Israel
Argentina e Israel: un romance místico, político, económico y militar con derivaciones inciertas
“Gracias a todos, que Dios bendiga a Israel, que Dios bendiga a la Argentina, que las fuerzas del cielo nos acompañen ¡viva la libertad carajo!”. Entre la invocación y la arenga, el presidente argentino Javier Milei cerraba el 21 de abril sus tres días de tour por Israel. Su discurso fue el colofón de un espectáculo nacionalista israelí en el que se concedió al mandatario ser el primer extranjero que encendiese una de las doce antorchas que representan las doce tribus de Israel, como parte de la conmemoración del Día de la Independencia.
Antes, había compartido unos pasos de baile con otro de los invitados a prender antorchas, Avraham Zarbiv, juez rabínico israelí de ultraderecha, conocido por celebrar el haber arrasado Gaza con excavadoras bajo el lema “destruir, avanzar, vencer al enemigo”. También había cantado “Libre”, de Nino Bravo, junto a dos cantantes israelíes, en una especie de karaoke, mientras el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, y otras autoridades, le celebraban con un “olé, olé, olé”. Todo ello en un escenario con luces fluorescentes, digno de un talentshow, instalado en lo alto del monte Herlz, nombrado así en honor al fundador del sionismo.
Esta celebración del 78º aniversario de la independencia del país, ha sido particularmente polémica: una campaña lanzada en Tel Aviv recogió miles de firmas contra la emisión en televisión del evento, al considerar que Netanyahu se lo estaría apropiando como un dispositivo de propaganda personalista. Aparentemente, nada de esto incomodó a Javier Milei en su tercera visita al país, en plena guerra contra Irán y el Líbano, y en medio de un alto el fuego que, como en Gaza, no ha impedido a Israel seguir asesinando y desplazando a la población. Asimismo, el presidente hacía caso omiso a la calamitosa situación económica de las familias argentinas ahogadas en deudas y recesión, después de dos años de política libertaria de motosierra y a la espera de una lluvia de dólares que no llega.
“Argentina e Israel no son meramente socios, son naciones amigas”, fue el mensaje que en este marco volvió a instalar Milei, quien reiteró su voluntad de trasladar la embajada de su país a Jerusalén, lloró una vez más en el Muro de las Lamentaciones y anunció un convenio de colaboración en el ámbito de la Inteligencia Artificial. A Milei también le fue otorgado un Doctorado Honoris Causa de la Universidad Bar-Ilan, para sumar a su colección de reconocimientos recibidos en el extranjero, de poca relevancia en la vida cotidiana de millones de argentinos. La sociedad argentina, creativa a la hora de reírse de sus propias tragedias, respondió con vídeos y memes. Uno de ellos, “el Muro de los Aumentos” mostraba a un hombre elevando sus manos frente a las góndolas, las vitrinas y las estaciones de servicio, hoy cada vez más inaccesibles por una inquietante combinación de precios altos y salarios destruidos.
Durante la campaña electoral que le llevó a la presidencia, Milei ondeó la bandera de Israel, anunciando una nueva era de relaciones carnales entre ambos países
De su segundo viaje a Israel, Javier Milei también salió con su premio. Fue en junio de 2025, y el presidente marcó otro hito, al convertirse en el primer no judío en recibir el premio Génesis, conocido como el “Premio Nobel judío”, acompañado de la suma de un millón de dólares. Y es que el compromiso del líder de La Libertad Avanza con Tel Aviv se ha demostrado firme desde el inicio de su gobierno: Israel fue el primer Estado que visitó oficialmente tras asumir el cargo. Aquel viaje, el primero a un país extranjero de su mandato, mostró hasta qué punto la fascinación de Milei por Israel era política y “espiritual”: el presidente afirmó su intención de convertirse al judaísmo.
Meses antes se había comparado a sí mismo con Aarón, a su hermana con Moisés y en los meses sucesivos se tornaría habitual que recite bendiciones hebreas durante sus actos. El mismo octubre que Milei avanzaba en su camino hacia la Casa Rosada, con su victoria en la primera vuelta de las elecciones presidenciales, comenzaba la represalia genocida de Israel contra Gaza. Coincidencia de fechas que marcan verdaderos cambios de época en ambos países con derivaciones aún inciertas.
