Análisis
Derechas, dinero y conspiraciones en los papeles de Epstein

Quienes mantenían relaciones con Epstein eran, sobre todo, extremistas de derechas, partidarios de pseudociencias racistas, tecnorreaccionarios de Silicon Valley y representantes varios del trumpismo, incluidos representantes de la actual administración.
TrumpEpstein
Trump y Epstein aparecieron en Mar-a-Lago, en Florida, durante un reportaje de la NBC en 1992.
Traducción: @OtrasItalias
7 mar 2026 06:00

Milán, mañana del 8 de marzo de 2018. Steve Bannon se despierta en el hotel Principe di Savoiay desayuna copiosamente. Desde hace días, el ideólogo de ultraderecha, ex asesor estratégico del presidente Donald Trump, viaja por Europa y se reúne con líderes de partidos soberanistas, término que en Italia se ha consolidado recientemente.

Del 1 al 4 de marzo estuvo en Roma para seguir de cerca las elecciones generales. El 5 estaba en Lugano, invitado por el financiero Tito Tettamanti. El 6 de marzo dio una conferencia en Zurich, Suiza, ante más de mil personas. En esa ocasión, se reunió con la dirigente de Alternative für Deutschland (AFD) Alice Weidel. El 10 de marzo se le espera en Lille, Francia, para el decimosexto congreso del Front National de Marine Le Pen.

Hoy, 8 de marzo, está en Milán para una cita reservada. En el Spazio Pin de Vía Montesanto se reúne con Matteo Salvini, reciente triunfador de las generales. Con más del 17% de los votos, la Liga es el primer partido del centroderecha y la tercera fuerza política italiana [detrás del Movimiento 5 Estrellas y el Partido Democrático, N. del T.]. Un caballo por el que apostar.

Acompañando a Bannon está Thomas D. Williams, escritor y teólogo. Fue asesor de Mel Gibson para la película La pasión de Cristo y es corresponsal en Italia de Breitbart, la web de noticias fundada por Bannon, que la ha definido “la plataforma de la alt-right”.

Con Salvini está Armando Siri, responsable económico de la Liga. En junio se convertirá en subsecretario de Transportes, pero durará menos de un año, arrastrado por una investigación por corrupción.

También está presente el periodista italosuizo Marcello Foa, que ya se reunió con Bannon en Lugano, en casa de Tettamanti. Consejero delegado y autor estrella del periódico Corriere del Ticino, en septiembre Foa se convertirá en presidente de la RAI. El nombramiento encontrará resistencias, desencadenará polémicas y será noticia incluso en el extranjero. Foa es conocido por su tendencia a difundir noticias falsas y pseudoinvestigaciones en redes sociales, como una que acusaba a Hillary Clinton de asistir a “cenas satánicas a base de sangre menstrual, esperma y leche de mujer”. Una escena que se vincula con la fantasía de la conspiración de QAnon, de la que hablaremos dentro de poco.

Además de Foa, a la cita acude también Giuseppe Valditara. Jurista y dos veces senador, en 2022 se convertirá en ministro de Educación con el gobierno Meloni. Tiene una estrecha relación con Williams, que ha escrito el prólogo de su libro Sovranismo. Una speranza per la democrazia (Soberanismo. Una esperanza para la democracia, inédito en castellano, Book time 2017), del que Foa ha firmado el epílogo.

Sobre la reunión, que es secreta, días después se filtran indiscreciones, pero no será hasta 2025 cuando se sabrá quién está pagando los viajes de Bannon. Se trata de un milmillonario estadounidense. Su secretaria reserva vuelos y hoteles, se ocupa de todos los detalles, responde solícitamente a las peticiones que Bannon le escribe desde su iPhone. El milmillonario se mantiene informado, poniéndose en contacto con Bannon por email o iMessage, pidiéndole que le ponga al día, dándole consejos. Le interesa el proyecto, el nacimiento del Movement, el éxito de los soberanistas europeos y de Salvini. ¿Su nombre? Jeffrey Epstein.

