Aurelio Serrano
Aurelio Serrano presenta su primera novela, ‘El intervalo’. Foto: Rafa Galán.

‘El intervalo’: escribir sobre el duelo perinatal y otras formas de decir te quiero

En su primera novela, ‘El intervalo’, Aurelio Serrano busca construir escenarios totalmente impregnados del duelo perinatal y del tabú que lo rodea, partiendo de una experiencia personal pero sin recurrir a la autoficción.

Según los datos del Instituto Nacional de Estadística (INE), en España la tasa de mortalidad perinatal se sitúa en torno a 3,95 defunciones por cada mil nacidos, lo que representa un promedio de unas 1.800 muertes perinatales anuales. Esta cifra puede parecer ínfima en comparación con otras, pero eso no hace menor el sufrimiento psicológico de los progenitores que sufren la pérdida. Este duelo no está presente, al menos de la forma en la que sí lo están otros, en la literatura española.

En El intervalo (Plasson & Bartleboom, 2025), Aurelio Serrano comienza ahí para contar la historia de su protagonista. Partiendo de un sueño y unas publicaciones firmadas con iniciales en un foro, este se despierta, trabaja y cuida de un amigo paralítico. 

Serrano reconoce que el centro de la novela, que también es algo casi onírico que funciona como un silencio, surge de una vivencia personal. “Mi mujer y yo perdimos hace 15 años a nuestra primera hija en la semana 40 de embarazo por un desprendimiento de placenta”, cuenta. El duelo perinatal es probablemente uno de los tabús más grandes de nuestra sociedad y quien lo sufre lo calla “porque la gente no sabe reaccionar por su concepción de algo antinatural”. Esta vivencia, este argumento, se convierte en un recurso clave en la novela sin perder su sensibilidad y sobre lo que el autor recalca que es, además, un duelo que se vive de una manera tan diferente entre la madre y el padre que suele generar entre ellos unas distancias y silencios muy complejos y, en ocasiones, insalvables: ese es el verdadero argumento de El intervalo.

A pesar de que la novela nace de esa pérdida y sus consecuencias, Serrano aclara que no se trata de una novela de autoficción, porque no le corresponde a él contar ese duelo como si fuera exclusivo y porque no es su intención escribir esa literatura. Lo que sí busca es construir escenarios totalmente impregnados de ese duelo y del tabú, “de esos abismos que abre en la pareja y de los efectos que tiene el paso del tiempo. Es decir, no cuando está en su fase aguda, sino ya en una fase sorda, enquistado por el silencio y el tiempo”, explica. 

Hay una frase de Hélène Cixous a la que Serrano recurre para resumir su libro cuando se le pregunta por él: “La escritura es un desgarramiento del silencio, la violencia y el dolor”

La escritura de El intervalo está llena de referencias y no todas aparecen en el texto. Hay una frase de Hélène Cixous a la que Serrano recurre para resumir su libro cuando se le pregunta por él: “La escritura es un desgarramiento del silencio, la violencia y el dolor”. Y esta idea, añade, es la de la escritura como lucha contra el silencio y la discriminación impuesta, en el caso de la escritura y de este duelo, a las mujeres. Algo que tiene sentido si se piensa en cómo el embarazo y el aborto se viven de forma totalmente diferente en función de si eres madre o padre. “Todo en el padre es una expectativa —dice el escritor—, la madre en cambio ha convivido físicamente con el o la bebé y eso hace que sientas que no has perdido lo mismo y el dolor sea diferente. Esa idea me obsesionó en lo personal y en lo narrativo”.

Esta idea es uno de los pilares principales del libro, pero necesita una segunda pata para avanzar y esa es el cuidado de su amigo. De esta forma, el protagonista huye del dolor y consigue sentir que hace algo por alguien. Ese contraste entre el dolor propio que parece incurable y el ajeno hacen que veamos un lado humano del personaje que hasta ahora parecía un robot. Alguien funcional en lo externo únicamente. “Un personaje sería el alma rota y el otro el cuerpo roto”, expone Serrano, a lo que añade que si uno cuida del otro no solamente está expiando la culpa si no que trata otro tema que le parece muy importante: las personas dependientes. “Además, puse a un hombre cuidando de otro hombre, llevando a cabo de hecho las tareas más duras de los cuidados con toda su crudeza e incomodidad”, concluye.

El Gobierno anunció en junio la refundación de la Ley de Dependencia tras veinte años de vigencia, creada con la idea de “vida digna” para las personas que necesitan cuidados. Aunque ya son más de 3,5 millones de personas atendidas, también ha generado desigualdad en función de su territorialidad, precariedad laboral y un gran número de personas que siguen sin ser atendidas. 

