“Las lesbianas eran las adolescentes más castigadas dentro del Patronato de Protección a la Mujer”

Marta García Carbonell, Esther López Barceló y María Palau Galdón presentan 'Inmaculada, la muerte que precipitó el final del Patronato', un libro que pretende retirar las piedras que sepultan la memoria histórica de las mujeres que fueron torturadas en reformatorios durante el franquismo y la transición.
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Marta García Carbonell, María Palau Galdón y Esther López Barceló, autoras del libro. David F. Sabadell

Es 12 de mayo de 2026 y nos acercamos a la librería Traficantes de Sueños, en Duque de Alba 13 (Madrid). En unas horas, las investigadoras Marta García Carbonell, Esther López Barceló y María Palau Galdón presentan Inmaculada, la muerte que precipitó el final del Patronato (Libros del K.O., 2026). En la puerta de la librería hay andamios que tapan la fachada y el librero se sube a una escalera para colocar encima de las mallas que rodean el edificio un cartel amarillo con letras negras para que nadie se olvide que ahí dentro venden libros. Mientras él faena, llegan las autoras de este libro, que pretenden poner un cartel amarillo sobre los andamios que sepultan la historia de las mujeres que pasaron por el Patronato de Protección a la Mujer. Y el resultado es inolvidable.

Un 19 de septiembre de 1983 el cuerpo sin vida de Inmaculada Valderrama fue encontrado en el patio del reformatorio Nuestra Señora del Pilar en San Fernando de Henares (Madrid).  En la parte posterior de su brazo derecho Inmaculada llevaba un tatuaje con un nombre: Bego. Tenía 14 años, su custodia estaba en manos del Patronato de Protección a la Mujer y era lesbiana. En el libro, las investigadoras unen los puntos para despejar qué sucedió exactamente ese día. Contaban con el nombre de la interna y un par de artículos de El País. Poco más.

Con estas mimbres enhebran un relato trepidante, a modo true crime con la intención de atraer a las personas que aún no son conscientes de lo que sucedió en el Patronato de Protección a la Mujer, una institución franquista que estuvo viva hasta 1985. Una institución para “reeducar” a mujeres consideradas abyectas y pecadoras donde hubo robo de bebés y torturas. También muertes sospechosas.

¿Cómo buscar los rastros de alguien de quien solo tienes su nombre y su apellido?
Esther López Barceló: Buscando en facebook (risas). Es en serio, nosotras empezamos por Facebook y luego pedimos el certificado de nacimiento.

¿Cualquiera puede pedir un certificado de nacimiento?
E.L.B.: Si es para una investigación histórica o es de tus familiares.

María Palau Galdón: Puedes pedirlo cuando han pasado 50 años desde la fecha de ese documento o 25 desde la muerte de esa persona, si tú puedes acreditar la muerte de esa persona. Nosotras no teníamos el certificado de defunción, pero sí teníamos prensa que acreditaba la fecha de la muerte.

E.L.B.: Nos inventamos el resto de campos del formulario porque no te dejaba si no marcabas algo y lo lanzamos. Y lo conseguimos

M.P.G.: Descubrimos que teníamos su nombre, un apellido y otro apellido que no es el apellido verdadero, porque la prensa hablaba de Inmaculada Valderrama Maroto y al conseguir esa partida de nacimiento descubrimos que era Inmaculada Valderrama Morato y que no tenía 15 años, como decía la prensa, sino que tenía 14. Y de hecho nos llevamos una bronca pequeñita.

¿Qué pasó?
E.L.B.: Me pasaron el contacto del ex magistrado José Antonio Martín Pallín y le hice una serie de preguntas para encontrar las diligencias judiciales. Al final de nuestra conversación me dijo “te voy a dar un consejo y te va a sonar machista, pero te lo digo con toda sinceridad. Cuando vayas a una institución para buscar documentación de esta chica, busca a la funcionaria mujer y cuéntale la historia”. Y tenía mucha razón. Cuando rellenamos ese formulario solo sabiendo las fechas de la muerte y el resto de campos los inventamos, en observaciones, y por si diera la casualidad de que iba a gestionar la solicitud una funcionaria, conté la historia de Inmaculada y por qué la estábamos buscando. Esto lo hice un sábado en casa telemáticamente. El lunes a las 08:00 me llegaron los certificados de nacimiento y de defunción de Inmaculada Valderrama y una frase de una funcionaria que dice: “La próxima vez intenta que algunos de los datos sean ciertos porque me ha costado un poco más”.