Entre depuradores y satanistas

Ocho años más tarde, el fantasma del financiero de Coney Island sigue reapareciendo. Incriminado por numerosos abusos, también a menores, Epstein muere en prisión en 2019, antes de que empiece el juicio. Suicidio, según la autopsia, pero son muchas las dudas. Desde 2021, su cómplice y expareja Ghislaine Maxwell cumple veinte años de prisión por conspiración y trata de menores con fines de explotación sexual.

El 30 de enero de 2026, la administración Trump, contra las cuerdas por una campaña bipartita, desclasifica una enorme cantidad de documentos, fotos y vídeos recogidos por el FBI y la fiscalía federal. El Departamento de Justicia (DOJ) los ha publicado en su propia web, siendo consultables por cualquiera que se declare mayor de edad, con suerte tras haber leído las advertencias oficiales.

Son varios los problemas. Aun enorme, el archivo es parcial: tres millones y medio de documentos de un total de seis millones. Son muchas las omisiones, y muchas discutibles, al mismo tiempo que se pueden leer los nombres de víctimas que el DOJ tenía que haber ocultado. Hay errores en la digitalización de los textos: en un email recibido por Epstein en 2013, “19yo”, esto es, 19 years old, se ha convertido en “=9yo”. De ahí ha salido la frase “la nueva brasileña ha llegado, mona y sexy, tiene = nueve años”, con reacciones esperables.

A pesar de estos límites, en medio mundo la lectura de los documentos está levantando llagas en la política, las finanzas, el mundo del espectáculo, en universidades y colleges prestigiosos, en potentes bufetes de abogados y también en las familias reinantes de Reino Unido y Noruega.

Volvamos a Italia. El 11 de febrero de 2026, el periódico de derechas La Verità titula en portada: “Estamos gobernados por pedófilos y satanistas. Lo que se desprende de los papeles de Epstein supera cualquier fantasía conspiracionista”. En páginas interiores, en medio de los artículos sobre el tema hay una entrevista a Marcello Foa. Quien le hace las preguntas es el vicedirector del periódico, Francesco Borgonovo.

Desde hace un año, gracias al ministro de Cultura Alessandro Giuli, Foa está en el consejo de administración del Teatro de La Scala, pero su relación con la derecha gubernamental no es de color de rosa. En agosto de 2025 puso el grito en el cielo denunciando haber sido censurado, por la cancelación de su programa en Radio 1, Giù la maschera [Abajo las máscaras], y se declaró “depurado” por el gobierno Meloni. El lloriqueo le valió comentarios sarcásticos.

El eje de la entrevista a La Verità gira en torno a la siguiente frase: “Epstein no solo era un pedófilo, sino que claramente hacía cosas más allá de lo imaginable, prácticas que seguramente eran de tipo satanista”. Es el leitmotiv de las últimas intervenciones de Foa en Facebook, el digital Il Sussidiario y otras webs. Un intento de leer el caso Epstein en clave QAnon.

En esto Foa no está solo: tras la publicación de los documentos, mucha gente se ha apresurado a decir que “QAnon tenía razón” o que, como poco, “no estaba completamente equivocada”.

De entre todas las fantasías conspirativas, QAnon es quizás la más vasta, intrincada y barroca de todos los tiempos, entre otras cosas porque ha englobado muchas otras

De entre todas las fantasías conspirativas, QAnon es quizás la más vasta, intrincada y barroca de todos los tiempos, entre otras cosas porque ha englobado muchas otras. Tuvo un gran impacto social y político, llegando a convertirse en un movimiento que obtuvo por lo menos dos diputados en el congreso de Estados Unidos y que, el 6 de enero de 2021, participó en la irrupción en el Capitolio de Washington.

Sobre QAnon he escrito varias veces en Internazionale y en mi libro La Q di Qomplotto (La Q de Qomplot, inédito en castellano, Alegre, 2021). Leonardo Bianchi le ha dedicado muchos artículos y el primer episodio del podcast Complotti [Complots]. Dicho de la forma lo más concisa posible: para QAnon, el mundo está gobernado por una secta de satanistas pedófilos. ¿Hay algo en los papeles de Epstein que lo confirme?

“Es solo el principio”

Cuando Foa da la entrevista, las relaciones con Bannon y Epstein ya se han hecho públicas y es bien sabido que en sus últimos años Epstein apoyaba ideas, a grupos y proyectos de extrema derecha.

