“Si no pasó nada más grave, fue porque supimos reaccionar desde los barrios”

En una crisis fronteriza con un trasfondo geopolítico que les desborda, la organización de vecinas y vecinas está siendo crucial para afrontar la situación y mantener lejos de la ciudad autónoma a la extrema derecha.
8 ago 2026 06:45 | Actualizado: 8 ago 2026 08:51

El pasado jueves 30 de julio pasó algo para lo que nadie estaba preparado, miles de personas, 72.000 según las estimaciones del gobierno,atravesaron la frontera entre Marruecos y España. Una frontera que separa dos estados con una realidad económica muy desigual, aunque la economía marroquí esté experimentando un importante crecimiento entérminos macroeconómicos, su renta per cápita es de aproximadamente 4.000€ frente a los 34.000€ per cápita de la economía española, números que quizás no dicen tanta de la situación económica de las poblaciones de cada país, pero que sí ilustran la desigualdad entre dos realidades nacionales separadas por muros  y espigones. 

Durante los días anteriores al pasado 30 de julio, las entradas a nado en la ciudad autónoma se habían incrementado de manera sostenida, registrándose cuatro personas ahogadas hasta aquella jornada. Después, el alto número de personas intentando alcanzar la playa del Tarajal, el caos, fue ampliando la tragedia: Según Caminando Fronteras, son 144 personas las que perdieron su vida intentando llegar a Ceuta. Mientras escalaba la situación, en la mañana del jueves, todos los partidos ceutíes demandaban que se declarase laemergencia nacional, mientras en Marruecos Mohamed VI protagonizaba los fastos de laFiesta del trono, y la derecha nacional e internacional agitaba el fantasma de la invasión.

Ya en la tarde del jueves 30, tras acordar la devolución masiva de quienes se habían jugado la vida para llegar a territorio español, España y Marruecos señalaban a las mafiascomo causa de la crisis y se felicitaban por la cooperación entre ambos países. Una tesis abrazada también por la Unión Europea, mientras algunos países miembros aprovechaban la ocasión para cargar contra el gobierno español, con Giorgia Meloni suspendiendo el tratado de Shengen con España —provocando que el 8 de agosto, Madrid instaurara controles a las llegadas de personas provenientes de Italia, en respuesta a la actitud de Roma. Pero no solo fue la ultraderecha europea la que vio su momento con la crisis fronteriza, mientras las imágenes de caos tomaban los medios, los grupos ultras españoles llamaban en la redes sociales a “limpiar Ceuta” organizando su desembarco en la ciudad. Pero ellos no eran los únicos que se estaban organizando.

Ya ha pasado una semana desde que Abdallah Mustafá, presidente de la asociación vecinal del barrio Beni Mbarka, confrontara, junto a decenas de ceutíes, a los grupos de neonazis cuya convocatoria “contra la invasión”, concluyó con un rápido retorno a península tras ser bloqueados por la acción vecinal. “Nosotros estábamos en el puerto esperando a que llegase la gente de Núcleo Nacional, entonces vi a Alvise y tuve un enfrentamiento con él. Un enfrentamiento verbal, nosotros no somos ellos, si son violentos con nosotros físicamente, pues responderemos, evidentemente, hasta que la policía haga su trabajo. Pero en este caso ellos han hablado y nosotros hemos respondido”. Abdallah enfatiza que si acudieron a detener a la gente de Núcleo Nacional era para evitar que atacaran a las personas migrantes “al fin y al cabo nosotros no nos sentimos débiles, nos sentimos en nuestra casa y siempre estamos en comunidad. No era un peligro para nosotros, era un peligro para estas personas”.

“Esta gente viene aquí a aprovechar esta situación para su propio rédito político y no me da la gana”

Al ver a Alvise, el activista empezó un directo en Facebook: “me dije, esta gente viene aquí a aprovechar esta situación para su propio rédito político y no me da la gana”. Otras vecinas y vecinos empezaron a llegar durante la hora y media que la policía mantuvo retenidos a los ultras. “Fue algo espontáneo, nuestra gente es antifascista, es absolutamente así, eso la mueve, todo el mundo ha dejado lo que estaba haciendo para venir”, relata.

Abdallah puntualiza que en Ceuta también hay fascismo, solo que, en general, al convivir con personas musulmanas,  quienes se sitúan próximos a la extrema derecha, o no comulgan del todo con su islamofobia o, si lo hacen, no se atreven a decirlo en voz alta: “Saben que somos un gran número de musulmanes aquí y que podemos sentirnos ofendidos o puede haber un conflicto”. Además, no es la primera vez que espantan líderes ultraderechistas, ya hicieron lo propio con Santiago Abascal, en la crisis fronteriza demayo de 2021. “Teníamos un grupo que se llamaba Unidad Contra la Injusticia en Ceuta, un grupo formado por gente de aquí precisamente para combatir al fascismo. Desde ese grupo hicimos un llamamiento a la gente y no dejamos a Abascal salir de su hotel para dar un mitin”. 

