Colombia
Andrea Torres, abogada buscadora: “Si gana la extrema derecha en Colombia, están en juego nuestra vidas"
“Artículo 1: La presente ley tiene por objeto el reconocimiento de las mujeres buscadoras de víctimas de desaparición forzada como constructoras de paz y sujetos de especial protección constitucional”. Así comienza la Ley 2364 del 18 de junio de 2024 de Colombia, más conocida como ley de buscadoras. Este es uno de los logros de la Fundación Nydia Erika Bautista (FNEB) que, integrada en la Red Nacional de Mujeres Buscadoras Legado Yanette Bautista, ha conseguido una legislación única y pionera en el mundo. Única porque sitúa en el centro del proceso de paz y de la protección institucional a las madres buscadoras, mujeres que luchan por la verdad, la justicia y la reparación de las desapariciones forzosas a manos de fuerzas estatales o paraestales sucedidas en Colombia. Según los datos de la Comisión para el Esclarecimiento de la Verdad (CEV) hay al menos 121.7681 víctimas de desaparición forzada en el marco del conflicto armado entre 1985 y 2016. Pero el dato podría alcanzar a las 210.000 personas.
Andrea Torres Bautista está de gira por España de la mano de las Brigadas Internacionales de Paz. Visita la sede de El Salto con la imagen colgada al cuello de su tía, Nydia Erika Bautista, cuya desaparición forzada sucedida en Bogotá da nombre a la fundación que hoy codirije. Habla con una sonrisa de los logros de la entidad, mientras muestra un librito editado con la nueva legislación que las protege. Una sonrisa que se interrumpe cuando recuerda todas las trabas que ha atravesado su familia en la búsqueda de justicia para Nydia Erika, génesis de la fundación. Torres es abogada, especializada en la protección de los derechos humanos y en la lucha contra la violencia contra las mujeres, enfocándose en casos donde los acusados son miembros de las fuerzas armadas colombianas. Por ello, es coordinadora jurídica de la fundación. Torres ha sufrido graves ataques y amenazas de muerte por su labor y cuenta con medidas cautelares de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) y un esquema de protección de la Unidad Nacional de Protección (UNP).
Asegura que el gobierno de Gustavo Petro ha supuesto el contexto idóneo para sacar adelante leyes de protección y se estremece cuando piensa en los posibles resultados de la segunda ronda de las elecciones del próximo domingo. En la primera vuelta, el candidato ultraderechista Abelardo de la Espriella, una suerte de Milei coronado de histrionismo y odio, obtuvo el 43,7% de los votos frente al 40% conseguido por Iván Cepeda, el candidato del Pacto Histórico sucesor de Petro. Con la posible victoria de la Espriella se daría fin a la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP), una justicia que deriva de los acuerdos de Paz con las FARC firmados en La Habana y a la que se acogen las víctimas de desaparición forzada, violencia sexual y abusos policiales desplegados en el marco del conflicto armado. También decaería la protección de las madres buscadoras. “Yo casi no le tengo miedo a nada, pero ahora tengo miedo”, expresa Torres durante la entrevista.
