Fronteras
Más de mil muertes y desapariciones en el Mediterráneo como consecuencia de la necropolítica de la UE
“La prioridad es clara: reducir el número de llegadas ilegales [de migrantes] y mantenerlo bajo”. Hace unas semanas, en la presentación de la estrategia quinquenal sobre migración, el comisario europeo de Interior, Magnus Brunner, celebró con estas declaraciones ante la prensa lo que definió como “una nueva etapa de la política migratoria europea”. Brunner anunció con satisfacción que en 2025 el número de entradas de migrantes a las fronteras comunitarias se redujo un 26% con respecto al año anterior (de 241.000 a 178.000).
Sin embargo, al mismo tiempo que el comisario se jactaba en Bruselas de la “eficacia” de las vallas, el “control efectivo” de la policía en las fronteras, y los acuerdos no siempre transparentes con los llamados “terceros países seguros”, decenas de migrantes se ahogaban en el Mediterráneo, eran apaleados y devueltos en caliente en los Balcanes o abandonados en mitad del desierto en Túnez.
La UE legisla al ritmo que marca la extrema derecha
En apenas 10 años, la UE ha cambiado el Welcome Refugees (Bienvenidos, refugiados) por una narrativa que apela constantemente a las ideas de orden, seguridad y control. El giro no es casual, la extrema derecha ha aumentado notablemente sus apoyos y su presencia tanto en el Parlamento Europeo como en los parlamentos de cada Estado miembro, y en todos los países el discurso ultra se centra invariablemente en la inmigración.
La Comisión Europea ha recogido el guante, y desde hace tiempo trata los flujos migratorios desde el enfoque de la seguridad y la estabilidad interna del bloque, sin hablar de las causas que provocan la migración ni aportar soluciones que mitiguen los problemas en los países de origen, muchos de los cuales están causados o alimentados por la propia UE y Occidente —principalmente guerras, conflictos geopolíticos, desigualdad e inseguridad alimentaria—.
Bruselas también legisla en consecuencia. Al endurecimiento de la política migratoria que supuso en 2024 la aprobación del Pacto de Migración y Asilo, se le ha sumado en los últimos meses el nuevo Reglamento de Retorno inspirado en las leyes antiinmigración desplegadas por el gobierno de Trump en Estados Unidos.
Más refuerzo en las fronteras, más muertes en las rutas migratorias
Ambos documentos, pacto y reglamento, contienen las principales demandas de los partidos de extrema derecha de la Eurocámara. La medida estrella es la “cooperación con terceros países”, el amparo legal que la UE le ha dado a cerrar acuerdos y entregarle grandes cantidades de dinero público a países fuera del bloque para que contengan la migración hacia Europa. Básicamente, Bruselas financia la construcción de centros de detención y deportación en estos países para que los migrantes nunca lleguen a pisar suelo comunitario mientras se tramita su deportación.
De nuevo, múltiples organizaciones humanitarias han señalado que muchos de estos “terceros países seguros” no cumplen con la legislación internacional y vulneran los derechos humanos de los migrantes al hacinarlos y maltratarlos en esos centros pagados por la UE. Estas medidas “exponen cada vez más a las personas migrantes a la violencia, las devoluciones en caliente, la detención arbitraria y la discriminación. Los mecanismos de vigilancia y la falta de garantías procesales alimentan un sistema que, en lugar de proteger, contribuye a poner vidas en peligro”, comenta un portavoz de EuroMed Rights una red euromediterránea que reúne a casi 70 colectivos pro derechos humanos.
“Cuando no hay rutas seguras a las que recurrir, las personas se ven obligadas a emprender viajes peligrosos y a caer en manos de traficantes y contrabandistas”, comentan desde la OIM
Hace poco, Frontex (la policía europea de costas y fronteras) anunció que en el primer trimestre de 2026 las llegadas de migrantes por las rutas mediterránea y atlántica cayeron un 38% (de 27.400 a 17.000). A su vez, y según el Proyecto Missing Migrants de la Organización Internacional para las Migraciones (OIM), en lo que va de año en esas mismas rutas han muerto o desaparecido más de 1.000 personas.
“Cuando no hay rutas seguras a las que recurrir, las personas se ven obligadas a emprender viajes peligrosos y a caer en manos de traficantes y contrabandistas”, comentan desde la OIM. Es la misma idea que remarcan otras organizaciones como CEAR (la Comisión Española de Ayuda al Refugiado), que insisten en que cerrar rutas o reforzar las vallas y los muros no disuade a las personas de intentar llegar a Europa, únicamente consigue que busquen travesías clandestinas asumiendo muchos más riesgos. “Debemos renovar nuestro compromiso de adoptar medidas más contundentes que garanticen una migración segura para todos […] La continua pérdida de vidas en las rutas migratorias es un fracaso mundial que no podemos aceptar como algo normal”, recalcan desde la OIM.
España tiene las fronteras más letales del planeta
Las rutas por tierra (Ceuta y Melilla) y mar hacia España siguen siendo la más mortíferas del mundo. Tal y como documenta la ONG Caminando Fronteras, en 2025 murieron transitándolas más de 3.000 personas. El organismo advierte además de un aumento sostenido de embarcaciones perdidas que no obtienen rescate y de naufragios invisibles cuyas víctimas nunca llegan a contabilizarse. La travesía más peligrosa es la que parte desde la costa atlántica africana con rumbo a las Islas Canarias. A ella se encomiendan cientos de pequeñas embarcaciones, muchas de ellas improvisadas y precarias, que no resisten a temporales en alta mar o se hunden antes de tocar tierra. Tanto Caminando Fronteras como la OIM coinciden en que las cifras de muertes y desapariciones registradas son únicamente una estimación a la baja del número real.