Vínculos de larga data
Israel y Argentina tienen un vínculo cultural muy fuerte dado el importante número de judíos que llegaron al país durante mediados de siglo. Actualmente, el estado sudamericano cuenta con la mayor población judía en América Latina. Aunque el antisemitismo no se convirtió nunca en una política de Estado como en otros países, durante la dictadura, la población judía estuvo entre los sectores objeto de represión política. A la vez, las políticas de memoria, verdad y justicia argentinas, célebres en el mundo por sus conquistas, muchas veces bebieron de las experiencias de búsqueda de justicia del pueblo judío frente al Holocausto.
En 1947, Argentina figuró entre los diez países que se abstuvieron de votar en el Plan de Partición de Palestina de las Naciones Unidas y dos años después, fue uno de los primeros países en establecer relaciones diplomáticas con ese país. Más de 60 años después, con el reconocimiento del Estado Palestino en 2010, los gobiernos kirchneristas modificaron la agenda basándose en la convicción de la necesidad de actualizar la posición argentina y alinearla con el consenso de MERCOSUR, proclive a avanzar hacia el reconocimiento de un Estado palestino sobre las fronteras de 1967 para evitar la consolidación de la ocupación y los asentamientos. Cristina Fernández de Kirchner también recibió a una delegación Israel-Palestina y, en el marco de ese encuentro, anunció su compromiso con reimpulsar el proceso de paz.
Con la llegada a la presidencia del gobierno del empresario Mauricio Macri, fue el primer ministro Netanyahu quien realizó una visita oficial a Argentina en 2017. Años después, durante la campaña electoral que lo llevó a la presidencia, Milei ondearía la bandera de Israel, anunciando una nueva era de relaciones carnales entre ambos países y desandando meses después el camino avanzado años antes en favor de la solución de los dos Estados.
Acuerdos de Isaac
Más allá de gestos y discursos, de su segundo viaje a Israel, Milei retornó a su país con una misión muy concreta: ayudar a Tel Aviv a recuperar terreno político en el continente latinoamericano. Aquel 12 de junio de 2025, Milei no solo recibía el premio Génesis, sino que firmaba junto al presunto criminal de guerra, Benjamin Netanyahu, un Memorándum que insta a trabajar en estrategias comunes en “Defensa de la Libertad y la Democracia Contra el Terrorismo y el Antisemitismo”. En este marco, Milei se comprometía a dedicar el millón de dólares otorgado con el premio Génesis a la implementación de los denominados Acuerdos de Isaac.
La visita del canciller israelí, Gideon Sa’ar, a Buenos Aires en noviembre de 2025, fue la ocasión escogida para la presentación de los flamantes Acuerdos de Isaac, una iniciativa que, por ahora, no ha suscitado un gran entusiasmo y ha cosechado solamente el apoyo de países como Uruguay, Panamá y Costa Rica. En efecto, la postura crítica de los crímenes contra la humanidad cometidos en Gaza son predominantes en los gobiernos de la región. En América Latina fueron muy chocantes la violencia y la destrucción desatadas contra la población a lo que se sumaron los rénderes de los rascacielos imaginados para la nueva Gaza presentados en Davos en enero.
Con la búsqueda de alianzas en América Latina, Israel persigue revertir en la escena internacional el daño de imagen sufrido tras más de dos años de genocidio televisado, sirviéndose de su cercanía ideológica con algunos mandatarios conservadores. No se trata de un esfuerzo que nace de cero, al contrario: el Estado sionista cuenta con un largo historial de intervención en los asuntos latinoamericanos. De acuerdo a un documento de 1987 de la CIA desclasificado, durante las décadas de los años 1970 y 1980 en que las acciones contrainsurgentes tenían el apoyo directo de Estados Unidos, Israel desempeñó un papel significativo, principalmente como proveedor de armas, entrenamiento y asistencia técnica.
El alineamiento Israel-Estados Unidos opera como un polo de atracción para líderes de la derecha latinoamericana como el recién electo presidente de Honduras (en unas elecciones en las que se ha denunciado injerencia extranjera). El derechista Nasry Asfura no ha tardado en presentarse como un aliado seguro de Tel Aviv. En este marco, los Acuerdos de Isaac buscan dar una estructura oficial a la simpatía y colaboración con Israel de algunos estados de la región, pero también a la cooperación con la poderosa iglesia evangélica de tradición sionista, que se ha movilizado en los últimos años a favor de Israel, pero cuyo apoyo, en algunos casos, ha empezado a flaquear frente al genocidio cometido en Gaza.
