República Democrática del Congo
El ébola avanza sin control en la República Democrática del Congo
Se cumplen dos meses desde que la Organización Mundial de la Salud (OMS) alertara sobre una nueva cepa (Bundibugyo) de ébola en la República Democrática del Congo (RDC). En pocos días, esta nueva cepa —para la que no existe vacuna aún— se cobró la vida de más de 200 personas. Las autoridades médicas advirtieron entonces de la peligrosidad: el nuevo brote era el que más rápido se había propagado desde que existen registros de la enfermedad. La nueva cepa avanzaba en un país devastado por la guerra, con decenas de hospitales destruida y los importantes recortes en materia de ayuda humanitaria. Además de en la RDC, también se registraron casos en Uganda. El hecho de que se trate de una cepa prácticamente desconocida ha influido directamente en la rápida propagación.
En estos dos meses, el brote se ha extendido geográficamente y se han confirmado nuevos casos cercanos a las fronteras de Sudán del Sur y República Centroafricana
Ahora, dos meses después, organizaciones humanitarias en terreno como Médicos Sin Fronteras (MSF) o Oxfam alertan de que la situación no ha hecho más que empeorar. “El ébola se propaga a un ritmo sin precedentes dos meses después de la declaración de la epidemia”, dicen desde MSF, que pide que se intensifique la urgencia de la respuesta, sobre todo, en Ituri, el epicentro del brote y donde se concentran aproximadamente el 90% de todos los casos confirmados. En estos dos meses, el brote también se ha extendido geográficamente y se han confirmado nuevos casos cercanos a las fronteras de Sudán del Sur y República Centroafricana.
Ya han muerto más de 750 personas y hay más de 2.000 casos confirmados, según la organización, que advierte que ya se han superado la mitad del número de casos registrados durante el brote de ébola de 2018-2020 en la RDC, que duró casi dos años.
“La situación es especialmente alarmante, ya que el brote sigue expandiéndose geográficamente. El acceso limitado a la atención médica, un sistema de vigilancia desbordado y la creciente presión sobre los centros de tratamiento hacen que comunidades enteras fuera de las principales zonas urbanas sigan sin recibir el apoyo adecuado”, reza el informe enviado a la prensa.
Falta de acción internacional y coordinación y un país devastado
Tanto MSF como Oxfam advierten que las carencias en materia sanitaria que hay en el país —a causa del contexto de guerra y de otras adversidades— dificultan el control del brote. El conflicto armado que azota el país ha mermado considerablemente los servicios de salud, así como los recortes de la financiación internacional en cooperación. El brote, que convive con enfermedades endémicas como la malaria, el cólera o el sarampión, se da en un contexto de miles de personas desplazadas, violencia armada por parte de grupos extremistas y problemas graves de abastecimiento e infraestructuras. La llegada de la ayuda humanitaria a la región —donde las estadísticas dicen que una de cuada cuatro personas pasa hambre— se ve dificultada por la violencia. A la vez, esta compromete la seguridad de los y las sanitarias que intentan contener el brote.
Para las organizaciones resulta importante “acercar la respuestas a las comunidades” y “reforzar el sistema de vigilancia” con el objetivo de identificar posibles casos y proceder a su aislamiento lo antes posible para contener el brote. Desde MSF señalan que algunas de las medidas puestas en marcha por las autoridades de la RDC —como las restricciones de movimientos o el cierre de fronteras— no están funcionando como deberían, ya que se está dificultando la rotación del personal especializado en la enfermedad
Dificultades para acceder a agua potable
Por su parte Oxfam advierte que “miles de personas —concretamente hasta 20.000— se ven obligadas a utilizar una única fuente de agua en centros de tratamiento del ébola” y muestra su preocupación por el desborde de los centros sanitarios en la región —en las provincias de Kivu del Norte e Ituri—, que operan “a más del 130 % de su capacidad”.
Oxfam: “Sin agua potable y sin sistemas de saneamiento en funcionamiento, simplemente no existen las condiciones básicas necesarias para frenar la transmisión del virus del ébola”
Las dificultades de acceso a agua potable dificultan las tareas de saneamiento, lo que produce un mayor riesgo de contagio en las comunidades. “Sin agua potable y sin sistemas de saneamiento en funcionamiento, simplemente no existen las condiciones básicas necesarias para frenar la transmisión del virus del ébola”, advierten desde Oxfam, que se queja de la “lentitud” de la respuesta internacional. “Aunque el rastreo de contactos ha alcanzado actualmente una cobertura del 80%, sigue estando por debajo del más del 90% logrado en la misma fase del brote de ébola de 2018, lo que deja una importante brecha en los esfuerzos por contener la propagación de la enfermedad”.
La importante disminución de la ayuda internacional hace, además, que los hospitales dispongan de recursos limitados, o prácticamente inexistentes. “El personal sanitario está haciendo todo lo que puede, pero muchos trabajan sin siquiera disponer de equipos básicos de protección, como guantes, y por eso estamos viendo altas tasas de infección entre los profesionales sanitarios en distintos puntos de Ituri. Los centros de salud no estaban preparados”, aseguran desde la organización. Esta falta de financiación también ha cortado de raíz con las actividades de prevención y de sensibilización comunitaria, fundamentales para frenar el contagio en este tipo de brotes.
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