 Nuestro libro es la máxima expresión de una obsesión que hemos tenido todas las investigadoras sobre el Patronato

Marta, ¿cómo llegasteis a esta historia?
Marta García Carbonell: María y yo descubrimos a Inmaculada cuando escribimos nuestro primer libro, nuestra primera investigación sobre el Patronato, que Esther nos hace el prólogo. A partir de ese momento las tres tenemos una obsesión por descubrir quién era Inmaculada. Nuestro libro es la máxima expresión de una obsesión que hemos tenido todas las investigadoras sobre el Patronato. Todas hemos leído miles de veces esa noticia de “Muere una joven de 15 años tras caer desde un tercer piso en un reformatorio intentando fugarse”. Pero nosotras queríamos saber más. Queríamos saber cómo murió, pero también queríamos saber quién era esa niña. A esa niña le había pasado algo más en su vida que morirse en un reformatorio. En ese momento las tres empezamos a investigar y empezamos a intentar tirar de los pocos hilos que teníamos. No teníamos muchas esperanzas y en algunos momentos fue un poco complicado. Pero conseguimos descubrir la vida de Inmaculada. Y creo que la hemos hecho un poco de justicia en nuestro libro.

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Las autoras conversan con El Salto en el auditorio de Traficantes de Sueños. David F. Sabadell

El libro es un ensayo, pero utilizáis narrativa de thriller. Digamos que buscáis que enganche. ¿Por qué lo habéis planteado así?
E.L.B.: Lo hemos pensado así porque lo que queremos es que no solo nos lean las convencidas, las compañeras con las hemos caminado y a las que citamos. Como decimos en el libro, citar es un acto político y nosotras hacemos genealogía de todas esas investigadoras que también han formado parte de este trabajo, porque sin ellas nosotras no habríamos llegado a donde hemos llegado con Inmaculada. Pero efectivamente teníamos el interés de que esto traspasara fronteras, las fronteras de las feministas, las convencidas, las compañeras en la lucha por la memoria. 

Queríamos que llegara a aquellas personas que creen que estos temas no les tocan, que no les interesa en principio, y que lo vieran como un true crime. Porque esto es un crimen real y esto es una investigación de un crimen real. Y a mí me gustaría muchísimo que de repente este libro sea leído por tantos jóvenes que dicen que les encantaría volver a una dictadura. Que esos chicos se acerquen a este libro porque crean que efectivamente van a leer un thriller muy entretenido y que sin querer se adentren realmente en las consecuencias políticas de lo que significaba no solo vivir una dictadura, sino además vivir en una democracia que se cimentó sobre miles de fosas comunes y también sobre miles de víctimas del Patronato de Protección a la Mujer.

Queremos que el libro llegue a aquellas personas que creen que estos temas no les tocan, que no les interesa en principio, y que lo vean como un 'true crime' 

¿María, sin hacer spoiler, ¿qué os ha quedado claro y qué no de la vida de Inmaculada? 
M.P.G: Nos ha quedado claro que Inmaculada era una niña, una preadolescente que, por mucho que hubiesen pasado ya casi diez años, vivía anclada en una dictadura, buscaba tener un poquito de libertad y poder experimentar esa libertad. Una niña, en palabras de su familia, muy normal y muy buena, a la que, como a tantas otras niñas muy normales y muy buenas, se encerró en el Patronato junto a su hermana por cometer en su caso, tres pecados: haber tenido la mala suerte de haber nacido en una familia muy humilde, haberse fugado de casa con su hermana buscando esa libertad y ser lesbiana. 

