8 de marzo
Irene Ruiz y Naia Izko, de Itaia: “Queremos recuperar el carácter revolucionario con el que nació el 8M”
Este 8 de marzo el colectivo Itaia sale a las calles bajo la consigna “Por la liberación de las mujeres trabajadoras, construyamos el socialismo”. En esta entrevista con Hordago, Irene Ruiz y Naia Izko, como portavoces militantes desgranan su programa político y las estrategias que propone Itaia tras su primer congreso. Hablan sobre los sectores feminizados, el aborto, el trabajo sexual y el autoritarismo. Explican que esta fecha, el 8 de marzo, “se ha ido vaciando de contenido y se ha utilizado, en gran medida, para el lavado de cara de empresarios y partidos profesionales”.
Habéis celebrado vuestro primer congreso y publicado vuestro programa. ¿Qué cambia en Itaia y dónde están hoy sus líneas rojas?
Irene Ruiz: Desde que se creó Itaia y celebramos el congreso fundacional han pasado cinco años en los que hemos acumulado experiencias en diferentes luchas y dinámicas. Hemos estado en la calle respondiendo a las agresiones machistas, hemos denunciado también la vulneración del derecho al aborto aquí, en la CAV; hemos señalado la grave explotación sexual; y nos hemos enfocado especialmente en la formación política de las jóvenes, en un momento en el que la desmovilización y la despolitización son evidentes.Con este contexto actual, en este congreso veíamos necesario aglutinar esa experiencia para estar a la altura y dar una respuesta contundente. Queremos dar un salto cualitativo que nos permita abordar diferentes problemáticas de las mujeres trabajadoras y expandir la lucha a distintos ámbitos para extender la perspectiva revolucionaria a sectores más amplios de la clase trabajadora.
¿Cuál es vuestro eje político este 8M?
Naia Izko: Este 8 de marzo salimos a la calle con la proclama “Por la liberación de las mujeres trabajadoras, construyamos el socialismo”. Por una parte, queremos aprovechar el contexto que abre el propio 8 de marzo para reivindicar y recuperar el carácter revolucionario con el que nació este día, porque desde hace años hemos visto cómo se ha ido vaciando de contenido y se ha utilizado, en gran medida, para el lavado de cara de empresarios y partidos profesionales. Queremos que vuelva a ser una herramienta para la lucha: un día para salir a la calle y señalar precisamente a quienes ahondan en nuestra opresión, que son esos empresarios que nos explotan económicamente, esos fascistas que intentan acallarnos y criminalizarnos y esos políticos profesionales que, con la palabra “igualdad” en la boca, muchas veces nos condenan a la miseria.
“Las instituciones abanderan la igualdad y el feminismo por cuestiones partidistas y económicas, cuando vemos que dentro de la izquierda existen agresores, políticos que han acudido a la prostitución”.
¿Qué respuesta esperáis ver en las calles de Euskal Herria este domingo?
Naia: Uno de los objetivos del congreso era poner sobre la mesa la necesidad de reconstruir un frente revolucionario de mujeres para volver a articular la lucha en esos términos. Queremos promover que las mujeres salgan a la calle en base a ese objetivo estratégico, con esos principios, y también un modelo de lucha y de movilización que vaya acorde con ello.
Irene Ruiz: Este 8M esperamos que las mujeres trabajadoras estemos en primera línea contra el machismo y el fascismo, contra la explotación económica y a favor de los derechos de las mujeres trabajadoras. Históricamente, dentro del feminismo han existido diferentes tradiciones políticas y, a día de hoy, en Euskal Herria va a ser la primera vez que eso tome forma organizativa en dos movilizaciones. Nosotras creemos que es legítima la existencia de diferentes puntos de vista para responder a la cuestión de la mujer trabajadora y que, de hecho, es interesante que exista un debate sincero y serio en torno a construir y desarrollar una propuesta lo más eficaz posible para ello. Sin embargo, dentro del feminismo existe también un sector que evita el debate político, principalmente porque no comparte ciertos posicionamientos de raíz. En el momento en que se plantea una crítica política hacia determinado movimiento, muchas veces se silencia o se caricaturiza esa crítica, evitando el debate. Incluso se llega a negar la legitimidad de otros movimientos críticos por no compartir la misma línea político‑ideológica. Eso no quiere decir que no haya posiciones que se hayan radicalizado en claves totalmente reaccionarias y que asuman posiciones promovidas incluso desde la ultraderecha, por ejemplo poniendo en el punto de mira a las personas trans. Frente a ello creemos necesario luchar contra esas posiciones que niegan la existencia de las personas trans. Nosotras abogamos por poner el debate político en el centro y por dar una respuesta urgente, desde la base y la organización, a la opresión que viven las mujeres trabajadoras, en clave revolucionaria y socialista.