Ali (no es su verdadero nombre) es miembro de la asociación Al Ámbar, y “miembro honorífico” de la asociación vecinal. Evoca, junto a Abdallah, el día en que los vecinos ceutíes echaron a los fascistas. “Ellos creían que se iban a encontrar una ciudad en pleno caos de violencia, y se encontraron una ciudad que ya estaba vacía en comparación a lo que había sido. Llegaron pensando, con su discurso totalmente aprendido de sus jefes, que los iban a aclamar como héroes, y lo que hicimos fue echarles”. Para Ali es esa ultraderecha lista a sembrar el odio la que supone una auténtica amenaza. “Entre todos esos que a lo mejor pueden ser una treintena tienen muchísimo más peligro que las decenas de miles de personas que han entrado en esta ocasión a Ceuta”. 

La actual vicepresidenta segunda de la Asamblea de Ceuta e Fátima Hamed Hossain, comparte el hastío ante las arremetidas de la extrema derecha, con la que lleva años enfrentándose desde el partido Movimiento por la Dignidad y la Ciudadanía (MDyC). “Hemos visto desembarcar en nuestra ciudad a Alvise Pérez, Vito Quiles, Santiago Abascal, a líderes de Revuelta y Núcleo Nacional. Por supuesto, el señor Feijóo también ha recogido el guante de esta desgracia”,  apunta Hamed en conversación con El Salto, lamentando la instrumentalización de toda una ciudad para apuntalar un discurso anti inmigración, “quebrar su convivencia y crispar el ambiente”. Una ciudad, explica la representante política, que es “muy consciente de su realidad fronteriza”, pero cuya población se niega a “ser las víctimas colaterales de situaciones como la vivida”.

Una ciudad frontera

El jueves, cuando se precipitaron los hechos, Ali estaba en Tetuán. Al salir a la calle por la mañana se encontró con un montón de negocios cerrados. Cuando preguntó porque no había nada abierto le dijeron que simplemente se habían quedado sin trabajadores. Ali recuerda que Ceuta, como ciudad fronteriza, está acostumbrada a la llegada de gente, pero que lo que pasó el jueves 30 no tiene precedentes. “Esto es un complot internacional, un intento de causar caos y conmoción con el objeto clarísimo de un cambio de gobierno en España. Y no les ha salido bien”, aventura Ali su hipótesis. 

El activista vecinal comparte su satisfacción por haber evitado que la entrada de miles de personas en el enclave tuviera consecuencias aún peores, “no ha ocurrido porque ha habido una reacción vecinal espontánea”. Recuerda que es precisamente la gente de los barrios de la periferia, barrios que vienen históricamente denunciando su marginación en una ciudad muy desigual donde los recursos se quedan en los barrios del centro, la que ha dado respuesta a la situación, y esto “ha sido gracias a que llevamos años de un activismo social grande en esta ciudad, con todas nuestras dificultades”.  

“En Ceuta, si hay algo que nos identifica es la solidaridad, en las primera horas todo el mundo desde las ventanas estaba tirando ropa, botellas de agua, todo lo que tenía en la despensa”

No fue nada fácil la respuesta: Abdallah quiere dejar claro que lo que vivieron el 30 de julio no fue una invasión “quienes lo llaman así mienten a sabiendas. Cuando vienen a invadirte, la gente entra a los edificios, entra a romper puertas, a destrozar. Aquí no han destrozado nada, esta gente que ha entrado ha sido utilizada”. El líder vecinal relata que, cuando vieron llegar a tanta gente al barrio se sintieron abrumados, su número superaba ampliamente a los vecinos, “al principio todo el mundo se bloqueó, miles de personas te preguntaban en la calle, ‘¿me puedes dejar avisar a mi familia de que estoy bien?’”.

En plena agitación y desconcierto, explica Abdallah, cada uno hizo lo que pudo para ayudar, de manera individual: “En Ceuta, si hay algo que nos identifica es la solidaridad. Digamos que la llevamos en el ADN. En las primeras horas todo el mundo desde las ventanas estaba tirando ropa, tirando botellas de agua, sacando todo lo que tenía en la despensa”, pero no había forma de proveer agua o ropa a tanta gente y los barrios se sintieron superados. Las tiendas colapsaban y cerraban porque era imposible atender a miles de personas intentando comprar agua o comida. Con los comercios cerrados, ni los recién llegados ni los ceutíes podían comprar nada, recuerda el joven.

