Garaikoetxea, la vía socialdemócrata al soberanismo vasco

Sentó las bases de la Euskadi autonómica, redefinió el nacionalismo vasco y tras su traumático cese como lehendakari rompió con el PNV e impulsó en 1986 Eusko Alkartasuna, uno de los partidos fundadores de EH Bildu.
Carlos Garaikoetxea
Carlos Garaikoetxea fue el primer lehendakari, tras la aprobación del Estatuto de Gernika, entre 9 abril de 1980 y 26 de enero de 1985.

Historiador y redactor de Nortes.me
BSK: @diegodiaz1981.bsky.social

7 may 2026 05:13 | Actualizado: 7 may 2026 11:10

Euskal Herria despide esta semana a su primer lehendakari tras el fin de la dictadura, Carlos Garaikoetxea Urriza, fallecido 46 años después de la restitución del autogobierno vasco.

El funeral se ha celebrado este miércoles en la parroquia San Francisco Xabier de Iruñea, en un emotivo y multitudinario acto al que han asistido numerosas autoridades de ayer y de hoy en los gobiernos vasco y navarro, que le ha dado su último agur.

Funeral del lehendakari Garaikoetxea
Funeral del lehendakari Garaikoetxea en la iglesia San Francisco Xabier de Iruñea. En primera fila su esposa Sagrario Mina y sus tres hijos. Mikel Romeo Ruiz

Abertzale navarro

Nacido en Iruñea en 1938, en una familia de origen popular y tradición carlista, el único lehendakari navarro de la historia aprendió euskera siendo adulto, y participó activamente en el movimiento cultural, refugio de muchos abertzales durante la dictadura franquista, antes de dar el salto a la política de partido durante la Transición democrática.

Licenciado en Derecho y Economía por la Universidad de Deusto, casado, padre de tres hijos, y con una carrera profesional en el mundo de la abogacía y de la empresa, Garaikoetxea se afilió en 1975 al PNV, si bien llevaba tiempo en la órbita del nacionalismo jeltzale. Su ascenso en el partido será meteórico y muy pronto va a ocupar puestos de responsabilidad, tanto en el seno de la organización como en las instituciones preautonómicas, recibiendo el apoyo de Juan Ajuriagerra para sucederle al mando del Euzkadi Buru Batzar.

En 1978, siendo presidente del PNV, se produce uno de sus primeros choques con Xabier Arzalluz, portavoz entonces del partido en el Congreso de los Diputados. Arzalluz abogaba por el 'sí' a la Constitución Española y Garaikoetxea por una abstención, consecuencia de no lograr el reconocimiento nacional, unidad territorial y garantías de restablecimiento de un autogobierno pleno.

La posición del futuro lehendakari resultará vencedora y el PNV se abstendrá en el referéndum constitucional, lo que reforzará a los nacionalistas de cara a la elaboración del Estatuto de Gernika

Para el jefe de los diputados del PNV en Madrid tenía sentido un voto de confianza al nuevo sistema político español, una vez incorporados a la Carta Magna el reconocimiento de la singularidad fiscal del País Vasco y Navarra, así como la posibilidad de integrar ambos territorios en una misma comunidad, siempre y cuando se aprobase por referéndum.

El presidente del partido consideraba en cambio que una abstención del PNV daría a entender a Adolfo Suárez que el partido no se iba a conformar con una autonomía de mínimos y un amejoramiento del fuero navarro que nunca fue ratificado en las urnas. De fondo, la pugna con las diferentes izquierdas abertzales por el liderazgo del movimiento nacionalista, en el que Garaikoetxea no quería dar imagen de blando.

La posición del futuro lehendakari resultará vencedora y el PNV se abstendrá en el referéndum constitucional. El rechazo del País Vasco a la Constitución, no así de Navarra, reforzará a los nacionalistas de cara a la elaboración del Estatuto de Gernika, en cuya defensa el PNV sí se implicará activamente.

El primer lehendakari de la nueva Euskadi

En marzo de 1980 la Comunidad Autónoma Vasca celebra sus primeras elecciones autonómicas. El PNV se impone con el 38% de los votos y Carlos Garaikoetxea, que ya antes había sido presidente del gobierno preautonómico, se convierte en el primer lehendakari del nuevo periodo democrático. Su gobierno, con un importante peso de profesionales y perfiles de alta confianza y formación, sentó las bases de la Euskadi actual.

El sistema de salud Osakidetza, Euskotren, la Ertzaintza, la Euskal Herriko Unibertsitatea o la radiotelevisión pública EITB fueron algunas de las creaciones de este periodo constituyente, marcado por un constante pulso por las transferencias con el Gobierno de Felipe González, político con el que nunca existió una gran química personal y al que afines a Garaikoetxea acusaron de haber maniobrado para forzar su cese.

El Gobierno vasco impulsó la normalización del euskera en su versión unificada, el batua, y en materia educativa legalizó las ikastolas que habían cumplido una función trascendental para la trasmisión de la lengua durante la dictadura. Con el tiempo acabaron derivando en uno de los sistemas con mayor segregación escolar y peso de la educación privada de Europa, al favorecer una importante sobreconcertación de aulas, tanto a ikastolas como a centros religiosos que hoy copan casi el 50% del alumnado.