¿Qué papel debe tener el hombre trabajador durante esta jornada?
Naia: Desde Itaia llevamos años intentando hacer ese trabajo a pie de calle: de concienciación contra el machismo, contra las ideas reaccionarias y contra actitudes misóginas y sexualizantes. Parte de ese trabajo incluye también a los hombres, que tienen un papel activo en la construcción de la sociedad a la que apelamos, una sociedad en la que no debe existir ningún tipo de opresión. En ese sentido, abogamos siempre por la organización y la activación política de toda la clase trabajadora, y muy en concreto también de la juventud, para que esa activación o radicalización política se dé en claves revolucionarias y liberadoras y no en claves reaccionarias, machistas o misóginas.
“Cuando las políticas reformistas no responden a los intereses de las mujeres trabajadoras más vulnerables –trabajadoras del hogar, mujeres migradas...–, existe desafección, frustración y desapego hacia esas políticas.”
Criticáis la institucionalización y la deriva individualista del 8M. ¿Qué sería para vosotras un ejemplo de “feminismo institucional”?
Irene: Creemos que las instituciones responden a intereses totalmente económicos e incluso electorales, por encima de los derechos y el bienestar de las mujeres trabajadoras. Abanderan la igualdad y el feminismo incluso por cuestiones partidistas y económicas, cuando en realidad vemos que también dentro de la izquierda existen agresores, que existen políticos que han acudido a la prostitución. Y son ellos mismos también quienes nos imponen unas condiciones de explotación aberrantes. A nivel estatal, la culminación de esto se vio en la anterior legislatura, cuando se plantearon diferentes políticas feministas dirigidas totalmente a la reforma dentro de las instituciones. Aunque se hayan realizado cambios, esas reformas han ido dirigidas en beneficio de mujeres de clase media y, a efectos prácticos, no han tenido plasmación directa ni un efecto cualitativo en la mejora de las condiciones de las mujeres trabajadoras.
¿Ejemplos de “feminismo de lucha de clases” tenéis?
Irene: Como ejemplo de lucha de clase en el feminismo, yo pondría las luchas de los sectores feminizados, todas las luchas que hay en la calle por la mejora de sus condiciones.
Naia: Y también la lucha por garantizar derechos colectivos muy básicos frente a los retrocesos que se están planteando, levantando un frente firme contra esos retrocesos.
¿Qué le decís a una mujer trabajadora que piensa “no me representa, no sirve para nada”? ¿Y a mujeres cuya precariedad les impide acudir, como mujeres sin papeles o trabajadoras internas?
Naia: Ese es uno de los grandes retos de todo movimiento político que pretende organizar a la clase trabajadora: promover la activación política y facilitar mecanismos organizativos, de politización, de participación y de socialización cuando las condiciones de vida y de trabajo no lo permiten. A esas mujeres les diríamos que desde nuestro trabajo y desde nuestro discurso sí apelamos a ellas; tenemos además el compromiso de hacernos cargo de esa situación e ir desarrollando poco a poco medios para que no tengan que seguir sujetas a esas condiciones de vida y de trabajo y para que esa activación política pueda darse.
Irene: Y añadiría que es totalmente comprensible que, cuando las políticas institucionales y reformistas no responden a los intereses de las mujeres trabajadoras más vulnerables –trabajadoras del hogar, mujeres migradas y demás–, exista desafección, frustración y desapego hacia esas políticas. Ahí nosotras tenemos que poner un contrapeso, volver a avivar esa esperanza y ofrecer una alternativa revolucionaria también para ellas; que Itaia y los espacios que desde Itaia se abran sean herramientas de organización y de lucha para esas mujeres.
Precariedad, subcontratación y sectores feminizados: ¿qué conflicto laboral o qué sector os parece más clave en Euskal Herria este 2026?
