Entrevista La Poderío
Paloma Peñarrubia: “Siempre ha habido cine queer, seguimos resistiendo y contando nuestra realidad”
Hace unas semanas, los actores Toni Acosta y Arturo Valls pronunciaban el nombre de Paloma Peñarrubia como una de las nominadas a Mejor Canción Original en esta edición de los Premios Goya por La arepera. El tema forma parte de¡Caigan las rosas blancas!, la última película de la cineasta y escritora argentina Albertina Carri, un filme que narra la historia de Violeta, una joven directora de cine que, tras rodar con un grupo de amigas una película porno, lésbica y gozosa, es contactada para realizar un porno mainstream.
Más allá de la alegría que supone la nominación de un proyecto autoral, experimental, queer e independiente, hubo también una emoción íntima: la que se siente cuando una persona cercana, a la que has visto trabajar incansablemente durante años, recibe por fin visibilidad y reconocimiento. Aunque comenzó trabajando en librerías y tiendas de Málaga, hace tiempo que Paloma Peñarrubia se dedica por completo a la música, construyendo una trayectoria sólida y brillante entre el cine, la publicidad y las artes escénicas. Esta conversación a distancia, conexión Málaga–Asturias, sirve como aperitivo de lo que traerá la próxima edición de estos premios, que se celebrará en Barcelona el próximo 28 de febrero. Y aunque el nivel de las nominadas sea altísimo, le deseamos a Paloma toda la suerte del mundo en el camino hacia los Goya 2026.
¿Cómo estás después de conocer tu nominación a Mejor Canción Original por La arepera, de la película ¡Caigan las rosas blancas!?
Estoy muy contenta, aunque también me cuesta asimilar que sea una realidad que me esté pasando. Vivo muy encerrada en el proceso creativo y todo lo que sucede fuera de él es casi otra realidad para mí. Supongo que, conforme se acerque el día de la gala, me lo iré creyendo más y diré: “soy yo la que está aquí” (risas).
No es tu primera vez como nominada, ya lo estuviste en 2023 por La vida chipén y, un año antes, María José Llergo ganó el Goya a Mejor Canción Original con Te espera el mar, en la que hiciste los arreglos de cuerda y electrónica. ¿Qué significa para ti estar presente en unos premios tan importantes para el cine de nuestro país? ¿La experiencia previa reduce los nervios?
La nominación de La vida chipen me pilló totalmente por sorpresa, porque era cine de autor, coincidió con la pandemia y no pudo tener mucha promoción. Con ¡Caigan las rosas blancas! sí fantaseaba con la idea: llevo muchos años en la industria y, poco a poco, me voy haciendo un hueco. Me permitía imaginar un “a lo mejor, quién sabe”. Aunque la película de Albertina Carri también es de autor y experimental, albergaba la esperanza de que se prestara un poco de atención a mi trabajo y de que hubiera interés por lo que estoy haciendo.
Estás nominada junto a artistas como Silvia Pérez Cruz, Alba Flores, Leiva o Víctor Manuel. ¿Estás escribiendo ya tu discurso de agradecimiento? ¿Qué destacarías si ganas el Goya?
Uf, es complicado. No lo he pensado bien. Para empezar, creo que Alba Flores tiene muchas posibilidades de ser premiada. Pero, más allá de eso, es difícil decidir qué decir en ese minuto de altavoz con todo lo que está pasando en el mundo. No sabría qué destacar, la verdad.
La canción es un temazo queer que se apropia de los insultos que suelen recibir las mujeres sáficas, ¿Cómo se gesta este tema?
Albertina Carri me propuso una banda sonora compuesta principalmente por canciones de distintos estilos para diferentes secuencias, con un carácter un poco videoclipero, por decirlo de alguna manera.
En esta secuencia concreta, con un tinte erótico, me propuso un estilo urbano que se acercara al reguetón, por ese cariz de erotismo que pudiera acompañar la escena. Pero había que apropiarse del género. Albertina me pasó un texto que, a modo de parodia, planteaba una protesta con todos esos insultos. A partir de ahí hice la instrumental, la melodía, la voz y la adaptación del texto para construir la letra.
Es complicado en los tiempos en los que estamos de incertidumbre neofascista, pero seguimos: resistimos, hablamos, nos expresamos y contamos la realidad que vivimos
Al principio la canté yo, pero como no soy argentina, aunque intentara el acento no daba el pego. Entonces lié a Mercedes Gaviria, que era nuestra sonidista y tiene una voz muy sexy. Pensé que era la persona ideal. Se animó y ha quedado genial.
¿Crees que hay una buena representación de historias queer en la música y el cine actuales en nuestro país?
Siempre la ha habido. Ahí está Almodóvar, que lleva siendo referente desde Pepi, Luci, Bom y otras chicas del montón. Todo su cine es queer y ha sido nuestro gran representante. Hace tres años, con Te estoy amando locamente, Rigoberta Bandini ganó el Goya a Mejor Canción Original. Y este año tenemos Maspalomas y La misteriosa mirada del flamenco.
Y bueno, es verdad que es complicado en los tiempos en los que estamos de incertidumbre neofascista, pero seguimos: resistimos, hablamos, nos expresamos y contamos la realidad de que vivimos, así que creo que de momento estamos presentes y sin censura.
Creo que tienes una anécdota con la lectura de los Goya y un fallo en las comunicaciones.