¿Qué no nos ha quedado claro? Yo seguiría diciendo qué nos ha quedado claro. Nos ha quedado muy claro qué ocurre a nivel documental o incluso a nivel testimonial, cuando quien muere es una niña de 14 años tutelada por el Estado. A nivel testimonial, muchas personas, que no tuvieron algo que ver con la muerte, pero que de alguna forma después tienen algo que contar de esta historia, no se acuerdan porque para ellas la muerte de Inmaculada no era algo importante, era una muerte más de las que pueden haber rodeado sus vidas. A nivel documental nos ha quedado claro lo que importa la muerte de una niña de 14 años en extrañas circunstancias. La documentación no aparece. Nos ha quedado claro que más allá de las negligencias, sin hacer spoiler, que hubo tras su muerte, también a día de hoy seguimos arrastrando unas negligencias en la custodia documental, porque muchos de esos papeles no están donde deberían estar. Y nos ha quedado claro lo que ocurre en todo un sistema cuando lo que está en juego es la vida de una niña o cuando lo que está en juego es la vida de tantas y tantas mujeres, nuestras vidas. 

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Marta García Carbonell, Esther López Barceló y María Palau Galdón posan para El Salto. David F. Sabadell

Marta, ¿qué pasa con la documentación sobre el Patronato? ¿Dónde está la que tenía el Estado y la que custodia las congregaciones religiosas que gestionaban estos centros?
M.G.C.: Lo que pasa con el resto de documentación sobre temas de memoria o sobre los papeles de la dictadura. Tenemos graves problemas a la hora de trabajar con los archivos y yo diría que es principalmente porque faltan recursos. Es cierto que hay muchos papeles que han desaparecido. En muchos archivos se habla de inundaciones, incendios, pérdida de documentos... pero también es cierto que en muchos archivos la documentación no está clasificada y no está clasificada porque faltan recursos humanos y falta personal que pueda hacerlo. En el caso de Inmaculada es muy claro que hay papeles que desaparecen. Además, a veces nos decían que no podían buscar un expediente si no teníamos un número. Eso nos pasó, por ejemplo, con las diligencias judiciales. Nos pedían el número de las diligencias, el número del expediente. Y claro, ¿cómo consigues tú un número de expediente? Al final nosotras lo conseguimos. 

Respecto a las órdenes religiosas, pasa que los archivos que están en su propiedad se considera que son archivos suyos personales y que por tanto pueden darle acceso a ellos a quienes ellas consideren. Es cierto, y yo creo que esto también es importante decirlo, que nosotras durante nuestra investigación intentamos ponernos en contacto con las Cruzadas Evangélicas, que gestionaron el reformatorio donde estaba Inmaculada. Lo intentamos varias ocasiones utilizando correos que nos aparecían por internet que no sabíamos muy bien… era como lanzar una piedra al aire. Jamás obtuvimos respuesta. Si algún día alguna cruzada quiere hablar con nosotras sobre Inmaculada la escucharemos muy bien.

Creo que es evidente que hubo más muertes dentro del Patronato. De esta nos hemos enterado porque en el 83 hubo un periodista de El País que publicó la noticia. Si no, nosotras no seríamos conocedoras de esto

La de Inmaculada es una historia más de las mujeres que pasaron por el Patronato, pero como ya habéis dicho, es un símbolo de lo que ocurrió. Algo que pudo poner punto y final a esta institución. ¿Creéis que pudo haber más muertes sospechosas en esta institución?
E.L.B.: Creo que es evidente que hubo más muertes dentro del Patronato. De esta nos hemos enterado porque en el 83 hubo un periodista de El País que publicó la noticia. Si no, nosotras no seríamos conocedoras de esto. Y yo creo que es muy representativo que exclusivamente salió en El País. Hemos buscado por toda la hemeroteca habida y por haber, y no existe ninguna otra referencia que cuente la noticia de la muerte de la niña que tuvo una consecuencia directa el mismo día, que es una gran manifestación que se monta espontáneamente y que además hacen una pintada en un muro que dice el “Reformatorio mata”. 