Irene Ruiz: Es evidente que uno de los sectores más precarizados, donde las mujeres trabajadoras tienen una presencia enorme, es el de los cuidados y el de la limpieza. Las mujeres trabajadoras viven condiciones pésimas: salarios bajos, trabajos parciales, muchas veces temporales, y no solo eso, sino también una brecha en términos de derechos políticos; en muchos casos se les niega el derecho efectivo a la huelga. Podríamos hablar también de las trabajadoras del hogar, con todo lo que conlleva trabajar en el espacio doméstico: estar expuestas a cualquier tipo de agresión sexual, como han denunciado recientemente con el caso de Julio Iglesias. Consideramos primordial poner en primera línea la situación que viven, denunciar sus condiciones laborales y la vulneración de derechos políticos, y activar junto a ellas procesos de lucha por la mejora de sus condiciones laborales y en defensa de sus derechos.
Cuando proponéis desprivatizar y reforzar la atención pública en salud sexual y reproductiva, ¿qué medidas exigís?
Naia: Cuando hablamos del proceso de privatización, lo que queremos denunciar desde Itaia es que en el Estado capitalista –y más aún en momentos de crisis– muchos servicios, también los relacionados con la salud sexual y reproductiva o con los cuidados, son los primeros en sufrir esos procesos de privatización salvaje y quedan totalmente supeditados a los intereses económicos y particulares de las empresas, por encima del bienestar y de las necesidades de las mujeres trabajadoras.Por eso defendemos que es primordial acabar con la privatización para garantizar unas condiciones de vida dignas para la clase trabajadora en general. Ahora bien, también somos plenamente conscientes de que todo lo público dentro del capitalismo, incluso en un Estado del bienestar o en un Estado democrático, está subordinado a lo privado; existe una barrera objetiva para que esos servicios sean realmente de calidad, gratuitos y universales. En nuestra opinión, esa universalidad plena solo puede desarrollarse en un Estado socialista, en el que lo público esté en manos de la clase trabajadora y sea controlado por la propia clase trabajadora.
Irene: Hoy esa dicotomía público-privado se traduce en un servicio cada vez peor para la gente pobre y en un servicio de mayor calidad y con más recursos para quienes están en una mejor posición económica.
“En Euskadi el 95% de los abortos, aunque se gestionen por Osakidetza, se derivan a la privada. Eso tiene consecuencias directas para el bienestar de la mujer, para su privacidad y para la garantía efectiva de sus derechos.”
Lo habéis denunciado especialmente a raíz del “servicio de aborto”.
Naia: Supuestamente es un derecho gratuito, universal y de calidad, pero en Euskadi el 95% de los abortos, aunque se gestionen por Osakidetza, se derivan a la privada. Eso tiene consecuencias directas para el bienestar de la mujer que va a abortar, para su privacidad y para la garantía efectiva de sus derechos. Es quizá el ejemplo más claro de cómo se condensa esta realidad aquí.
Irene: Además, a veces se olvida que esas clínicas privadas concentran a grupos antiabortistas que criminalizan a las mujeres que han decidido abortar, y que ninguna ley ni decreto ha sido capaz hasta ahora de frenar esas movilizaciones. Y no solo hablamos del aborto. En el ámbito de la salud sexual y reproductiva quedan silenciadas otras situaciones muy presentes en Euskal Herria, por ejemplo la falta de servicio de ginecología o de matronas en muchos pueblos. Hay cientos de mujeres que tienen que recorrer kilómetros para acceder a ellos. En épocas vacacionales se sufre especialmente, pero ocurre todo el año. Eso limita el acceso y hace que el servicio no sea realmente universal, aunque formalmente se gestione desde el sistema público.
Habláis de “condiciones para tener hijos e hijas”: guarderías gratuitas, medidas de conciliación… ¿Cómo evitáis que eso refuerce el mandato maternal o moralice las decisiones reproductivas?
