Ceuta
El colectivo Negu Gorriak desafía la amenaza fascista y mandará una segunda brigada a Ceuta
Negu Gorriak significa “Inviernos Crudos” en euskera, un nombre que a mucha gente le recuerda al grupo de rock vasco de los años noventa liderado por los hermanos Muguruza, y que a otros, por asociación, les dispara un resorte: señalar al oponente político como proetarra. Este mecanismo se activó este fin de semana cuando el colectivo navarro Negu Gorriak/Derecho a Techo anunció que se dirigía a Ceuta desde Iruñea para llevar ayuda humanitaria y monitorear las violencias ejercidas contra las personas migrantes bloqueadas en la ciudad autónoma.
El colectivo, según anunciaba en rueda de prensa el viernes 18 de septiembre, se coordinaba en la ruta a Ceuta con “Fraktal, la Agencia Europea Anti-Fronteras, Aurora Grup de Suport y No Name Kitchen” para hacer entrega de los materiales recogidos en el punto de partida y a lo largo de su viaje. Como vienen haciendo otros colectivos y brigadas solidarias desde que, tras su entrada a finales de julio, miles de personas migrantes se encuentran en el enclave sufriendo de la intemperie y la violencia, su objetivo era, a través del apoyo mutuo, ayudar donde las instituciones no estaban ayudando. Por su parte, la Agencia Europea Antifronteras, es una plataforma internacional que tiene como objetivo la abolición de las fronteras.
Ya durante el fin de semana el engranaje criminalizador de la solidaridad estaba a pleno rendimiento, con titulares que hablaban de “los Negu Gorriak”, como “el grupo ultra de activistas de izquierda que ha llegado a Ceuta”, según el Confidencial. Por su parte, la Razón explicaba que “la organización ‘proetarra’ que viaja a Ceuta llama a la “desobediencia” y defiende con su “cuerpo” a los inmigrantes”, mientras que una de las cabeceras más inspiradas de las últimas semanas, la de El Español, que califica a las personas migrantes como “invasores” en sus titulares, incluso cuando fallecen, tildaba de proetarras a las activistas, sin usar comillas, para a continuación entrecomillar las palabras “ayuda” y “vigilar”.
Todos estos términos reemergieron en un mensaje de voz, reportado por El Diario.es —tras haber sido compartido en el grupo de wassap de la Federación de Asociaciones de Vecinos de Ceuta— en el que se insistía en el peligro que suponían los militantes “que apoyan a la banda terrorista de ETA”, persiguen a “niños de 12 años y les dan palizas por llevar la bandera de España, a militares, a ancianos”. El mensaje también rescataba la retórica sobre la naturaleza ultra definiendo al grupo como “skins de izquierdas” que atacan a la policía. Envalentonados receptores de mensajes como este acudieron al puerto de la ciudad autónoma a “recibir”, al colectivo. Pero el resultado de tanta agitación contra “el peligro filo etarra” lo sufrieron la diputada de Ceuta Ya! Julia Ferreras, y sus acompañantes, el activista y abogado Rafael Borrego y la letrada especializada en derechos humanos Sofía Cánovas.
“Nos han atacado en Ceuta. Han empezado gritándome y agarrándome en la “concentración” y me he ido antes de que me lincharan entre 200”, así comenzaba el texto en redes con el que Rafael Borrego explicaba cómo había sido atacado en el puerto de Ceuta, al ser confundido con uno de los integrantes de Negu Gorriak/Derecho a Techo, a quienes los fascistas esperaban. Tras introducirse en el coche de la diputada de Ceuta Ya, el auto fue bloqueado y destrozado. “Nos han rodeado y se han lanzado contra nosotros con piedras, puñetazos y todo lo que veis”, continua el activista en la descripción del vídeo, donde se ve a la policía reteniendo sin mucha contundencia a la turba. No es la primera vez que Ferreras es objeto de violencia, en esta ocasión, el riesgo percibido ha sido muy alto: “Pensé que no saldríamos de allí, desde dentro se escuchaba solo ‘os vamos a matar’”, declaraba ayer ante los medios. Se detuvo a dos personas tras la agresión grupal.