Una revisión de las instituciones involucradas en American Friends of Isaac Accords muestra el empuje sionista en Latinoamérica
En el marco de estos Acuerdos de Isaac, patrocinados por el propio instituto del Premio Génesis, se ha fundado también la organización American Friends of Isaac Accords, liderada por S. Fitzgerald (“Fitz”) Haney, un financiero afroamericano que pasó de trabajar para grandes multinacionales y fondos de inversión a abanderar el sionismo, tras convertirse al judaísmo en México, residir durante años en Israel, y ser nombrado embajador del país en Costa Rica. Una revisión de las instituciones involucradas en American Friends of Isaac Accords muestra el empuje sionista en Latinoamérica: ahí está, por ejemplo, ILAN Israel Innovation Network, que busca conectar a instituciones, investigadores, empresas y estudiantes de la región con la importante industria de la innovación israelí.
Otra organización es Fuente Latina, que apunta a periodistas e influencers hablantes de español, para suministrarles información y narrativas afines al relato israelí sobre la situación en Medio Oriente. También está el proyecto Philos, que opera en Costa Rica, Panamá y Uruguay y apoya a los líderes cristianos que respaldan a Israel. Por su parte, Maccabee task force busca contrarrestar al movimiento Boicot, Desinversión y Sanciones (BDS), y organiza viajes y visitas de jóvenes a campamentos en Israel. Israel Allies Foundation (IAF) se encarga de financiar y articular a miles de diputados prosionistas en Estados Unidos, mientras que Stand With Usse ocupa de vigilar los discursos “antisemitas” y apoyar al Estado de Israel, y cuenta con representaciones en numerosos países, incluido Argentina.
A los esfuerzos diplomáticos israelíes por mejorar su imagen exterior y ampliar sus alianzas internacionales, se une la apuesta legal por controlar el relato: se trata de la difusión de la definición de antisemitismo aprobada por la Alianza Internacional para el Recuerdo del Holocausto (IHRA) en 2016, muy criticada por incluir entre los ejemplos de discurso antisemita la crítica a Israel, la comparación de sus prácticas con las ejercidas por la Alemania nazi, el antisionismo, o el cuestionamiento al derecho de que exista un Estado judío. Mientras Argentina incluyó en 2020 la definición de la IHRA bajo el gobierno de Alberto Fernández, aplicándola a todo el sector público nacional e instando a la totalidad de instituciones públicas y privadas a adoptarla, fue en septiembre de 2025 cuando el Ministerio Fiscal se comprometió a seguirla; un paso más en la criminalización de la crítica a Israel.
Un caso emblemático de persecución bajo el amparo de la IHRA es el del líder del Movimiento Socialista de los trabajadores, Alejandro Bodart, acusado por la Delegación de Asociaciones Israelitas Argentinas (DAIA) de antisemitismo por sus críticas a Israel y al genocidio en Gaza. Bodart fue finalmente absuelto, también en septiembre de 2025, tras un largo proceso judicial en el que llegó a ser declarado culpable por un juzgado bonaerense. En la sentencia de septiembre de 2025, el juez consideró que la definición de la IHRA no es vinculante y que no se puede equiparar antisemitismo y antisionismo. En este marco, la adopción de la definición por parte del Ministerio Público Fiscal podría avanzar en la presión sobre las voces críticas con Israel.
La diplomacia de la innovación
En la estrategia hay de cal pero también de arena. Junto al palo a través del IHRA y la persecución a toda voz crítica, Israel se sirve de muchas otras herramientas para atraer la simpatía y la colaboración hacia su país. El citado premio Génesis concedido a Milei es una de estas tácticas. Sin embargo, la práctica de premiar no tiene nada de nuevo, fe de ello dan los premios a la innovación otorgados desde hace años por la cámara de comercio argentino israelí, un importante actor que agiliza las relaciones entre ambos Estados. En 2025, por ejemplo, el Innovation Award fue para la start-up de innovación agrícola argentina M4Life, por su “revolucionaria tecnología de bioentrenamiento de microorganismos”.