Irene: Históricamente y hasta hoy, a las mujeres se nos ha vinculado mucho con la función de ser madres. Existe una imposición social de que toda mujer debe ser madre y con eso hay que acabar. Y aquí incluiría un tema coyuntural interesante: hace muy poco Macron distribuía mensajes entre la juventud promoviendo que se tuvieran hijos para un “rearme demográfico” del Estado francés.Eso no repara los problemas de raíz que llevan a muchas parejas, mujeres o personas a retrasar la crianza o a no poder tener hijos: el acceso a la vivienda, unas condiciones de trabajo totalmente precarias, la privatización de guarderías, comedores o espacios de ocio infantil. Sin embargo, ese discurso vuelve a poner el foco en la función reproductiva de la mujer y puede incluso alimentar posiciones reaccionarias ligadas a un supuesto reemplazo demográfico por parte de la comunidad migrante. Por otro lado, cada cual tiene que decidir si quiere ser madre o no. Pero cuando se decide llevar adelante una crianza, existen problemas evidentes: servicios de cuidados para las criaturas totalmente privatizados, falta de permisos parentales cubiertos para toda la clase trabajadora y falta de condiciones para que los hombres puedan asumir esa crianza. Por eso consideramos que tienen que darse las condiciones materiales y sociales para decidir libremente si se quiere ser madre o no.
Defendéis la socialización de cuidados, servicios públicos universales y el fin de las privatizaciones pero criticáis “jugar” en clave institucional. ¿Cómo se disputa entonces algo que exige presupuesto, infraestructuras y poder público?
Naia: Que una cosa no quite la otra. En momentos de ofensiva capitalista, cuando nuestros derechos están siendo atacados directamente y se dan estos procesos de privatización que nos condenan a condiciones de vida penosas, es importante poner en marcha procesos de lucha, organizarnos, denunciar y combatir esas medidas concretas.
Irene: Todo esto tiene un impacto brutal en la vida de las mujeres trabajadoras. Cuando se privatizan servicios que resultan inaccesibles por su coste —residencias, plazas, recursos de apoyo— ese cuidado vuelve a recaer sobre los hombros de las mujeres. Eso no solo nos quita tiempo o salud; también nos anula capacidad política para hacer una aportación mayor.
Naia: Muchas veces hablamos de que el sistema capitalista necesita reproducir a la mujer como un sujeto devaluado porque necesita que todas estas cuestiones se cubran de maneras precarias, gratuitas y en malas condiciones.
Irene: Y sin olvidarnos de que el sector de los cuidados es hoy un nicho de mercado enorme del que muchos empresarios sacan tajada millonaria, a costa del empeoramiento de las condiciones de las trabajadoras y de la destrucción de un servicio de calidad para las personas dependientes o que necesitan cuidados.Hay que señalar también la farsa de empresas e instituciones cuando afirman que el cuidado es una tarea importante. Si realmente lo fuera, ¿por qué no hay igualdad salarial? ¿Por qué no se le da el mismo valor que a otras profesiones? Detrás de eso reside una jerarquización de los trabajos en base a su supuesta cualificación. Con eso hay que acabar. No puede ser que un médico tenga mayor reconocimiento social y económico que una limpiadora que está limpiando la sala de cirugía en la que trabaja. En ese aspecto nosotras defendemos la igualdad salarial.
“Quienes van a ir al primer frente de guerra y quienes van a morir serán, sobre todo, hijos e hijas de la clase trabajadora.”
En un contexto global de rearme, guerras por delegación, fronteras militarizadas e industria armamentística en expansión, ¿qué proponéis para luchar contra “los señores de la guerra” más allá de las consignas?
Irene: En un momento de crisis estructural y mundial, uno de los virajes que están adoptando los Estados es un viraje totalmente autoritario, que se ve reflejado en la apuesta por el rearme y en redirigir presupuestos hacia la industria armamentística. El reverso de todo ello es que ese dinero se está quitando de los servicios dirigidos a la clase trabajadora. Ese ya es un punto de denuncia importante.
Naia: También hay que entender el auge de los discursos fascistas y la normalización de posiciones reaccionarias como un trabajo ideológico que justifica y sienta las bases para todas estas políticas autoritarias. Se abre un discurso del miedo que sirve para legitimar esos presupuestos militares.
Irene: Frente a esa dinámica apostamos por la movilización en la calle contra cualquier invasión imperialista, por problematizar el bloque geopolítico del que partimos –con la OTAN jugando un papel relevante en esta escalada– y por señalar también la apuesta seria de la oligarquía en toda esta reconfiguración de intereses económicos.
