Madrid
Radios libres y comunitarias: espacios para extender la democracia informativa y vencer la censura
Arturo llega poco antes de las 11.30 de la mañana al estudio radiofónico donde todas las semanas emite su programa temático sobre novela gráfica. Desde hace 33 años, este profesor de instituto madrileño acude puntual al Radio Enlace, la emisora comunitaria del distrito de Hortaleza, para finiquitar todo lo necesario antes de la grabación. No necesita mucho instrumental, tan solo una pequeña pecera, micrófono, reproductor de CDs, mesa de mezclas para modular el sonido, auriculares y un programa que le permite insertar las sintonías que irán alternándose. En su semanal “Fábulas y reflejos” combina novedades editoriales vinculadas al mundo del cómic, noticias sobre autores y obras, así como curiosidades de actualidad sobre este género que tanto le apasiona. “Lo que más tiempo me lleva es redactar los guiones porque son largos y exigen preparación, aunque luego me basta con echarle un vistazo una vez antes de empezar”, confiesa orgulloso a El Salto durante la grabación.
A su lado, en la pecera contigua donde se realizan las emisiones en directo, un estudiante de 2º de la ESO de un instituto cercano charla con varios integrantes del espacio sobre la posibilidad de realizar prácticas formativas ahí: “Aquí vienen muchos chavales interesados en aprender de radio con nosotros, muchos empiezan aquí y van descubriendo cómo funciona el mundillo”, comenta Paco, locutor de Radio Enlace. Han llegado a participar incluso universitarios, que han hallado en la radio comunitaria una alternativa asequible a las prácticas curriculares ofertadas por las grandes emisoras estatales. “En otros lados, muchos empiezan desembolsando casi 2.000 euros si se trata de un máster propio de una cadena de prestigio”, comenta otro compañero.
“Aquí vienen muchos chavales interesados en aprender de radio con nosotros, muchos empiezan aquí y van descubriendo cómo funciona el mundillo”, comenta Paco, locutor de Radio Enlace
A finales de los 80, cuando esta radio inició su andadura, una de las prioridades de sus fundadores era precisamente esa: facilitar a los jóvenes el acceso a la radio de la forma más democrática y abierta posible. En línea con los pilares que rigen el funcionamiento de las radios comunitarias en todo el Estado, se trataba de crear un espacio colectivo, autogestionado íntegramente, participativo, donde tuvieran cabida las voces de cualquier ciudadano que sintiera interés por el medio. “Aquí no hay nadie que venga con un guion que ha hecho otra persona, o que está alguien en la redacción preparándote las preguntas y que previamente ha estado hablando con la persona que vas a entrevistar para documentarse, te lo tienes que currar todo tú, hasta la parte técnica”, explica Javier, otro integrante de Radio Enlace.
Esa libertad que traía consigo la autogestión también entrañaba incontables retos para quienes no disponían de experiencia previa en el ecosistema radiofónico: “Cuando empezamos con el proyecto asociativo estuvimos durante un año formándonos, hicimos talleres, aprendimos de radio, algunos ya estábamos en la facultad de periodismo, otros no, pero tuvimos que aprender cuestiones como realización, locución, también temas más técnicos. Un año después ya pudimos montar la radio, había gente que a lo mejor podía tener un poco de más experiencia, más conocimiento en la parte técnica, porque había algunos que eran ingenieros y sabían de telecomunicaciones, era todo un aprendizaje. Ahora, nos hemos profesionalizado y hay cosas que ya van funcionando por una inercia”, recuerda Paco.
Desde entonces, su abultada parrilla de actualmente 80 proyectos ha albergado desde programas informativos locales hasta otros culturales y de inclusión social. También locuta todos los lunes por la tarde un grupo de menores no acompañados del Centro de Primera Acogida del distrito con su programa Tarde entre colegas para charlar de asuntos por los que sienten un especial interés. Quincenalmente acude al espacio un grupo de personas con diversidad funcional con el fin de comentar y debatir de forma distendida temas de ocio y tiempo libre, algo que también sucede en Radio Xata, ubicada en Pinto. En ella convergen varios programas producidos y locutados por personas con algún tipo de discapacidad, emisiones que rara vez tienen cabida en radios nacionales por su formato y por las habituales barreras de acceso.