Autoorganización

Mientras las necesidades desbordaban la capacidad de los barrios de responder, Abdallah y Ali explican que no se veía policía en las calles de la periferia: “Vi muchas imágenes del centro en las que sí había agentes, pero en la zona del Príncipe, los Rosales, Hadú, Benítez, La Almadraba, en Miramar Bajo, el Morro, la ciudad estaba absolutamente colapsada”, siendo el ejército, recuerda Abdallah, el único que aparició finalmente. Los regulares, como les llaman, en muchos casos son ceutíes y musulmanes, y se encargaron de encaminar hacia la frontera a las personas que habían entrado, contando con la colaboración de los vecinos, que de un lado intentaban convencer a la gente para que volviera, y del otro, fueron conduciendo a las personas fuera de los barrios y cerrando los accesos, pues, aunque la gran mayoría de las personas no era violenta, sí hubo unos pocos que —en ese marco de tensión— podían responder con agresividad, aclara Abdallah.

El líder vecinal describe la escena, con personas corriendo y avanzando delante de los militares. Eran muy pocos, apunta, quienes intentaban escurrirse hacia las barriadas, no solo porque los accesos estuvieran tapados por los vecinos, si no porque enseguida se dieron cuenta del engaño, de que no iban a conseguir regularizarse, y además, después de arriesgar su vida, sentían ya hambre, sed y frío, tras pasar la noche con la ropa aún mojada. 

Ali añade que además de la coordinación en los barrios con el ejército, y la conclusión entre muchos de quienes cruzaron de que habían sido engañados, estuvo la coordinación entre España y Marruecos: “la primera noche hubo unos incidentes atroces en la parte marroquí de la frontera con enfrentamientos, e incendios de coches”, y es que, como documentaban los medios de comunicación, miles de personas se encontraron lejos de sus casas, frustradas, sin saber cómo volver, lo que provocó días muy duros en Castillejos. “Poco a poco fueron reaccionando, conforme iba saliendo la gente, la iban metiendo en autocares y se los iban llevando”.

Tras estar en ambas partes de la frontera, Ali saca sus propias conclusiones, y tienen que ver con la diferencia entre lo que pasó en 2021, y lo que acaba de pasar. Por un lado piensa que, mientras la gente no se organizó hace cinco años, esta vez sí reaccionó, y lo hizo evitando que la situación deviniera en un desastre humano mayor en la ciudad “tenemos que enfatizarlo, si no ha habido ese caos sangriento es gracias a la acción vecinal”, aunque considera que el ejército también cumplió con su labor. 

No fue fácil, pues, como apunta Hamed, “hemos denunciado el abandono por parte del Gobierno central, sí, pero también de la Unión Europea, porque en Ceuta también está la frontera entre Europa y África. Si nos cuesta sangre, sudor y lágrimas que el Gobierno de la Nación mire hacia Ceuta, imagínate una Unión Europea”. La Unión Europea sí que ha mirado finalmente a Ceuta, pero para cuestionar la continuidad de España en Schengen, atacar al gobierno español relacionando la crisis con el proceso de regularización extraordinaria o considerar cómo aplica el Pacto Europeo de Migraciones y Asilo, o el nuevo reglamento de retorno, en terreno. Mientras la extrema derecha no ha cesado con su ataque, el Comisario europeo de Asuntos de Interior y Migración, Magnus Brunner, la presidenta de la Comisión Europea Ursula Von der Leyen, acabaron finalmente avalando la reacción de España y Marruecos y adscribiéndose al argumento de las mafias.

“Detrás de lo que ha pasado están los que la están liando en el mundo entero: Un imperio que cae y un estado genocida que pretende palestinizar el mundo”

Primera línea geopolítica

La sensación que queda es la de haber pasado de ser primera línea como ciudad fronteriza, a pasar a primer plano de la geopolítica internacional. “Esto no ha sido una crisis migratoria, esto ha sido una acción de guerra híbrida”, apunta Ali, quien además señala más allá de Marruecos: “detrás están los sospechosos habituales, los que la están liando en el mundo entero: Un imperio que cae y un estado genocida que pretende palestinizar el mundo, tratar al mundo como trata a los palestinos y a Gaza. Así lo sentimos aquí”. Para Ali la diferencia de 2021 a 2026 es que el marco ha pasado de ser regional, con un conflicto entre dos países vecinos —en aquel momento Rabat castigó la hospitalización en España del líder del Frente Polisario Brahim Ghali—, a un “complot internacional”.  