Naia: Hace falta además un trabajo ideológico para señalar cuál ha sido el papel de la socialdemocracia en todo esto y para ser capaces de ver qué hay que revertir y cuál es la base estructural del problema.
Irene: Y con la conciencia de que quienes van a ir al primer frente de guerra y quienes van a morir serán, sobre todo, hijos e hijas de la clase trabajadora.
¿Qué impacto veis de esta economía de guerra en el control social y en la recomposición del trabajo? ¿Hay tareas feministas específicas en este terreno?
Naia: Cuando hablamos del viraje autoritario de los Estados hay que hablar necesariamente del ataque a los derechos políticos de la clase trabajadora y de la criminalización que lo acompaña. Lo hemos visto estos últimos meses frente a acciones revolucionarias o antifascistas. Y en ese sentido vemos también que, además de ser un activo político primordial en esta lucha, las mujeres somos también foco de esa criminalización.
Irene: La deriva de todo ello es la criminalización y, por tanto, la erradicación de cualquier posibilidad revolucionaria que pueda frenar estos virajes autoritarios, el auge del fascismo y la escalada bélica. Hay que apostar por promover y generar un bloque político que pueda hacer frente a todo ello desde una perspectiva internacionalista.
Se os achaca una postura más clásica que la de otros espacios del Movimiento Socialista sobre identidad de género y orientación sexual. ¿Cuál es vuestra posición política ante el auge de la transfobia y el refuerzo reaccionario del binarismo?
Naia: Partiendo de la lectura que hacemos del papel que cumple la opresión de la mujer trabajadora en el capitalismo, hay que plantear que el sistema mismo es, por definición, tránsfobo y que criminaliza, ataca, excluye o castiga a todas las personas que se salen del esquema rígido que plantea.Y más aún en un contexto de auge reaccionario, en el que las personas trans están en el punto de mira o están siendo atacadas directamente para reforzar ese tipo de posturas. En ese sentido, es una tarea urgente combatir esas posiciones, responder con contundencia a todas las agresiones y no dejar que se normalicen.Ahora bien, también creemos que la discriminación de las personas trans no va a acabar únicamente de la mano de cambios institucionales o jurídicos, ni tampoco de cambios parciales, individuales o meramente culturales. Hay que atacar la raíz del problema e intentar articular una propuesta más general capaz de combatir el sistema que perpetúa esta opresión.
¿Y cómo os situáis respecto a lo no binario? ¿Lo veis como amenaza, distracción o enriquecimiento de la lucha?
Irene: Yo pondría más el foco en el transfeminismo, porque creo que engloba una propuesta dirigida al conjunto del colectivo. Vemos que hoy esa corriente ha tomado fuerza dentro del feminismo, pero también que en ella se ha dejado de lado una lectura marxista y, por tanto, una lectura de clase. Eso dificulta la necesidad de acabar con esta sociedad tránsfoba que perpetúa, bajo la imposición de género, toda una violencia y una discriminación contra este colectivo.Ahí vemos un límite evidente: que se deje de lado la necesidad de crear un partido de masas revolucionario capaz de hacerle frente, y que prevalezcan cambios culturales, individuales o parciales que no abordan la estructura que produce esa opresión.
“Debemos aspirar a que la prostitución desaparezca y a que ninguna mujer tenga que sufrir esa violencia. Existen posturas que ubican esa abolición en claves muy jurídicas o que plantean acabar con la prostitución por decreto”
El 3 de marzo fue el Día de los Derechos de las Trabajadoras Sexuales. ¿Cuál es vuestra propuesta para su organización, en tanto clase trabajadora?
