Opinión
Ceuta, Palestina y Trump: ¿quién se beneficia de desestabilizar a España?

Ceuta y Melilla no son únicamente dos ciudades autónomas. Su posición geográfica las convierte desde hace décadas en un punto de encuentro —y también de tensión— entre España, Marruecos, Europa y África.
Doctorando en Investigación en Medios de Comunicación, Máster en Estudios Europeos y traductor e intérprete.
13 sep 2026 07:22

Hay momentos en los que varios acontecimientos aparentemente aislados empiezan a dibujar un escenario mucho más complejo. La actual crisis de Ceuta es uno de ellos.

Tras el enfrentamiento entre Estados Unidos e Irán y la creciente tensión internacional en torno a Oriente Próximo, las consecuencias políticas del conflicto parecen extenderse mucho más allá de sus protagonistas directos. Y España, por sus posiciones durante los últimos años, se encuentra en una situación particularmente delicada.

La pregunta, por tanto, no debería limitarse a qué está ocurriendo en Ceuta. Hay otra quizá más importante: ¿por qué está ocurriendo precisamente ahora y quién obtiene rédito político de esta crisis?

Para intentar responder hay que mirar hacia atrás.

Palestina: el principio de una fractura

La relación de España con Israel cambió considerablemente desde el inicio de la guerra contra Gaza. El Gobierno de Pedro Sánchez adoptó una de las posiciones más críticas dentro de Europa respecto a la actuación israelí y, en mayo de 2024, España reconoció oficialmente al Estado de Palestina.

No fue un gesto exclusivamente simbólico. El reconocimiento de Palestina por parte de un Estado miembro de la Unión Europea y de la OTAN reforzó políticamente la reivindicación palestina dentro del continente y colocó a Madrid en una posición incómoda para el Gobierno de Benjamin Netanyahu.

Desde entonces, las relaciones entre ambos países se han deteriorado progresivamente. Por eso sería ingenuo analizar lo ocurrido durante las últimas semanas en Ceuta sin recordar este contexto. No porque exista, al menos hasta ahora, una prueba que permita afirmar que el Estado israelí organizó la crisis —no la hay—, sino porque sí existe un enfrentamiento político previo que ayuda a entender algunas de las narrativas que han aparecido posteriormente.

El propio Gobierno español ha denunciado la actividad de redes digitales proisraelíes que amplificaron determinados mensajes durante la crisis. Algunas figuras israelíes llegaron incluso a cuestionar públicamente la presencia española en Ceuta y Melilla.

Eso, como mínimo, merece atención.

Trump y Sánchez: otro frente abierto

Palestina tampoco es el único punto de fricción.

La llegada de Donald Trump volvió a situar el gasto militar europeo en el centro de la relación transatlántica. Pedro Sánchez ha defendido una visión de la contribución española a la OTAN que no coincide con las exigencias de Washington, algo que ha provocado una confrontación política cada vez más evidente.

Ceuta y su entorno poseen un valor estratégico que supera ampliamente la política interna española

España se encuentra así en una posición peculiar: es miembro de la OTAN y aliado histórico de Estados Unidos, pero mantiene desacuerdos importantes con Washington sobre defensa y, al mismo tiempo, una profunda confrontación diplomática con Israel por Gaza.

Es difícil sostener que este contexto no importa.

La política internacional rara vez funciona mediante acontecimientos completamente aislados. Los Estados acumulan aliados, adversarios, intereses y herramientas de presión. Y cuando surge una crisis interna en un país, los actores externos no necesariamente tienen que haberla creado para intentar aprovecharla.

Esa distinción es fundamental.

Y entonces apareció Ceuta

Los acontecimientos de Ceuta han abierto una herida extremadamente sensible para España.

Ceuta y Melilla no son únicamente dos ciudades autónomas. Su posición geográfica las convierte desde hace décadas en un punto de encuentro —y también de tensión— entre España, Marruecos, Europa y África.

Pero hay además un componente estratégico imposible de ignorar: el estrecho de Gibraltar.

En un momento en el que la guerra con Irán ha vuelto a demostrar hasta qué punto un estrecho puede condicionar la economía y la seguridad internacional, resulta inevitable observar con atención cualquier movimiento político alrededor de otro de los pasos marítimos más importantes del planeta.

Esto no significa que exista una operación destinada a sustituir el estrecho de Ormuz por Gibraltar, ni que podamos presentar semejante hipótesis como un hecho demostrado. Pero sí significa que Ceuta y su entorno poseen un valor estratégico que supera ampliamente la política interna española.

Y ahí comienza la batalla por el relato.

La guerra ya no se libra únicamente en las fronteras

Durante la crisis hemos visto circular vídeos manipulados, informaciones falsas, mensajes alarmistas y contenidos diseñados para generar miedo. El objetivo de la desinformación moderna no siempre consiste en convencer al ciudadano de una mentira concreta. A veces basta con inundar el espacio público de versiones contradictorias hasta que resulte imposible distinguir qué es cierto y qué no.

Cuando eso ocurre, la emoción sustituye al análisis. Y pocas emociones son políticamente tan útiles como el miedo. Miedo a Marruecos. Miedo a la inmigración. Miedo a perder territorio. Miedo a una supuesta invasión. Miedo al otro.

El Gobierno español sostiene que redes vinculadas a ecosistemas informativos rusos y proisraelíes participaron en la amplificación de contenidos relacionados con la crisis. Eso no demuestra que Moscú o Tel Aviv organizaran los acontecimientos. Pero sí plantea otra cuestión: ¿por qué determinados actores tienen interés en amplificarlos?