10 años de Radio Xata en Pinto
Nacida en 2014 como asociación cultural y posteriormente transmutada en medio de comunicación local, Xata tiene la particularidad de estar muy enfocada en la intervención social, especialmente en temas como la salud mental o la diversidad funcional. “Hay un foco no tan centrado en conseguir muchísimos oyentes o en producir contenidos súper espectaculares, sino en empoderar a la persona que se está poniendo delante del micro y ve que es capaz de comunicarse”, relata a este medio Santiago, coordinador de Radio Xata. Un enfoque editorial poco común que prioriza fortalecer el tejido comunitario frente a las ganancias o las cuotas de audiencia.
“Hay un foco no tan centrado en conseguir muchísimos oyentes,
sino en empoderar a la persona que se está poniendo delante del micro y ve que es capaz de comunicarse”: Santi, Radio Xata
A diferencia de otras radios también comunitarias, no emiten por FM sino que desde el primer momento apostaron por grabar y subir los contenidos a Ivoox y a la web para, años más tarde, comenzar con el streaming. Hasta la fecha, y han pasado ya 11 años, han transmitido programas de divulgación sobre salud, música, feminismos, ciencia, nutrición, filosofía, sexualidad, arte, espiritualidad etc. Uno de ellos es “100 fuegos. Política y rock”, un semanal historias a través de canciones de rock, además de “Entre Lobas”, donde cada 15 días analizan cuestiones sociales con perspectiva de género.
Democratizar la producción de información y diversificar las voces
En las radios libres y comunitarias solo existe una barrera inamovible a la participación: es obligatorio que el contenido de todas las emisiones respete los derechos humanos fundamentales. Dicho de otro modo, no tienen cabida discursos LGTBIfóbicos, machistas, racistas ni cualquier otra expresión de odio. En su práctica cotidiana, estas emisoras se han caracterizado históricamente por su independencia tanto política como económica, así como por su vocación de servicio a los espacios vecinales y barriales, ya que están fuertemente ligadas a la actividad asociativa local. También son trincheras sonoras de contrapoder tradicionalmente alineados con la lucha antifascista en Europa.
De hecho, cuando estalló la Segunda Guerra Mundial, emergieron emisoras clandestinas como Radio Relámpago donde la resistencia antinazi polaca transmitía información del conflicto. Asimismo, la propagandística Berliner Rundfunk soviética nació tras la capitulación de la guarnición nazi de la ciudad ante el Ejército Rojo y el Che Guevara fundó Radio Rebelde durante la Revolución cubana cuando era comandante en Sierra Maestra.
Estas radios contraculturales cumplen varios mandatos esenciales: democratizar la producción de información, horizontalizar la toma de decisiones, diversificar el perfil de voces, generar información plural y crítica, recalca Mariano Sánchez, ex director de Radio Vallekas
El exdirector durante muchos años de la popular emisora Radio Vallekas, Mariano Sánchez, recalca que en la actualidad estas radios contraculturales cumplen varios mandatos esenciales: democratizar la producción de información, horizontalizar la toma de decisiones, diversificar el perfil de voces, generar información plural y crítica y abarcar temáticas que muchos medios de cobertura nacional acostumbran a marginalizar. En las últimas décadas, gracias a todos estos ingredientes, muchas de las personas que han participado en las locuciones han desarrollado un fuerte sentido de pertenencia a sus radios de barrio, generándose una simbiosis natural entre la ciudadanía y el medio que da voz a sus intereses cotidianos. Este arraigo hoy está algo más debilitado que años atrás –cuando la participación popular en las radios era mayor– por varias razones.
Una es la revolución tecnológica que ha llegado de la mano de internet y que ha permitido desde emitir podcasts o programas de streaming desde la habitación hasta obtener información al instante sin necesidad de desplazarse hasta un local. A su vez, el auge de plataformas de reproducción de contenidos como Youtube o Spotify se ha convertido en una herramienta excelente a la hora de difundir a gran velocidad los programas de las radios. “Yo hago un programa que a lo mejor no llega a los oyentes a través de la radio propiamente aunque se grabe ahí, pero luego yo lo difundo en mi TikTok, en Instagram, en YouTube, en todas las redes sociales y ahí se multiplican las formas de conseguir audiencia”, destaca Javier, de Radio Enlace.