Otro ámbito en el que Israel destaca, en esta cultura de la innovación apoyada por el Estado, es en la industria farmacéutica. Muestra de ello es cómo el gigante TEVA, encabezado en Argentina por Vanina Faillace, recibía al embajador de Israel en el país, Eyal Sela, en agosto de 2024 con la intención de trabajar en las líneas estratégicas de la compañía tanto en el ámbito estatal como en el global. El 1 de diciembre de 2025, Faillace, presidenta de la farmacéutica para Argentina y Uruguay, manifestaba su intención de convertir la sede argentina en exportadora regional e internacional.
Acusada por el movimiento Boicot, Desinversión y Sanciones de usurpar el mercado farmacéutico palestino y favorecida por el régimen de apartheid, TEVA es la empresa más grande de Israel en volumen de negocios, y la primera comercializadora de genéricos del mundo. En Europa la campaña contra TEVA ha confluido con la lucha por el acceso público a las medicinas a través del caso Copaxone, un medicamento para tratar la esclerosis múltiple que pertenece a la farmacéutica. El intento de la multinacional de alargar artificialmente su patente le valió una multa de más de 400 millones de euros en abril de 2025. En España un médico de Profesionales Sanitarios por Palestina fue denunciado por la Comisión sanitaria contra el antisemitismo por apoyar el boicot de TEVA en su consultorio de Granada.
La industria sanitaria israelí comparte estructura y alicientes con la joya de la corona de la industria del Estado sionista, la que se centra en vigilancia, seguridad y defensa
Otro sector en el que Israel aúna innovación y ánimo exportador es el médico. En el caso argentino, la penetración de la industria sanitaria israelí se sirve de diversos mecanismos: Por ejemplo, recientemente, Israel contó por primera vez con un stand propio en la feria de salud ExpoMedical 2022 en Buenos Aires, en el que se presentaba como el mayor evento de estas características, no solo en Argentina sino entre países hispano parlantes. En el stand participaban seis empresas israelíes presentadas como “punteras”, en “desarrollos tecnológicos para el sector salud”. La industria sanitaria israelí se presentaba al evento acompañada por la presencia institucional del embajador Eyal Sela y el cónsul del departamento económico para este país y Chile, Lior Spindel. Ambos protagonizaron una conferencia que llevaba por nombre “Israel land of creation: Innovación y últimas tecnologías para el sector médico”. Otra institución, Hadassah Latinoamérica, se encarga de tejer puentes entre el sector de la salud de la región e israelí. Como parte de la organización Hadassah Internacional que apoya al centro sanitario Hadassah en Jerusalén, la filial argentina promueve numerosos encuentros entre profesionales e intercambios entre ambos países.
La industria sanitaria israelí comparte estructura y alicientes con la joya de la corona de la industria del Estado sionista, la que se centra en vigilancia, seguridad y defensa: la alta digitalización (Israel cuenta con una base Sanitaria Digital Única), el gran apoyo del gobierno en I+D, con una fuerte colaboración público privada, el uso de nuevas tecnologías o el gran manejo de datos, son puestos al servicio de una industria de gran peso económico. Israel se propone, en este marco, seguir incrementando su rol como exportador de tecnología sanitaria, un sector en auge para el país.
La industria de la salud mental, para la que también propone soluciones tecnológicas y basadas en la IA, es otra de sus apuestas más fuertes, centrándose en la recuperación del trauma frente la situación de guerra contra Gaza y Cisjordania en la que vive el país, experimentando sus tratamientos en sobrevivientes de los ataques del 7 de octubre o veteranos que han participado en el ejército de ocupación, en una estrategia que resuena a la del comercio de armas con el sello de haber sido probadas en combate. Para ello, proyectos como el Resilience and Health Innovation Hub en Sderot, aspiran a apoyar con recursos financieros y de formación a start ups israelíes que apuesten por esta línea de negocio.
Agua y colonialismo
Si hay un elemento para ver lógicas paralelas de extractivismo colonial, ese es el del agua. Durante muchos años, Argentina trabajó en garantizar unos servicios de saneamiento e higiene adecuados, con el desafío de extender ese derecho a las poblaciones en asentamientos informales y en situaciones de vulnerabilidad. Algo que se estaba consiguiendo progresivamente, según datos de las Naciones Unidas: en 2020, la extensión de la red pública en el país había alcanzado al 87%, y el servicio de cloacas y saneamiento el 58%, si bien estos números nacionales esconden realidades provinciales y locales desiguales y para muchas familias el acceso sigue siendo un privilegio.