¿Quién es Nydia Erika Bautista y cómo empezáis a luchar por la justicia tras su desaparición
Nydia Erika Bautista era mi tía. Era una estudiante de sociología de la universidad pública. Ella militó en el M19 y fue desaparecida forzadamente por el Ejército de Colombia el 30 de agosto de 1987. Todo pasó el día de mi primera comunión. Mi tía no vivía con nosotros pero vino a la ciudad a pasar ese momento especial. Ella salió a acompañar a una compañera a coger el transporte. Yo salí detrás con mi abuela y vi de lejos como varios hombres armados subían a una mujer a una camioneta a la fuerza. Ella gritaba “¡Auxilio!”, pero nadie reaccionaba. Yo le dije a mi abuela que estaba gritando una mujer y que era la voz de mi tía. Camine rápido, llegué a mi casa, subí al apartamento, y le dije a mi mamá que se acaban de llevar a una mujer y estaba segura que era Nydia Erika. Entonces mi mamá soltó lo que tenía en la mano. Salió corriendo a preguntar a los vecinos, a los porteros de seguridad del edificio y le dijeron que efectivamente varios hombres la habían agarrado, que ella había intentado agarrarse de unas rejas para no dejarse llevar, pero que la habían golpeado y la habían subido a ese vehículo y que como eran tantos hombres armados, ellos no habían podido reaccionar. Digamos que mi madre ahí comenzó a convertirse en investigadora, tocando las puertas de todos los vecinos en una época en la que nadie denunciaba este tipo de situaciones y menos cuando eran en contra de mujeres. Esto fue en 1987, durante el gobierno de Virgilio Barco Vargas (Partido Liberal Colombiano). Mi madre recogió varios testimonios de testigos del lugar que evidenciaron que se la habían llevado. Se pudieron reconstruir las placas del vehículo, porque yo alcancé a ver el vehículo en el que se iba y se pudo establecer que el vehículo era propiedad del Ejército de Colombia, en esa época de una brigada que era la Brigada 20.
La vida de mi familia cambió completamente desde ese día. Mi mamá era una mujer que trabajaba como secretaria en una empresa muy grande y ella usaba zapatos de tacón muy alto. En esa semana dijo: “Me quito los tacones y me pongo los tenis porque ahora tengo que dedicar mi vida a buscar a Nydia Erika Bautista”. Ella empezó a ir a muchas instituciones a intentar poner la denuncia y a presentar las pruebas que logró recoger. Pero era una época donde nadie prestaba atención a este tipo de situaciones, nadie le quiso recibir la denuncia, nadie le quiso ayudar.
Entonces, ¿ a qué recurrió?
En su desesperación, lo que hizo fue salir con la foto de Nydia Erika a la plaza principal que queda frente a la presidencia y allí se encontró con otras mujeres que tenían familiares desaparecidos. Entonces empezaron a congregarse todos los martes, siguiendo el ejemplo de las Madres y Abuelas de la Plaza de Mayo. Como no tenían nadie que las escuchara, salían allí con las fotos, gritaban que se los devolvieran vivos, que les dijeran dónde estaban. Recuerdo que mi madre compró una máquina de escribir pequeña y en la plaza empezó a documentar los casos. Dijo: “Si no nos escuchan aquí nos tienen que escuchar afuera, pero tenemos que documentar los casos”. Y empezaron a enviar la información a organizaciones internacionales como Amnistía Internacional o Naciones Unidas.
Luego mi madre empezó a estudiar derecho para ser abogada de esos casos que nadie llevaba y la nombran directora de la primera organización en Colombia de familiares de víctimas de desaparición forzada que se llama ASFADDES. La mayoría de desapariciones de esa época eran cometidas por el Ejército, entonces era muy complejo hacer ese tipo de denuncias. Luego en Colombia no estaba tipificada la desaparición forzada, entonces, claro, nadie le recibía a mi madre una denuncia por desaparición porque la desaparición no existía como delito.
Andrea, explícanos qué es una desaparición forzada
Una desaparición forzada es cuando una persona se retiene y se priva de la libertad con la participación de las fuerzas del Estado por acción o por omisión. Ese es el elemento que la diferencia, por ejemplo, de un secuestro. Y el otro elemento que la diferencia es que hay un ocultamiento del paradero de esa víctima desaparecida, adicionado, pues, a la responsabilidad del Estado por acción o por omisión. Y como en esa época no estaba tipificado este delito, mi madre empezó a trabajar en una ley para la tipificación del delito de desaparición forzada y logró la Ley 589 del 2000. En el 2000 se tipifica la desaparición forzada, 13 años después de haber desaparecido Nydia Erika en la más absoluta impunidad en su caso porque se estaba investigando como secuestro.
