Europa
De España a Francia, de Portugal a Italia, pasando por Albania: estalla la juventud europea sin futuro
@martincuneo.bsky.social
Desde mayo de 2025 y hasta julio de este año, la llamada Generación Z, jóvenes nacidos cerca del cambio de milenio, impulsaron o se convirtieron en la cara más visible de revueltas que sacudieron la vida política de países tan dispersos y diversos como Bangladesh, Nepal, Indonesia, Marruecos, Madagascar, Perú, Bulgaria, Filipinas, Camerún, Timor Oriental o India.
En Nepal, Madagascar, Bangladesh y Bulgaria contribuyeron o causaron directamente la caída del Gobierno. En otros casos, las revueltas consiguieron que se retiraran privilegios (Timor o Indonesia), conquistaron aumentos nunca vistos en servicios públicos (Marruecos) o lograron dimisiones de ministros (India).
No fueron solo los jóvenes quienes se movilizaron, pero en todos estos casos se convirtieron en el centro de coaliciones más amplias con otros sectores descontentos para protestar contra la desigualdad, los privilegios, la corrupción, el deterioro del nivel de vida, la pobreza y la crisis económica.
Esta fórmula se está replicando este otoño en muchos países europeos, una región que apenas había sentido los movimientos sísmicos de aquellas revueltas.
Aunque las protestas por la vivienda tuvieron en un inicio un carácter intergeneracional, las acampadas fueron protagonizadas por jóvenes que ya nacieron en el siglo XXI y que miran con recelo su futuro
España, al igual que hace 15 años, se ha convertido en foco de inspiración para otros países con la revuelta por la vivienda iniciada por el Sindicato de Inquilinas tras el desahucio de Maricarmen el pasado 23 de septiembre. Aunque las protestas tuvieron en un inicio un carácter intergeneracional, las acampadas fueron y siguen siendo protagonizadas por jóvenes que nacieron ya en el siglo XXI, que no superan los 25 años y miran con recelo su futuro, su capacidad de independizarse o de construir una vida propia.
El movimiento de vivienda —que va mucho más allá de la Generación Z— ha conseguido establecer alianzas con otros grandes movimientos de los últimos años: la lucha por la sanidad y por la educación pública. Estas causas han confluido en las últimas semanas en movilizaciones históricas con una importante presencia de trabajadores y pensionistas, pero también de una marea de jóvenes nacidos en este siglo, una diversidad que desafía las definiciones simplistas. Las movilizaciones en el marco de la huelga educativa en Madrid, especialmente en la Universidad Complutense han dejado imágenes de encierros, bloqueos, piquetes, manifestaciones, protestas y una represión policial desatada.
Las alianzas se han extendido también al mundo del trabajo con la convocatoria de la huelga general del 11N y la creación de centenares de comités para la preparación del paro. Aunque no lo explican todo, tanto en la vivienda como en la educación, la llamada Generación Z y en algunos casos la Generación Alfa —nacidos después de 2010— están jugando un papel determinante con muestras de una juventud mucho más politizada y dispuesta a movilizarse de lo que los estereotipos y los grandes medios apuntaban. Más claro aún es el caso de Francia y la revuelta de los liceos.
Francia
Además de España, el otro gran polo de protestas en Europa es Francia, donde la respuesta de los estudiantes al paquete de recortes ha vuelto a poner al primer ministro Emmanuel Macron ante una crisis de Gobierno. El movimiento iniciado por los estudiantes de secundaria del norte de París —pertenecientes más bien bien a la Generación Alfa— se extendió a más de mil institutos, llegó a las universidades y prendió en los sindicatos de trabajadores y las asociaciones de padres y madres de alumnos. El martes 6 de octubre, más de medio millón de personas salía a las calles para protestar contra las medidas neoliberales de Macrón.
Cuando faltan apenas unos meses para las elecciones presidenciales, con encuestas que señalan una victoria ajustada de la extrema derecha, los bloqueos en centenares de colegios y las manifestaciones que congregan a cada vez a más sectores de la población han cambiado un guion que parecía ya escrito.
