. Medidas como las de poner a mujeres en cargos de poder o actos como el que se celebró la semana pasada no son más que cortinas de humo para blanquear y tapar el papel que juegan las instituciones y empresarios en esta problemática.
Hoy más que nunca, se vuelve necesaria la lucha por una sociedad sin clases, que garantice unas condiciones de vida y de trabajo de calidad para todas las personas, en las que las mujeres no seamos sujetos de segunda.
8 de marzo
Irene Ruiz y Naia Izko, de Itaia: “Queremos recuperar el carácter revolucionario con el que nació el 8M”
Para comentar en este artículo tienes que estar registrado. Si ya tienes una cuenta, inicia sesión. Si todavía no la tienes, puedes crear una aquí en dos minutos sin coste ni números de cuenta.
Si eres socio/a puedes comentar sin moderación previa y valorar comentarios. El resto de comentarios son moderados y aprobados por la Redacción de El Salto. Para comentar sin moderación, ¡suscríbete!