Literatura
La ciencia ficcion china más allá de ‘El problema de los tres cuerpos’: poder blando, tecnología y esperanza
En “El bosque oscuro”, segunda entrega de la saga de El problema de los tres cuerpos, el protagonista da con la tecla para proteger a la humanidad de un ataque extraterrestre: amenazar a la raza invasora con desvelar su posición a un gran depredador espacial. Es la solución más pesimista para la paradoja de Fermi —que se pregunta si hay vida inteligente y por qué no la detectamos—: toda forma de vida avanzada en el universo verá a otras como una amenaza potencial e intentará destruirlas.
El problema de los tres cuerpos —de actualidad por la coincidencia de parte de su trama con la trama conspiratoria de los científicos estadounidenses desaparecidos o muertos en extrañas circunstancias— es la novela más conocida de Liu Cixin (Yangquan, 1963), el primer autor chino en ganar en 2015 el prestigioso Premio Hugo y uno de los escritores de ciencia ficción más conocidos del mundo en la actualidad. En su mundo se mezcla la historia reciente de su país, como la Revolución Cultural, con la ciencia especulativa más exigente.
“Es difícil explicar lo impensable que hubiera sido hace no tanto tiempo que obras chinas o de ambientación asiática pudieran funcionar como lo hacen hoy en día, pero gracias al éxito de Liu Cixin el público está más receptivo”, comenta Alexandre López Calvo, editor de la colección Runas, de Alianza Editorial, en la que se han publicado las antologías Planetas Invisibles (2017) y Estrellas Rotas (2020), así como la mayor parte de la obra del novelista chino-estadounidense Ken Liu.
López Calvo advierte que, aunque El problema de los tres cuerpos es “una gran saga que resuena mucho y sirve de puerta de entrada”, se cae en “el riesgo de la tokenización. Ya te has leído a un autor de ciencia ficción china y asumes que conoces el género tratándolo como ejemplo de toda una nueva tradición narrativa cuando hay ya varias generaciones posteriores que han evolucionado de formas muy diferentes”. Por ejemplo, en Saltonautas (Nova, 2024), de Hao Jingfang —ganadora del Hugo, en su caso por mejor relato corto, siendo la primera mujer china—, tres jóvenes chinos protagonizan el Primer Contacto: un militar de élite, un empresario experto en IA y una historiadora. En mitad de una Guerra Fría futurista, preferirán no entregar sus conocimientos a ninguna potencia para garantizar el desarrollo de toda la humanidad.
La autora y editora española Cristina Jurado señala cómo a partir del Premio Hugo de Liu Cixin “en las publicaciones más prestigiosas del mundo anglosajón, como las revistas Clarkesworld, Locus o Apex Magazine o el poderoso portal Reactor.com han proliferado cuentos y novelas cortas de autores y autoras chinos pero también de otros países asiáticos”.
El impacto es tal que publicaciones anglosajonas como la revista Locus han empezado a incluir en sus recomendaciones y premios la categoría de Mejor Novela Traducida. En los British Science Fiction Awards también se está dando una mayor visibilidad a obras traducidas. Jurado forma parte del equipo que ha propuesto los cambios en ambos casos y señala que no solo Occidente se está abriendo a China sino que China también se está abriendo a la ciencia ficción de otros países: “Yo misma he sido invitada a participar en la iniciativa ‘Multiple Futures: Science Fiction Writers' Future Narrative Marathon’ de la Semana de la Innovación Shenzhen 2025, que se celebró en noviembre del año pasado y donde se pidió a escritores de todo el mundo que imaginasen el futuro de las megaciudades para 2060”.
El propio gobierno chino ha buscado promocionar su ciencia ficción, a través de entidades de diversos tipo. Ofrecen portafolios de obras —cuentos, novelas cortas o novelas—, ya traducidas al inglés u otros idiomas, y se encargan de remunerar a traductores y autores. La parte occidental se ve libre de costes y de gestionar los derechos.
Según Cristina Jurado, la voluntad de usar la ciencia ficción como soft power es explícita: “Hay una inclusión de aspectos de su cultura tradicional y se presenta China como una potencia científica y tecnológica”
Para Jurado, la voluntad de usar la ciencia ficción como soft power es explícita: “Hay una inclusión de aspectos de su cultura tradicional y se presenta China como una potencia científica y tecnológica. Implica popularizar la idea de que el alcance de los avances chinos está creciendo enormemente en todo el mundo y, por tanto, su influencia económica y, en última instancia, política”.
Un hito reciente es que la Convención Mundial de Ciencia Ficción tuvo lugar en China en 2023 por primera vez, en concreto en la ciudad de Chengdu. Fue una elección no exenta de polémica, ya que algunos autores y fans boicotearon el evento por las violaciones de los Derechos Humanos del régimen chino.