El triunfo de Javier Milei, sin embargo, supuso romper con los compromisos de extensión del saneamiento. En línea con su agenda de destrucción del Estado, su gobierno anunció la intención de privatizar el 90% de Agua y Saneamientos Argentinos (AySA), dando un paso más en la transformación del agua en una mercancía: una mercancía en el punto de mira de Mekorot, la compañía nacional de aguas de Israel.
El camino para el aterrizaje de Mekorot ya estaba en marcha cuando Milei llegó al poder en 2023. En ese mismo año, Mekorot fue firmando una serie de acuerdos con las Provincias de Mendoza, San Juan, Río Negro, Catamarca, La Rioja, Formosa, Santa Cruz, Jujuy, Neuquén, Chubut, Santiago del Estero y Santa Fe, aprovechando la gestión atomizada del agua en Argentina, cuya ley reconoce a las Provincias la potestad de definir su propia política hídrica. Fue también una vista a Israel la que puso en marcha estos acuerdos. En este caso del peronista Wado de Pedro, entonces ministro de Interior, que promovió esta vía un mes después de viajar al país, en abril de 2022. El desembarco de Mekorot en Argentina viene acompañado de continuas críticas debido no solo a las políticas de Israel contra el pueblo palestino, sino al rol directo que Mekorot ha ejercido en este marco.
El Estado de Israel ha abundado tradicionalmente en el imaginario epopéyico de la colonización, en el que los territorios conquistados son desiertos yermos e improductivos que el colonizador viene a germinar, venciendo la naturaleza, extendiendo la civilización y sometiendo a los salvajes. En efecto, las prácticas genocidas que vivieron los palestinos durante la segunda mitad del siglo XX y con más intensidad desde 2023, tiene sendos antecedentes en los territorios indígenas de toda América. Los actos que Israel llevó a cabo entre las décadas de los 1950 y 1970 bien pueden calificarse de acciones de naturaleza colonial, que formaban parte del proyecto sionista de transformar radicalmente el territorio y de construir una nueva ecología sobre la destrucción de la existente mediante el control técnico y político del agua.
Así, Mekorot inició la construcción de megaproyectos que incluyeron desvío de ríos, la preparación de amplias zonas para el asentamiento de nuevos colonos y el desplazamiento definitivo de quienes habitaban allí. La desviación masiva alteró irreversiblemente el ecosistema, reduciendo el caudal del Jordán a un “arroyo contaminado” y apropiándose de un recurso compartido con Jordania, Siria y Líbano. En 1967, con la ocupación israelí de Cisjordania y Gaza, el papel de Mekorot se intensificó y se formalizó. Mediante orden militar, Israel se hizo con el control absoluto de los recursos hídricos y la potestad de construir nuevas infraestructuras, concediendo muy raras excepciones a los palestinos. En 1982, el ejército israelí transfirió a Mekorot la infraestructura hídrica que había confiscado en Cisjordania, y convirtió la compañía en su principal ejecutor de la agenda hídrica. Desde entonces, la empresa explotó sistemáticamente los acuíferos palestinos para abastecer a Israel y los asentamientos ilegales, mientras restringía severamente el acceso a los palestinos.
Este modelo convirtió a Mekorot en el principal proveedor de agua para las comunidades palestinas que, en muchas zonas rurales, carecen por completo de agua corriente, vendiéndoles parte del agua extraída de sus propios acuíferos, y cortando el suministro en verano para priorizar a los asentamientos. Como resultado, el consumo diario promedio de un israelí (unos 300 litros) cuadruplica o quintuplica el de un palestino en Cisjordania (unos 73 litros), que a su vez está muy por debajo de los 100 litros diarios mínimos recomendados por la Organización Mundial de la Salud (OMS).
En Argentina se multiplican las denuncias contra Mekorot, a la que se acusa de ser una amenaza. La cara más visible de las movilizaciones es la campaña “Fuera Mekorot”
Este “apartheid del agua”, un sistema institucionalizado de opresión, dominación y discriminación racial que, mediante leyes, políticas y prácticas, otorga un acceso desigual del agua se ha agravado como parte de los ataques de represalia de Israel de 2023. El deterioro más catastrófico se ha producido en Gaza, donde la política de privación de agua se ha convertido en un componente del asedio total. Desde el corte total de suministros, incluido el agua, a la destrucción masiva de la infraestructura hídrica y sanitaria del enclave, y la prohibición al ingreso de materiales para su reparación, el suministro de agua en Gaza se redujo a menos de 5 litros por persona al día durante 2024, una cantidad muy por debajo del mínimo de supervivencia de 15 litros establecido para emergencias y que ha contribuido a la propagación de enfermedades y a la hambruna.
