Opinión
El Puerto: entre la purpurina y el solar

El fin del Vaporcito evidencia un modelo de ciudad volcado en el turismo estacional y el postureo mientras el centro histórico cae en el olvido
Vaporcito El Puerto Cadiz
Álvaro Minguito El Vaporcito de El Puerto visto desde el catamarán que conecta el Puerto de Santa María con Cádiz.
19 feb 2026 06:00

La imagen de los restos del Vaporcito pudriéndose en un solar municipal es algo más que una estampa triste: es la metáfora exacta de en qué se ha convertido El Puerto de Santa María. Una ciudad que lo fía todo al escaparate mientras deja que lo esencial se caiga a pedazos. A ratos, El Puerto parece una ciudad de cartón piedra.

Cuesta entender que el Ayuntamiento no tenga reparos en soltar billetes para la cabalgata de Papá Noel, del Gran Visir o del Cartero Real, pero que para el patrimonio histórico nunca haya un euro. No es que uno esté en contra de las fiestas, es que es una cuestión de prioridades que clama al cielo. Parece que si algo no da para el titular de prensa o la foto de Instagram, sencillamente no existe para este equipo de gobierno.

Este abandono no es algo puntual; El Puerto se ha volcado en un modelo de turismo insostenible, de descontrol y borrachera en verano, que ensucia nuestras calles y provoca situaciones que no hay por dónde cogerlas.

Llevan demasiado tiempo echando balones fuera con el Vaporcito. Que si la Junta por ser BIC, que si la Autoridad Portuaria por el suelo, que si los propietarios... Excusas. Lo único que no admite discusión es que el barco ha estado deshaciéndose en un espacio público sin que nadie moviera un dedo para protegerlo. Al final, han dejado que un símbolo de nuestra historia desaparezca de forma irreversible. Es una desfachatez.

Y no es un caso aislado. Este abandono no es algo puntual; El Puerto se ha volcado en un modelo de turismo insostenible, de descontrol y borrachera en verano, que ensucia nuestras calles y provoca situaciones que no hay por dónde cogerlas. Aunque no resida aquí los 365 días del año, mi familia vive aquí, paso en esta ciudad gran parte de mi tiempo y hago vida en sus calles de forma constante. Y si yo, que voy y vengo, soy capaz de ver esta degradación cada vez que vuelvo, no me quiero ni imaginar el nivel de hartazgo de los vecinos que llevan aquí toda una vida aguantando este despropósito a diario.

¿Cómo se explica que la Fundación Rafael Alberti o las fachadas de edificios emblemáticos den esa imagen de desidia? El centro se muere ante nuestros ojos, y ni hablemos de los barrios de la periferia, los grandes olvidados. Tenemos una Calle Larga en plena decadencia, convertida en un desierto de locales vacíos, y un sistema de transporte público que es un desastre absoluto.

El Puerto necesita menos luces de colores y más dignidad para su historia. Nuestra ciudad no puede ser un parque de atracciones estacional para que cuatro energúmenos vengan a perder los papeles en verano. Es nuestra casa y la están dejando caer a pedazos ante nuestros ojos sin que a nadie en el Ayuntamiento parezca importarle lo más mínimo.

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Lleguemos a donde lleguemos, no puede ser que sea más fácil imaginar el fin del capitalismo que el fin del turismo.
VV.AA.

Los artículos de opinión no reflejan necesariamente la visión del medio.

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