Greta Thunberg establecía paralelismos entre la revuelta de los estudiantes franceses, el movimiento Cucaracha de la India y el de vivienda en España, una ola de protestas de jóvenes que ven cómo les “roban el futuro”
En la manifestación del 13 de octubre cientos de miles de personas, jóvenes en su mayoría, volvían a tomar las calles para protestar contra los recortes de 54.000 millones anunciados y demandar mejoras en un sistema educativo que segrega y perpetúa las desigualdades sociales. En la marcha, la activista climática Greta Thunberg establecía paralelismos entre la movilización de los estudiantes franceses, el Movimiento Cucaracha de la India, que surgió entre estudiantes que pedían reformas en el sistema educativo, y el movimiento de vivienda en España, una nueva ola de protestas de jóvenes que ven cómo les “roban el futuro”.
El movimiento estudiantil francés comenzó exigiendo la renovación de los centros educativos, más personal y más becas, mejores salarios y residencias estudiantiles. Pero la revuelta de los liceos ha trascendido las demandas iniciales para convertirse en una rebelión contra la política austericida del Gobierno de Macron. Se han sumado a las protestas la CGT —el principal sindicato del país—, el Partido Socialista y la Francia Insumisa de Jean-Luc Mélenchon. Las movilizaciones han sido respondidas por una violencia policial que ha dejado, al menos, 387 estudiantes, manifestantes y docentes heridos. Cuatro de estas agresiones han terminado en mutilaciones. En una carga, un joven de 15 años perdió una mano por una granada aturdidora. Desde el inicio de las protestas, el 17 de septiembre, más de 8.000 personas han sido arrestadas, nueve de cada diez menores de edad.
Este sábado 17 de octubre, una nueva movilización reunió a casi un millón de personas —según los convocantes— en 500 acciones y 90 manifestaciones a lo largo del país entre estudiantes, ‘chalecos amarillos’ y trabajadores convocados por los principales sindicatos. Los enfrentamientos con la policía acabaron en enfrentamientos en varias ciudades. Más de 1.200 personas han sido detenidas. En Lyon, la oficina de turismo fue incendiada. En Limoges, el fuego devoró el edificio del ayuntamiento. Coches volcados, grandes tiendas saqueadas, mobiliario destruido y los clásicos adoquines de las revueltas francesas han marcado una jornada caótica en la que las autoridades locales y del Gobierno central han quedado completamente desbordadas.
De fondo, la tramitación de un proyecto de ley que pretende contener un déficit del 5% utilizando parte del presupuesto de educación para pagar pensiones, a la vez que lleva a cabo un recorte masivo en los servicios públicos. Un proyecto cuya aprobación definitiva cada vez está más lejos después de la oposición desplegada en las calles.
“Las dos oleadas de protestas [Francia y España], lideradas principalmente por jóvenes, ejemplifican un problema creciente para los gobiernos de Europa occidental”, escribía Jon Henley, de The Guardian
El analista y corresponsal de The Guardian Jon Henley establecía una línea de conexión entre las movilizaciones en España y Francia. Aunque tienen orígenes y recorrido diferentes, “las dos oleadas de protestas, lideradas principalmente por jóvenes, ejemplifican un problema creciente para los gobiernos de Europa occidental: una generación de jóvenes que se siente cada vez más privada de la seguridad socioeconómica básica de la que, en general, disfrutaron sus padres”. Mientras el partido de Mélenchon se ha alineado con la calle y aumenta su popularidad entre una juventud que lo apoya masivamente, explica este analista, la extrema derecha de Marine Le Pen “está jugando la carta del orden público” aireando las imágenes de disturbios, incendios y barricadas. Según cifras dadas por la policía, cerca de mil agentes han resultado heridos. La influencia de la revuelta de los liceos se ha extendido a otros países vecinos, especialmente a Italia y Bélgica.
