Opinión
Todos somos caballos: una respuesta a la camiseta patriótica de Ceuta

Mientras futbolistas y empresarios se visten con el lema de solidaridad, el ataque al coche de una diputada, confundida con las activistas de Negu Gorriak/Derecho a Techo, muestra hasta dónde llega el discurso de odio contra la población migrante.
Ceuta 060 - 8
Dos personas en la playa del Trampolín sentadas junto al mar. Jaime Cinca
26 sep 2026 05:26

En medio del colapso migratorio que hoy afecta a Ceuta, tres futbolistas “racializados” del Real Madrid se colocan, al comienzo del partido contra el Elche, la patriótica camiseta TODOS SOMOS CABALLAS, pero a media asta… Y atruena el tam-tam del odio racista en los medios y las redes de una derecha cada vez más extrema y de una ultraderecha envalentonada.

Pero ante la tragedia migratoria ceutí, de verdad… ¿todos somos caballas? ¿Todos los ceutíes son igual de caballas? ¿Todos los españoles son caballas? ¿Todos los residentes en España son caballas? ¿Los “moros” españoles son caballas? ¿Y los migrantes recién llegados también son caballas? Aunque quizá sean estos últimos los únicos que debieran vestir la camiseta, aunque solo sea por solidaridad con los ceutíes y con ellos mismos…

Frente a esta geopolítica colonialista experimental, se ha de escuchar la voz de los pueblos, y que Ceuta sea lo que autodeterminen sus habitantes… autóctonos o migrantes

Obviamente, los ceutíes, los caballas originales, han sufrido duramente el impacto de la avalancha migratoria procedente de Marruecos, pero las víctimas realmente desamparadas son las personas migrantes que, como náufragos, han sobrevivido al cruce de la frontera y esperan en una suerte de acampada quincemayista un improbable estatus de refugiado. Miles de pobres, mujeres y niños desamparados, pastoreados por los servicios secretos marroquíes o empujados por el hambre, convertidos, en términos de Agamben, en el nuevo homo sacer de la nuda vida contemporánea de la era del colapso: el Colapsoceno.

Así es: el nuevo sujeto experimental del colapso, el que se ha generado en el laboratorio de exterminio de Gaza, desembarca ahora en Ceuta para ser sometido a las más diversas tiranías, desde la caridad humanitaria despolitizada hasta la agresión racista y el encarcelamiento a cielo abierto. Cerca de 80.000 asesinados en Gaza; el mismo número de los que cruzaron la frontera de El Tarajal para malvivir en un no-lugar y, eventualmente, ser devueltos a la miseria; y, al tiempo, un número similar de habitantes de Ceuta, enloquecidos por las apreturas y los discursos de odio… En verdad, una cifra para la ignominia. Frente a esta geopolítica colonialista experimental, se ha de escuchar la voz de los pueblos, y que Ceuta sea lo que autodeterminen sus habitantes… autóctonos o migrantes.

Y es en este contexto donde quizá sería más honesto proclamar no que Todos somos caballas, sino que, aparte de vecinos solidarios y activistas aguerridos, Todos somos canallas… A saber:

El gobierno que tarda en habilitar carpas esperando que los migrantes regresen a la miseria motu proprio.

Las ONG subvencionadas que atienden los cuerpos pero son incapaces de esbozar una crítica.

Los policías y militares a ambos lados de la frontera que se ensañan con la gran porra del monopolio del poder.

El gobierno local que sufre por sus ciudadanos pero ningunea a los menores abandonados.

Los partidos fascistas que propagan la tesis de la remigración y alientan el odio, la matanza y la guerra.

Los patriotas a izquierda y derecha que se envuelven en la bandera de la legalidad.

Las milicias cívicas que apalizan a migrantes indefensos.

Los turistas que al otro lado de la frontera compran el souvenir del orientalismo de la miseria.

Los capitalistas razonables que aguardan con los brazos abiertos la próxima remesa de sumisa mano de obra barata.

Los periodistas, tertulianos e influencers que ceban la narrativa de la invasión zombi.

Los intelectuales a los que se nos llena la boca de buenismo inútil.

Los televidentes que se regodean en el catastrofismo del culebrón ceutí.

La izquierda anémica, sin discurso ni proyecto, que poco a poco le compra el marco a la derecha.

Los defensores de la Europa fortaleza y del supremacismo occidental.

Los agitadores de la morofobia, la negrofobia y la migrantofobia.

Los partidarios de un mundo de fronteras cerradas y concertinas de sangre…

Efectivamente, todos, o casi todos, somos canallas –el que no sea cofrade, que no tome vela–, o caballas-canallas, una subespecie hispana del Scomber scombrus que surca raudo los mares del non plus ultra sin fijarse en los miles de migrantes ahogados que pueblan el fondo marino. Una subespecie que ha mutado el verdel, que según la Wikipedia es “un pez gregario que emprende largas migraciones”, en un extraño pez rojipardo con dientes de tiburón, engendro de la piscifactoría fascista.

No, no todos nos sentimos caballas, al menos ese tipo de caballas, y nuestra camiseta no debiera formar parte del dispositivo estético del fascismo, sino reclamarse de otra especie; por ejemplo, Equus, los caballos. Y por caballos entendemos, sobre todo, a los houyhnhnms, los equinos racionales de la isla de Gulliver, que detestan a los violentos y brutales yahoos humanos… Sí, Todos somos caballos; esto es, Todos somos houyhnhnms evolucionados, o deberíamos aspirar a serlo…

Nuestra camiseta no debiera formar parte del dispositivo estético del fascismo

En medio de la refriega, el penúltimo incidente: una escuadra de caballas protofascistas, enarbolando banderas rojigualdas, ha apedreado y zarandeado el coche de una diputada ceutí, un activista y una abogada, confundiéndolo con el de las activistas de Negu Gorriak/Derecho a Techo, las compañeras de Iruñea que llevaban mantas, medicinas y móviles a la población migrante.

Esta vez se han salvado por los pelos, pero el próximo banco de caballas carnívoras puede desencadenar un pogromo de migrantes y activistas. Es lo que pretenden los digitales fascistas –toda una lección de periodismo delirante– al señalar a Negu Gorriak / Derecho a Techo como peligrosos proetarras.

Justamente, este colectivo, que en Iruñea lleva meses plantando cara al sinhogarismo y acompañando a los migrantes desalojados, no solo se arriesga a viajar a Ceuta: ahora mismo intenta levantar, mediante un crowdfunding, el nuevo espacio solidario en la capital navarra Fraktal, destinado, entre otras funciones, a albergue invernal de migrantes y sede formativa de la Agencia Europa Antifronteras. La casa por el tejado, pero con hechos materiales y no con meros discursos humanitaristas…

Todo un sueño: que cuando dentro de poco lleguen los negu gorriak y un puñado de migrantes duerma a resguardo bajo techo, en los rojos cielos del crudo invierno naveguen los caballos de Troya de la irreductible rebeldía.

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