Yolanda Díaz se postula para dirigir la OIT y se aleja un poco más del Gobierno

A fines del año pasado, la vicepresidenta estuvo a punto de dimitir de sus cargos en el Consejo de Ministros, en medio de un enfado monumental. Hoy se ha conocido que presentará su candidatura a la OIT.
Yolanda OIT - 2
Yolanda Díaz será propuesta por el Gobierno como directora general de la Organización Internacional del Trabajo. En la foto, la ministra en sede de la OIT el pasado mes de octubre de 2025. Álvaro Minguito
23 jul 2026 11:28 | Actualizado: 23 jul 2026 11:58

“¡Yo iba a quedar como la mejor ministra de Trabajo de la democracia, y ahora pasaré a la historia como una ministra de un gobierno de chorizos y puteros!”, clamaba, en un torbellino de rabia, la vicepresidenta Yolanda Díaz, frente a algunos miembros de su equipo más cercano, durante una reunión en la sede de la cartera que preside desde enero de 2020, según ha podido reconstruir El Salto. Hoy, 23 de julio, se ha anunciado que el Gobierno del que quiso salir en esa ocasión, le da la posibilidad de hacerlo proponiéndola como directora general de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), la agencia de Naciones Unidas. 

La vicepresidenta había comenzado a barruntar la idea de dejar el Gobierno en noviembre de 2025 y una muy selecta y pequeña cantidad de personas de su confianza. Le preocupaban los casos de corrupción y que eso terminara empujando por el precipicio a las formaciones de la izquierda confederal que integran el grupo Plurinacional Sumar. Un grupo que después de varios rifirrafes había logrado desde 2024 encontrar estabilidad y un buen funcionamiento entre las partes.

A fines del último otoño no había estallado (al menos con toda potencia) aún el caso que involucra al expresidente Rodríguez Zapatero y su imputación por el ‘caso Plus Ultra’ (aunque su figura viene siendo señalada por esa causa hace años por parte de las terminales mediáticas de la derecha). Pero por esos días se conocía el auto de procesamiento contra el exministro José Luis Abalos, compañero de gabinete de Díaz durante tres años. El exsecretario de Organización del PSOE fue enviado a prisión provisional en noviembre y recientemente condenado por el ‘caso mascarillas’.

En el mismo mes, Santos Cerdán salía de la cárcel por orden del Tribunal Supremo al considerar mitigado el riesgo de destrucción de pruebas y hacía declaraciones sobre su situación procesal, algo que por supuesto retroalimentaba el constante tratamiento mediático de la corrupción en la órbita socialista.

Se sumaba además en ese intenso noviembre la sentencia al fiscal general del Estado, Álvaro García Ortiz, la cual Díaz tachó de “política” y fue muy crítica. Pero la misma no dejaba, junto a los procesos calificados por ‘lawfare’ por la mayoría de la izquierda contra Begoña Gómez y David Sánchez (hermano del presidente del Gobierno), de colaborar en cultivar un ambiente de política judicializada y Gobierno acorralado por causas de corrupción.


En ese contexto, la fundadora de Sumar reflexionaba y la idea de abandonar el Gobierno iba cobrando fuerza. Varias fuentes han dicho en los últimos tiempos que dentro del grupo parlamentario se llegó a debatir muy en serio la posibilidad. Una de esas veces fue la propia vicepresidenta que planteó a los dirigentes de las fuerzas aliadas si ya no sería hora de romper y salir, al menos, del Consejo de Ministros.

Quienes estaban menos por esa labor eran Izquierda Unida y Más Madrid, y en Movimiento Sumar y los ‘comuns’ las aguas estaban más divididas. El debate interno a veces se filtraba a los medios pero nunca como algo más de una idea en análisis.

Los días previos a las Navidades, Díaz tenía un “cabreo monumental”, según lo describe alguien con quien tiene conversación permanente. Y hubo un momento en que la decisión estaba casi tomada: iba a dejar de ser la vicepresidenta y la ministra de Trabajo. En algunas ocasiones hasta pensaba en dejar también su escaño y volver al llano, alejándose de la política. Cabe recordar que en 2024, tras la crisis interna de Sumar por las elecciones europeas, la ministra decidió dejar toda labor de construcción en el partido y todo cargo orgánico, aunque no dejó la presidencia del grupo parlamentario.

Esa decisión al 90 por ciento, por llamarla de alguna manera, la supieron (con matices) dos personas claves: el secretario general del PCE, Enrique Santiago, y el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez. El primero es amigo personal de Díaz, quien le tiene un profundo afecto personal y confidente. Al parecer, el diputado no la intentó persuadir de hacer lo contrario ni tampoco le dio un apoyo cerrado, sino que primó la cautela.

Donde no hubo tanta cautela sino más bien tensión fue en el encuentro personal con Sánchez, que ocurrió en la época de las navidades. Allí Díaz no le expresó que tenía prácticamente la decisión tomada pero sí le expresó que era algo que en Sumar estaban sopesando. Además, le pidió que provocara una crisis de Gobierno —cambios ministeriales— de manera profunda.