El propio Garaikoetxea y el resto de parlamentarios vascos fueron retenidos en junio de 1980 durante doce horas por los trabajadores de Nevarcero, una de las muchas empresas vascas en una situación delicada

La crisis económica y la conflictividad social también marcaron esta etapa. El propio Garaikoetxea y el resto de parlamentarios vascos fueron retenidos en junio de 1980 durante doce horas por los trabajadores de Nevarcero, una de las muchas empresas vascas que atravesaban en ese momento una situación delicada. La fuerte movilización sindical marcó los ritmos de un Ejecutivo que tomó en esos años algunas decisiones muy controvertidas, como el apoyo a la construcción de la central nuclear de Lemoiz, finalmente abandonada, pero también otras que en el medio y largo plazo darían sus frutos.

En contraste con otras comunidades, en los que no se quiso, no se supo o no se pudo reindustrializar, en el País Vasco sí funcionó una verdadera reconversión industrial, no exenta de sacrificios desigualmente repartidos y una fuerte caída del empleo en las principales ramas exportadoras, pero exitosa en cuanto a la modernización de sectores que habían quedado obsoletos, y pionera en determinadas apuestas como el I+D y los centros tecnológicos.

Los grandes fracasos de los dos gobiernos de Garaikoetxea serían la no integración de Navarra y la Comunidad Autónoma Vasca, su gran aspiración como abertzale navarro, y sobre todo la pacificación de Euskal Herria, que el lehendakari ligaba a una combinación de reforzamiento del autogobierno vasco por vías pacíficas, la deslegitimación social de la vía armada y su mano tendida a la integración de la izquierda abertzale en el sistema político.

Nadie se lo pondría fácil. Sus gobiernos tuvieron que lidiar con la mayor ofensiva de la historia de ETA militar, más de 200 asesinatos en cuatro años, así como con las violencias de otros grupos armados independentistas, de las fuerzas de Orden Público y de los GAL.


Partidario de abrir un diálogo político con ETA, Garaikoetxea no encontró aliados para este objetivo, que progresivamente iría siendo marginado en la política vasca. Representaba al sector más soberanista del PNV y al final de su segundo gobierno comenzaban ya a saltar las chispas con Arzalluz, que encarnaba entonces el ala más pactista del partido. Las presiones para acabar con Garaikoetxea llegarían incluso desde el Palacio de la Zarzuela, pero el principal enemigo del lehendakari estaba en casa.

El 'No' a la OTAN de Garaikoetexea tuvo un claro efecto de arrastre para el sector del PNV que este representaba, y sumó a otras capas de la sociedad vasca, más allá de la izquierda anti-imperialista

En el plano internacional Garaikoetxea destacó por su 'No' a la OTAN. El 12 de marzo de 1986 el Sí a la OTAN ganó en España, pero perdió en cuatro comunidades: el País Vasco, Navarra, Catalunya y Canarias. Diversos factores concurrieron en la victoria del 'no' vasconavarro, pero uno de ellos, y no menor, sería la apuesta personal de Carlos Garaikoetxea por el voto negativo. El 'No' de Garaikoetexea tuvo un claro efecto de arrastre para el sector del PNV que este representaba, y sumó a otras capas de la sociedad vasca, más allá de la izquierda anti-imperialista, a la negativa a sumarse a uno de los dos bloques político-militares de la Guerra Fría.

Para cuando se celebra el referéndum sobre la permanencia de España en la OTAN el PNV ya se había roto y Garaikoetxea se encontraba desde hace un año fuera de la lehendakarizta. La fractura del partido nacionalista fue total. Faltaban apenas unos meses para que naciera Eusko Alkartasuna, un nuevo partido liderado por Garaikoetxea, que es hasta la fecha la escisión más exitosa de la historia del PNV.

Una ruptura traumática

La ruptura tuvo una serie de etapas que Garaikoetxea narra en su autobiografía La transición inacabada (Planeta, 2002), siendo la expulsión de todo el PNV de Navarra la que fue determinante para que el lehendakari perdiera los apoyos necesarios para seguir liderando la transformación autonómica vasca. Tras las elecciones forales de 1984, Arzalluz pactó su apoyo a Coalición Popular, contra la posición de la dirección, los órganos navarros y los propios parlamentarios que decidieron apoyar el gobierno del PSN, lo que provocó su expulsión en bloque y la práctica desaparición del PNV en Navarra.

Pero Garaikoetxea y los amplios sectores que le apoyaban aguantaron el golpe y fue otro el detonante de la ruptura definitiva. Una vieja polémica del nacionalismo vasco, construcción unitaria o anclada en la foralidad originaria, es decir, dar más poder al gobierno autonómico o a las diferentes diputaciones forales, sería la mecha que encendería la pradera, junto a las inevitables batallas por el control del partido. En contra del criterio de Arzalluz, presidente del PNV, y más sensible a un fraccionamiento del poder, especialmente de las haciendas propias, Garaikoetxea se inclinaría por reforzar al Gobierno vasco, una posición que en los años 30 también había defendido Acción Nacionalista Vasca.

