Albania en revuelta: Estudiantes se enfrentan a la policía entre gases lacrimógenos y balas de goma

El primer ministro Edi Rama se niega a dimitir, mientras las manifestaciones estudiantiles en Tirana, exigiendo su marcha, se siguen extendiendo a pesar de la fuerte represión policial.
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Jóvenes confrontan con la policía. Arbjona Çibuku
Tirana
23 oct 2026 05:59 | Actualizado: 23 oct 2026 07:25

Tirana, la capital de Albania, vive una de las oleadas de protestas más tensas de los últimos años. Tras meses de descontento con el Gobierno del primer ministro Edi Rama, las movilizaciones de los jóvenes han derivado en enfrentamientos violentos con la policía, poniendo en el centro del debate la crisis social, la corrupción, el elevado coste de la vida y la falta de perspectivas para las nuevas generaciones.

Las últimas protestas forman parte de un movimiento conocido como la “Revolución de los flamencos”, que durante 135 días se caracterizó principalmente por las manifestaciones pacíficas y las reivindicaciones de cambio político. Con el paso del tiempo, el descontento fue más allá de las cuestiones que originaron inicialmente la movilización y se centró en la gestión del Gobierno, la corrupción y el futuro de la juventud albanesa. La dimisión de Rama se convirtió en una de las principales consignas de los manifestantes.

El 13 de octubre, estudiantes universitarios y de secundaria salieron a las calles de Tirana, convirtiendo las reivindicaciones sobre la educación y las condiciones de vida en un enfrentamiento directo con las autoridades. En los días siguientes, algunos manifestantes dañaron e incendiaron varios edificios públicos, entre ellos los ministerios de Educación y de Infraestructuras y Energía, el Ayuntamiento de Tirana y algunas dependencias de la sede del Gobierno, además de negocios privados y oficinas bancarias.

La policía respondió a las protestas con gases lacrimógenos, cañones de agua, balas de goma y otros medios antidisturbios. Entre los manifestantes también había menores de edad. Según los datos publicados por el Ministerio de Sanidad el 18 de octubre, durante los primeros cinco días de protestas, 272 personas habían recibido asistencia médica: 169 agentes de policía, 82 manifestantes y 21 transeúntes. Las cifras incluyen a todas las personas que resultaron heridas y no implican que todos los manifestantes fueran lesionados por la policía.

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Carteles denuncian la violencia policial. Arbjona Çibuku

La escalada de violencia ha provocado reacciones de organizaciones nacionales e internacionales, que han reclamado el respeto del derecho a la protesta y la investigación de los casos de violencia policial. El martes 20 de octubre, el primer ministro Rama hizo un llamamiento al diálogo, pero los manifestantes mantuvieron su exigencia de dimisión. También se sumaron a las movilizaciones profesores universitarios, que permanecieron durante varias horas de forma pacífica frente a la sede del Gobierno.

En este clima de tensión, entre la multitud encuentro a dos estudiantes que permanecen juntas mientras corean: “¡Rama, dimite!” Forman parte de una generación que asegura no ver futuro en su propio país y que, tras meses de movilizaciones, se enfrenta ahora también a la violencia en las calles.  Klara, estudiante de segundo curso de Odontología, explica que ha salido a protestar para reivindicar sus derechos y los de otros estudiantes. Vive de alquiler en Tirana y describe el coste de la vida como inasumible tanto para ella como para su familia. 

“Tenemos miedo por nuestro futuro. Estamos consiguiendo salir adelante durante estos años difíciles, pero ¿qué será de nosotros después?”

“Mi sueldo es de 400 euros, y ya sabes que los alquileres en Tirana oscilan entre los 600 y los 800 euros. El primer ministro habla de torres, pero no sabe dónde viven los estudiantes”, declara Klara a El Salto. La joven explica que resulta difícil trabajar ocho horas al día y, al mismo tiempo, obtener buenos resultados en la universidad. Aun así, añade que no quiere convertirse en una carga para su familia.