Sí, la retransmisión online se quedó colgada justo en ese momento, no solo a mí, sino en general. Yo estaba sentada en el sofá, con el ordenador preparado, viéndolo, y justo cuando llegó la categoría de música se congeló. Al minuto empecé a recibir mensajes de enhorabuena y pensé: “¿pero qué ha pasado?”. Tuve que reconfirmarlo, por si había sido un error.
Ahora vives en Asturias. ¿Sientes que Málaga, con su hostilidad actual, te ha expulsado como a tantas otras vecinas? ¿Es posible vivir en la periferia como artista o sigue siendo un mundo muy centralista?
Desde que di el salto a vivir expresamente por y para la música, lo acompañé con irme al campo. Siempre he vivido para la música, pero antes tenía otros trabajos que eran los que realmente me ataban a la ciudad. Cuando pude vivir solo de la música, me fui al campo.
Desde entonces, la mayoría de proyectos que he hecho no estaban ligados a Málaga, ni siquiera cuando vivía allí. Me llegaban propuestas de muchos sitios; he trabajado bastante para Sudamérica, por ejemplo. Creo que, para la práctica artística, no es necesario vivir en Madrid, Barcelona o Málaga.
Después de tantos años de trayectoria, ¿hay alguna película que recuerdes con especial cariño?
Siempre lo diré, ‘Bajo la piel de lobo’, que fue mi segundo largometraje. Yo venía de hacer publicidad, artes escénicas, cortos, mi proyecto de Las flores no lloran… O sea, que tenía experiencia. Pero este largometraje me dio la oportunidad de escribir para orquesta, algo que nunca había hecho. Me lancé con miedo, pero me lancé. Y la verdad es que funcionó muy bien y crecí, subí un escalón a todos los niveles, personal y profesional. Fue un escaparate muy bueno, por lo buena que es la peli también. Y trabajar con Samu Fuentes, el director, ha sido un regalo
¿Qué reconocimiento te ha hecho más ilusión hasta ahora?
La Biznaga de Plata a los Oficios Cinematográficos del Festival de Cine de Málaga. Me sentí como acogida por mi ciudad. Sobre todo porque eso era un indicador de que me habían visto crecer y lo reconocían, y eso supuso un impulso enorme.
¿Hay algún director o directora con quien te haría especial ilusión colaborar?
No podría decir un nombre concreto. Más que las personas, me interesan los proyectos y la mirada que hay detrás de ellos.
¿Puedes adelantarnos futuros proyectos musicales?
Además del cine, tengo mi proyecto personal de arte digital, música y visuales para divulgación científica, Bromo. Este año estrenamos el documental que he realizado junto a Pablo Macías y Soledad Villalba, donde mostramos el proceso creativo de levantar un espectáculo escénico de ciencia y damos visibilidad al trabajo de científicos y científicas como Eudald Carbonell, Luis Montoliu o Pilar Cubas. A través de la entrevista les damos espacio y promocionamos la investigación española, que es tan importante.
Sobre futuros proyectos musicales de cine, no puedo contarte nada (risas). Pero sí te puedo decir que voy a descansar, porque 2025 ha sido muy intenso y muy bueno de trabajo, pero también hay que parar porque si no la creatividad y la energía se diluyen. Hay que cuidare y reconectar con la voz interior.
Formas parte de colectivos como Aamma. ¿Cómo ves la representación de las mujeres en el cine actual?
Todavía cuesta, pero estamos consiguiendo más visibilidad. Gracias a asociaciones como Cima y Aamma nos estamos consolidando en la industria, nos estamos haciendo un hueco. Creo que están haciendo un trabajo increíble con sus programas de ayuda, de mentoring, Cima impulsa o el festival Generamma… Hacen una labor muy importante y sin ellas no hubiéramos conseguido ni la mitad.
¿Cuál dirías que es tu principal poderío?
Ay, yo qué sé (risas). Supongo que ser yo misma, con mis virtudes y con mis límites. El hecho de no haber tenido una formación clásica de composición con la carrera del conservatorio, sino haber ido construyéndome a través de la experiencia. Formarme como un aprendiz de músico: preguntando, lanzándome a los escenarios sin saber tocar ni cantar, estudiando aquello que me iba interesando… Eso ha ido conformando mi persona como artista.
también hay que parar porque si no la creatividad y la energía se diluyen. Hay que cuidare y reconectar con la voz interior.
Si lo comparaba con otras vías más ortodoxas, siempre surgía el síndrome de la impostora. Al final me di cuenta de que precisamente eso era mi punto fuerte, haberme construido de una manera personal. Eso hace que sea yo y no otra.
¿Tienes referentes femeninos importantes en tu trayectoria?
Como buena muchacha nacida en los 80 y adolescente a finales de los 90, Bjork y PJ Harvey han sido mis dos grandes mujeres referentes. Con ese poderío tanto en lo experimental, como en los escénico y en el rock. Eran mis dos grandes tótems en aquella época y hoy las sigo admirando y mirando con mucho cariño.
La primera imagen que tengo tuya es en una librería de Málaga, hacia 2005, cuando creabas con proyectos como Yorka, Leonor Azul o Las flores no lloran. ¿Qué le diría la Paloma de ahora a aquella Paloma que empezaba?
Que siguiera adelante, creo que la constancia ha sido lo más importante (ha habido más factores, claro). Pero seguir a pesar de los noes, de los fracasos, de pensar que hay cosas que funcionan y otras no, y aun así seguir adelante con ilusión.
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