Fronteras
#StopTheBoats: la polémica ley británica anti inmigración sigue su curso pese a la oposición social y política

A pesar de las críticas de la sociedad civil y de prominentes personajes públicos del país, y hasta de la oposición de algunos tories rebeldes, la llamada Ley contra la Inmigración Ilegal pasó la primera fase del trámite parlamentario.
Ley de migracion Ilegal Londres
Cientos de manifestantes se manifestaron ante el parlamento británico contra el proyecto de ley de migración ilegal.
15 mar 2023 10:03

La premisa parece muy sencilla: si alguien intenta entrar en territorio británico fuera de las vías legales se le deporta, y además, nunca podrá pedir asilo en el país. Este es básicamente el razonamiento que los tories ingleses vienen repitiendo con particular insistencia en las últimas dos semanas, un argumentario recitado el pasado martes 7 de marzo con voz afectada por la ministra de Interior británica, Suella Braverman, quien exponía los elementos básicos de su ofensiva anti inmigración. Alarma: Un incremento de las personas que intentan atravesar el Canal de la Mancha en el último año y el colapso del sistema de asilo. Coste: daba la cifra de 7 millones de libras gastada cada día en hoteles para albergar a estas personas. Solución: el gobierno se ha comprometido a parar las embarcaciones, y va a cumplir con una nueva legislación. “Esta ley significa”, continuaba, “que si vienes aquí ilegalmente no podrás quedarte, serás detenido y deportado a tu país de origen si es seguro, o a un tercer país seguro, como Ruanda”. Después llegaba la estigmatización de las personas llegadas a la costa británica: “no es justo que quienes vienen atravesando una serie de países seguros y llegan ilegalmente a Reino Unido puedan saltarse la cola y jugar con nuestro sistema. Esta ley va a acabar con esto. Suficiente es suficiente. Tenemos que parar los barcos. 

El pasado lunes 13 de marzo, la polémica ley contra la inmigración ilegal de la ministra de Interior Braverman recibía su primer empuje en su tránsito parlamentario tras obtener 312 votos a favor, frente a 250 en contra

Una semana después, la tarde del pasado lunes 13, la ley era objeto de discusión y voto en la Cámara de los Comunes, el Parlamento británico, tras haber cosechado numerosas reacciones negativas y escandalizadas en todos los ámbitos. Desde algunos medios, se especulaba incluso con que la oposición consiguiera bloquear el proyecto durante ese mismo debate, o que una rebelión de conservadores disconformes con el contenido de la ley diera al traste con la apuesta de la ministra de Interior. Pero Braverman y el primer ministro Rishi Sunak estaban de suerte: 312 votos a favor, frente a 250 en contra, garantizaban que la ley prosiga su tránsito parlamentario. 

No parece que la institucionalidad británica vaya a imposibilitar que los planes de la polémica ministra, que ha hecho de la mano dura contra la inmigración su principal activo político, lleguen a término. Cabe recordar que el acuerdo de cinco años con Ruanda para enviar allí a solicitantes de asilo, anunciado el pasado abril, fue validado por el Tribunal Supremo el mes de diciembre, después de que se parase en el último minuto por la vía judicial el único vuelo de deportación programado desde que comenzara el acuerdo. La apuesta del gobierno de Sunak para deslocalizar a quienes llegan al país buscando refugio está en stand by a la espera de que se resuelvan las alegaciones contra la sentencia del Tribunal Supremo. 

Y es que, aunque insuficiente para detener la ley en su paso por el Parlamento, la oposición a la política migratoria de Braverman es amplia. Durante el debate del lunes se impugnaron desde la base los planteamientos de la ministra conservadora: “La ministro de Interior, a la vista de este proyecto de ley, invita al Parlamento a romper el derecho internacional. El único acto posible de un Parlamento que tenga algún tipo de integridad moral es anular este proyecto de ley ilegal e inmoral, que no tiene cabida en nuestra legislación”, afirmaba la líder del Partido Verde, Caroline Lucas, mientras rompía durante su intervención una copia de la ley. 

Si bien no se dio una rebelión de los tories, sí se levantaron voces críticas en el partido conservador. Fue el caso de la ex primera ministra Theresa May, quien en 2015, cuando aún estaba al frente de la cartera de Interior, propuso poner un límite a la admisión de solicitantes de asilo en el país, provocando críticas similares a las suscitadas por Braverman. Ocho años después, May negaba en el Parlamento que la ley pudiera detener la inmigración ilegal pues “la mayoría de immigrantes ilegales no vienen en barcos sino que vienen legalmente y se quedan una vez expirados sus visados”, y lamentó que la legislación dejaría sin protección a solicitantes de asilo que lo necesitaran como jóvenes iraníes huyendo del régimen, desprotegiendo también a las víctimas de trata en suelo británico.

May fue una de las diputadas conservadoras que no votó a favor de la ley, junto al exministro de Energía Chris Skidmore, quien ya había adelantado en las redes sociales que no respaldaría la propuesta: “No estoy preparado para romper el derecho internacional o las convenciones de derechos humanos en cuyo establecimiento el Reino Unido ha tenido un orgulloso protagonismo”, alegaba el político conservador. 

Fuera de la cámara de los comunes, en Parlament Square, cientos de personas se concentraron para expresar su repulsa bajo el lema #StopTheBill. Ante ellos, quien fuera líder del Partido Laborista, Jeremy Corbyn clamaba: “El enemigo de la clase trabajadora llega en jet privado no en precarios botes de goma”.  La escalada anti-migración del gobierno conservador ha movilizado a una gran parte de la sociedad que alerta de cómo una vez más se usa el alarmismo contra la llegada de pateras a territorio británico para distraer la atención de las muchas crisis que enfrenta el ejecutivo.

