Opinión
Cuando cuidar enferma

No hay cuidados de calidad si quienes cuidan están al límite, no se puede normalizar el desgaste y es urgente proteger la salud laboral en el sector de las residencias, porque cuidar bien exige condiciones que lo hagan posible.
Huelga residencias
Trabajadoras de las residencias vizcaínas celebran el fin de la huelga. Imagen: ELA.

Trabajadora de residencias y delegada de ELA.

30 abr 2026 05:37

Esta semana ha sido el Día de la Salud Laboral, por el que conviene decir algo que rara vez ocupa el centro del debate: en las residencias de personas mayores, centros de día y viviendas comunitarias, cuidar se ha convertido en un riesgo para la salud física y mental de las trabajadoras.

No hablamos de casos aislados, ni de momentos puntuales de sobrecarga. Todo gira entorno a un modelo impulsado por Diputaciones, Ayuntamientos y empresas con ánimo de lucro subcontratadas por las administraciones públicas. Modelo que, de forma sistemática, empuja a las trabajadoras a enfermar. Porque cuando una persona tiene que atender a un número elevado de personas dependientes en poco tiempo, no sólo afecta a la calidad del cuidado, sino que tiene un impacto directo en el cuerpo y en la mente.

Agotamiento, dolor físico crónico, ansiedad, estrés e insomnio. Esa es la realidad cotidiana en muchos centros de trabajo. Las bajas médicas, cuando llegan, suelen hacerlo tarde o no se cubren, lo que agrava aún más la carga sobre el resto del equipo. Es lo habitual en un sector donde sostener el ritmo implica, muchas veces, romperse. Y, sin embargo, instituciones, patronales y empresas no asumen sus responsabilidades.

Durante años han intentado presentar esta realidad como algo inherente al trabajo de cuidados, un “peaje” vocacional en una tarea esencial para sostener la vida. El problema no es el trabajo, sino cómo está organizado.

Descansos insuficientes, sobrecargas de trabajo, altos ritmos de trabajo y situaciones de total vulnerabilidad en momentos como la noche, donde la falta de personal se hace aún más evidente

Con la excusa de la ratio, esconden las carencias del sistema: descansos insuficientes, sobrecargas de trabajo, altos ritmos de trabajo y situaciones de total vulnerabilidad en momentos como la noche, donde la falta de personal se hace aún más evidente.

Hablan de cuidados, pero defienden un modelo que recorta plantillas, que externaliza servicios y que no garantiza ni cuidados dignos ni condiciones laborales seguras. Mientras tanto, cada vez más trabajadoras llegan al límite. Cada vez más profesionales abandonan el sector. Cada vez más bajas médicas evidencian lo que durante años se ha querido normalizar: que este sistema funciona a costa de la salud de quienes lo sostienen.

El Día de la Salud Laboral no debería quedarse en campañas y declaraciones. Hace falta que quienes diseñan las políticas públicas de cuidados, junto a aquellas empresas subcontratadas con dinero público para su gestión asuman sus responsabilidades. Hace falta reconocer que el actual modelo de residencias es insuficiente y pernicioso.

Reforzar plantillas, reducir las cargas de trabajo y asegurar tiempos de descanso adecuados con medidas que siguen pendientes de aplicación

Reforzar plantillas, reducir las cargas de trabajo, asegurar tiempos de descanso adecuados con medidas que se repiten en las evaluaciones de los riesgos psicosociales pero que sin embargo, siguen pendientes de aplicación.

Porque no hay cuidados de calidad si quienes cuidan están al límite. Porque no se puede normalizar el desgaste. Porque proteger la salud laboral en este sector es una urgencia. Cuidar bien exige condiciones que lo hagan posible.

Cuidados
Cuidar mirando el Excel
La precariedad y la mercantilización del sector de los cuidados y la intervención social son la regla en Euskal Herria, un territorio donde fondos de inversión y grandes empresas se han hecho con el control de un lucrativo negocio.

Los artículos de opinión no reflejan necesariamente la visión del medio.

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