Mi madre consiguió el testimonio de un militar que confesó la desaparición forzada de su hermana Nydia Erika y cuáles fueron los militares que participaron. Fue amenazada por denunciar de manera directa a esos militares que cometieron la desaparición y tuvo que salir exiliada
Finalmente, tuvisteis que abandonar el país
Mi madre recibió muchas amenazas porque ella consiguió el testimonio de un militar que confesó la desaparición de Nydia Erika y cuáles fueron los militares que participaron. Entonces fue amenazada por denunciar de manera directa a esos militares que cometieron la desaparición y tuvo que salir exiliada. Salimos exiliados un tiempo aquí a España. Luego estuvimos otro tiempo en Alemania. Después, regresamos todos a Colombia y allí creó la Fundación Nydia Erika Bautista, la fundación que lleva el nombre de su hermana, de mi tía y donde empezamos a hacer un trabajo integral por las familias que habían sufrido lo mismo que nosotras.
Mi mamá decía que quería que las familias no repitieran el camino que nos tocó a nosotras, donde nadie nos abrió la puerta, nadie nos dio la mano. Entonces creamos la Fundación que cuenta con un área jurídica donde hay abogados que atienden los casos, con un área psicosocial que hace todo el acompañamiento psicológico, con un área de incidencia donde se trabajaba todo el tema de la política pública y con un área de escuela de liderazgo donde empezamos a incorporar a las mujeres, familiares de víctimas de desaparecidos, que empezamos a darnos cuenta que éramos en su mayoría mujeres, en una lógica de cambiarlas de ser objetos de derecho a ser sujetas de derechos y de fortalecer sus conocimientos en sus derechos para hacer un poco más potente la incidencia como organización.
La Fundación se creó en Colombia en 1997 y desde allí hasta acá nos hemos articulado con 12 procesos organizativos de familiares de víctimas de desaparición forzada. Nosotros somos una organización de familiares, no somos una ONG porque en su mayoría está conformada por familiares, pero los familiares nos hemos vuelto expertos en distintas materias para poder luchar contra la impunidad que trae la desaparición forzada. Entonces, las buscadoras, como mi mamá, se han convertido en investigadoras, pero también en abogadas, pero también en cartógrafas, pero también en historiadoras. También han cogido la pala y han salido al monte a buscar a sus seres queridos. También han ido a confrontar a los victimarios y a preguntarles dónde están sus familiares. Han hecho un montón de labores que le correspondía al Estado y, desafortunadamente, en el marco de esas labores, pues también han sufrido muchísimas vulneraciones a sus derechos.
Las buscadoras, como mi mamá, se han convertido en investigadoras, pero también en abogadas, pero también en cartógrafas, pero también en historiadoras. También han cogido la pala y han salido al monte a buscar a sus seres queridos
Vamos a rebobinar un poquito para atrás para contextualizar bien. Tu tía forma parte de una organización política. ¿Qué es lo que hacían?
El M-19 era una organización de izquierda, una organización guerrillera que estuvo armada. Nydia Erika Bautista ingresó al M-19 cuando estudiaba en la universidad pública y ella, sobre todo lo que hacía era la construcción de escuelas en barrios populares. Además daba clases de feminismo para estas mujeres.
Y por eso fue objetivo del Ejército. Nydia Erika fue detenida un año antes de ser desaparecida y fue torturada con un enfoque muy fuerte en violencias basadas en su género. Luego de salir detenida, ya nos contó todo lo que le habían hecho mientras estaba ahí y había una amenaza de que si ella seguía en eso la iban a desaparecer. Por eso sabíamos quiénes eran los autores y por eso sabíamos las razones de la persecución.
El caso de tu tía permanece impune. Creo que encontrasteis finalmente el cadáver ¿Por qué esta impunidad?