A pesar de los buenos resultados de EA, Garaikoetxea no lograría arrebatar el liderazgo del nacionalismo a unas siglas con tanta historia y arraigo con las del PNV

La disputa sobre la aplicación y desarrollo de la Ley de Territorios Históricos desembocaría en un rosario de purgas y expulsiones que en enero de 1985 llevarían a la dimisión forzada de un lehendakari en la cima de su popularidad, y que en las elecciones celebradas poco antes había mejorado notablemente los resultados del PNV y vuelto a formar gobierno en solitario, tomando votos de izquierda y derecha. Su renuncia al cargo no sería para marchar a casa, sino el principio de una traumática escisión, por muchos narrada como una expulsión, la más importante en la historia del PNV.

Eusko Alkartasuna: la socialdemocracia soberanista

Arropado por sus muchos fieles, Garaikoetxea fundaría un nuevo partido soberanista y socialdemócrata, Eusko Alkartasuna (EA), que en las elecciones de 1986 causaría un importante roto al PNV, llegando incluso a superarle en votos en Gipuzkoa. A pesar de los buenos resultados, Garaikoetxea no lograría arrebatar el liderazgo del nacionalismo a unas siglas con tanta historia y arraigo como las del PNV, y aunque tras los comicios se produjeron conversaciones entre el PSE, Euskadiko Ezkerra y EA para formar un gobierno alternativo, presidido de nuevo por él, finalmente el PNV retendría la lehendakaritza gracias a un pacto con los socialistas, que fueron la primera fuerza y más favorables a entenderse con Jose Antonio Ardanza y Arzalluz.

EA conquistaría en los años siguientes un buen número de alcaldías, entre ellas Donostia y Gasteiz, así como la Diputación de Gipuzkoa por dos legislaturas, y se mantendría muy por delante del PNV en las sucesivas elecciones navarras, pero llegados a los años 90 el tirón del exlehendakari comenzó a agotarse, fruto también de su participación minoritaria en gobiernos de coalición.

Retirado de la política, pero con gran prestigio entre las bases de su partido, Garaikoetxea apadrinó el proceso de confluencia que a partir 2011 llevó a la formación de la coalición EH Bildu 

Relegado a un papel secundario en la política vasca, Garaikoetxea se mantuvo al frente de EA hasta 1999, época en la que se produjo la reconciliación con el PNV de Juan José Ibarretxe, personaje político que guarda ciertas similitudes con Garaikoetxea. Entre 1999 y 2009, EA, que logra sobrevivir al paso atrás de su fundador, va a formar parte de los tres gobiernos de Ibarretxe, dos de ellos con presencia también de Ezker Batua-Izquierda Unida.

Los tripartitos son años de cierto giro a la izquierda en políticas sociales y de derechos civiles, de intento de avanzar en una relación confederal con el Estado español y de búsqueda de un final de ETA “a la irlandesa”. Sin embargo, tras el fracaso del Plan Ibarretxe y la derrota del sector más soberanista del PNV, EA, ya muy debilitada excepto en Navarrra, se aleja de los jeltzalesy comienza a explorar una nueva política de alianzas cuyo principal éxito será la coalición Nafarroa Bai, impulsada por la escisión de la izquierda abertzale liderada por Patxi Zabaleta, el partido Aralar.

Retirado de la política, pero con gran prestigio entre las bases de su partido, Garaikoetxea apadrinó el proceso de confluencia que en 2011 llevó a la formación de Bildu, primero, y EH Bildu después, permitiendo la vuelta de la izquierda abertzale a la legalidad y la participación política institucional. El lehendakari se implicó notablemente en la primera campaña electoral, encabezando varios actos de apoyo a la candidata Laura Mintegi y a la nueva coalición de la izquierda soberanista, en la que EA siempre ha servido como elemento tractor del voto más centrista.

El PNV aprovechó la exclusión de todo su sector crítico en EA y su puesta al margen de la dirección de EH Bildu para acercarse al lehendakari Garaikoetxea y restablecer una relación más mediática y táctica que sincera y real

A sus 87 años Garaikoetxea se mantenía lúcido y al corriente de las cuitas de su partido, muy mermado, y atravesado por una fuerte crisis existencial con respecto a su definitiva disolución o no en EH Bildu, algo que el lehendakari rechazó públicamente junto al sector crítico de su partido.

En sus últimos años de vida gozó de un reconocimiento social bastante unánime, e incluso de una cierta “rehabilitación” por parte de su antiguo partido, el PNV. Este lunes ha fallecido de un infarto en las piscinas del histórico club Larraina de Iruñea. Su familia ha agradecido en el funeral al personal de salvamento que logró reanimarle y a los servicios médicos navarros por el esfuerzo realizado para mantenerle con vida.

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VV.AA.
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