‘Manos de pobre’, un cómic contado desde el metro sobre el ascensor social estropeado

Silvia Bezos firma una novela gráfica sobre los techos de cristal de clase, la pobreza de tiempo y la desigualdad en la creación cultural a partir una semana de viajes por el metro de Madrid de su protagonista.
‘Manos de pobre’, cómic de Silvia Bezos
Viñeta del cómic ‘Manos de pobre’, de Silvia Bezos. Imagen cortesía de Aristas Martínez.
18 sep 2026 06:00

“Tener manos de pobre es como un rasgo epigenético, algo que se queda marcado en los cuerpos y se transmite de generación en generación. Es algo que te impone una serie de vetos y tus ambiciones no son las mismas que las de otras personas”. Silvia Bezos (Valladolid, 1978) es la autora de la novela gráfica a la que da título con este concepto, Manos de pobre (Aristas Martínez, 2026), Premio Aristas de Novela Gráfica PANG!. Siete días en la vida de Elena, la protagonista, una joven residente en Madrid, de orígenes obreros y que de lunes a domingo se ve obligada a viajar varias horas en metro para ir al trabajo u otros menesteres.

La crónica de esa rutina alienante tan familiar a muchos lectores le sirve para ilustrar cómo funciona la desigualdad en España, desde el acceso a las profesiones culturales, que la autora conoce bien, hasta todos los aspectos de la vida, en general.

“Soy bastante obsesiva y el cómic fue una forma de volcar estas reflexiones”, explica la autora (de apellido de resonancias “amazónicas”, pero muy lejos del turista espacial Jeff con el que lo comparte). “Esta desigualdad se ve clara en datos como que el 80% de los hijos de personas con bajo nivel de estudios no supera el de sus padres. Es algo que tienes presente desde la niñez, aunque no le pongas nombre. La novela gráfica va de eso, de los límites que te impone tu origen social”.

La protagonista del cómic viaja en metro porque es “el escenario de la monotonía de los curritos, pero también un espacio para reflexionar, donde te encuentras con otras personas”, dice la autora

En el cómic, Elena viaja en metro porque es “el escenario de la monotonía de los curritos, pero también un espacio para reflexionar, donde te encuentras con otras personas”. Desde allí también tiene conversaciones telepáticas (y hasta aquí podemos contar) y lee Chavs (Capitán Swing, 2012), de Owen Jones, y reflexiona sobre la demonización de la clase obrera.

El ensayo de Jones es una inspiración clara del cómic: “Hubo un punto en el que lo normal era hablar de los ‘chonis’ de manera despectiva, incluso entre gente universitaria que se decía de izquierdas y venía del mismo sitio. Es clasismo interiorizado y no ha desaparecido. Decimos que odiamos a los billonarios, pero a los que llamamos feos y con mal gusto es a otros pobres”.

Pobreza de tiempo

Bezos trabaja actualmente como directora de arte de ONU-Agua, organización responsable de las campañas del Día del Agua en todo el mundo. Elena, su cuasi alter ego en viñetas, “lo ha tenido más difícil que yo. Quise pensar en alguien menos privilegiado porque, aunque vengo de una familia bastante humilde y soy la quinta de seis hermanos, crecí en una época en la que a mis padres les iba mejor. Igual no viajé a Estados Unidos, pero pude ir a una academia de inglés, y la mayoría de mis compañeros de clase del colegio no”.

Página del cómic ‘Manos de pobre’, de Silvia Bezos
Página del cómic ‘Manos de pobre’, de Silvia Bezos. Imagen cortesía de Aristas Martínez.

Parte del objetivo de Manos de pobre es “que al leerlo te sitúes en el espectro de clase, que seas consciente de tus privilegios pero también de las piedras que te ha puesto la sociedad en el camino, y te plantees cómo quieres lidiar con eso”. Por otra parte, “tampoco es una historia autocomplaciente, no es para que digas ‘no puedo hacer nada más’, no soy así de determinista, pero sí para ser conscientes del lugar en el que nos encontramos y al menos relajarnos un poco”.

“En mi caso creo que hubo un punto en el que me di cuenta de que por mucho que leyera o investigara, no iba a llegar al lugar que sí accedían otras personas con orígenes más privilegiados”, comparte la dibujante. Su personaje, Elena, “es una pesimista, mucho más que yo. Tiene mucho afán de superación pero al mismo tiempo está muy en contacto con la realidad, así que lo pasa mal”. Una amenaza al crearla fue “la del estereotipo: asocias a cierta clase social características negativas. Una clase que es la tuya, es una forma de autoimponerte techos de cristal. Le pasa a ella y me pasa a mí”.

Bezos también quiso retratar así “la pobreza de tiempo. No yo, que ahora tengo más estabilidad, según con quién me compares soy acomodada, pero la gente más precaria no tiene prácticamente tiempo libre del que disponer. Por eso cuando Elena hace la declaración de la Renta le sale a devolver tiempo. Tendrá mucho tiempo libre, pero ya cuando se muera”.

Autoras contra la desigualdad

Manos de pobre y el trabajo y las reflexiones de Bezos se podrían encuadrar en una pequeña ola de autoras de novela gráfica que se han centrado en la desigualdad y el mundo laboral. Es el caso de Rotunda (Andana, 2023), de Candela Sierra, Premio València de Novela Gráfica y ganadora del Premio Nacional del Cómic en 2025 por Lo sabes aunque no te lo he dicho (Astiberri, 2024) , o Hecha a sí misma (Aristas Martínez, 2022), de Alicia Martín Santos, compañera de editorial de la que nos ocupa y que la precedió como ganadora del Premio Aristas de Novela Gráfica PANG!.

Para Silvia Bezos, “no es algo solo del cómic, creo que ha pasado incluso antes en la literatura. Autoras como Anna Pacheco, Elisa Victoria… Es algo generacional, hijas de familias obreras, criadas en una época en la que sí que funcionaba el ascensor social y que al llegar a la vida adultas nos hemos encontrado con que ya no. Y algunas de nosotras podemos contar nuestra experiencia y reflexionar sobre cómo hemos llegado aquí”.

Una tendencia que se puede rastrear hasta el cine —las películas de Belén Funes, Neus Ballús o las hermanas Rodríguez Colás, entre otras— o el ensayo —Hijas del hormigón (Debate, 2025), de la politóloga Aida Dos Santos, o Estuve aquí y me acordé de nosotros (Anagrama, 2024), de la mencionada Anna Pacheco—. Para Bezos, si hay una reivindicación de fondo en todo esto es “es la de los servicios públicos. Sin educación pública, sin bibliotecas públicas, ninguno de nosotras hubiera escrito ningún libro”.

Bezos confiesa que se planteó incluir en la contraportada la frase “este cómic es la excusa de por qué este cómic no es mucho mejor” porque, explica, este cómic habría sido “muchísimo mejor” si ella fuera una persona más privilegiada. “Mi reflexión empezó por el tema de la creación cultural, y luego siguió todo lo demás”, añade.

Por eso también Manos de pobre y su autora son pesimistas sobre el futuro de la desigualdad en la cultura: “Se dice que con la inteligencia artificial solo van a poder dedicarse a esto personas privilegiadas, que no necesiten trabajar para vivir. Pero es que eso ya pasaba desde antes, históricamente era así. Escribía o pintaba quien no tenía que preocuparse por el techo y la comida. Elena cree que ese es el futuro en el cómic y yo también lo veo así”.

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