El caso de Nydia Erika se mantiene impune por el pacto de silencio de los militares frente a la verdad de las desapariciones forzadas y porque la justicia no operó de manera diligente. Mi madre recibió un testimonio de un militar que confesó todo lo ocurrido. Pero cuando este militar llega al proceso judicial, usa la figura de la retractación y se retracta de un día para otro. El fiscal a cargo del caso, con base en esa retractación, no en todo lo que se había recogido atrás ni en la evidencia, decide archivar el caso, a pesar de que gracias a la confesión de ese militar se había encontrado el cuerpo de Nydia, Erika en 1997.
Lo único que se podía hacer jurídicamente era una acción de revisión, que es una acción bastante compleja ante la Corte Suprema de Justicia. Para eso hicimos una investigación nosotras mismas, inspeccionando aproximadamente 23 casos de desapariciones forzadas y recogiendo de esos casos pruebas que no se tuvieron en cuenta en el caso de Nydia Erika. Esa acción de revisión la presentamos el 30 de agosto del 2014, con ocasión también de uno de los aniversarios de la desaparición de Nydia Erika Bautista. Recientemente, el pasado viernes salió la decisión y la decisión nos da la razón. La decisión reconoce que esas pruebas nuevas no fueron tenidas en cuenta y le ordena a la justicia ordinaria reabrir la investigación contra 21 militares que participaron en la desaparición, tortura, violencia sexual y muerte de Nydia Erika Bautista.
Paralelamente, en los últimos años, desde que se crea la Jurisdicción Especial para la Paz, nosotros también acudimos a este escenario buscando verdad y justicia. Aquí nos dijeron tres veces que no podíamos participar. Interpusimos una tutela, ganamos la tutela y el Tribunal les ordenó dejarnos participar. Participando en la JEP logramos obtener pruebas directas de varios militares que decidieron hablar, que decidieron decir la verdad, no solo de la desaparición de Nydia Erika Bautista, sino sobre todo profundizaron en las violencias basadas en género y la violencia sexual que ella había sufrido. Digamos que mi madre y yo sabíamos que a Nydia la habían violentado sexualmente porque ella apareció sin ropa interior, pero fue algo que nunca se investigó, nunca se investigó la desnudez forzada que ella había sufrido. Y estos últimos dos años, logramos que en la Jurisdicción Especial para la Paz los militares contaran detalladamente la violencia sexual, las violencias basadas en género a las que sometieron a mi tía Nydia Erika, y que confesaran también, que no solo la desaparecieron, no solo la asesinaron, no solo la violentaron, sino que desplegaron toda una acción de hostigamiento en contra de mi familia y en contra de la Fundación.
Las mujeres sufrieron una violencia específica por el hecho de ser mujer, pero siempre es la última que se reconoce. En Argentina pasó algo similar con las torturadas durante la dictadura. Hubo muchas denuncias de mujeres, pero solo hasta el final no se reconocieron las violaciones cometidas por los militares como violencia sexual y se juzgaron como tal. En vuestro caso ha sido así también.
Así es. Tampoco había una dinámica en la justicia de profundizar en esos patrones específicos de violencias basadas en género que tenía la fuerza militar y que no hacía con los hombres. Para nosotras es un logro jurídico, más allá de toda la impunidad sufrida, porque se pudo mostrar un patrón que seguramente no solo abarca el caso de mi tía, sino de todas las mujeres desaparecidas que se encuentran en impunidad y que se encuentran todavía sin ubicar el paradero, que son responsabilidad de las Fuerzas Militares.
Y las mujeres que sois buscadoras, ¿sufrís una violencia específica también por el hecho de ser mujeres?
Cuando se hace el acuerdo de paz en La Habana y mi madre es invitada como una de las partes, allí se propone la creación del Sistema Integral de Verdad, Justicia y Reparación. Cuando se crea el Sistema Integral de Verdad y Justicia y reparación, nosotras empezamos a documentar los casos para la Comisión de la Verdad y mientras estamos documentando los casos con las mujeres, nos dimos cuenta de algo muy impactante y es que las mujeres siempre nos hablaban de cosas que habían sufrido en el marco de la búsqueda. Nos decían: “A mí me secuestraron”, “a mí me extorsionaron” o “a mí me amenazaron”.