Desde Euromed destacan los efectos y repercusiones “desproporcionadas de la externalización [de fronteras] en las mujeres y las niñas, expuestas a formas específicas de violencia sexual y de género
La situación de las vallas de Ceuta y Melilla ha sido denunciada en múltiples ocasiones por varias organizaciones de derechos humanos. La tragedia más reciente ocurrió en 2022, cuando al menos 23 personas migrantes murieron tratando de cruzar la valla de Melilla. Tanto las autoridades marroquíes como las españolas corrieron a descargarse de responsabilidad. El ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, reiteró que la Guardia Civil había actuado de forma proporcionada. No obstante, ONG como Human Rights Watch exigieron una investigación remitiendo a vídeos y fotografías que mostraban cuerpos esparcidos por el suelo en charcos de sangre, a las fuerzas de seguridad marroquíes pateando y golpeando a migrantes, y a la Guardia Civil lanzando gases lacrimógenos contra gente aferrada a la valla.
En 2014 hubo otro episodio de violencia policial en la playa del Tarajal (Ceuta). Entonces, al menos 15 personas murieron tras intentar alcanzar la costa nadando. La investigación judicial posterior documentó el uso de material antidisturbios por parte de la Guardia Civil, que atacó a personas migrantes exhaustas y desarmadas mientras estaban en el agua.
“El número de desapariciones sigue aumentando debido a la persistente y, muchas veces, deliberada falta de participación de los Estados en la búsqueda de personas desaparecidas en la cuenca del Mediterráneo”, afirma Euromed. “Sus familias buscan incansablemente a sus seres queridos, a veces durante décadas, lo que hace imposible el duelo si éstos están muertos y cada vez más improbable el reencuentro si no lo están”.
Desde la organización también destacan los efectos y repercusiones “desproporcionadas de la externalización [de fronteras] en las mujeres y las niñas, expuestas a formas específicas de violencia sexual y de género. Son especialmente alarmantes”.
La UE antepone las cifras a los derechos humanos
Episodios similares se suceden en otros puntos de las fronteras exteriores de la UE. Por ejemplo en Túnez, uno de los considerados “países seguros”, se han registrado en el último lustro redadas, detenciones arbitrarias, abuso policial y expulsiones masivas de migrantes que son abandonados sin comida ni agua en zonas del desierto del Sáhara próximas a las fronteras con Libia y Argelia. A pesar de esto, Bruselas mantiene los acuerdos con Túnez, al que considera un socio clave de su política migratoria, ya que ejerce de muro de contención en la ruta del Mediterráneo central.
En la llamada ruta de los Balcanes los abusos tienen lugar directamente en suelo comunitario. Croacia, Hungría y Grecia acumulan denuncias y sentencias del Tribunal Europeo de Derechos Humanos por sus sistemáticas prácticas violentas en las fronteras. Los agentes practican detenciones ilegales en bosques y zonas adyacentes a los pasos fronterizos. También apalean, humillan y devuelven en caliente a cientos de migrantes a Bosnia, Serbia y Turquía —en muchas ocasiones después de haberles robado objetos personales y de requisarles sus documentos—.
Ric Fernández es portavoz de la ONG serbia No Name Kitchen, que trabaja con víctimas de devoluciones en caliente en varios países de los Balcanes. Apunta que, además de la violencia, existe “manipulación burocrática” por parte de la policía. Esto es “forzar a personas a firmar, sin intérprete, documentos como renuncias a la solicitud de asilo o confesiones de culpabilidad”. Fernández relata que, “hace poco, un hombre sirio de 22 años nos contó cómo los agentes, tras golpearlos cuando uno del grupo intentó pedir asilo, les dijeron: ‘vuelve a Siria porque si te pillamos la próxima vez te matamos’”.
En cuanto a la salud mental, Fernández afirma que “lo más grave no es el trauma agudo, sino el trauma acumulado por repetición. Hay personas que han sido devueltas diez, quince, veinte veces”
Desde No Name Kitchen, ponen el acento en cómo esa violencia en las fronteras, unida al trauma de la propia migración, afecta tanto a la salud física como mental. “El 64% de los testimonios de devoluciones en caliente documentan palizas que incluyen fracturas, traumatismos craneales, lesiones oculares permanentes y golpes en garganta y pecho”.
En la organización han documentado casos de personas que llegan a los centros con costillas rotas, hipotermia severa y sin medicación porque se la confiscaron al ser detenidos. En cuanto a la salud mental, Fernández afirma que “lo más grave no es el trauma agudo, sino el trauma acumulado por repetición. Hay personas que han sido devueltas diez, quince, veinte veces”.
En su intervención, el comisario Brunner no mencionó nada de esto. Tampoco habló de cómo los migrantes contenidos a la fuerza fuera de las fronteras comunitarias, o amontonados en campos de refugiados improvisados, quedan a merced de las mafias de traficantes de personas. Únicamente apeló a “unas fronteras fuertes que garanticen un control efectivo sobre quién entra en la Unión”, elogió las “asociaciones mutuamente beneficiosas” con los terceros países, sonrió para la foto, bajó del atril y se marchó.
Migración
Presentan una app gratuita para guiar a personas y entidades en el proceso de regularización
Fronteras
La inteligencia artificial ya está en las fronteras de Ceuta, Melilla y las Canarias: estos son sus riesgos
Para comentar en este artículo tienes que estar registrado. Si ya tienes una cuenta, inicia sesión. Si todavía no la tienes, puedes crear una aquí en dos minutos sin coste ni números de cuenta.
Si eres socio/a puedes comentar sin moderación previa y valorar comentarios. El resto de comentarios son moderados y aprobados por la Redacción de El Salto. Para comentar sin moderación, ¡suscríbete!