Los manifestantes congregados frente al Palacio de Westminster, mostraban carteles dando la bienvenida a las personas refugiadas, recordando que es gracias a las personas migrantes que el deteriorado Servicio Nacional de Salud sigue en pie, o instando al gobierno a parar con la política de buscar un chivo expiatorio. “Esta ley no detendrá a la gente. Las personas encontrarán rutas aún más peligrosas para llegar. Cuando la gente está huyendo, no hay nada en este mundo que pueda detenerla”, declaraba, entre otros activistas, Kolbassia Haoussou Mbe, confundador de la organización de víctimas de tortura Survivors Speak Out, según recogía el periódico The Guardian.  Los críticos con la ley recuerdan que las vías legales que reivindica la ministra no funcionan. La propia Braverman dejaba ver durante un debate en el congreso el pasado noviembre su desconocimiento sobre el procedimiento de asilo en el país.

Análisis
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Al menos 79 personas fallecieron el pasado fin de semana en Cutro, tras la negligencia de las autoridades italianas y unas políticas migratorias que, día a día, generan violencia y muerte en una Europa deshumanizada, insolidaria e incumplidora de los estándares mínimos en derechos humanos.

La nada nueva guerra cultural de las pateras

En las redes circula un meme. Un hombre toca una trompeta: Representa al gobierno inglés repitiendo como un mantra: “pateras, pateras, pateras”. Una mujer se aleja tapándose los oídos, “yo mirando mi factura de electricidad, mis gastos en gasolina, el ticket de la compra, los trenes que no funcionan, el servicio nacional de salud de rodillas...”. Desde la salida forzada de Boris Johnson el año pasado, la crisis económica y política en el país se ha agudizado, mientras se acerca un periodo electoral con los comicios locales en mayo. El de Sunak no es el primer gobierno que intenta recabar apoyo agitando los miedos anti inmigración.

En este marco, su ministra de Interior tampoco innova con la estrategia de ocupar titulares polémicos todo el tiempo. Referirse a la llegada de solicitantes de asilo como “invasión” fue su aportación justo un día después de que un sujeto relacionado con la ultra derecha arrojara bombas incendiarias contra un centro de inmigración de Dover el pasado 5 de noviembre. Solo un mes antes había causado revuelo mundial, tras afirmar que su “sueño y obsesión”, era ver despegar hacia Ruanda aviones llenos de solicitantes de asilo.

En un Reino Unido donde el discurso anti inmigración campa a sus anchas, la estrategia parece tener posibilidades. Ya quedó documentado que el rechazo a la inmigración estuvo entre las principales bazas que jugó el discurso pro Brexit. Por otro lado, el odio contra las personas migrantes alcanza cotas explosivas, con ataques como el mencionado en Dover o manifestaciones ultraderechistas ante los hoteles donde el gobierno alberga provisionalmente a migrantes ante la dilación en la resolución  de los procesos de asilo.

La ministra de Interior británica opta por la estrategia de ocupar titulares polémicos todo el tiempo, refiriéndose a la llegada de solicitantes de asilo como “invasión” o explicando que “sueña” con aviones llenos de personas deportadas a Ruanda

El gobierno continúa así afianzando un marco de discusión que le precede, y que ya desde el gobierno de Boris Johnson, cuando actores y actrices icónicos como Emma Thompson o Daniel Radcliffe se pronunciaban en un vídeo contra la criminalización de las personas migrantes, viene siendo contestado en la agenda pública. La semana pasada era el famoso comentarista deportivo Gary Lineker quien criticaba en sus redes sociales a la ministra Braverman, hecho que provocó su suspensión temporal como presentador del programa de fútbol más visto en el país, con cinco décadas de historia, dado que se emite en la BBC, televisión estatal. La decisión de la emisora ha desembocado en un debate nacional sobre la libertad de expresión. 

Como recordaba un artículo de The Guardian, firmado por el australiano Ben Doherty, las estrategias para generar un entorno hostil contra la migración del gobierno de Sunak reflejan sin grandes variaciones, aquellas que se han vivido en Australia durante las “dos últimas décadas de debate tóxico”.  Más allá de la toxicidad del debate, están las consecuencias en la práctica para las personas migrantes, que en Australia supusieron la retención de solicitantes de asilo durante años en islas remotas como pieza central de las políticas migratorias del país, una práctica de vulneración de derechos humanos señalada internacionalmente.

“Parar las pateras, el eslogan blanco sobre fondo rojo en el podio de Rishi Sunak el pasado martes [7 de marzo] fue —palabra por palabra— el eslogan usado por Tony Abbott para ser elegido Primer Ministro en Australia hace una década. Sin irse tan lejos, cabe recordar el “Porti Chiusi [puertos cerrados], como marca política del italiano Matteo Salvini, ahora desde el gobierno liderado por Giorgia Meloni, que el pasado 9 de marzo aprobaba un Decreto Ley en la ciudad de Cutro (Calabria), tras el naufragio que resultó en la muerte de más de 70 personas —un nuevo naufragio tendría lugar dos días después— en el que se endurecen las penas por tráfico de personas y se apuesta por reforzar los centros de detención para la deportación de personas migrantes. Todo ello mientras se profundizan las críticas al gobierno italiano por abandonar a las víctimas del naufragio a su suerte, propiciando su muerte, víctimas reales de las guerras culturales auspiciadas por las derechas. 

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