Nunca nos habíamos mirado a nosotras mismas como víctimas ni nos habíamos reconocido en todos los daños y las afectaciones que nos habían causado. Yo decía que teníamos que hacer algo con todo esto porque nos hemos volcado en nuestros seres queridos y nos hemos olvidado de nosotras mismas. Y entonces nos pusimos a recoger documentación de delitos que habían sufrido las mujeres buscadoras, pero también de afectaciones físicas, emocionales, psicosociales a su núcleo familiar. Juntamos todos estos impactos de la desaparición en las mujeres ejerciendo el rol de ponerse a hacer lo que le corresponde al Estado y decidimos escribir la Ley de mujeres buscadoras. Es un hito en el mundo porque es en el único país que existe una ley de mujeres buscadoras.
Nunca nos habíamos mirado a nosotras mismas como víctimas ni nos habíamos reconocido en todos los daños y las afectaciones que nos habían causado. Yo decía que teníamos que hacer algo con todo esto porque nos hemos volcado en nuestros seres queridos y nos hemos olvidado de nosotras mismas
¿Cuál es el objetivo de esta ley?
El objetivo era dar a estas mujeres herramientas para seguir buscando a sus seres queridos y que no las vuelvan a asesinar, no las vuelvan a desaparecer, no las vuelvan a violentar sexualmente. Entonces nos dimos a la tarea de escribir esa ley con esos 12 procesos organizativos con los que trabajamos e hicimos la incidencia internacional, que fue sobre todo la que impulsó que se aprobara esta ley, porque en Colombia no le ponían mucha atención. Pero hicimos muchas giras con Brigadas Internacionales de Paz, con Amnistía Internacional y fue a la gente de afuera a la que le llamó la atención esta ley tan importante y empezaron a enviar muchas cartas, muchas peticiones al Gobierno de Colombia, hasta que por fin se logró ese impulso.
Como buscadora, tú también has sufrido mucho.
Yo no conocía mucho de la historia jurídica del caso de Nydia Erika, pero cuando llegamos a Madrid como exiliadas sin mucho que hacer lo único que traía mi madre eran los 25 cuadernos de expedientes de Nydia. Entonces yo me ponía todos los días a leer. Ella llegó un día en la tarde y me encontró así, con todos los expedientes. Y yo la miré y le dije que por qué no me había contado toda esta tragedia que había vivido la familia.
Ahí decidí ponerme a estudiar derecho para ser la abogada de los desaparecidos. Fui la primera que regresó a Colombia y allí me puse a estudiar. Cuando me gradué en la fundación recibí inicialmente 20 casos, no solo el caso de Nydia Erika. Y con esos primeros 20 casos como litigante recibí amenazas de los grupos paramilitares. Unas amenazas que creo que impactaron mucho en mi vida, porque no solo me amenazaban con que me iban a matar, sino con que me iban a violentar sexualmente.
En 2014 logramos hacer una investigación con el caso de Nydia Erika. Logramos ubicar a una de las personas y que la Fiscalía lo capture. Los funcionarios de policía judicial pusieron que mi madre y yo éramos las fuentes de información para ubicar a esta persona, entonces nos dejaron absolutamente expuestas. Yo soy madre soltera y en esa época mi hijo pequeño tenía aproximadamente cuatro años. Un día le entregaron un papel donde nos decían que si yo seguía denunciando las desapariciones del Ejército, me iban a desaparecer. Tuve que irme de mi vivienda, cambiar a mis hijos de colegio.
Viniendo a la actualidad, las desapariciones no han cesado. Según he estado leyendo, en 2024 hubo 195 desapariciones forzosas y 3226 casos de desaparición sin clasificar. ¿Por qué hay tantas desapariciones sin clasificar y porque continúan?