A su lado está una estudiante de primer curso de Ingeniería de la Construcción. Vive en una residencia universitaria y actualmente no trabaja, pero durante el verano tuvo un empleo temporal para poder cubrir los gastos del curso académico. “Mi familia no tiene medios económicos y durante el verano trabajé doce horas al día para poder permitirme ir a la universidad. Las condiciones en las residencias son mínimas y el coste es de 650 euros, sin contar las tasas universitarias”, explica.

Indignada, la estudiante afirma que vivir en Tirana resulta económicamente insostenible para alguien que estudia y que este es solo uno de los miles de problemas a los que se enfrenta la juventud. “Tenemos miedo por nuestro futuro. Estamos consiguiendo salir adelante durante estos años difíciles, pero ¿qué será de nosotros después?”, se pregunta mientras señala la sede del Gobierno.

Ambas estudiantes aseguran haber presenciado episodios de violencia policial. Klara cuenta que ella misma ha sido agredida por agentes. “Me agarraron de la chaqueta y tiraron de mí. Si no hubieran estado allí tres chicos, no sé cómo habría acabado. No estaba haciendo nada, simplemente caminaba cuando empezaron a perseguirme con una porra de goma. Este es un Estado que ejerce violencia contra los jóvenes”, denuncia.

La violencia engendra violencia

La escalada de las protestas ha abierto un debate sobre quién es responsable de la violencia, tanto la ejercida por los manifestantes contra instituciones y negocios como la empleada por la policía contra quienes protestan. En los últimos días, varios analistas televisivos han criticado a los estudiantes por los daños causados, mientras que los testimonios de los manifestantes han suscitado preocupación por el uso de la fuerza por parte de las autoridades.

Para algunos de los jóvenes que han salido a las calles, la escalada no puede entenderse al margen de los 135 días de protestas pacíficas que, según denuncian, no obtuvieron respuesta por parte del Gobierno. Aseguran haber recurrido a distintas formas de protesta, desde canciones y discursos hasta actividades artísticas, antes de que el descontento desembocara en enfrentamientos violentos.

Entre la multitud, mientras los manifestantes marchan desde la sede del Gobierno hacia el Ministerio de Educación, encuentro a Besart Maci, estudiante de Lengua y Literatura. Sostiene que en Albania no solo los jóvenes, sino cualquier ciudadano, tiene miles de motivos para salir a protestar.

“Después de 135 días de protestas pacíficas sin que nadie nos escuchara, es lógico que los estudiantes busquen formas más radicales de expresar su indignación”

“Las razones políticas son muchas. Como estudiante, te enfrentas a innumerables dificultades, pero destacaría sobre todo la crisis en la que este Gobierno ha sumido a la universidad. La universidad ya no es una vía para obtener un título, pero tampoco para formarse y desarrollar una conciencia crítica. Este Gobierno ha llevado la educación a una situación de crisis”, afirma Besart a El Salto.

Para él, la violencia no se limita a los enfrentamientos físicos en las calles, sino que también está relacionada con la forma en que, a su juicio, el poder ignora las reivindicaciones ciudadanas y ejerce presión psicológica sobre la población. “Después de 135 días de protestas pacíficas sin que nadie nos escuchara, es lógico que los estudiantes busquen formas más radicales de expresar su indignación”, sostiene.

Besart cuenta que él y sus amigos han sufrido agresiones policiales incluso en momentos en los que, según relata, no estaban atacando ni a los agentes ni a las instituciones. “Han venido, nos han arrastrado y nos han tirado al suelo como si fuéramos delincuentes”, relata el estudiante.

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Dos jóvenes se resisten a la policía. Arbjona Çibuku


Heridos, detenidos y violencia contra periodistas

El balance de las protestas se agravó con el paso de los días. Según la Policía del Estado, hasta el sábado 17 habían sido detenidas 167 personas, mientras que 132 agentes habían resultado heridos durante los cinco días de enfrentamientos. El director general de la Policía anunció también la suspensión de siete agentes, contra quienes se abrirían investigaciones disciplinarias por un presunto uso excesivo de la fuerza.

