Racismo
El discurso xenófobo como estrategia para amarrar el voto de orden en Euskadi
El voto de orden. Eso es lo que el PNV trata de apuntalar tras constatar en el último ciclo electoral que su hegemonía en las urnas de Euskadi ha llegado a su fin. El constante crecimiento de EH Bildu es para los jeltzales un rompecabezas difícil de abordar y la formación peneuvista se ha lanzado a la derecha, al discurso xenófobo y a la defensa de la Ertzaintza. La estrategia es clara, evitar que el votante conservador bascule hacia el PP o que, directamente, abrace la ola reaccionaria que sacude Europa y el resto del Estado y acabe dando alas a Vox en los tres territorios históricos. Con este fin, los jeltzales han radicalizado sus discursos públicos, pero también quieren incidir en las políticas que afectan a la ciudadanía. En Madrid han sacado adelante la ley de multirreincidencia en una foto que les situó con PP y Vox y han pedido un “debate riguroso” sobre la prohibición del burka y el niqab. En Euskadi, donde gobiernan, han logrado que la Ertzaintza sea la primera policía del Estado que revele el origen de los detenidos. Una medida que crea muchas dudas dentro del propio partido jeltzale.
La llegada de Aitor Esteban a la presidencia del PNV coincide con el inicio de la estrategia de endurecimiento del PNV en política migratoria. El mensaje ya lo repite con insistencia el lehendakari Imanol Pradales: “el que la hace la paga”. La formación peneuvista ha trazado una línea que relaciona a la migración, el trabajo y también a la delincuencia. Es decir, que la integración pasa por un contrato laboral. Y es que los jeltzales ya han recriminado al presidente Pedro Sánchez que no haya una mayor vinculación entre la regularización de migrantes y el trabajo. En ese nuevo giro de guion en la era post-Ortuzar, Pradales quiere ser uno de los timoneles del partido y ha planteado una «migración ordenada y con formación cualificada en el país de origen» -una fórmula que le costó las críticas de su socio en el Gobierno Vasco, el PSE- o que la Ertzaintza publique desde el pasado mes de octubre el origen de las personas que cometen delitos. Es más, el Euzkadi Buru Batzar avala la expulsión de menores en casos «excepcionales» si no se «integran».
El PNV ha trazado una línea que relaciona a la migración, el trabajo y la delincuencia. Y avisa Pradales: “el que la hace la paga”
El primer cambio significativo se produjo el pasado mes de noviembre, cuando el departamento de Seguridad del Gobierno Vasco, dirigido por Bingen Zupiria, anunció que la Ertzaintza se convierte en la primera policía en informar sobre la procedencia de sus detenidos. “Se evita la estigmatización”, dijo Zupiria, cuando el PSE y los partidos de la izquierda y los movimientos antirracistas le recriminaban precisamente eso, que dar ahora ese dato ahonda en la estigmatización de las personas migrantes. Un dato que se ocultaba de manera deliberada ahora se traslada de forma marcando si quien comete un delito es español –única nacionalidad que se facilita– latinoamericano, magrebí, subsahariano, europeo, asiático… Al ser preguntado por este cambio de criterio en la política de comunicación Zupiria admitió en el Parlamento Vasco que su discurso ha cambiado respecto a la delincuencia y la migración.
Zupiria ya había abonado el terreno antes de dar a conocer el cambio de la política comunicativa en la Ertzaintza. Durante semanas previas había relacionado a los “extranjeros sin arraigo” con el incremento del uso de armas blancas en las calles. Un discurso que respalda el partido a través de su portavoz en el Parlamento Vasco, Joseba Díaz Antxustegi, una cara nueva con el objetivo de rejuvenecer las filas de la formación y que traslada un discurso notablemente más ultra que el de sus antecesores. Antxustegi ya mostró su respaldo al mensaje de fin de año del lehendakari centrado en las personas migrantes y que se basó “en derechos y deberes”. “Hay que ejecutar la vía para expulsar a quien no quiere integrarse”, ha llegado a decir. Pero es que el joven portavoz parlamentario también ha sido pieza clave en el discurso antiokupación -es también una de los cargos que el PNV quiere impulsar en las redes sociales- y en defensa de los propietarios ante los impagos de los alquileres. Curiosamente, a Antxustegi se le ha relacionado con el supuesto alquiler de un piso turístico en Menorca que superaría los 6.820€ al mes.