Es decir, había en el ambiente una necesidad de saber, una necesidad de que se abrieran las puertas. De hecho, el alcalde Enrique Guerra, que era del PCE, estuvo muy implicado en este tema porque él no tenía competencias para entrar ahí, pero siempre había estado haciendo intentos de entrar y de intentar hablar con las internas para ver qué era lo que pasaba ahí dentro, porque seguía siendo un reducto o un residuo del franquismo que todavía existía en democracia. 

Tengamos en cuenta que cuando Inmaculada “se precipitó” por esa ventana, hace un año que ha sido el Mundial del 82. Quiero decir, que España estaba ya entrando completamente dentro de las democracias europeas consolidadas. Es el primer año de Gobierno de Felipe González. ¿Cómo puede ser que siga habiendo niñas encerradas en centros reformatorios como Inmaculada y que además estén incumpliendo la Constitución? Porque en 1983 hacía 5 años que se aprueba la Constitución y dice que no se puede retener ilegalmente a alguien más de 72 horas. Retener ilegalmente quiere decir que no hay una resolución judicial que justifique tu internamiento. Inmaculada no tiene ningún tipo de justificante, ni ninguna resolución judicial, ni siquiera atestado policial. No hay nada que valide el internamiento de esa niña. Y esa niña no solamente es que se muere, es que se muere en extrañas circunstancias. Con lo cual consiguieron que prácticamente se olvidara la historia de Inmaculada. 

Si no llegan a venir todas estas historiadoras e investigadoras, como Consuelo García del Cid, la primera de todas que se pone a nombrarla y que haciendo una búsqueda en la hemeroteca encuentra su noticia y la acredita. Si no tuviéramos toda esa genealogía detrás, Inmaculada también sería una más. Con lo cual, claro, la pregunta que nos hacemos es cuántas más muertes de mujeres pudo haber que en plena dictadura o que incluso en la transición, fueran ocultadas precisamente porque era un escándalo que siguiera habiendo este tipo de centros.

María, ¿que pudo haber atravesado una lesbiana dentro del Patronato? ¿A qué maltrato pudo haberse expuesto?
M.P.G: Estamos hablando de que el Patronato controlaba las actitudes, los comportamientos y, sobre todo, los cuerpos de las mujeres que eran encerradas y de aquellas que no acababan siendo encerradas pero que se les amenazaba con el encierro. Si hablamos de las adolescentes que eran lesbianas, o simplemente eran acusadas de serlo fuese verdad o no, el control o los intentos de autocontrol sobre sus cuerpos eran enormes. Y el franquismo, pero también la transición y la democracia, no podía permitir la libertad de esos cuerpos. 

Las lesbianas eran unas de las adolescentes más castigadas dentro del Patronato y al mismo tiempo son de las internas de las que menos información tenemos. Estamos hablando de que en la mayoría de los casos eran encerradas en dos de los reformatorios más duros del patronato, el primero estaba en San Fernando y el otro estaba en Baeza. El siguiente paso podía ser el internamiento en un psiquiátrico, donde recibían todo tipo de tratamientos completamente deshumanizantes. Y esto lo sabemos gracias a la documentación que el mismo Patronato guarda, evidentemente con un lenguaje completamente revictimizador y patologizante. Si no fuese por eso, probablemente no lo sabríamos, porque a día de hoy no hay ni un solo testimonio vivo de una mujer que fuese encerrada en el Patronato por ser lesbiana o por ser acusada de ser lesbiana.

Igual que se habla de la generación del 27, me gustaría mucho que se llamara a nuestra generación la generación de la conjura de las descendientes, porque en su mayoría somos todas hijas o nietas

Vosotras lleváis mucho tiempo investigando sobre el Patronato, ¿porque creéis que justo ahora, en 2025-2026 está tan de moda el Patronato?
M.G.C.: Bueno, yo no sé si diría que la expresión es estar de moda. Creo que alrededor del Patronato lo que había era un silencio y algunas investigadoras, que no somos las supervivientes sino la siguiente generación, pensamos que había que hablar de este tema porque nadie estaba hablando de él. Recuerdo que cuando nosotras empezamos sí que se habían hecho algunas cosas sobre el Patronato, estaban los libros de Consuelo García del Cid y Carmen Guillén ya había presentado su tesis. También podemos hablar de la investigación de Lucía Prieto. Había algún artículo más, pero había un vacío de documentación muy grande que había que llenar.

