Análisis
Vox: expulsiones a la sombra de Acom

El seguidismo a Israel es un nuevo episodio de la guerra interna en Vox. Los casos de Carla Toscano y Javier Ortega Smith muestran diferencias políticas claras con respecto a la agenda del sionismo en Europa.
Montaje extrema derecha sionista,
Vínculos de la extrema derecha de Israel y la Unión Europea. Nacho S. Díaz

Una nueva expulsión de una dirigente de Vox sacude al convulsionado partido de Abascal, que parece no conseguir escapar del bucle de reproches y crisis internas. Esta vez le ha tocado a la concejala del Ayuntamiento de Madrid, Carla Toscano, una de las voces más duras del partido contra el feminismo y la denominada “ideología de género”. Al igual que su jefe de filas en Madrid, Javier Ortega Smith, Toscano llevará a la justicia ordinaria su expulsión del partido ultraderechista. En palabras de la exconcejala de Vox, ha sido expulsada en “un proceso sin garantías, que incumple la Ley de Partidos y que viola derechos fundamentales; se me expulsa por no haber acatado una ilegalidad y por no traicionar a un compañero”.

Pero Toscano ha insinuado motivaciones políticas en su expulsión de Vox que van más allá de no acatar la orden de abandonar a su compañero Ortega Smith. En este sentido, la exdirigente de Vox ha señalado las diferencias con la cúpula del partido de Abascal ante el seguidismo de esta a la política sionista del Estado de Israel. De hecho, Toscano ha sido de las pocas voces públicas de Vox que han mostrado críticas con las acciones criminales del Estado de Israel, rompiendo la disciplina del partido ultraderechista.

El propio Santiago Abascal fue uno de los pocos líderes europeos que viajó y fue recibido en Israel en pleno genocidio para mostrar su apoyo al Gobierno de Netanyahu

Unas semanas antes de ser expulsada de Vox, la concejala de Madrid se hizo eco de una información de la Agence France-Presse que relataba la realidad en Cisjordania, donde en las calles de Taybeh, la “única localidad completamente cristiana”, aparecen “vacías” porque “los colonos israelíes los aterrorizan casi a diario y la mayoría de sus 1.200 habitantes solo piensa en marcharse”. Así, Toscano escribió en X: “Los católicos no podemos dejar de condenar este asedio incesante por parte del Estado de Israel que sufren nuestros hermanos”. Algo más que un simple tuit, un desafío directo a la línea oficial del partido, que fue republicado por la cuenta del grupo municipal de Vox en el Ayuntamiento de Madrid, controlado por Ortega Smith, y por otros dirigentes como Víctor González, exdiputado y “afiliado número 7” de Vox. La propia Toscano, ya en septiembre de 2025, había condenado “la masacre que se está viviendo en Gaza” y pidió que se cumpliera el “derecho internacional humanitario”.

En este sentido, cuando el 13 de enero tanques israelíes dispararon proyectiles contra el Ejército español en Líbano —sin causar heridos—, varias voces del entorno de Vox, como la del exdirigente castellanoleonés García-Gallardo, reclamaron a Abascal que condenara “los excesos del Gobierno de Netanyahu”. El también exdirigente Sánchez del Real se unió a las críticas, afirmando que las autoridades israelíes “deben dar explicaciones inmediatas con responsabilidad judicial” y recordar que “en el pasado ya costó vidas españolas”. En medio del clamor de exdirigentes ultraderechistas para que Vox se pronunciara, Ortega Smith también quiso sumarse mostrando su “apoyo a los soldados españoles desplegados en Líbano que, gracias a Dios, no resultaron heridos”.

Podríamos señalar más ejemplos, pero lo fundamental es comprender que no se trata de episodios aislados, sino de una pugna estructural contra la dirección de Abascal, que tiene en su ligazón con Israel uno de sus flancos de disputa. Como, en cierta medida, ha pasado en el seno del movimiento Maga en los EEUU, donde ha estallado una auténtica guerra abierta entre detractores y partidarios de la política de apoyo incondicional de Donald Trump a la agresiva agenda militar israelí.


La estrecha relación de Vox con el sionismo no es nueva; podríamos decir que es una constante desde que Rafael Bardají fuera su hombre fuerte en la política internacional del partido. Bardají, uno de los impulsores de la corriente neocon en la derecha española, fundador en 1987 del Grupo de Estudios Estratégicos, ejerció de subdirector de Investigación y Análisis del Real Instituto Elcano, de asesor de los ministros de Defensa del Partido Popular en la época de Aznar y de director de política internacional de FAES. Desde su afiliación a Vox a principios de 2018 se convirtió en la pieza fundamental de las relaciones internacionales del partido, defendiendo el papel de la ultraderecha como el nuevo bastión para la defensa de Israel en Europa.

Tanto es así que, en las primeras elecciones generales de 2019, cuando Vox todavía no tenía representación parlamentaria, Eli Hazan, director de Relaciones Internacionales del Likud, el partido del primer ministro Benjamin Netanyahu, deseó en un tuit “un gran resultado electoral” a Vox: “En nombre de @likud_Party, quiero desearle a @vox_es y a su presidente @Santi_ABASCAL un gran resultado en las elecciones generales que se celebrarán mañana en España”. A pesar de la paulatina pérdida de influencia de Rafael Bardají en la estructura interna de Vox, la vinculación con Israel no solo se ha mantenido, sino que incluso se ha incrementado.