Bélgica
El movimiento de protesta en Francia prendió en la vecina Bélgica, donde miles de estudiantes salieron a las calles para protestar por el aumento de las tasas, las aulas masificadas y la falta de recursos en los centros. En los enfrentamientos del 7 de octubre, 107 jóvenes fueron detenidos en Lieja. Desde el inicio de las protestas en el país, más de 200 jóvenes han pasado a disposición policial. Entre los lemas más repetidos destacaban “Luchamos por un derecho, no por un privilegio” o “Elijo educación, no los Juegos del Hambre”.
También acabó en disturbios, cargas y gases lacrimógenos la manifestación convocada por los sindicatos contra la austeridad del 9 de octubre en Bruselas, que reunió a una multitud de entre 30.000 y 50.000 personas. Al igual que en Francia, el telón de fondo es el debate sobre los presupuestos anuales que pretenden reducir la deuda pública mientras aumentan las tasas educativas, el precio del transporte y el coste de la vida. Los sindicatos amenazan con convocar una huelga general a finales de noviembre si el Gobierno mantiene las propuestas de reforma de la indexación automática de los salarios, de subida del IVA, de cómputo anual de la jornada laboral o los recortes que afectan a las ayudas sociales y los servicios públicos.
En Bélgica, Francia, Alemania, España y otros países, ha sido convocada una huelga general educativa para el 20 de noviembre para seguir protestando contra los recortes en colegios, institutos y universidades.
Italia
Según informa Il Manifesto, este 17 de octubre, cientos de miles de estudiantes italianos salieron a las calles en una manifestación espontánea contra los recortes en educación, la precariedad laboral y la guerra, uniendo reivindicaciones educativas, sociales y medioambientales en un frente común contra las políticas de derecha. Los choques entre policías y manifestantes acabaron en violencia en Milán, Turín y Bolonia, donde se repitieron las escenas de gases lacrimógenos, cañones de agua y una juventud que protesta por el aumento del coste de la vida y el Gobierno de Giorgia Meloni. En Roma, el sindicato CGIL y más de cien organizaciones convocaron una marcha para demandar salarios más altos, servicios públicos, impuestos más justos y menor gasto militar. Han convocado una huelga general para el 20 de noviembre, el mismo día de la huelga general educativa en toda Europa. La capital ya había experimentado un día antes, el 16 de octubre, manifestaciones estudiantiles que protestaban para exigir medidas urgentes frente a la crisis climática y mejoras estructurales en el sistema educativo. Las movilizaciones del viernes también llegaron a Milán, Bolonia, Turín, Génova, Pisa y Nápoles, centradas en denunciar el alto coste de la vida y en rechazar al rearme.
En Roma (Italia), el 15 de octubre, colectivos de vivienda montaron una acampada en la Piazza dei Cinquecento, enfrente a la estación de Termini, rebautizada como “Piazza Maricarmen Abascal”.
Serbia
Cuando se acerca el segundo aniversario de aquel 1 de noviembre de 2024, día en el que una marquesina se derrumbó en la estación de trenes de Novi Sad, el movimiento social generado por aquel incidente que provocó la muerte de 16 personas se enfrenta a un nuevo desafío: ganar las elecciones legislativas.
Aquel movimiento descentralizado, sin caras visibles, formado en su mayor parte por jóvenes de la Generación Z, ha organizado acampadas, cierres en las universidades, bloqueos, marchas y manifestaciones para denunciar la corrupción del Gobierno de Aleksandar Vučić, al que culpan del derrumbe de aquella marquesina.
Hace un año, más de diez mil jóvenes recordaban a las víctimas en aquella estación y demandaban más inversión en sanidad, en educación, responsabilidades penales por las muertes y la dimisión de Vučić. Ahora, cuando se acercan las elecciones legislativas del 25 de octubre, una lista formada por docentes, académicos y activistas lidera las encuestas.
El 22 de octubre se espera una gran movilización para respaldar la candidatura que surge del movimiento estudiantil, una oportunidad histórica para desafiar el poder que Vučić detenta en Serbia desde hace más de una década
El 7, el 10 y el 11 de octubre decenas de miles de jóvenes se manifestaron para mostrar su apoyo a la candidatura Studentska lista – Studenti pobeđuju (Lista estudiantil – Los estudiantes vencen), cuyos representantes fueron elegidos por los estudiantes en asambleas abiertas. El 22 de octubre se espera una gran movilización para respaldar esta lista que surge del movimiento estudiantil, una oportunidad histórica para desafiar el poder que Vučić detenta en el país desde hace más de una década.
