Política
El movimiento de vivienda no baja el ritmo y llama a la huelga general con una movilización masiva
Las amenazas de lluvia no han detenido al movimiento de vivienda madrileña que, como se esperaba, ha cumplido todas las expectativas en una manifestación histórica, a la altura de las protestas de los 8 de marzo y de la huelga del clima de 2019. La lucha por el derecho a la vivienda ha abierto un nuevo ciclo político en el conjunto del Estado, y para muestras las manifestaciones de ayer en Bilbao, en Sevilla, la de hoy de València —donde se han producido cargas policiales— o Cádiz y la que se espera esta tarde en L'Hopsitalet de Llobregat, municipio donde se suicidó Olga Matute, una de las víctimas de los desahucios.
Casi medio millón de personas, según la organización, han participado en la manifestación que concluía en la madrileña plaza de Cibeles. Llegadas en cuatro columnas que partían desde puntos distantes de la capital, las columnas estaban integradas por distintas organizaciones, desde el Sindicato de Inquilinos, referente actual del movimiento, hasta las Plataformas de Afectados por las Hipotecas, los colectivos feministas, antirracistas y ecologistas. Además, mucha gente movilizada por primera vez en los últimos días y tras el desahucio de Maricarmen Abascal, la mujer de 87 años que con su lucha para seguir en su casa ha conseguido levantar el velo sobre el problema de la vivienda.
Subida en el escenario de la plaza de Cibeles, Alicia del Río, portavoz del Sindicato de Inquilinas, se refería a la incapacidad mostrada ayer, 2 de octubre, por los diputados del Congreso, para entender lo que supone la movilización de vivienda: “Mucha gente veía con esperanza esa votación”, ha explicado, en referencia a los dos decretos tumbados por la mayoría de derechas de la cámara, “[mucha gente] ha sentido tremenda vergüenza de que una medida tan básica fuera tumbada por un Congreso secuestrado por el rentismo”, ha declarado.
Si el jueves la consigna de que nada se iba a detener pasara lo que pasara se planteaba como un reto y como una forma de mantener la presión, después del pinchazo de los dos decretos Maricarmen, ese “no parar” se ha convertido en una fuerza sin discusión. Decenas de personas siguen plantando sus tiendas en nuevas acampadas como las de Uviéu/Oviedo, Compostela o Zaragoza, y las manifestaciones y acciones de protesta siguen aglutinando más y más gente. Tras el fracaso de los representantes políticos, la mirada se dirige a los sindicatos, los únicos con la potestad legal de convocar una huelga general que se ha convertido en la reivindicación de todas las plazas.
“Se ha acabado el tiempo de los diputados, ahora comienza la verdadera legislatura de la vivienda”, ha proclamado la portavoz del Sindicato de Inquilinas desde Cibeles. Constatada que con la mayoría actual no va a haber avances significativos —y tampoco avances no significativos— en materia de vivienda, las calles han determinado que la única vía es la de la huelga general. Falta por ver si, desde Moncloa, Pedro Sánchez pone fin a la legislatura, convoca elecciones, y qué efecto puede tener eso sobre la posible consecución de una huelga general este otoño.
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