Naia: Para ubicar el debate, nosotras entendemos que la prostitución es una institución que perpetúa la opresión de las mujeres, las explota sexualmente y profundiza esa opresión. Hoy además existen nuevas plataformas que han ampliado y facilitado el acceso a ello y que contribuyen a blanquearlo y normalizarlo. En nuestra opinión, debemos aspirar a que la prostitución desaparezca y a que ninguna mujer tenga que sufrir esa violencia. Dentro del feminismo existen posturas que ubican esa abolición en claves muy jurídicas o que plantean acabar con la prostitución por decreto. Creemos que eso tiene límites evidentes: estamos hablando de una institución que genera millones y millones de euros a nivel mundial y que trasciende el marco del Estado que pretende regularla. Es más, hemos visto que ese tipo de medidas puede acabar criminalizando a las mujeres que están en situación de prostitución, excluyéndolas aún más, condenándolas a la clandestinidad y desplazando el foco del señalamiento hacia quienes no deberían ser perseguidas. Quienes deben ser señalados son los puteros y los proxenetas. Por eso planteamos que hay que acabar con la prostitución, sí, pero para hacerlo hay que acabar con la precariedad estructural y con las condiciones materiales y sociales que empujan a esas situaciones, y tener como horizonte político un modelo de Estado y de sociedad en el que no quepan esas necesidades ni esas violencias.
Irene: Nosotras creemos que es totalmente normal que, frente a un mercado basado en la violencia y en este nivel de explotación, exista una necesidad de organizarse y de hacerle frente. Sin embargo, esas luchas deberían ir dirigidas a que las mujeres que hoy están en situación de explotación y de violencia puedan salir de ella, y a que ninguna otra mujer tenga que acudir a ese mercado para sobrevivir.En esa dirección creemos necesario constituir un referente político capaz de dar cauce a todas esas luchas y que ponga las bases políticas para acabar con la prostitución.
Habláis de “fin de la impunidad” y de un “muro de contención” frente a la violencia machista. ¿Qué significa para vosotras la impunidad y cómo se termina con ella?
Irene: La cuestión de la impunidad no debe acotarse a una cuestión jurídica, en el sentido de que a mayor pena no corresponde necesariamente mayor seguridad. Existe también una impunidad social en la que se pone en tela de juicio la palabra de las mujeres agredidas, se minimiza la agresión misma y se desprotege a quien la ha sufrido. Por eso es necesario garantizar una protección social: un respaldo estructurado en un posicionamiento claro de la sociedad contra la agresión sexual y contra la violencia machista.La cuestión de la impunidad no debe acotarse a una cuestión jurídica, en el sentido de que a mayor pena no corresponde necesariamente mayor seguridad. Existe también una impunidad social en la que se pone en tela de juicio la palabra de las mujeres agredidas, se minimiza la agresión misma y se desprotege a quien la ha sufrido.Por eso es necesario garantizar una protección social: un respaldo estructurado en un posicionamiento claro de la sociedad contra la agresión sexual y contra la violencia machista.
Naia: Y también la necesidad de crear precedentes sociales claros y firmes en todas las escalas –barrios, pueblos, ciudades– en las que no haya cabida para estas actitudes, y de ir generando otros modelos de relación y de trato.
“La policía, además de ser una institución clasista, machista y racista, no es quien nos protege, muchas veces es quien nos agrede.”
Ese “muro de contención”, ¿se apoya en la policía y la cárcel o en otros modelos?
Naia: La policía, además de ser una institución clasista, machista y racista cuyo objetivo es reprimir a la clase trabajadora y su organización, nos ha mostrado en los últimos años un altísimo número de casos de agresores en sus propias filas. Muchos de ellos utilizan precisamente su posición de poder y sus medios para ejercer esas violencias. Desde Itaia tenemos un discurso claro: no son quienes nos protegen; son muchas veces quienes nos agreden.
Irene: Nosotras apostamos por la movilización en la calle, por el posicionamiento político y social y por la organización.
El auge autoritario trae represión y también lógicas internas de castigo, expulsión o cierre defensivo. ¿Os ha obligado a repensar dinámicas internas?
Irene: Dentro de la militancia promovemos justamente el debate político como herramienta para aclarar posicionamientos, afinar propuestas y mejorar nuestra actividad política. Se promueve esa figura de militante que aporta políticamente al debate común.
Naia: Y siendo conscientes de que no estamos exentas de que nos afecten las dinámicas del capitalismo, hay que revisar de forma constante esas cuestiones e intentar garantizar otros modos de funcionamiento.
Decís que la industria cultural y digital refuerza la sexualización y nuevas formas de violencia. ¿Qué papel juegan la educación sexual, las plataformas y la organización colectiva de la juventud?
Irene: Empezando por los intereses económicos, es evidente que se ha construido toda una industria en torno a la sexualización y la objetivación de la mujer. No nos referimos solo a la prostitución o a la pornografía, sino también a industrias culturales como el cine o las series, que explotan esa lógica para garantizar mayores beneficios.