Y además se ha notado que había interés, porque en mayor o menor medida los productos que se han hecho sobre el Patronato, y no hablo solo de libros, hablo también de podcasts, reportajes, entrevistas… todos han tenido éxito en mayor o menor grado. En el caso de Inmaculada, hacía falta que se contara su historia y creo que entre las tres lo hemos conseguido.

E.L.B.: Yo también creo que formamos parte de una generación de mujeres que nos hemos puesto a investigar sobre lo que ningún hombre antes se había detenido a mirar. Y creo que precisamente estamos en ese momento. Igual que se habla de la generación del 27 o de la generación del 98, me gustaría mucho que se llamara a nuestra generación la generación de la conjura de las descendientes, porque en su mayoría somos todas hijas o nietas. Eso lo comento en mi libro El arte de invocar la memoria (Barlin libros).

M.P.G: Las de esta generación de la conjura no hemos vivido con ese miedo que les inocularon tan dentro de los reformatorios del Patronato y con ese no conocer el miedo a hablar hemos conseguido que las supervivientes se desprendan del miedo, pero también de la culpa y de la vergüenza que les hicieron sentir y que en muchos casos, desgraciadamente, siguen sintiendo muchas de esas mujeres. Entonces, al desprenderse de ese miedo, de esa culpa y de esa vergüenza, han conseguido dar un paso adelante, han conseguido hablar y como dice Pilar Dasí, superviviente del Patronato, han conseguido que la superviviente que ahora cuenta su historia pueda decir: “a mí también me ha pasado esto. Somos muchas, me van a creer. No voy a estar sola”.

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Esther López Barceló, Marta García Carbonell y María Palau Galdón presentan un libro sobre la última muerte en el Patronato de Protección a la Mujer. David F. Sabadell

Mi teoría es que el tema de la memoria histórica cuesta. Desde la cuarta ola del feminismo, que arrancó en 2018, hasta hoy no hemos llegado a fijar la mirada en esto con mayor atención. La memoria histórica siempre va después de todas las luchas. Creo que es lo último que se toca porque es lo que más duele. Tiene mucho que ver con el miedo, con lo que nunca se ha hablado en las familias ¿Os han entrado ganas de indagar dentro de vuestra propia familia? 
M.G.C.: Mi abuela leyendo el libro me contó cosas, no que ella hubiera estado encerrada en el Patronato, pero creo que lo que estamos consiguiendo es que salga a la luz que todas esas mujeres que vivieron durante la dictadura, tenían una amenaza sobre ellas: “Si te portas mal, irás a las monjas”. Ahora saben explicarla. 

Yo creo que el problema que han tenido estas mujeres es que nunca han pensado que su historia era tan importante y que nunca nadie les había preguntado qué había pasado en sus vidas porque no fue tan importante. Y sí que es importante lo que les pasó, porque fueron violaciones de los derechos humanos, igual que tantas otras que hubo durante la dictadura. Yo quiero creer que en mi familia no hubo ninguna mujer que estuvo encerrada en el Patronato. Lo que sí que sé es que si lo estuvo me creería la historia y me gustaría conocerla.

M.P.G.: De momento, que sepamos no, las mujeres de nuestra familia no fueron internadas en el Patronato, pero sí todas coinciden en que si te portabas mal te llevaban a las monjas. Todas sufrieron esa amenaza.

E.L.B.: Creo que lo que ha habido es un cambio de chip, porque de repente hemos empezado a valorar a quienes nos cuidan, a quienes nos han cuidado. Y yo creo que a muchísimas lo primero que nos nace en literatura es hablar de nuestras abuelas. 

