Los 300.000 millones en compensaciones y otros signos de la victoria de Irán en su acuerdo con EEUU

La divulgación de los 14 puntos del memorando de entendimiento entre EEUU e Irán pone de manifiesto la urgencia que tenía Trump de cerrar un conflicto que le ha afectado en el plano interno por la escalada de precios del petróleo.
Firma Versalles
Trump firma el memorándum de entendimiento con Irán delante del presidente francés, Emmanuel Macron.

Terminada la cumbre del G7 que ha reunido a los líderes de los países más poderosos del planeta en Francia, la firma del acuerdo entre Estados Unidos e Irán empieza a andar tras la firma, ayer 17 de junio, de un memorando de entendimiento entre ambos países. Ante la atenta mirada del presidente francés Emmanuel Macron en el Palacio de Versalles, Trump dio por finalizada una guerra iniciada el 28 de febrero que le ha supuesto un alto coste reputacional al no haber conseguido ningún logro. El acuerdo definitivo, de 14 puntos, se iba a firmar en un hotel suizo, pero la firma digital de Trump y de Masoud Pezeshkian adelantaron los acontecimientos. “Lo firmé en Versalles” fueron las palabras de un Trump que, como aficionado a los canales de historia de TV, quizá no midió las resonancias del lugar escogido.

El acuerdo tiene como ejes el no desarrollo del programa de armas nucleares por parte de la República Islámica —algo que ya se contemplaba en el Acuerdo Nuclear firmado en 2016, durante la presidencia de Barack Obama—; el levantamiento de sanciones al régimen por parte de Washington y la descongelación de fondos iraníes bloqueados en el extranjero y, según ha trascendido —aunque Trump, de momento, lo niega—,  la creación de un fondo 300.000 millones de dólares, que funcionarían a modo de “compensación”.

Sobre estas compensaciones se conoce poco, pero se sabe que partirán de inversiones directas en lugar de transferencias financieras y que EEUU, al menos oficialmente, no lo financiará, sino que se hará por parte de compañías privadas. En cualquier caso, esta financiación no estaba encima de la mesa antes de que comenzará la guerra, que ahora deben ser usados para la reconstrucción y el desarrollo económico de la República Islámica. La compensación ha sido criticada por destacadas figuras de la extrema derecha estadounidense como el senador republicano Ted Cruz. 

Además, el compromiso estadounidense es poner “fin a todo tipo de sanciones” cuando Irán “se comporte”, en palabras de Trump. A esto se une el desbloqueo de los puertos para la exportación de petróleo. El capítulo de sanciones y los puertos se abrirán paulatinamente a medida que avance la negociación calificada como “técnica” entre los equipos de las administraciones iraníes y estadounidenses.

Como contraparte, además de dejar de bombardear objetivos israelíes y estadounidenses en la región, Teherán deberá reabrir el estrecho de Ormuz de manera completa en las próximas semanas. Se trata de un enclave estratégico para la circulación del petróleo por el que circula el 20% del crudo mundial. Su cierre ha provocado, a lo largo de los últimos meses, grandes descalabros económicos. La recuperación de capital por parte de Teherán permitirá a la República empezar una recuperación económica que le es necesaria. De hecho, las protestas de enero de 2026, duramente reprimidas, se inciaron a causa del descontento de la población por la inflación en los precios de los productos básicos a la que se enfrentaba el país y la caída de valor del rial iraní. 

Las claras cesiones a Teherán han sido interpretadas en dos sentidos. Por un lado, como fruto de las demandas de socios fundamentales en la región como los Emiratos Árabes Unidos y Qatar. Por otro, en clave interna de EEUU, por la necesidad de un respiro en los bolsillos de los votantes tras la escalada de los precios del petróleo y la consecuente inflación. Durante los 30 próximos días, y si no se producen pasos atrás, el dispositivo militar estadounidense en la zona debería comenzar una retirada.

Quien no parece querer acatar el acuerdo entre las dos potencias es Israel, que ha quedado completamente al margen de las negociaciones y quien, a pesar de las insistencias de Trump, continúa con su ofensiva sobre el sur del Líbano. 

La cuestión nuclear

El punto más importante de este acuerdo para ambos países es la cuestión nuclear. Según ha trascendido, Teherán se compromete a no desarrollar, bajo ninguna circunstancia, armamento nuclear. Se desconoce, por el momento, qué sucederá con el uranio enriquecido del que ya dispone Irán. La República Islámica siempre ha mantenido que el enriquecimiento de uranio se lleva a cabo con objetivos pacíficos y para el uso civil y doméstico. En el apartado 8 del memorando de entendimiento, el que hace referencia a este asunto, se prevé que sean ambos países, bajo la supervisión del Organismo Internacional de Energía Atómica  (OIEA) quienes decidan el destino de este material enriquecido.