Naia: Además, muchos de los modelos que la juventud sigue reproducen cada vez más una imagen tradicional y devaluada de la mujer o, en el polo opuesto, una objetivación y una sexualización absolutas. Todo ello se reviste de un supuesto discurso de libertad individual, pero en última instancia deshumaniza a la mujer y la reduce a un objeto. Y el primer receptor de ese contenido es la juventud trabajadora, a la que se le ofrecen roles y aspiraciones que responden a esos intereses.
Irene: Por eso ponemos el foco en hacer un trabajo de ideologización entre las y los jóvenes, una educación política que rechace por completo esas imágenes y figuras que deshumanizan y objetivizan a la mujer trabajadora.
¿Qué debe replantearse el feminismo en 2026 para ser realmente una fuerza de transformación?
Naia: Creemos que es muy importante revisar en qué marco político se insertan las reivindicaciones que hacemos y qué objetivos persiguen. Nosotras creemos que una organización revolucionaria que quiera plantearse la liberación de la mujer trabajadora debe articular su propuesta fuera de la agenda institucional y de los intereses capitalistas, de una manera independiente. En ese sentido es importante reforzar una organización independiente que responda a nuestros intereses y a nuestras necesidades.
Irene: Y, desde una perspectiva más estratégica, creemos que los procesos de lucha deben tener dos orientaciones. Por un lado, deben servir para visibilizar la situación de las mujeres trabajadoras, especialmente de las más vulnerables, y para mejorar esa situación. Por otro, deben servir para expandir un punto de vista transformador y para ir aglutinando cada vez a más mujeres trabajadoras bajo la organización política.
“Es importante ir aglutinando a cada vez más mujeres trabajadoras, para que la organización sea una herramienta efectiva tanto para su politización como para la mejora de sus condiciones.”
Defendéis que el Estado capitalista no es neutral y que el horizonte es un Estado socialista. Entre el diagnóstico y ese horizonte, ¿cuál sería vuestra estrategia de transición a dos o tres años vista?
Irene: Principalmente, activar procesos de lucha en esas dos direcciones que comentábamos y dirigidos a los diferentes ámbitos que atraviesan la problemática de la mujer trabajadora: que aborden el machismo, el fascismo y la situación económica, y que pongan en primera línea los derechos y los intereses de las mujeres trabajadoras. Por otro lado, es importante ir aglutinando a cada vez más mujeres trabajadoras, para que la organización sea una herramienta efectiva tanto para su politización como para la mejora de sus condiciones. Y, en última instancia, nuestro punto estratégico principal es dar la batalla en la calle, en la movilización y en la lucha de la clase trabajadora.
En las últimas semanas se ha dado un debate artificial sobre el burka. ¿Cómo os posicionáis?
Irene: Creemos que es un debate interesado, promovido principalmente por la ultraderecha para desplazar el foco hacia su marco de interés: poner en el punto de mira a la comunidad migrante, especialmente a la musulmana, y promover discursos racistas que sirvan para legitimar medidas más autoritarias contra ella. Además, el uso del burka en Euskal Herria es ínfimo. Y, en cualquier caso, hay que pensar qué consecuencias tendría ese señalamiento para las mujeres que lo llevan: confinarlas aún más en el espacio doméstico, negarles derechos básicos como la salud o la educación y ahondar en su subordinación.
Naia: Muchas veces ese debate se apoya en una falsa dicotomía entre unos supuestos países occidentales libres y democráticos y unos países orientales opresores, como si aquí estuviéramos libres de imposiciones sociales opresoras. Y además se olvida que esos mismos países capitalistas occidentales han intervenido política y económicamente en esos contextos y han legitimado también muchos de esos fenómenos.
Irene Ruiz: En cualquier caso, dentro del capitalismo la mujer trabajadora sigue siendo explotada y devaluada, y sobre ella se construyen arquetipos muy claros: la mujer totalmente tradicional y conservadora o, en el polo opuesto, la mujer absolutamente sexualizada. Si hubiera una preocupación sincera por mejorar la condición de las mujeres que llevan burka, habría que abordar otras cuestiones materiales y sociales de fondo.8 de marzo
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