Ahí está, en mi opinión, una de las claves.

¿Quién gana cuando España se divide?

La crisis de Ceuta llega en un momento especialmente favorable para quienes quieren debilitar políticamente a Pedro Sánchez. La inmigración, Marruecos, la soberanía territorial y la seguridad nacional son cuestiones capaces de movilizar rápidamente al electorado. También son terrenos especialmente fértiles para la extrema derecha. Por eso resulta legítimo preguntarse hasta qué punto esta crisis está siendo utilizada para erosionar al Gobierno y fortalecer un discurso político basado en el miedo y en la confrontación.

Existe además una contradicción particularmente interesante. Una parte de la derecha y, sobre todo, de la extrema derecha española intenta construir un relato de confrontación absoluta con Marruecos. Sin embargo, Rabat mantiene una relación estratégica privilegiada con Washington. Fue precisamente Donald Trump quien reconoció en 2020 la soberanía marroquí sobre el Sáhara Occidental. Marruecos mantiene además una estrecha cooperación con Estados Unidos y normalizó sus relaciones con Israel.

Por tanto, la realidad internacional es bastante más compleja que el relato que se vende en las redes sociales. Quienes hoy aparecen como aliados ideológicos en determinados espacios pueden defender intereses completamente distintos cuando entran en juego la geopolítica, las fronteras o las rutas comerciales. Porque en política exterior no existen amistades eternas. Existen intereses.

El verdadero peligro

Podemos discutir sobre Pedro Sánchez. Podemos discutir sobre la política migratoria española, sobre Marruecos, sobre Palestina, sobre Israel, sobre la OTAN e incluso sobre la respuesta del Gobierno ante la crisis de Ceuta. Todo eso es legítimo en una democracia.

Lo peligroso empieza cuando una crisis real se convierte en materia prima para una campaña de desinformación destinada a enfrentar a la sociedad. España ya vive una fuerte polarización política. Añadir a esa división cuestiones como inmigración, identidad nacional, Marruecos y soberanía territorial puede crear un cóctel extraordinariamente peligroso.

Por eso conviene desconfiar de los vídeos sin contexto, de las cuentas anónimas que aparecen repentinamente para defender España o Marruecos, de los mapas diseñados para provocar indignación y de quienes necesitan convertir cualquier acontecimiento en una guerra entre pueblos. No todo el que coloca una bandera española en su perfil defiende los intereses de España. Como tampoco todo el que coloca una bandera marroquí habla en nombre de Marruecos.

Lo peligroso empieza cuando una crisis real se convierte en materia prima para una campaña de desinformación destinada a enfrentar a la sociedad

La pregunta que deberíamos hacernos

Quizá todavía sea pronto para saber quién estuvo detrás de cada episodio ocurrido en Ceuta. Las investigaciones deberán determinar responsabilidades y separar los hechos de las especulaciones. Pero no es pronto para identificar quién intenta aprovechar políticamente la crisis.

España lleva años adoptando posiciones que incomodan a actores poderosos: reconoció al Estado palestino, ha mantenido una dura confrontación diplomática con el Gobierno israelí y ha defendido frente a Washington una política propia respecto al gasto militar y la OTAN. Ahora aparece una crisis capaz de golpear directamente uno de los puntos más sensibles de la política española.

¿Es suficiente para demostrar que todo forma parte de una operación coordinada? No. ¿Es suficiente para dejar de hacer preguntas? Tampoco. Porque quizá el mayor error que podría cometer España en este momento sería permitir que otros conviertan sus diferencias internas en un arma contra ella. Criticar al Gobierno de Sánchez no debería significar colaborar, consciente o inconscientemente, con campañas de desinformación destinadas a fracturar la sociedad española.

Antes de compartir el próximo vídeo, el próximo mapa o la próxima teoría presentada como una verdad absoluta, deberíamos detenernos ante una pregunta mucho más sencilla. ¿Quién se beneficia de que españoles y marroquíes se enfrenten precisamente ahora? Quizá la respuesta a esa pregunta explique mucho más sobre la crisis de Ceuta que cientos de vídeos virales.

Marruecos
Ali Lmrabet: “En Marruecos el régimen piensa que con el apoyo de Trump y de Israel, nadie puede con él”
El veterano periodista marroquí, quien fuera detenido durante tres días en Marruecos a mediados de julio, reflexiona sobre la persecución en su país contra críticos y activistas, en un marco de complicidad internacional con Rabat.
Análisis
Ceuta y Melilla, rehenes de la geografía
Los enclaves españoles en África suponen dos puntos conflictivos en los que entran en colisión intereses contrapuestos a diversas escalas: local, regional, internacional y mundial.

Los artículos de opinión no reflejan necesariamente la visión del medio.

Cargando valoraciones...
Comentar
Informar de un error
Es necesario tener cuenta y acceder a ella para poder hacer envíos. Regístrate. Entra en tu cuenta.
Cargando...
Comentarios

Para comentar en este artículo tienes que estar registrado. Si ya tienes una cuenta, inicia sesión. Si todavía no la tienes, puedes crear una aquí en dos minutos sin coste ni números de cuenta.

Si eres socio/a puedes comentar sin moderación previa y valorar comentarios. El resto de comentarios son moderados y aprobados por la Redacción de El Salto. Para comentar sin moderación, ¡suscríbete!

Cargando comentarios...