El cuidado de personas dependientes no está tratado en el libro como un trabajo solamente dedicado y delicado, muestra la parte más básica de la persona a la que cuida, que es la del deseo, la necesidad de reírse, llorar, de sentir que todavía puede vivir cosas. Admite que los cuidados están representados de forma cruda y buscando la incomodidad del dolor, las crisis, los fluidos corporales y la sexualidad. 

A lo largo de las presentaciones y clubes de lectura de El intervalo, Aurelio Serrano se ha topado con personal que, como cuenta él en la novela, han ayudado a aliviar sexualmente a personas dependientes. Tanto familiares como cuidadoras, siempre mujeres.

En novela de esto se encarga una acompañante sexual, “que es una figura legal en países de nuestro entorno, pero aquí permanece en la alegalidad, cuyo trabajo puede ser retribuido, o no, y que se canaliza a través de asociaciones que, además de otras muchas cosas como charlas y orientación, ponen en contacto a voluntarios con personas con diversidad funcional, y se encargan de establecer entre ellas un protocolo de acompañamiento íntimo o erótico. Me pareció interesante tratar ese tema, sin juzgarlo. Simplemente ofreciendo unos hechos, unas personas haciendo cosas, que decía Flannery O’Connor”, explica.  Serrano pretende que sea el lector quien se haga las preguntas y obtenga sus respuestas porque detesta “las novelas de tesis”.

A lo largo de la historia la muerte está muy presente. De hecho, sus personajes son muertos en vida y el clima, incluso cuando hay mar y arena cerca, es frío. El intervalo es una novela azul como la fotografía de la su cubierta. Esta presencia constante de lo no vivo da también nombre al libro. Un intervalo es un espacio entre un suceso y otro, algo que también explica un arco narrativo de una novela al uso, pero sin ese término no existiría esta en concreto. Si se tiene que resumir El intervalo (y un intervalo) en una frase es: lo que tardamos en asumir la muerte de un ser querido.

Ese concepto Serrano lo acoge de uno de sus autores referencia, que en este caso sí está citado en el libro. Miguel Ángel Hernández lo emplea en Cuaderno […] Duelo (Nausicaa, 2011) y de él es la cita que abre la novela. “Luego, después, está el tiempo. El tiempo que media entre la llamada y el cuerpo”. Su lectura supuso una revelación para Serrano, porque esa distancia entre la noticia de la muerte y su constatación es la que vertebra la novela.

Pero, ¿sirve escribir sobre lo que duele? A veces las palabras se toman muy a la ligera y un privilegio de clase como es el tiempo nos hace entender como necesidad lo que es un lujo. A su vez, lo terapéutico de las palabras lo convierte en algo que ayuda a hablar después de escribir y no solo a través de ello y a mostrar a los demás que el silencio se rompe y el círculo puede cerrarse. Y ser consciente de estas dos cosas (del privilegio y de la necesidad) también es conciencia de clase.

Esto nos sirve para cerrar también la conversación. El autor cuenta que le ha servido muchísimo escribir sobre el duelo y que una necesidad tan íntima le ha ayudado a reconocer su dolor, el de su mujer y a no compararlos sino a compartirlo. Sin embargo, confiesa que es difícil también no “montarse la película de que escribir te va a sanar o, al menos, te va a llevar a la catarsis”, porque eso también resiente la escritura y “te machacas con que no vas a ser capaz de alcanzar esa sanación personal ni acabar la novela. Yo nunca me había tomado un Lexatín hasta que empecé a escribir esta novela”, confiesa.

“Me he dado cuenta de que la novela ha sido la forma que he tenido de decirle a mi mujer cosas que no he sido capaz de otra manera”, asegura Serrano

Porque ¿qué es más duro? ¿escribir sobre el dolor propio o sobre el de los demás? ¿estás apropiándote del dolor de tu pareja en este caso? ¿estás instrumentalizando demasiado el tuyo? ¿dónde está el límite? El miedo del que escribe, en esta conversación, gira en torno a la posibilidad de hacer daño a quien quieres con ello porque, como dice Serrano, el dolor no se puede ficcionar, así que la única alternativa es escribir para poder hablar sobre ello y luego, reconociendo el privilegio y asumiendo la verdad del que te lee y habla, reescribir. Convertir el privilegio en algo que sirva. O lo que es lo mismo: “Me he dado cuenta de que la novela ha sido la forma que he tenido de decirle a mi mujer cosas que no he sido capaz de otra manera”.

El intervalo surge de la necesidad de romper el dolor y de hablar. De la explicitar la posibilidad de hacerlo. Y a pesar de la existencia de muchas formas de comunicación, solo la íntima nos hace entender estas historias. El intervalo surge de la intención de romper con tabús (duelo perinatal, cuidado de personas dependientes) y acercarnos emocionalmente a lo que nos rodea.

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