Portugal
El 10 de octubre, con el lema “Não Dá Mais para Viver Assim” (No da más para vivir así), más de 30 organizaciones sociales portuguesas convocaron manifestaciones en Lisboa, Oporto, Funchal, Braga y Aveiro. En una movilización inspirada por la revuelta en España y en Francia, miles de personas salieron a las calles para protestar por los altos precios de la vivienda y el costo de la vida. “Ser jóvenes es como entrar en un juego del Monopoly cuando todas las calles ya fueron compradas y todos los hoteles han sido construidos por todos lados”, decía el sociólogo portugués Alessio Motta.
Las pancartas recordaban a las protestas en Sol y tantas plazas españolas: “Queremos un salario que nos permita pagar la vivienda y vivir”, “Menos turismo. Más barrio”, “Não consegues pagar renda? Então monta a tua tenda” o “Esto no es una crisis. Es una emergencia”. También en los cánticos de “¡Viva Maricarmen!” y “Como em Espanha, todos à rua” quedaba clara la influencia del país vecino.
Los manifestantes protestan por la pérdida de poder adquisitivo, pero también contra la reforma de la ley de alquileres, que pretende dar más aún más libertades a los caseros para subir los precios y facilitar los desahucios.
Al terminar la marcha de Oporto del 10 de octubre, en la que participaron cerca de 2.000 personas, los manifestantes instalaron tiendas en la Praça D. João I, en el centro de la ciudad. Dos días después, la policía desalojó la plaza y desmontó las tiendas, pero los manifestantes no tardaron en volver a la plaza con sacos de dormir para ocupar el espacio y pasar la noche allí.
En asamblea, los ocupantes de la plaza decidieron desobedecer la orden del Ayuntamiento y volver a montar las tiendas. En la madrugada del 15 de octubre, a las 3h, la policía cargó contra la acampada. La brutalidad de la actuación policial ha quedado registrada en decenas de vídeos. Al menos 37 personas resultaron heridas por la violencia policial. La respuesta de la población de Oporto fue masiva y reconquistó la plaza con una masa humana de apoyo. El 17 de octubre, miles de personas se manifestaron en Lisboa por el aumento del coste de la vida y por el derecho a la vivienda. Los manifestantes se congregaron en la céntrica plaza del Rossio donde instalaron una gran acampada. Siguiendo el ejemplo de España y Francia reclaman la convocatoria de una huelga general en noviembre.
Albania
En un contexto de alta conflictividad desde antes de verano, el 13 de octubre entró en escena el movimiento estudiantil con movilizaciones multitudinarias que acabaron con fuertes choques con la policía. Los estudiantes protestan contra las malas condiciones de las universidades, el aumento del coste de los estudios, la falta de becas y de perspectivas económicas, la desigualdad y la corrupción. La brutal represión, con tanques de agua y gases lacrimógenos, hizo escalar las movilizaciones, que se convirtieron al día siguiente en una auténtica revuelta contra el Gobierno.
El 14 de octubre, decenas de miles de estudiantes salieron a las calles de Tirana. Los medios y los vídeos reportaron incendios parciales en el Ministerio de Educación, en oficinas gubernamentales y sucursales bancarias. Desde que el primer ministro Edi Rama ganó un cuarto mandato en mayo, se ha enfrentado a un creciente descontento por la corrupción en su gabinete y otros altos funcionarios. Las denuncias por el clientelismo, que limitan la posibilidad de conseguir trabajo en el país, y la dimensión que ha alcanzado el exilio económico —el 44% de los albaneses vive en el extranjero— ha acentuado el hartazgo entre los más jóvenes por la falta de oportunidades.