Mientras Mekorot aplicaba este apartheid del agua, los convenios de la empresa con las provincias argentinas bajo la forma de consultoría permiten su penetración en el sistema hídrico del país en un contexto de opacidad y mediante al evasión de consultas previas y licitaciones a través del Consejo Federal de Inversiones (CFI), un organismo autónomo que funciona al margen de la normativa nacional de contratación.
Bajo el discurso de la necesidad de una mejor gestión del agua, que culpabiliza a la población de derroche y descuido de este recurso, el director de Mekorot en Argentina, Diego Berger, habla de la necesidad de “un cambio cultural”, mientras avanza el despliegue de un modelo de gestión que favorece al sector privado y al capital extranjero en renglones específicos de la economía como el agronegocio, el fracking y la megaminería; muchas veces en territorios con crisis hídrica, como sucede en la provincia de Mendoza. Allí, el gobierno provincial impulsó un nuevo Código de Agua que habilita el uso del agua para la actividad minera extractiva y otorga al Ejecutivo la facultad de reasignar partidas hídricas. Ambientalistas y asambleas ciudadanas en Argentina vienen denunciando que Mekorot supone una amenaza al país, la cara más visible de las movilizaciones es la campaña “Fuera Mekorot”.
Y es que, desde 2022 la empresa ha recibido entre 1 y 1,5 millones de dólares por sus contratos con Catamarca y Río Negro, respectivamente. Lo que da una idea del gasto asociado al resto de los convenios de las otras diez Provincias, que no se ha hecho público. Mientras tanto, el Gobierno recorta el presupuesto de las universidades y de las instituciones públicas de investigación que cuentan con numerosos expertos en el agua de reconocimiento internacional.
Los últimos acontecimientos en torno a la denominada Ley de Glaciares delinean claramente la agenda de los debates ambientales hacia adelante y la apuesta económica del Gobierno. Con gran rechazo de una población entre la que caló el lema “el agua vale más que el oro” de inicios de los 2000, pero con el apoyo cada vez menos discreto de las Provincias ahogadas de deudas, el gobierno logró sancionar la reforma de la ley que, en los hechos, constituye su derogación. Tras su promulgación el pasado 9 de abril, la controvertida norma entraba en vigor el viernes 24 de abril. Con esta maniobra, Milei ha burlado los mecanismos de participación previstos y se ha puesto del lado de las empresas mineras en la presión ejercida sobre el poder legislativo.
Beligerancia militar y verbal
Tradicionalmente, Argentina no ha sido cliente del mercado de defensa israelí, en donde aparecen otros países latinoamericanos como Colombia y Ecuador; y tampoco ha participado del enorme crecimiento de dicha industria de defensa liderada por su, tristemente célebre, estrategia de marketing de “probado en combate”. Aunque algunos gobiernos de América Latina han adoptado una postura pública en contra de Israel después de la masacre en Gaza, muchos de ellos continúan fortaleciendo sus vínculos con su poderosa industria de defensa y vigilancia, líder en la fabricación de armas, drones, sistemas antimisiles y software espía.
La industria israelí ha vendido cientos de vehículos blindados con ametralladoras y unidades antidisturbios a la policía militar brasileña. Con las Fuerzas Armadas del Perú firmó un contrato de artillería por 60 millones de dólares, mientras que a Ecuador le vendió vehículos blindados utilizados actualmente en la “guerra interna”. Un lugar destacado lo tiene el software espía Pegasus, de creciente utilización en diferentes países del continente.