El integrante de Al Ámbar apunta cómo la celebración de la Fiesta del Trono, tras 27 años desde la llegada de Mohamed VI al poder contó “con más fastos que nunca”, y “con un discurso del rey en el que decía que todo es maravilloso y que todo el mundo vive estupendamente en Marruecos, y al día siguiente vemos la marea humana más grande que hemos conocido en toda la historia”. Ali cree que detrás de la movilización de tanta gente, hubo una especie de “psicosis colectiva”, en la que miles de personas abandonaron sus hogares, sus trabajos, lo que estaban haciendo, para dirigirse a la frontera. Recuerda que a muchos de ellos les llegaron mensajesincitándoles a marchar, y sospecha que detrás de esto, estuvo el uso de la inteligencia artificial, de algoritmos pensados para provocar semejante éxodo. “Yo no creo ni siquiera que Marruecos tenga esa tecnología, pero sus socios claro que la tienen. Lo han hecho en Colombia hace poco, los están haciendo en Sudamérica. Y están en plena ofensiva”. 

El argumento oficial de las mafias, le parece a Ali poco sostenible: “aunque si por mafia entiendes una agrupación criminal, quizás sí que podemos hablar de mafia, pero de otro tipo”.  Ali está entre quienes creen que a esta crisis subyace el objetivo de cambiar un gobierno que no es del gusto de Marruecos, Estados Unidos e Israel y recuerda cómo Trump ha puesto su mirada en el Estrecho de Gibraltar, otro motivo para apoyar a Marruecos. “Nosotros no es que seamos fans de Pedro Sánchez, pero a pesar de todo, por lo menos, ha sido medianamente decente en algunas cosas. Desde luego, el sentir general, es que como caiga Sánchez y entre la marabunta esta fascista lo vamos a tener fatal”, por ello, ambos activistas vecinales se enorgullecen de cómo han respondido a la ofensiva. 

Una ciudad en trauma

Más allá de los juegos geopolíticos de los estados, están quienes han muerto, quienes se han quedado en Ceuta buscando una grieta por la que conseguir continuar su camino, o la propia sociedad ceutí. “Estamos todavía en shock. Ya estamos respirando un poquito de tranquilidad, pero no hemos vuelto a nuestra vida normal, a la vida cotidiana”, explica Abdallah, quien recuerda que durante días la ciudad ha estado paralizada, con las tiendas cerradas o la pérdida de citas médicas, y que aún queda gente deambulando por la ciudad sin saber qué hacer. “Hemos sido utilizados nosotros, la gente de Ceuta y ha sido utilizada la gente que ha venido. Considero que esto ha sido un ataque a Ceuta y una falta de respeto”. A esta sensación de agravio, Abdallah suma el temor de que en cualquier momento un incidente similar se vuelva a repetir, y además, pronto, “simplemente por el hecho de que no se están tomando  medidas concretas para salvaguardar la integridad de la ciudad”.

Sobre todo, es difícil que no pase de nuevo, si se tiene en cuenta cuál es la situación a pocos kilómetros: “La gente ha perdido la vida buscando una vida mejor. No se lo merecen. Muchos de ellos estaban en sus tiendas, en sus trabajos y han escuchado que les iban a dar papeles y han venido corriendo a aprovechar la ocasión”, lamenta Abdallah, que conoce la realidad del otro lado de la frontera, habla de personas que tienen que tener dos trabajos para apenas sobrevivir, personas a quienes, como en España, no les alcanza a pagar un alquiler cada vez más costoso. “Muchos de ellos han muerto en el mar, siguen llegando los cadáveres a las costas marroquíes”. 

¿Cómo se va a recuperar la ciudadanía ceutí después de ver sus playas convertidas en un auténtico cementerio?

Más allá de la angustia vivida por la ciudad y de su frustración, desde la asamblea de la ciudad autónoma, ante la sensación de desborde y la tardanza en responder por parte del gobierno nacional, lo que Hamed destaca también es la tragedia humana que se ha sufrido estos días: “Ha sido muy duro ver a decenas de miles de personas deambular por nuestras calles sin rumbo aparente, sin comida, sin un techo bajo el que dormir y, por supuesto, sin un itinerario más allá que el mensaje de quienes les han alentado a cruzar la frontera. La mayor prueba es que la mayoría emprendió el camino de vuelta progresivamente a las pocas horas”.

Además, recuerda la política, la situación todavía es crítica: “Son muchos los que siguen aún en nuestra ciudad, una ciudad sin recursos asistenciales para todos. Muchos de ellos son menores, por lo que la vulnerabilidad es aún mayor”. En este marco, insiste la diputada de MDyC, Ceuta sigue en un momento de tensión y desborde. “No podemos olvidar que esta tragedia deja ya más de un centenar de cadáveres. Por mucho que desde el Gobierno central se diga que estamos volviendo a la normalidad, la realidad de nuestras calles demuestra que no es así, ¿cómo se va a recuperar la ciudadanía ceutí después de ver sus playas convertidas en un auténtico cementerio?”.

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