Sí, creo que lo más preocupante es que las desapariciones persisten y creo que ahora bajo unas dinámicas y unos patrones diferentes pero igualmente preocupantes, porque actualmente los desaparecidos y las desaparecidas en su mayoría son niños, niñas, adolescentes y mujeres.
Hay una dinámica de uso, utilización e instrumentalización de los niños, las niñas, las adolescentes y las mujeres, no solo para los temas de trata, sino para todos los temas que tienen que ver con los grupos al margen de la ley, temas de armas, temas de tráfico de drogas, temas de corredores estratégicos, temas de control territorial. Entonces sí, desafortunadamente, aunque hay una ley de mujeres buscadoras, aunque hay una unidad de búsqueda de personas desaparecidas, aunque hay muchos instrumentos jurídicos, las desapariciones forzadas persisten.
¿El Ejército sigue detrás de estas desapariciones?
En este momento son más por los grupos paramilitares que se armaron y las disidencias que no se desmovilizaron. También hay una modalidad muy fuerte de reclutamiento forzado. Se están llevando a nuestros jovencitos al monte. También hay desapariciones por temas de medio ambiente, en lugares donde hay minería y oposición a proyectos.
Ahí quería ir porque sé que también hay una intersección entre vosotras. Muchas mujeres afrocaribeñas están también en la búsqueda de familiares en desapariciones que suceden en territorios rurales, ¿no?
Sí, nosotras estamos articuladas con las madres de Buenaventura. Es una organización de mujeres afrodescendientes e indígenas que buscan a sus seres queridos allí. La dinámica en Buenaventura ha sido que a las personas las han desaparecido los grupos paramilitares y el patrón era un patrón de descuartizamiento y arrojó de los cuerpos al mar. Entonces el Estado colombiano ni siquiera intentaba su búsqueda, decían que era imposible buscar en el mar. Y las mujeres decían que no podían cerrar un duelo sin el cuerpo. A través de su ancestralidad y su cosmovisión, las mujeres afrodescendientes tienen un arraigo muy fuerte a la vida y a la tierra.
Empezamos a investigar y nos dimos cuenta que las desapariciones tenían que ver con la ampliación del puerto de Buenaventura, que es el más grande de Colombia. El Estado colombiano no quería buscar porque quería ampliar el puerto y prefería ampliar el puerto que garantizar una búsqueda efectiva. Entonces allí lo que tuvimos que hacer fue poner una medida cautelar que impidiera la ampliación del puerto, que impidiera el dragado y que se permitiera que las autoridades científicas y judiciales buscaran. Y lo conseguimos. Eso lo hicimos en el 2020 y todavía están vigentes las medidas.
Desde el 2020 hasta acá hemos encontrado seis cuerpos en el mar, en el agua, descuartizados. Los hemos encontrado y los hemos identificado. El ataque a estas mujeres es no solo de los grupos armados, sino también de las empresas que están diciendo que ellas están en contra del progreso, están en contra de la economía porque no están permitiendo la ampliación del puerto, porque eso es lo que dicen. Nosotras no estamos en contra de nada. Nosotras lo único que reclamamos es que nos devuelvan a nuestros seres queridos.
Muchas de las familiares de los desaparecidos son pescadoras y ellas saben perfectamente cómo funciona la marea, cómo funciona el manglar. Y ellas han demostrado a los expertos como tienen que buscar y les han demostrado que se puede encontrar.
¿Por qué crees que cuando hablamos de buscadoras siempre hablamos de mujeres?
Eso fue algo que investigamos muy en profundidad con la ley. Y encontramos dos factores. Uno de ellos es que la mayoría de desaparecidos son hombres. Pero también porque vivimos en una sociedad patriarcal que nos ha impuesto el rol de cuidadoras. En mi caso, Nydia Erika es una mujer desaparecida y fuimos las mujeres las que nos dimos a la labor de seguir la lucha y de buscarla.
Las mujeres buscadoras siempre éramos las locas, las histéricas, las que llegan llorando a las casas. Ahora ya no somos eso. Ahora ya nos reconocen como defensoras de derechos humanos, como constructoras de paz.