Pero la brecha más importante tiene que ver con la crisis habitacional: la inestabilidad de los contratos de alquiler, que a veces no llegan a los dos años, obligan a los jóvenes a desplazarse constantemente de barrio, de manera que rara vez logran echar raíces y sentir como propio su lugar de residencia. “Antes todos éramos del barrio, ahora viene mucha gente a Hortaleza que ya no tiene ese compromiso barrial porque hay gente que ha caído en este distrito como podría haber caído en Moncloa, Aravaca o cualquier otro sitio. Ahora la gente ya bastante tiene con sobrevivir, como para decir, en este barrio al que me he mudado hay una radio o una asociación donde se va a presentar un libro”, deslizan con desasosiego desde Radio Enlace.
Para enfrentar conjuntamente estas y otras dificultades también originadas por la precariedad económica se creó en 1995 la Unión de Radios Libres y Comunitarias de Madrid (URCM), donde están federadas la mayor parte de las radios libres “con distintos modelos organizativos e ideológicos” de la región. Su razón de ser se encuentra en poder “tejer una red para la realización de actividades que engloben a todas las emisoras, con la intención de sumar esfuerzos que permitan la consecución de proyectos de comunicación de una envergadura superior, que al mismo tiempo que supongan una suma de recursos y la creación de una multired informativa-comunicativa”, indican desde su web.
Una de las radios que componen la URCM es Radio Jabato, asentada en Coslada, y que con el propósito de “robustecer el tejido asociativo” han puesto en marcha programas como “El pentagrama”, donde dan visibilidad a bandas de música recién creadas, “Siete Grapas”, orientado al mundo del cómic, “Stallone de mi vida”, un podcast que repasa 50 años de cine a través de la figura del mítico actor y director o el informativo “Acción Social”, que emite todo tipo de problemáticas sociales, desde la precariedad del sistema sanitario hasta la violencia institucional que sufre el vecindario de la Cañada Real. También llevan a cabo coberturas en directo a través de las redes sociales cuando hay ruedas de prensa o acontecimientos políticos.
Independencia política y autonomía
Su creación en 1982 llegó de la mano de los movimientos anti-OTAN y perseguía convertirse en un medio independiente respecto a los poderes políticos de entonces para gozar de una autonomía informativa absoluta. “A veces nos echan un poco la bronca porque atizamos a todos, da igual que sean de derecha o de izquierda. Incluso pensamos que, al no tener censura de ningún tipo, yo creo que los papás de chavales de institutos que vienen también tienen un poco de miedo de nuestros mensajes”, declara a este medio entre risas José, presidente de Radio Jabato. La mayoría de radios comunitarias se distinguen de grandes emisoras por su perspectiva crítica, descafeinada y desprovista de censura ni compadreo con los partidos políticos.
Aunque su relación con los distintos grupos del espectro político es cordial y nunca se han enfrentado a un posible cierre, desde que estalló el escándalo de la ampliación de la línea 7 de metro en San Fernando y Radio Jabato se hizo eco de ello, el PP dejó de acudir a entrevistas al estudio. Tampoco cuentan con ningún patrocinio público o privado. Pese a la inestabilidad financiera que ha acompañado a esta y al resto de radios comunitarias desde la pandemia del Covid-19, en sus años de bonanza llegaron a emitir hasta 60 proyectos distintos en su parrilla -aunque ese número ha descendido considerablemente desde la llegada de internet.
Tras 16 años de reconocimiento legal (2010) de las radios comunitarias, no hay concesión de licencias para operar en el radioespacio
Desde hace años, las radios comunitarias se encuentran en un limbo legal ya que desde que se creó la Ley General de la Comunicación Audiovisual en 2010 (tras una larga batalla por parte de la Red Estatal de Medios Comunitarios) estos medios están recogidos legalmente. No obstante, años y tras varias disposiciones transitorias, las comunidades autónomas todavía no han dado respuesta a las solicitudes de licencias de las radios porque el Gobierno central sigue sin convocar un nuevo Plan Técnico Nacional que reordene el espacio radioeléctrico y marque cuántas licencias se otorgan a estos medios locales. Esto se traduce en que, tras 16 años de reconocimiento legal, no hay concesión de licencias para operar en el radioespacio. “Se están dando ondas y emisiones a Radio María, por ejemplo, y a otras entidades de ese estilo y, sin embargo, a nosotras nos tienen sin legalizar, cuando nos corresponde por ley y sin embargo en la FM o en la AM no figuramos”, reprochan desde Radio Jabato.
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