En parte por afinidad: sabíamos de sus crímenes sexuales, menos de su racismo visceral, que en los nuevos documentos se manifiesta sin filtros. Una auténtica “obsesión por la supremacía blanca” basada en supuestas pruebas científicas.

Epstein era, por encima de todo, un hombre de negocios y resulta evidente que quería invertir en caos, especular con la desestabilización de los equilibrios políticos, poner en el gobierno a fuerzas que cubrieran sus operaciones

Pero Epstein era, por encima de todo, un hombre de negocios y resulta evidente que quería invertir en caos, especular con la desestabilización de los equilibrios políticos, poner en el gobierno a fuerzas que cubrieran sus operaciones. Causaron impresión las frases con las que, el 26 de junio de 2016, celebraba el Brexit: “Es solo el principio […] vuelta al tribalismo, empuje contra la globalización, nuevas alianzas estupefacientes […] encontrar cosas al borde del derrumbe es más fácil que encontrar el próximo negocio”. Se dirigía al empresario gurú de Silicon Valley Peter Thiel.

En un mensaje a Epstein del 9 de marzo de 2018, Bannon es más explícito: “[En las próximas elecciones europeas] podemos pasar de 92 escaños a 200, bloquear cualquier ley sobre las criptomonedas o hacer cualquier otra cosa que queramos”.

Solo con el penúltimo grupo de documentos, publicados en diciembre de 2025, se descubrió lo estrecha que era la relación entre Bannon y Epstein. Antes las noticias eran fragmentarias. Por ejemplo, desde 2021 se sabía que, hasta poco antes del arresto de Epstein, Bannon estaba rodando un documental sobre su figura. Hoy dice que servía para desenmascararlo, afirma que frecuentaba a Epstein solo para conquistar su confianza y recoger material, pero el tono y el contenido de sus intercambios cuentan otra historia.

El enésimo americano en Roma

Volvamos a 2018. Tras la cita de marzo, Bannon y Salvini tienen como poco otra más. El 6 de septiembre, Bannon escribe en un email a Epstein: “Estoy yendo a Roma para ver a Salvini”. Esta vez, el encuentro es de dominio público.

El día después, Epstein le escribe a Bannon: “Espero que estés sentado en las rodillas de Salvini”. Bannon le replica que es al contrario. Epstein concluye: “Lol. Y él no lo sabe. Aaah, el poder de lo oscuro”.

Desde junio, el hombre del que se ríen es ministro de Interior de un gobierno de coalición entre Liga y Movimiento 5 Estrellas: el gobierno Conte. Para Bannon y Epstein se trata solo de una primera fase. El 9 de diciembre, Bannon escribe: “La próxima primavera ganamos el 60 por ciento del Europarlamento, Salvini convoca elecciones para la semana siguiente y la cosa está hecha […] Aquí ganamos en todas las mesas”.

Italia es el país por el que más apuestan, y no porque Roma sea “el centro de la política mundial”, como declara Bannon a los periódicos. La cosa es que en el resto de Europa su propuesta ha convencido solo parcialmente, o bien se ha topado con un cierto escepticismo, cuando no con auténtica hostilidad.

En Italia, en cambio, la derecha le pone una alfombra roja. También la de la oposición, Hermanos de Italia, que en las generales ha conseguido cerca del 4% de los votos. El 23 de septiembre, Bannon interviene en Atreju, el encuentro de los jóvenes militantes del partido, ante un público entusiasmado que le dedica atronadores aplausos. Pocos días antes, Giorgia Meloni, hablando sobre él, declaraba: “Nos hemos reunido un par de veces y […] puedo decir que entre nosotros ha nacido una amistad espontánea”.

En Italia, Bannon también se relaciona con el Dignitatis Humanae Institute (DHI), think tank de la derecha católica fundado por el inglés Benjamin Harnwell. Desde 2016, gracias a una convocatoria del ministerio de Cultura italiano, el DHI gestiona la cartuja de Trisulti, un monasterio del siglo XIII situado en los montes de la región histórica de la Ciociaria. Bannon se enamora del lugar y decide abrir allí una escuela de formación política. La noticia desencadena protestas y movilizaciones.