En este momento, que habéis conseguido una ley pionera en el mundo, ¿el gobierno de Petro ha sido una ventana de oportunidad para vosotras?
Yo pienso que sí ha sido una ventana de oportunidad, porque creo que con otro gobierno no hubiéramos tenido la aprobación de la ley. Ahora tenemos el reto de su implementación porque Colombia es experta en emitir leyes, pero experta también en no cumplirlas. Entonces la idea es que no se quede en el papel.
Siento que fue una ventana de oportunidad para tener una ley de protección de las mujeres buscadoras y además un reconocimiento como constructoras de paz. Porque las mujeres buscadoras siempre éramos las locas, las histéricas, las que llegan llorando a las casas. Ahora ya no somos eso. Ahora ya nos reconocen como defensoras de derechos humanos, como constructoras de paz, porque hemos cumplido un deber que le corresponde al Estado. Todo lo que hemos hecho, incluso escribir una ley, muestra que somos expertas, que somos gestoras de conocimiento y eso nos pone en un lugar diferente que ahora nos es reconocido. Y yo creo que eso también lo ha favorecido el actual gobierno.
Y, al mismo tiempo, habéis conseguido que la desaparición sea un delito de lesa humanidad.
Así es, a partir de una investigación muy profunda que demostró la sistematicidad y generalidad de las desapariciones forzadas en la década de los ochentas hasta los 2000. En el caso de Nydia Erika Bautista se logró comprobar, además, que esa lesa humanidad también iba dirigida con un patrón de enfoque de género a las mujeres con una diversidad de violencias diferenciadas cometidas sobre las mujeres y permitió también visibilizar ese tema de género que creo que en ningún otro caso había ocurrido.
Y, ¿qué posibilita declarar un delito de lesa humanidad?
Lo que permite la lesa humanidad es que los delitos no prescriban. Y en casos como la desaparición forzada eso es muy importante, porque normalmente para obtener verdad y justicia pasan décadas. Nydia Erika desapareció en 1987. Ya tengo 47 años. Tenía nueve cuando se la llevaron. Fueron más de 32 años de lucha contra la justicia para lograr unos mínimos resultados, al menos de saber la verdad. Tener mayores oportunidades de acceso efectivo a la justicia y a la verdad sirve para conseguir sanciones pero también garantías de no repetición.
Vamos a hablar un poquito del presente. Si gana la extrema derecha en las elecciones de este domingo. ¿Qué os puede pasar a vosotras? ¿Cómo os puede afectar?
Pues creo que podría pasar lo peor. En términos jurídicos, seguramente la ley no se va a implementar, se va a quedar en el papel y no va a haber ninguna garantía de protección ni de reconocimiento de las mujeres buscadoras. Pero además, creo que está en juego nuestra vida. O sea, yo tengo miedo personalmente de que si gana la derecha nos van a matar, nos van a seguir agrediendo físicamente, nos van a seguir persiguiendo, nos van a seguir hostigando, se van a incrementar las desapariciones forzadas y la situación de seguridad y de garantía para seguir haciendo nuestro trabajo ya no va a existir.
En estos días veía una entrevista que daba uno de los candidatos de la derecha y él decía que iba a salir con lista en mano con los nombres de las organizaciones de derechos humanos, así como con los nombres de los guerrilleros. Y le iba a dar a los coroneles 30 días para que los traigan o los eliminen. Ese es el tono de la derecha en este momento.
Eso nos hace sentir que para las organizaciones no va a haber ninguna garantía y mucho menos para las mujeres buscadoras que hemos denunciado al Estado, que hemos denunciado a los militares, a los paramilitares, a los guerrilleros. No vamos a tener absolutamente ninguna garantía. Con toda esta historia de las cosas que me han pasado y que te cuento, yo pocas veces tengo miedo, yo casi no le tengo miedo a nada, pero en este momento tengo miedo.
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