La actualidad es ciencia ficción
Según Tang Fei, autora china que atendió a El Salto el pasado febrero en un evento organizado por el Instituto Confucio en Madrid, el salto de la ciencia ficción china en los últimos treinta años es el de la eclosión internacional de su país. “Desde finales de la dinastía Qing [finales del siglo XIX y principios del XX, etapa que Fei identifica con el nacimiento del género en Occidente], la ciencia ficción en China tenía un componente alfabetización científica, dirigida a los jóvenes y con una función utilitaria. Es en los años 90 cuando cambia el entorno cultural y se da más importancia a la tecnología y a la posición internacional de China. Ahí aumentó su calidad literaria y la atención a la condición humana”.
Tang Fei (Shanghai, 1983) ha ganado el Premio Gravitación, otorgado por los lectores chinos, y el Premio de Literatura de Shanghai, entre otros. En español apenas está traducido su relato “Call Girl” [Huangse de gushi / 黄色故事] en la antología Planetas invisibles (Alianza, 2017), aunque su obra está ya disponible en una docena de idiomas, incluidos inglés, francés, italiano o ruso.
“No puedes explorar el carácter humano o los cambios económicos y sociales sin hablar de la influencia de la tecnología, y la ciencia ficción tiene las herramientas que te permiten hacerlo”, opina la escritora Tang Fei
Para ella, lo más interesante de la actualidad en su país es que “muchos escritores de literatura pura han empezado a escribir ciencia ficción no porque esté de moda, sino porque vivimos en una era tecnológica. No puedes explorar el carácter humano o los cambios económicos y sociales sin hablar de la influencia de la tecnología, y la ciencia ficción tiene las herramientas que te permiten hacerlo”.
Ese contexto es el que hace que, para Fei, se haya trascendido la división entre las categorías de ciencia ficción “dura” o “blanda”: “En informática existe la psicología computacional: ¿es humanidades o ciencias? Si creo una ficción basándome en esa disciplina, ¿es dura o blanda?”.
En su opinión, lo esencial es “la especulación, pero pegada a la experiencia humana. He encontrado a lectores que no leen ciencia ficción habitualmente y consideran mis obras como realistas”. El gran tema sería cómo “las necesidades humanas son básicamente las mismas, pero la tecnología influye en nuestro comportamiento”.
Cuanto leemos o parecemos
La mencionada Runas acaba de editar Cuanto vemos o parecemos (Alianza, 2026), la última novela de Ken Liu traducida al castellano. Nacido en Lanzhou, China, pero criado en California desde los 11 años, Liu no es solo uno de los autores con un pie en cada hemisferio, sino un intermediario fundamental en la llegada de autores chinos a Estados Unidos o Europa a través de sus traducciones al inglés —entre otros, de Liu Cixin— o las antologías de relatos que ha editado.
Ganador del Nébula, el Hugo y el World Fantasy Award, el ‘Grand Slam’ del género en el mundo anglosajón, con su novela El zoo de papel (Alianza, 2017), Liu es también el padre del subgénero silkpunk, retrofuturismo ambientado en la China clásica y que contrasta con el steampunk de inspiración victoriana.
El editor López Calvo señala cómo en su obra “la protagonista, Julia Z, es una huérfana-hacker que tiene una complicada relación con su ascendencia y con la forma en la que esto afecta a su día a día. Las expectativas que se suponía que proporcionaba sueño americano a hijos de migrantes es un amplio campo a explorar”. Un technothriller con una IA dominante del entretenimiento mundial “que cuesta diferenciar de la actualidad”.
La mayor parte de los autores de la última oleada siguen inéditos en español. Runas publica a Ken Liu y sus antologías. Nova, el antiguo sello de ciencia ficción de Ediciones B, ahora integrado en Penguin, introdujo la saga de El problema de los tres cuerpos y luego ha publicado Marea Tóxica (2019), de Chen Qiufan o La redención del tiempo (2018) de Baoshu.
Concha Perea y Jordi Noguera, de la Escuela Caja de Letras y especializados en literatura de género, advierten de la tentación de incluir en el mismo saco a los autores anglosajones de origen chino y a los de la propia China, “cuando no se debería” ya que, precisan, “los primeros se alinean con los sesgos occidentales, mientras que los segundos son los que nos llegan a través del filtro político del gobierno chino”.
Ese “sesgo occidental” es pesimista: “Personajes que solo aspiran a sobrevivir al ultracapitalismo y que nunca se plantean derrocar un sistema que no funciona. Una narrativa muy conveniente en el marco político actual, con la oligarquía corrompiendo la democracia”, explican.
Perea y Noguera subrayan que “la visión china es distinta: mientras se acepte el modelo imperante, el sistema funcionará y habrá prosperidad. La condición es no aspirar a la individualidad. Es el mensaje final de Liu Cixin: mejor no dar señales de vida en el universo, porque fuera todo es malo. Ambos modelos buscan el sometimiento, uno mediante la indefensión aprendida y otro mediante la zanahoria de la prosperidad”.
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