En la tarde del lunes el colectivo Negu Gorriak se solidarizaba con el otro Negu Gorriak, la banda: “Lamentamos el acoso y las dificultades que pueda estar sufriendo por una confusión de nombres y por el odio que, aparentemente, el fascismo les tiene desde siempre”, afirmaban en rueda de prensa. De nuevo, Negu Gorriak quiere decir Inviernos Crudos, como los tres inviernos que el colectivo lleva preocupándose por facilitar un refugio contra las inclemencias a jóvenes migrantes que permanecen en las frías calles de Iruñea, como explicaban la tarde del lunes durante la rueda de prensa, antes de abordar las cuestiones que estaban en el aire tras la brutal agresión del domingo: “Hoy venimos a contaros tres cosas: cómo va la brigada que salió el domingo hacia Ceuta, la campaña de acoso que están sufriendo nuestras compañeras, y el albergue que vamos a abrir este invierno”, introducían el marco las activistas.
“Continuamos con nuestro plan de enviar más brigadistas en las próximas semanas, porque la solidaridad no se detiene por las amenazas”
Respecto a la campaña de acoso, ya iban prevenidas de lo que se podían encontrar por parte de organizaciones y activistas presentes en Ceuta, explica a El Salto Alba Schiafino, tras la rueda de prensa: “Además, habíamos asistido al espectáculo sin precedentes que la derecha racista, fascista y furiosa ha desplegado a través de mensajes demagógicos y absolutamente delirantes en algunos medios de comunicación”. La activista recalca que no les sorprende ni que se les acuse de “etarras”, “es el comodín preferido de las posiciones fascistas”, ni lo que les pasó a Ferreras, Cánovas y Borrego. “Evidentemente, condenamos todo tipo de violencia fascista y de linchamiento. Nos parece absolutamente inaceptable”. La mezcla entre el fantasma del musulmán racializado invasor, y el viejo enemigo etarra “diversifica —apunta Schiafino— las estrategias de criminalización de las personas migrantes y también de las redes de apoyo”.
En la rueda de prensa de ayer el colectivo insistió en que forma parte de un esfuerzo plural con otros colectivos, al que han sumado sus fuerzas y los materiales que transportaban en este primer viaje: “material electrónico recogido en Iruñea”, sobre todo móviles, cargadores, aquello necesario para que las personas migrantes puedan estar conectadas y seguir sus procesos de asilo u otros trámites, sobre todo teniendo en cuenta que han sido reportados robos y destrucción de móviles por parte de las fuerzas de seguridad, según han denunciado las organizaciones y las propias personas afectadas.
También viajaban con “material recogido en Madrid: material médico, mantas, esterillas, tiendas de campaña y ropa, aportado por la Villana de Vallekas y la Enredadera”. Como ya ha sucedido con otras organizaciones, las activistas han recibido amenazas de muerte “su información personal circula por grupos fascistas de WhatsApp: fotos, datos personales, hasta la matrícula del coche”. Señalaban a lo medios por preparar “el terreno”, para que se dieran las agresiones. Sin embargo, apuntaban en rueda de prensa: “Continuamos con nuestro plan de enviar más brigadistas en las próximas semanas, porque la solidaridad no se detiene por las amenazas”.
Para Schiafino, la escalada de estos días se enmarca en un contexto de “derechización y de esquadrismo como su expresión más descarnada”, algo que desborda el Estado español y que puede ya verse en todo el continente europeo: “no son discursos nuevos, pero sí están siendo más redundantes. Culpar al proletariado excedente de la miseria que genera el capitalismo no es nada nuevo”. En este marco, la activista señala un continuo que une los progromos como el de Torre Pacheco, a la negativa de empadronar, que afrontan en Iruñea. “Son los mismos mecanismos en distintas fases de agudización de una violencia racial a la que nos oponemos con toda la contundencia”.