El 1 de marzo de 2019, Bannon le escribe a Epstein que está “recogiendo fondos para Le Pen y Salvini, para que tengan listas completas en todas las circunscripciones”. Las elecciones europeas se celebran el 26 de mayo. Para los soberanistas, el cuadro resultante es un claroscuro: aumenta su consenso, pero la oleada que se esperaba, the surge, no se ha producido. De ahí en adelante, a Epstein y Bannon todo les irá mal. Y también a Salvini.

“Todo anulado”

El 31 de mayo, el ministerio de Bienes Culturales le revoca al DHI la concesión de la cartuja de Trisulti. El uso que hace de ella no es compatible con el reglamento de la convocatoria.

El sábado 7 de julio, Epstein sobrevuela el Atlántico en su jet privado, de vuelta de París. Él y Bannon se intercambian mensajes y se ponen de acuerdo para ir a ver, dos días después, al científico James Watson. En 1962, Watson ganó el Nobel de Medicina junto a Francis Crick por el descubrimiento de la estructura del ADN, pero desde hace tiempo ha caído en desgracia debido a sus ideas racistas. A Epstein y Bannon son precisamente esas las que les interesan, pero la visita no tendrá lugar. “Todo anulado”, escribe Epstein de repente. Ha aterrizado en el aeropuerto de Teterboro, en Nueva Jersey, donde le esperan varios agentes federales para arrestarlo.

Mientras tanto, en Italia las continuas tensiones entre Liga y Movimiento 5 Estrellas ponen en crisis el gobierno Conte. El 9 de agosto, Salvini decide que “los italianos piden desesperadamente volver a votar” y reclama para sí mismo “plenos poderes”. El ejecutivo tiene los días contados, pero no se llegará a votar: en poco tiempo, el Movimiento 5 Estrellas forma una coalición con el Partido Democrático; Salvini se queda con las ganas.

El 10 de agosto, Epstein muere en la cárcel. El 5 de septiembre nace el segundo gobierno Conte, o Conte bis. Salvini volverá al gobierno solo tres años después, esta vez como ministro de Transportes. Cuando su nombre aparecerá en el archivo Epstein, tomará distancias de Bannon, llamará a sus mensajes con Epstein “fanfarronadas”, recalcará que nunca llegó a reunirse con el financiero (de lo que efectivamente no hay pruebas) y se declarará listo para defenderse donde haga falta.

El más hipócrita de todos

Escribe Branko Marcetic en Jacobin: “Bannon ha seguido presentándose como jefe de la revuelta contra una élite corrupta, criminal y ‘globalista’ en nombre de la gente común y trabajadora, mientras frecuentaba, aceptando encantado favores y vuelos gratis, a un milmillonario desarraigado con pasaportes falsos que tenía casas y que abusaba de chicas menores de edad en varios países. Para describir esta situación, la mayor parte de las personas usarían un término sencillo: estafa. Se mire por donde se mire, una estafa”.

Nada nuevo bajo el sol, la postura antiélites de los fascistas siempre ha sido una estafa. Respecto a Bannon, él mismo es un hombre del capital, las grandes finanzas y el crimen organizado. Ha sido banquero de inversión para Goldman Sachs, y luego vicepresidente y gran accionista del consejo de administración de Cambridge Analytica, empresa de marketing que colapsó en 2018 tras estallar un escándalo mundial. En 2020 fue arrestado por fraude postal y lavado de dinero.

Las acusaciones contra él incluyen el haberse quedado con un millón de dólares que ciudadanos estadounidenses habían donado para construir un muro antimigrantes en la frontera con México. Para evitarle el juicio y la condena, en 2021 Trump le concedió el indulto “pleno e incondicional”.

Pero Bannon no es un hipócrita solo por lo que escribe Marcetic. Estamos hablando de uno de los nombres más conocidos de la derecha trumpista, esa que ha hecho de la acusación de pedofilia un arma contra sus enemigos políticos. Una tendencia que viene de los años 80, pero cuyas raíces son más profundas.