Entre los ejemplos más llamativos de corrupción, el alcalde de Tirana, Erion Veliaj, del mismo partido que el primer ministro, ha sido detenido por blanqueo de capitales y ocultación de patrimonio y gobierna desde la cárcel. Un avatar generado por IA anuncia sus medidas.
La oposición al Gobierno de Rama no es nueva. Arrastra un rechazo popular masivo a un complejo de lujo impulsado por Jared Kushner, yerno de Donald Trump, situado en la costa sur de Albania. Lo que comenzó como un conflicto ecologista local se transformó en una ola de protestas que ha sacudido el país y ha removido el sentimiento nacional. La llamada “Revolución de los flamencos” experimentó un punto de inflexión el pasado junio, cuando se difundió un vídeo de una paliza a un manifestante en el terreno del resort. Las protestas se convirtieron rápidamente en una ola de rechazo al Gobierno con lemas de “Rama dimisión”, un cántico que estos días vuelve a oírse con más fuerza. Este miércoles las protestas se extendieron a las universidades de Elbasan y Shkodra. El jueves, el movimiento estudiantil emitió un ultimátum: no pararán hasta que Rama dimita. Y el sábado 17 volvieron la protestas, con incendios en varios puntos de la ciudad.
Países Bajos, Alemania, Irlanda y Grecia
El desahucio de Maricarmen y la reacción del movimiento de vivienda produjeron, además de en Portugal, una fuerte conmoción en Países Bajos, donde grupos activistas convocaron protestas y levantaron tiendas de campaña de forma puntual en Ámsterdam, Almere y La Haya.
Y no se trata solo de solidaridad. Los problemas de la vivienda en España se repiten en los Países Bajos: promesas incumplidas de construcción de nuevas viviendas públicas mientras los alquileres aumentan “vertiginosamente”, la oferta de vivienda asequible es “cada vez más escasa”, aumenta el número de personas sin hogar y se “culpa a los inmigrantes” de la crisis, según denuncia Woonopstand (Levantamiento por la Vivienda), una plataforma de organizaciones sociales. El 10 de octubre, una nutrida manifestación en Ámsterdam demandó en el Día de las Personas sin Hogar “viviendas para las personas, no para el negocio".
El 10 de octubre, unas 2.000 personas se manifestaron también en Potsdam (Alemania) contra los desalojos y los alquileres imposibles. Bajo el lema “¡Dennos los pisos! ¡Bajen los alquileres!”, los manifestantes, en su mayoría jóvenes, protestaban contra los promotores inmobiliarios que compran edificios de la ciudad para luego expulsar a sus vecinos: “Estamos furiosos de que la ciudad de Potsdam siga extendiendo la alfombra roja a estos tiburones inmobiliarios”. Hubo, además, movilizaciones de solidaridad con España en Londres, Dublín o Bruselas en los primeros días de octubre.
En Alemania, el 25 de septiembre, cerca de 45.000 jóvenes salieron a la calle en cien ciudades para rechazar la propuesta de reintroducir el servicio militar obligatorio
Las protestas por la educación, contra los recortes y la austeridad se ubican en un proceso de remilitarización de Europa, con un importante aumento del gasto militar y propuesta para la vuelta del servicio militar obligatorio en muchos países. En Alemania, el 25 de septiembre, cerca de 45.000 jóvenes salieron a la calle en cien ciudades para rechazar la reintroducción del servicio militar obligatorio. También para denunciar los recortes sociales y educativos mientras el país aumenta el gasto en armamento.
Las protestas por la vivienda también llegaron a Grecia. En la noche del 13 de octubre, integrantes de organizaciones estudiantiles de Atenas instalaron tiendas en la plaza Syntagma para protestar por las dificultades que tienen que enfrentar los jóvenes estudiantes para encontrar una vivienda digna en una lucha inspirada por las acampadas españolas y la revuelta juvenil en Francia. Con el lema “¿Estudiar o sobrevivir?”, los manifestantes contaron con el apoyo de la Juventud Comunista de Grecia (KNE) y Syriza. “Esto no puede continuar”, decían desde el podio improvisado con un discurso de hartazgo que parece replicarse en buena parte del subcontinente europeo.
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