Vamos con la última pregunta. El gobierno acaba de otorgar un reconocimiento a algunas de las víctimas del Patronato. ¿Cuál sería el siguiente paso? 
E.L.B.: Bueno, evidentemente, nos parece muy bien. De hecho, Inmaculada recibió por fin ese reconocimiento, se lo dieron a su hermana Pepa, que es para nosotras nuestra gran colaboradora. Pero nosotras lo que consideramos importante es que acaben ya estos reconocimientos simbólicos, que no son reparadores, en lo importante que es en términos socioeconómicos. En un sistema capitalista todo se cuantifica y se valora en torno a la economía, en torno al dinero. Con lo cual, ¿por qué siempre las víctimas del franquismo tienen que quedarse con algo que pueden enmarcar y dejar en el comedor, pero que no les cambia su realidad y sus condiciones materiales? ¿Por qué? Porque no olvidemos de que son, somos todavía el reflejo del bando en el que estuvimos o en el que estuvieron nuestros ascendentes. Y no me gusta lo de los bandos, pero quiero decir, seguimos siendo la clase trabajadora, los que venimos de los vencidos y sigue siendo la clase poderosa la que viene de quienes apoyaron el golpe de Estado, con lo cual esto tiene que cambiar y tiene que empezar a equilibrarse. Y para empezar a equilibrarse efectivamente hay que reparar económicamente a las víctimas. 

En el caso concreto de Inmaculada y tantas otras, tienen algo a favor. Y es que esto pasó en el 83. La Ley de Amnistía del 77 no les toca. Estamos hablando de la muerte en extrañas circunstancias de una niña tutelada por el Ministerio de Justicia, que está además en un centro de titularidad del Ministerio de Justicia, quiero decir gestionado por el Ministerio de Justicia. Con lo cual es alucinante. Primero, que el juez diera carpetazo al caso, porque lo que se deja entrever es que sabía perfectamente que si no le daba carpetazo, eso iba a ser un escándalo todavía mayor que el de las manifestaciones, porque iba conllevar una reparación, una indemnización económica cuantiosa para la familia. 

Lo que me gustaría sería que hubiera una respuesta social colectiva que obligara al Gobierno a rendir cuentas de sus propias negligencias en el pasado. Pero además que después de eso se señale a las órdenes religiosas, que siguen gestionando tantos centros de atención a mujeres vulnerables.

Es bastante obvio que los servicios sociales y la educación en este país no deberían seguir en manos de las órdenes religiosas que gestionaron el Patronato

¿Cómo puede ser que estas congregaciones sigan gestionando programas con dinero público para mujeres vulnerables?
M.P.G.: Muchas de las órdenes religiosas siguen en los mismos espacios, haciéndose cargo de mujeres en situación de vulnerabilidad o en el caso de las Cruzadas, incluso de un centro de menores en Catalunya. No han rendido cuentas, han salido completamente impunes. Feliciana Sánchez, directora del centro Nuestra Señora del Pilar en San Fernando de Henares, tiempo después de la muerte de Inmaculada, fue nombrada superiora del instituto secular de las Cruzadas Evangélicas. 

Es bastante obvio que los servicios sociales y la educación en este país no deberían seguir en manos de las órdenes religiosas que gestionaron el Patronato. Para mi parte de la reparación sería conseguir revertir ese funcionamiento del sistema. Si la reparación económica a las víctimas no es posible, de acuerdo, no se entregará un euro más de dinero público a ninguna orden religiosa hasta que no faciliten los archivos del Patronato y de casos de bebés robados y adopciones irregulares que llevan negando años a los supervivientes, a las víctimas y a sus familiares.

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La superviviente Consuelo García del Cid y la investigadora Pilar Iglesias Aparicio nos explican qué fue el Patronato de Protección a la Mujer y que hacen en la actualidad las congregaciones religiosas que lo gestionaron.
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¿Por qué nadie nos habló nunca del Patronato de Protección a la Mujer?
Sale a la luz una investigación de la represión ejercida sobre las mujeres durante el franquismo gracias a la férrea colaboración de las órdenes religiosas y que se mantuvo activa hasta 1985 ante el desconocimiento de gran parte de la sociedad.
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