Israel ha mantenido los ataques y esta misma mañana, la del 18 de junio, se ha reportado la muerte de un hombre en Kfar Tebnit y las heridas de otras dos personas en la gobernación de Nabatieh

Esto no constituye, sin embargo, ningún logro de Donald Trump. En el acuerdo de 2016 entre la República Islámica y Estados Unidos, el régimen ya se comprometió a no fabricar armas nucleares a cambio de una reducción de las sanciones por parte de la comunidad internacional —las potencias europeas, Estados Unidos y las Naciones Unidas—. En ese acuerdo, de hecho, Irán incluso se comprometió a permitir la visita de inspectores a sus instalaciones nucleares.

El acuerdo de entonces, considerado por la comunidad internacional como “histórico”, tuvo su fin después de que Donald Trump asumiera la presidencia de su primee mandato (2017-2021). Bajo el pretexto de que Irán era “el mayor financiador de terrorismo del mundo”, bajo el mantra de que no se habían conseguido avances significativos, y a pesar de la insistencia de las diferentes potencias mundiales por mantenerse en el acuerdo, el mandatario estadounidense decidió darlo por finiquitado

Incendio en Israel, que sigue matando en Líbano

Una de las ramas más débiles del acuerdo tiene que ver con la posición de Israel. El régimen de Tel Aviv ha asegurado que mantendrá operaciones militares contra las fuerzas respaldadas por Irán, lo que incluye a Hezbolá en Líbano. Durante todo el proceso hasta la firma de este memorándum de entendimiento, el Gobierno de Benjamin Netanyahu ha presionado como sabe hacerlo: bombardeando población civil en Beirut y prosiguiendo su ocupación de tierras en el sur del país del cedro, donde aproximadamente el 20% de la población se ha visto desplazada por la guerra.

Desde Israel, la narrativa se dirige a la posibilidad de que el acuerdo entre Teherán y Washington DC deje la puerta abierta a la construcción de la bomba atómica por parte de Irán. El régimen de Netanyahu oscila entre el acatamiento de la decisión de su principal socio internacional y las críticas a un tratado que, como el resto del mundo, interpreta como muy positivo para Irán. La reapertura de Ormuz supondrá un empujón a la economía iraní. 


“El acuerdo de Trump es una capitulación catastrófica ante los agresores de Irán, que deja a Israel vulnerable y limitado”, ha titulado su columna de opinión David Horovitz, fundador de The Times of Israel, el medio en inglés más leído hecho desde el Estado sionista.

A corto plazo, la mirada se sitúa en Líbano. El punto uno del memorando establece “desde la firma del presente protocolo de acuerdo, el fin inmediato y definitivo de la guerra en todos los frentes, incluido el Líbano”. Esa mención es el aspecto político de la victoria de Irán, dado que marca la subordinación de Israel a su socio, EEUU.

El portavoz iraní Esmail Baghaei asumió en primera persona lo vinculante del acuerdo con respecto a Líbano: “La República Islámica de Irán ha demostrado que nunca abandona a sus aliados bajo ninguna circunstancia. Para nosotros, un alto el fuego y el fin de la guerra en el Líbano fueron y siguen siendo tan importantes como lo son para Irán”. Baghaei abundó en la idea de que la Casa Blanca será directamente responsable si Israel hace desbarrancar el acuerdo: “El régimen sionista no quiere dar la más mínima oportunidad a ningún proceso diplomático. Sin embargo, es responsabilidad de Estados Unidos obligar al régimen sionista a respetar los compromisos estadounidenses con Irán plasmados en este documento”. No obstante, el acuerdo de 14 puntos no hace ninguna mención a Gaza y al conjunto de los territorios palestinos.

Sin embargo, Israel ha mantenido los ataques y esta misma mañana, la del 18 de junio, se ha reportado la muerte de un hombre en Kfar Tebnit y las heridas de otras dos personas en la gobernación de Nabatieh. En ambos casos, por el ataque de drones.


Aunque el memorando de 14 puntos no lo detalla, el acuerdo firmado debe implicar la retirada de Israel a la “Línea Azul" —la demarcación que separa Israel y el Líbano según Naciones Unidas— después de una incursión que ha llegado hasta la ribera del Litani. Una “zona de amortiguación” en el lenguaje israelí, que incluye más de 600 kilómetros cuadrados ocupados en el territorio soberano de Líbano.

El impacto del acuerdo Irán-EEUU puede modificar la hoja de ruta hasta las elecciones parlamentarias que tendrán este otoño en Israel. Yair Lapid, principal opositor de Netanyahu, ya está explotando el súbito bajón en la valoración de Trump, a quien el actual primer ministro se ha aferrado como principal valedor internacional del genocidio de Gaza. La relación se ha enturbiado y, aunque todo forma parte de una coreografía, en los últimos días las críticas de Trump a Netanyahu por, entre otras cosas, haber matado a “demasiadas personas”, señalan la distancia actual entre el presidente estadounidense y quien le instó a iniciar la guerra contra Irán bajo la promesa de que el régimen de los ayatolás caería como un castillo de naipes.

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