En 2016 se difunde el Pizzagate, fantasía de la conspiración según la cual dirigentes del Partido Demócrata violan y asesinan a niños en los sótanos de una pizzería de Washington. Bannon no toma distancias, todo lo que daña a los adversarios es bueno. Del Pizzagate nace QAnon, con la que Bannon tiene una relación fluctuante: sin nombrarla, declara que se trata de una “teoría para majaderos”, pero en su podcast War Room invita a varios representantes, gente que ve pedófilos y cómplices de Epstein por todas partes… excepto en la derecha trumpista.

Mientras tanto, en privado, Bannon instruye a Epstein sobre cómo desviar la atención de las acusaciones y las investigaciones. “Tenemos que desmontar [la imagen de] violador que trafica con niñas para que las violen los hombres más ricos y poderosos del mundo”, le escribe el 30 de abril de 2019. “De eso no hay forma de que te redimas”.

Lo que Foa y los demás no dicen

Cuando comenta los papeles hablando de satanismo, Foa no dice que él mismo se encuentra entre los interlocutores de Bannon durante los inicios de un proyecto político, el Movement, tras el que estaban el dinero y los intereses de Epstein. Sin duda, Foa no estaba al corriente, pero hoy sí lo sabe y quizás debería decir algo al respecto.

Mientras lo entrevista, Borgonovo debería hacerle preguntas sobre el tema, pero tiene el mismo problema: él y su periódico son parte de una derecha que ha dado amplio crédito a Bannon, compañero del pedosatanista con el que hoy llenan sus portadas.

He buscado declaraciones del ministro Valditara sobre sus relaciones con Bannon. Nada. Pero la reticencia es general, y es plausible que aquella vieja amistad les avergüence a todos. Entre otras cosas porque acabó mal: en los últimos años, Bannon ha atacado en más de una ocasión al gobierno Meloni por su línea respecto a la guerra en Ucrania, y sobre Giorgia Meloni ha declarado: “Era fantástica, ahora es irrelevante”. El último dardo es del pasado noviembre. Pocas semanas después llegó el penúltimo grupo de los papeles de Epstein y nuestros soberanistas descubrieron que habían aclamado a un compañero del financiero.

El 16 de febrero, Peter Gomez, periodista de Il Fatto Quotidianoentrevista a Foa. Tampoco esta vez sale a relucir el nombre de Bannon. Por otro lado, la charla es fiel al titular: “Los papeles de Epstein y sectas satánicas: ¿la revancha del conspiracionismo?”. Es el momento de contestar a la pregunta.

¿Teorías o fantasías?

Tal y como ha escrito Ezra Klein en New York Times, desde el 30 de enero “conocemos mejor las relaciones de Epstein, pero sabemos todavía poco sobre los crímenes del financiero y sobre la identidad de quienes habrían podido cometerlos junto a él”.

A pesar de esto, hablando de los documentos, hay quien dice que QAnon merece una disculpa, porque “no era del todo equivocada” y “no todo era humo”. La duda que carcome es: ¿pero entonces las teorías de la conspiración son auténticas?

La respuesta es: depende. En sí mismo, no resulta equivocado tener una teoría sobre una conspiración. Una conspiración es un acuerdo secreto entre al menos dos personas con el objetivo de llevar a cabo acciones en contra de otras: un individuo, un grupo social, una fuerza política o la población al completo. Conspirar es una acción muy común, tanto es así que el derecho penal contempla una serie de delitos asociativos. Sin conspiraciones no existiría el crimen organizado, ni serían factibles las actividades de inteligencia.

“Teoría de la conspiración” es una expresión poco pensada, calcada del inglés, donde theory, tal y como explica el diccionario Merriam-Webster, incluye la acepción de conjetura, suposición, aseveración sin pruebas. Examinemos pues la expresión conspiracy theory. En el derecho anglosajón, conspiracy es el nombre de un delito, que se corresponde más o menos con nuestra asociación para delinquir. El término indica algo real. El énfasis de la expresión está en theory, identificando así el problema en la conjetura. Por el contrario, en “teoría de la conspiración” el énfasis ha acabado centrándose en “conspiración”.