Argentina también ha profundizado su vínculo militar con Estados Unidos e Israel, lo que, sin embargo, no logra opacar la situación de magro presupuesto con el que cuentan las Fuerzas Armadas en salarios y la crisis de su obra social (su mecanismo de acceso a la Sanidad). El Ministerio de Defensa confirmó recientemente que, en pocos meses, llegarán las primeras tandas de fusiles ARAD y municiones israelíes. Del informe de calificación técnica se desprende que, en esta primera etapa, el proyecto de “Adquisición de Armamento Individual Portátil” tiene como objetivo “mejorar la capacidad de defensa y combate cercado de las Fuerzas Armadas, en las unidades militares del territorio nacional”; con una inversión inicial de unos 24,5 millones de dólares. A estos gastos se suman los 30 millones de dólares en 24 aviones adquiridos a Dinamarca en el primer año de gobierno. En efecto, es un importante desembolso para un gobierno que ha hecho del “no hay plata” un mantra de respuesta a las demandas de distintos sectores sociales que ven derrumbarse las posibilidades de su sostenimiento: jubilados, estudiantes y docentes, habitantes de barrios populares y trabajadores en general.
Estas inversiones se corresponden con el discurso beligerante de Milei que se sumó con entusiasmo a la guerra con Irán y acaba de firmar otro acuerdo con EE.UU, el cual compromete a las fuerzas armadas en la guerra contra el narcoterrorismo y el crimen organizado. En este campo, las políticas de la imagen del gobierno libertario toman otra escala. Tal como informó el diario Clarín, mediante decreto de necesidad y urgencia firmado por Milei y oficializado en el Boletín Oficial, se autorizó el ejercicio militar “DAGA ATLÁNTICA”, que tendrá lugar en la Base Naval Puerto Belgrano, la Guarnición Militar Córdoba y la VII Brigada Aérea de la Fuerza Aérea, situada en la provincia de Buenos Aires. Bajo el marco de estos acuerdos, se permite, además, la entrada de fuerzas armadas de otros países al territorio nacional.
La expansión del paradigma violento y colonial construido sobre la base de la tecnología y la superioridad moral originaria se articula con una nueva doctrina del enemigo interno, de creciente consolidación en la región. En Argentina, los discursos bélicos de los libertarios, confrontativos, moralizantes y descalificadores, se reciclan sobre una estructura pre-existente que opone civilización y barbarie, propone una lógica del ellos o nosotros y convierte al contrincante en enemigo con expresiones propias de un populismo confrontativo como orcos, delincuentes, parásitos, malignos y enemigos de la libertad.
Pero no son solo discursos. A las movilizaciones desatadas por sus medidas impopulares, el Gobierno ha respondido con una política de mano dura, inaugurado con un protocolo “antipiquetes” en diciembre de 2023, una política de exhibición de las Fuerzas de Seguridad en las calles y una política de uso reiterado de fuerza para dispersar y de detenciones en las protestas y movilizaciones como las llevadas a cabo en las manifestaciones por la Ley Bases en junio de 2024. Existen además episodios concretos de movilizaciones contra la reforma de la Ley de Glaciares que derivaron en represión o intervención policial con gas pimienta, detenciones y una actitud policial que confirmaría el carácter no meramente disuasivo sino coercitivo de los operativos.
Unidos en su romance místico, político y económico, tanto Milei como Netanyahu proponen un pensamiento en el que la dimensión religiosa se torna explícita y predican mesianismo tecnológico y evangelios del progreso. En la línea de otros líderes políticos como Donald Trump, u oligarcas como Elon Musk o Peter Thiel, estos actores repolitizan el discurso religioso y lo reactualizan, haciendo de la confrontación política una batalla que ya no es solo política, sino sagrada y existencial. Hay ejemplos suficientes para afirmar que ese tipo de discursos aumenta la probabilidad de coerción estatal, de violencia política e incluso de ocupaciones, guerras y genocidios. Una trayectoria que parece generar cada vez más resistencias y desaprobación, como muestra la creciente impopularidad de Netanyahu, Milei o el mismo Trump en sus respectivos países.
América Latina
Milei arrastra a Argentina a la sombra de EEUU e Israel
Argentina
Argentina: una política exterior alineada con Israel y Estados Unidos
Israel
Valentina Pisanty
“La nueva definición de antisemitismo erosiona la calidad de nuestra democracia”
Derecho al agua
Mekorot, el apartheid del agua y Argentina
Literatura
“El sionismo es evitable”
Para comentar en este artículo tienes que estar registrado. Si ya tienes una cuenta, inicia sesión. Si todavía no la tienes, puedes crear una aquí en dos minutos sin coste ni números de cuenta.
Si eres socio/a puedes comentar sin moderación previa y valorar comentarios. El resto de comentarios son moderados y aprobados por la Redacción de El Salto. Para comentar sin moderación, ¡suscríbete!