Poner el cuerpo
En la rueda de prensa del pasado 18 de septiembre, antes de partir, las activistas dijeron algo que quedó resonando en los titulares y comentarios que luego les criminalizaron: “Vamos a Ceuta con un primer objetivo: poner el cuerpo como escudo ante una violencia sin precedentes”. Ese “poner el cuerpo”, fue entrecomillado por diversos medios, poniéndolo como ejemplo de amenaza, indiferentes a la argumentación del colectivo, que apuntaba a la necesidad de poner el cuerpo contra las vulneraciones de los derechos humanos perpetradas por las fuerzas de seguridad: “Las personas refugiadas en Ceuta están sufriendo ataques racistas y fascistas, y también la violencia de las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado y del ejército, en una de las zonas más militarizadas de Europa”, advertían.
No solo militarización, explica Schiafino a El Salto: “En Ceuta, aquí y ahora, es donde el régimen de fronteras de la UE está configurando algunos de sus dispositivos de segregación más violentos”. Una segregación que trasciende la ciudad autónoma, del mismo modo que las fronteras segregan todas las ciudades. La activista conecta su acción en Ceuta con su recorrido como colectivo: “En Negu Gorriak llevamos tres años trabajando en la acogida, el acompañamiento y la organización de personas migrantes, fundamentalmente jóvenes del Magreb, que llegan a Iruñea desposeídas de derechos y de recursos básicos”.
“En Ceuta, aquí y ahora, es donde el régimen de fronteras de la UE está configurando algunos de sus dispositivos de segregación más violentos”
En este mismo sentido se pronunciaba ayer el colectivo durante su rueda de prensa, comparando Ceuta con otros lugares de frontera, como Lampedusa o Río Grande, y recordando que las fronteras “son mecanismos de disciplinamiento de la fuerza de trabajo: se quieren trabajadores precarios y subordinados, sin derechos y sin papeles”. Mecanismos de disciplinamiento que se enmarcan, en el caso europeo, dentro de políticas migratorias abonadas a la externalización, como recordaban antes de emprender su camino a Ceuta: “La UE paga a Marruecos al menos 500 millones de euros para controlar esa frontera, y el Estado español paga, directa o indirectamente, para que la represión más violenta contra los migrantes ocurra en territorio marroquí o en alta mar, lejos de las cámaras”.
Todo ello con la complicidad del gobierno del PSOE pues, señala Schiafino, el progresismo ha permitido habilitar un recrudecimiento del sistema contra las personas migrantes: “sectores que se autodenominan progresistas han ido adoptando, a lo largo de las distintas agudizaciones, marcos cada vez más duros y han ido amparando distintos paquetes de medidas de vulneración de los derechos humanos en el Estado español”. La activista señala la contradicción entre identificarse como progresista y “continuar siendo fieles a esa administración de la pobreza, con resultados profundamente violentos sobre las vidas migrantes”.
Desde que el fin de semana se desatara la campaña contra el colectivo, Negu Gorriak/Derecho a Techo, ha recibido una gran apoyo, explica Schiafino, quien reflexiona sobre cómo “la represión genera nuevos mecanismos de solidaridad y nuevos impulsos para seguir avanzando hasta tumbar todos los muros”. Con todo, la activista quiere poner en el centro cómo este sistema de fronteras obliga a las personas a “poner el cuerpo” para resistir, mientras fuerza a las personas en movimiento “a arriesgar sus vidas”.
Clase, raza, frontera
La organización relaciona la intemperie sufrida en Iruñea y la que enfrentan las personas migrantes bloqueadas en Ceuta, con un mismo origen: la falta de “voluntad política” para garantizar un techo. “Nuestra mayor preocupación no es una supuesta crisis migratoria. Es una emergencia habitacional. En Iruñea hay cientos de chavales magrebíes durmiendo en la calle, y hay miles de viviendas vacías en el territorio. Tenemos, principalmente, un problema de especulación, no de migración”, afirmaban en la rueda de prensa de ayer. En el marco de la ciudad, esta mirada política se está concretando en la campaña de financiación de un albergue con 24 plazas en Fraktal.
Junto a la intemperie habitacional, convive el racismo, que hace a algunas personas más “acogibles”, que a otras: “Si hemos podido acoger a 350.000 ucranianos y a 250.000 venezolanos, estamos hablando de medio millón de personas. Podemos asumir sin problema la acogida de las personas que se encuentran ahora mismo hacinadas y sin perspectivas en esa ciudad fortaleza que es Ceuta”, concluye Schiafino.
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