QAnon no es una teoría, sino una historia que ha crecido sin límites, aprovechando prejuicios cognitivos y errores de razonamiento

QAnon no es una teoría, sino una historia que ha crecido sin límites, aprovechando prejuicios cognitivos y errores de razonamiento. Cuando la conspiración se convierte en la primera explicación ante cualquier evento, detrás de cada esquina aparecen conspiraciones que se vinculan instantáneamente entre sí, creándose una conspiración aún mayor que se extiende y ramifica cada vez más, hasta ser casi perfecta, inexorable. He propuesto llamar a este tipo de narraciones “fantasías de la conspiración”.

Los núcleos de verdad

El fondo narrativo de QAnon es una leyenda urbana llamada “abuso ritual satánico”. En La Q di Qomplotto reconstruyo su genealogía, la descendencia a lo largo de los siglos de las llamadas “calumnias de la sangre” contra los judíos.

En la versión “clásica” de QAnon, la del periodo 2017-2020, millones de niños son recluidos en cientos de bases subterráneas, donde se los viola y tortura. Su sangre, rica en “adenocromo” es un elixir de la vida que beben los miembros de una sociedad secreta, el Cabal, durante sus ritos satánicos. También Epstein participaba.

La izquierda es solo una máscara del Cabal que controla el llamado “Estado profundo” en Estados Unidos y parte de Europa. Pero hay esperanza, porque Donald Trump guía la resistencia. Todo lo que Trump hace y dice, aun cuando parece que se ocupa de otras cosas, es parte de la misión para salvar a los niños. Pero… ¿no fue Trump durante largo tiempo amigo de Epstein? ¿No acudía a sus fiestas? Acudía, sí, pero como infiltrado. Investigaba sobre el Cabal. Y ahora está preparando la conocida como Tempestad, el putsch que se llevará por delante a los pedosatanistas.

Pues bien, ¿qué hay de todo esto en el archivo Epstein? Nada. ¿Las más de cien víctimas confirmadas de los abusos de Epstein han aludido en algún momento a algo parecido? No. Por otro lado, los documentos tiran abajo uno de los pilares de QAnon, según el cual Epstein estaba confabulado con el Partido Demócrata estadounidense y la “izquierda globalista”.

En los documentos, el centroizquierda neoliberal está bien presente, con su bancarrota cultural y ética, su fascinación por el lujo, su deferencia hacia el poder. Peter Mandelson, Jack y Caroline Lang, Bill Clinton y otros. Hay incluso un representante de la izquierda radical, Noam Chomsky. Sobre las contradicciones que revelan sus relaciones con Epstein ha escrito Chris Knight en Counterpunch.

No obstante, resulta que quienes mantenían relaciones con Epstein eran, sobre todo, extremistas de derechas, partidarios de pseudociencias racistas, tecnorreaccionarios de Silicon Valley y representantes varios del trumpismo, incluidos representantes de la actual administración, como el secretario de Comercio Howard Lutnick.

Toda fantasía de la conspiración tiene núcleos de verdad, de otra forma no podría difundirse. Las personas que se topan con ella deben reconocer algo que ya perciben y que las inquieta

Por tanto, los papeles de Epstein no dan en absoluto la razón a QAnon. Pero sí nos muestran sus núcleos de verdad. Toda fantasía de la conspiración tiene núcleos de verdad, de otra forma no podría difundirse. Las personas que se topan con ella deben reconocer algo que ya perciben y que las inquieta. Al mismo tiempo, las fantasías de la conspiración funcionan como distracción, alejan de los núcleos de verdad. El ejemplo perfecto es la fantasía sobre los chemtrails, que analicé en un reportaje anterior.

Los núcleos de verdad de QAnon son los siguientes: los miembros de la clase capitalista realizan continuamente acuerdos secretos para mantener su riqueza, influencia y poder; lo hacen durante lujosas cenas o fiestas, momentos en los que respiran juntos (co-nspiran) el mismo aire de privilegio; algunos, creyéndose superiores al resto de la humanidad y seguros de su impunidad, se dedican a prácticas abyectas, que exacerban la ya violenta realidad del dominio patriarcal y de género.

Artículo publicado originalmente en Internazionale el 26 de febrero de 2026. Traducido con la autorización expresa de la revista y el autor.

 


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