Dudas dentro del partido
Lo que ha quedado demostrado es que la revelación del origen de los detenidos es una decisión política con una aplicación real muy limitada. La Ertzaintza sí facilita ya estos datos porque cuenta con un gabinete de comunicación, pero las policías locales parecen alejadas de dar a conocer estas estadísticas. El caso más claro es el de Donostia. Su alcalde, el jeltzale Jon Insausti -que sustituyó a Eneko Goia tras diez años en el cargo-, ha defendido a capa y espada revelar el origen de las personas que son detenidas, pero la Guardia Municipal de la capital guipuzcoana carece a día de hoy de un equipo comunicativo que vaya a enviar todas las semanas esos datos a los medios de comunicación. “Es una decisión política y no práctica, porque no hay intención a corto plazo de que Donostia tenga responsables de comunicación en la Guardia Municipal”, trasladan desde el Ayuntamiento.
Pero el lío interno en el PNV se produjo cuando otro peso pesado, el veterano alcalde de Bilbao Juan Mari Aburto, anunció que no revelaría el origen de los detenidos con la justificación de mantener los equilibrios con su socio el PSE. Esteban admitió que “discrepa” con el alcalde bilbaíno y Aburto tuvo que salir al paso asegurando que es “fiel al PNV”. En todo caso, la policía local de la capital vizcaína, a pesar de estar gobernada por los jeltzales, no asumirá esta política marcada por el departamento de Seguridad de Bingen Zupiria. “Si eso fortalece el modelo de Policía vasca, Donostia va a estar ahí sin duda”, defiende Insausti. Y en todo esto, EH Bildu, fuerza política con más ayuntamientos en Euskadi -aunque no gobierna ninguna de las capitales- se ha limitado a pedir al alcalde de Donostia que rectifique en su decisión, pero, en general, sin una estrategia de gran confrontación al respecto.
Los jeltzales arrastran hacia la derecha al PSOE con la aprobación del la ley de multirreincidencia y se alinean con el PP y con Vox en esta materia
A pesar de las discrepancias existentes, parece que el PNV no va a jugar a doble banda con sus políticas migratorias. Su postura se ha derechizado en Euskadi y esa línea la defiende también en el Congreso de los Diputados en Madrid. Una estrategia que le obliga a evitar las fotos y los titulares con el PP y Vox, aunque a veces no lo haya logrado o no haya querido esquivarlo. Los jeltzales aprobaron en febrero la ley de Junts contra la multirreincidencia con los populares y con la formación ultraderechista. Los «acuerdos entre diferentes» si sirven para solucionar «problemas reales» apuntaron desde el partido peneuvista, para añadir que hay que actuar «sin alarmismo pero tomando decisiones» en materia de seguridad. La reforma contempla penas de prisión de 6 a 18 meses a aquellos que acumulen tres condenas por hurto leve (menos de 400 euros). E impone condenas de cárcel de uno a tres años (hurto agravado) si los objetos sustraídos son móviles o similares.
Los de Aitor Esteban no tienen ningún interés en dejar caer al Gobierno de Pedro Sánchez, menos cuando todo apunta a que la actualización del Estatuto de Gernika podría paralizarse con la llegada a Moncloa de PP y Vox. Pero eso no frena a los jeltzales para exigir a la coalición PSOE-Sumar que se aprueben en Madrid unas políticas propias de la derecha. Otro de los debates que ha entrado de lleno en el Congreso es el de la prohibición del burka y el niqab. La iniciativa presentada por Vox no salió adelante porque solo recibió los votos del PP, pero sí la mayor parte del espectro político español se ha lanzado a tachar de “xenófoba” la medida, tanto PNV como Junts han presentado iniciativas propias. Los jeltzales se han limitado a pedir “un debate riguroso” sobre este tema, y se han alejado de la clara posición de Junts: “ni burka ni Vox”.