Los datos oficiales incluyen lesiones de diversa gravedad, desde heridas leves hasta casos que han requerido atención hospitalaria. Durante las protestas han resultado heridos manifestantes, agentes de policía, transeúntes y menores de edad.

Uno de los casos más graves es el de Muhamet Skana, de 21 años, que fue ingresado en el Hospital de Traumatología con fracturas en el cráneo y la columna vertebral tras haber sido presuntamente golpeado por un agente de policía cerca del Ministerio de Educación el 16 de octubre.

Su caso es uno de los 32 presuntos incidentes de violencia policial documentados entre el 13 y el 17 de octubre en una carta abierta dirigida a la Policía del Estado. Entre los episodios descritos figuran manifestantes arrastrados y pateados mientras permanecían en el suelo; un joven golpeado con porras de goma por varios agentes hasta perder el conocimiento; un estudiante ensangrentado y esposado a las rejas cercanas al Ministerio de Educación; y menores que presuntamente sufrieron agresiones en Tirana, Lezhë y Kamëz.

Además de los manifestantes, los periodistas y trabajadores de los medios de comunicación también han sido objeto de agresiones y obstáculos mientras cubrían las protestas. La Asociación de Periodistas de Albania (AGSH) documentó al menos 17 incidentes que afectaron a periodistas y trabajadores de los medios durante los cinco días de movilizaciones, entre el 13 y el 17 de octubre. Según la organización, los incidentes incluyeron agresiones físicas, lesiones, amenazas, obstrucciones a la labor informativa y daños en equipos de trabajo.

La mayoría de los casos denunciados implicaban presuntas actuaciones policiales, mientras que dos incidentes estaban relacionados con ataques de manifestantes contra periodistas y equipos de grabación.

La AGSH reclamó investigaciones independientes y la identificación de los responsables, subrayando que los periodistas no son parte del enfrentamiento entre la policía y los manifestantes, sino testigos de los acontecimientos y representantes del interés público. Obstaculizar su trabajo, advirtió la organización, vulnera el derecho de la ciudadanía a estar informada.

El primer ministro Edi Rama ha mantenido su negativa a dimitir, defendiendo la legitimidad de su mandato y acusando a los manifestantes de recurrir a la violencia

Al mismo tiempo, el primer ministro Edi Rama ha mantenido su negativa a dimitir, defendiendo la legitimidad de su mandato que terminaría en 2029.  En una entrevista con Reuters el 15 de octubre, Rama argumentó que los gobiernos cambian mediante elecciones democráticas y no a través de revueltas en las calles, recordando que el Partido Socialista ganó las elecciones parlamentarias de 2025. En este marco, dimitir, añadió, supondría renunciar al mandato que, según él, le han otorgado los ciudadanos para avanzar en el proceso de integración europea de Albania.

Estas declaraciones han alimentado aún más la confrontación entre el Gobierno y los jóvenes movilizados, que insisten en que sus reivindicaciones van mucho más allá de la educación y las condiciones de vida, y exigen la salida del jefe del Ejecutivo. Los manifestantes sostienen, además, que la violencia no puede servir para deslegitimar el conjunto de las protestas. Mientras las autoridades apelan al diálogo y condenan los ataques contra edificios públicos, los jóvenes denuncian que sus demandas han sido ignoradas durante meses y consideran insuficiente cualquier respuesta que no aborde la crisis política.

En paralelo, informes publicados el 19 de octubre confirmaron que el Gobierno habría anunciado una compensación de 2.500 euros para los agentes desplegados en primera línea durante los disturbios. Las autoridades también advirtieron de posibles consecuencias para los estudiantes que participen en actos violentos, en un contexto en el que las tensiones entre el Ejecutivo y el movimiento estudiantil siguen sin resolverse.

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