El líder del PSOE no aceptó hacer una remodelación a gran escala del Consejo de Ministros y le respondió a Díaz que si ellos acababan saliendo del gabinete, el Gobierno se iba a caer por la imagen de debilidad que transmitiría a la sociedad, iba a tener que llamar a elecciones anticipadas y, por tanto, en ese marco, era irrefrenable una llegada del Partido Popular en coalición con Vox a la Moncloa.

El nuevo año había llegado (y consigo, el receso invernal de la judicatura). Díaz había entrado al descanso de enero pensando que entre la segunda y tercera semana de ese mes iba a anunciar su dimisión, como mínimo, a la vicepresidencia de España y al Ministerio de Trabajo. Esto es un hecho constatado por tres fuentes distintas conocedoras de la situación.

Pero en el debate interno, la exconcejala de Ferrol empezaba a considerar dos elementos de peso, uno más político y otro más personal. El primero era la advertencia de Sánchez y lo inexorable de un llamado a elecciones anticipadas, algo compartido por varios dirigentes de la izquierda confederal aliada.

El segundo era más privado y tenía que ver con su equipo de asesores y altos cargos. Dimitir era dejar a un buen número de personas que llevan toda esta década trabajando con ella sin trabajo y con muy poco margen de tiempo para encontrar otro destino. “Tengo que darle a mi equipo más tiempo para poder reubicarse”, se la escuchó decir.

Después de los días de Reyes, la espuma comenzó a bajar y estos dos elementos, junto a otras cuestiones personales, acabaron llevándola a ir descafeinando la decisión, que acabó diluida en no repetir como candidata a presidenta por el frente de Sumar, como anticipó El Salto en varias oportunidades hasta que Díaz lo hizo público el 25 de febrero.

Aquí difieren las fuentes. Alguien que conoce a Díaz hace más de dos décadas y que la ayudó a desarrollar Sumar señala que el verdadero motivo para no dejar el Gobierno fue darse cuenta que era un arrebato y que se vio a sí misma no tan capaz de gestionar una operación de ese tipo, de altísimo impacto y con consecuencias impredecibles, además del hecho que le gusta ejercer como vicepresidenta.

El dilema de la OIT

Sea como sea, la realidad es la que es y el Gobierno se encamina a sus últimos meses, con unas elecciones generales que serán seguramente en marzo o a comienzos de julio, con la distancia legal necesaria de las municipales y autonómicas. Ahora viene la batalla cultural por los presupuestos generales —que casi nadie cree que serán aprobados, ni por Junts ni por Podemos— y luego la convocatoria.


Pero la salida de Díaz de sus cargos en el Ejecutivo se puede concretar por otro motivo: el 31 de agosto cierra el plazo para la presentación de candidaturas a director general de la Organización Internacional del Trabajo, el cargo que Díaz anhela. Su reacción al anuncio de esa candidatura así lo indica: “Es un orgullo y una responsabilidad enorme poder representar con esta candidatura a España, a Europa, al sur global y a toda la comunidad internacional”, ha declarado hoy.

Lo cierto es que la opción de la candidatura había perdido fuerza a comienzo de año pero la ha recobrado desde junio, por algunos movimientos entre los países miembros y una ventana de posibilidad mejor para una votación de una líder de este estilo; no hace falta ser Nostradamus para saber que Estados Unidos e Israel harían un fuerte lobby contra Díaz. En todo caso, no será hasta octubre de 2027 cuando el o la próxima directora de la OIT asuma su cargo. Para eso queda mucho tiempo y, ante todo, unas elecciones generales a las que la ministra de Trabajo ya renunció a presentarse.

Justicia
El imperio de los jueces-soldado
La justicia española ha entrado en un callejón peligroso. Desde hace años, el Poder Judicial se ha mostrado escorado a la derecha y más como un problema para la resolución de cuestiones cruciales para el Estado.
Asalto Podcast
Podcast | Fin de curso de los partidos de izquierda: nos vemos en septiembre
La posibilidad de unas elecciones aumenta y faltan siglas, líderes, organización y un nombre para un hipotético frente de izquierdas. Conversamos sobre ello con Irene de Miguel (Unidas por Extremadura) y José Ignacio García (Adelante Andalucía)
Cargando valoraciones...
Ver comentarios 2
Informar de un error
Es necesario tener cuenta y acceder a ella para poder hacer envíos. Regístrate. Entra na túa conta.
Cargando...
Cargando...
Comentarios 2

Para comentar en este artículo tienes que estar registrado. Si ya tienes una cuenta, inicia sesión. Si todavía no la tienes, puedes crear una aquí en dos minutos sin coste ni números de cuenta.

Si eres socio/a puedes comentar sin moderación previa y valorar comentarios. El resto de comentarios son moderados y aprobados por la Redacción de El Salto. Para comentar sin moderación, ¡suscríbete!

Cargando comentarios...