La influencia de Madrid
El nuevo papel de EH Bildu en la política vasca y española también ha obligado al PNV a un viraje de su discurso. La izquierda abertzale se ha erigido esta legislatura como uno de los socios más fieles del Gobierno de coalición PSOE-Sumar y se ha alejado por completo de las trabas que otros partidos como Junts o Podemos han planteado. El giro copernicano de la izquierda abertzale del independentismo al posibilismo estatutario es ya total. El socio más duro del presidente es la formación de Carles Puigdemont, que ha ido más allá y ha roto con Sánchez tras anunciar que bloqueará las leyes en trámite y las futuras. La formación dirigida por Arnaldo Otegi, en cambio, sigue convencida de que Sánchez supone “una ventana de oportunidad” para Euskadi y hará todo lo que esté en su mano para facilitar su continuidad. Una estrategia que seguro no pasa desapercibida para los socialistas, que ya han llegado a acuerdos de gobierno con EH Bildu en Nafarroa y en Iruñea -en esta última también con Geroa Bai, marca del PNV en la comunidad foral-.
Donde no se ha dado ese apretón de manos es en Euskadi. El PSE mantiene Ejecutivos de coalición con el PNV en el Gobierno Vasco, en las tres diputaciones forales y en los ayuntamientos. Una alianza bien forjada a pesar de los desencuentros que los líderes de ambas formaciones están protagonizando en los medios de comunicación sobre temas como la exigencia del euskera en la administración pública vasca o el traspaso del puerto de Pasaia a Euskadi. Lejos de estos cruces declarativos, el engranaje institucional parece lejos de cambiar de piezas. Los socialistas vascos han reiterado que no hay entendimiento posible con EH Bildu mientras estos no realicen una profunda revisión sobre el papel de ETA. En todo caso, y como se remarcaba anteriormente, en Nafarroa no han requerido de ello para acordar. A día de hoy, parecen improbables los gobiernos EH Bildu-PSE, a no ser que el PNV se deje embaucar por el PP de Feijóo.
Parecen improbables los gobiernos EH Bildu-PSE, a no ser que el PNV se deje embaucar por el PP de Feijóo
La amenaza de la continuidad del Ejecutivo central -algo que existe desde casi el primer día en el que Sánchez llegó a la Moncloa- y las encuestas auguran una victoria del PP y un importante incremento de escaños de Vox. Los jeltzales ya han advertido al presidente de los populares, Alberto Núñez Feijóo, que no quieren saber nada de la ultraderecha, pero son conscientes de que podrían volver a ser partido bisagra si los populares gobernasen en minoría. Habría que limar muchas asperezas para ello, ya que el choque entre el lehendakari Imanol Pradales y la presidenta de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, a cuenta del euskera o la tensión entre el ‘número 2’ del PP, Miguel Tellado, y Esteban por el palacete de París parecían haber roto prácticamente la relación entre los dos partidos.
Ahora, tras la reunión de Esteban y Feijóo el pasado mes de marzo en Bilbao parece que la reacción entre ambos podría volver a engrasarse. Y es que los populares, en su intento por lograr aliados, pueden ser muy generosos. Tras las elecciones generales del 2023 que ganaron los populares Feijóo trató de ser investido y ofreció el Ministerio de Industria al PNV a cambio de su apoyo. Los jeltzales no aceptaron y un presidente de los populares perdió por cuarta vez un intento de investidura. Ahora, el cambio de estrategia del PNV y el incierto futuro de la política española abre una posibilidad para que los jeltzales puedan acabar abrazando el giro conservador. O peor. Siendo uno de los partidos claves con sus votos para que un nuevo ciclo de la derecha sea realidad.
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