Así, mientras que la mayoría de los partidos europeos, incluidos los conservadores, han intentado marcar algún tipo de distancia con el genocidio de Israel en Gaza, Vox se ha erigido, según el informe elaborado por la Coalición Europea por Israel (CEI), en el partido del Parlamento Europeo que más ha votado en favor de Israel desde el pasado 7 de octubre de 2023. Un ranquin encabezado por Jorge Buxadé, que ha votado “a favor de Israel” en el 99 % de las resoluciones y medidas referentes a Oriente Medio. Durante la legislatura pasada, el apoyo fue del 98 %. El propio Santiago Abascal fue uno de los pocos líderes europeos que viajó y fue recibido en Israel en pleno genocidio para mostrar su apoyo al Gobierno de Netanyahu.


De hecho, el ministro de Exteriores israelí, Gideon Saar, decidió en 2025 establecer relaciones formales con Vox, Agrupación Nacional (Francia) y Demócratas de Suecia, pese a las “malas raíces” de algunos de estos partidos de extrema derecha —el Partido de los Demócratas de Suecia fue fundado, entre otros, por Gustaf Ekstrom, exoficial de las SS alemanas—. Una apertura formal de relaciones que constituye un cambio de política por parte del Gobierno israelí, que parece querer otorgar legitimidad directamente a partidos ultraderechistas al iniciar relaciones oficiales con ellos.

En este sentido, el Likud, el partido del primer ministro israelí Benjamín Netanyahu, se incorporó como observador al partido europeo de extrema derecha Patriotas por Europa —en el que están Le Pen, Orbán y Abascal, entre otros— durante la cumbre de febrero de 2025 en Madrid, organizada por Vox como anfitrión. En anteriores ocasiones, el ministro a cargo de Asuntos de la Diáspora de Israel y de la lucha contra el antisemitismo, Amichai Chikli, participó en mítines de Vox, como EuropaViva24, realizado con motivo de las elecciones europeas.

Un idilio de Vox con Israel que parece estar auspiciado por el principal lobby español proisraelí —Acción y Comunicación sobre Oriente Medio (ACOM)—, cofundado por David Hatchwell. Un empresario con numerosos lazos con la derecha política y mediática, que en su momento fue la mano derecha de Sheldon Adelson en el proyecto fallido de Eurovegas en Alcorcón. No podemos obviar que el magnate de los casinos es uno de los principales donantes de los lobbies sionistas en los EEUU. Asimismo, el propio Hatchwell ha aparecido como uno de los donantes internacionales más importantes de Benjamin Netanyahu.

La ligazón de Acom con Vox va más allá de una buena relación, pues el lobby sionista ocupa puestos importantes en la propia estructura del partido. Desde cargos públicos como Juan Carlos Girauta, que cobraba de Acom hasta poco antes de convertirse en eurodiputado de Vox, hasta Rosa Reigía, actual vicepresidenta de Acom, que en su momento trabajó como responsable de Relaciones Institucionales de Disenso —la fundación de Vox—, llegando incluso a coordinar el Foro de Madrid, una iniciativa de coordinación internacional de las derechas latinoamericanas auspiciada desde Vox.

Desde su fundación, Acom se ha convertido en el azote jurídico de cualquier persona, organización, periodista o activista que mostrara públicamente cualquier crítica al Estado de Israel. Tanto es así que el colectivo antisionista judío IJAN (International Jewish Antizionist Network) llegó a calificar a Acom como una “entidad de guerra jurídica dedicada a perseguir y criminalizar la solidaridad con el pueblo palestino”. La propia Acom ha celebrado públicamente la expulsión de figuras que, como Carla Toscano, han sido críticas con la posición de subordinación de Vox a Israel, llegando a publicar en sus redes sociales: “La bala que Vox esquivará librándose de esta filo-nazi”.

De hecho, la hermana de Rosa Reigía, Marcela Reigía, es vocal del Comité de Garantías de Vox que está tramitando la expulsión exprés de los dirigentes díscolos con la dirección de Abascal. La propia Toscano ha denunciado las irregularidades del comité de garantías que tramitó su expulsión, señalando que la presencia de Marcela Reigía, vinculada con ACOM, que defiende los intereses de Israel y que, según la propia Toscano, la “lincha públicamente”, hace “nulo todo el proceso”. En este sentido, otro de los recientemente purgados, José Ángel Antelo, hasta hace poco menos de dos meses presidente de Vox en la Región de Murcia, se sumó al coro de críticos de la organización ultraderechista que denuncian que la organización de Abascal está controlada por “poderes externos”.

En el fondo, la crisis que está sobrellevando Vox en los últimos meses, no es solo una sucesión de purgas internas ante diferentes proyectos partidarios, sino el coste político de unas alianzas exteriores cada vez más difíciles de sostener. En su momento analizamos el coste interno del seguidismo de Abascal hacia Donald Trump, que en otros partidos ultraderechistas europeos ha llevado incluso a una ruptura pública. Ahora, vemos como la subordinación sin matices a la agenda del Gobierno israelí están abriendo grietas en un partido supuestamente soberanista, atravesado por una política de relaciones internacionales cada vez más contradictoria con la agenda nacional. En donde cada expulsión es la muestra palpable de la agudización de estas contradicciones.

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