Radical Magazine
Drew Pendergrass: “La lucha social determina la naturaleza de una tragedia, sus causas y sus significados”
Socialismo de medio planeta (Levanta Fuego, 2023) es uno de esos libros que desafían desde el título. Este híbrido entre el ensayo político, las publicaciones científicas centradas en el medio ambiente y la ficción utópica, nos presenta varias propuestas para superar el malogrado estado de nuestro mundo.
Sus autores, Troy Vettese y Drew Pendergrass nos recuerdan cómo el neoliberalismo, que apenas era una ideología outsider a principios de los 70, consiguió crear un marco mercantil en el que la vida humana, animal y la propia naturaleza, quedaban muy lejos de las prioridades de los sistemas sociales actuales. Desde ahí comienza la construcción pormenorizada de un plan para recuperar la supervivencia de nuestro entorno natural desde una economía planificada que proteja todas las vidas de nuestro mundo.
Desde el club de lectura “Experimento-Z” se nos dio a conocer la historia de este formidable libro. Tiempo después, tuvimos la suerte de poder conversar con uno de sus autores, Drew Pendergrass.
El libro es un ensayo político, económico y, sobre todo, ecológico que ha tenido bastante éxito dentro y fuera de EE UU. ¿Cree que la razón es que está tomando forma un cambio en la mentalidad política, o que simplemente ha llegado muy bien a su público objetivo y ya está?
Escribimos Socialismo de medio planeta porque sentíamos que se reflexionaba demasiado poco sobre el alcance completo de la crisis ambiental y sobre la escala de las transformaciones sociales necesarias para acabar con ella. En mis conversaciones desde que se publicó el libro, he comprobado que nuestra insatisfacción era ampliamente compartida tanto por científicos como por activistas.
En las ciencias, hoy existe una literatura bastante sustancial sobre las acciones necesarias para evitar una pérdida catastrófica de biodiversidad, la contaminación por nutrientes y químicos, y el cambio climático. Incluso en informes bastante aburridos de consenso científico, como la comisión EAT-Lancet sobre la dieta de salud planetaria, los modelos sugieren que son necesarias transformaciones sociales drásticas para evitar desestabilizar el sistema terrestre. Sin embargo, la escala completa de la transformación rara vez se imagina en las ciencias. La necesidad simplemente emerge en paralelo en las secciones de resultados de cientos de artículos, demasiado enorme para ser explorada en una breve discusión.
Mientras trabajaba con activistas y participaba yo mismo en el movimiento climático, he sentido un hambre de utopías, de alternativas plausibles a los sistemas contra los que luchamos
En paralelo, mientras trabajaba con activistas y participaba yo mismo en el movimiento climático, he sentido un hambre de utopías, de alternativas plausibles a los sistemas contra los que luchamos. La crítica ya no parece suficiente para los problemas que afrontamos; hay hambre de alternativas creativas, de nueva infraestructura para la vida colectiva. Una forma en que se ha manifestado ese hambre es en una floreciente literatura nueva sobre planificación económica como alternativa a la gobernanza basada en el mercado.
Están surgiendo nuevas demandas, como la socialización de la vivienda privatizada en Berlín, que hacen avanzar materialmente la transformación social y, además, convierten la transformación en algo imaginable, tangible y parte de la estructura de la vida cotidiana y de la lucha. Creo que por eso el libro se ha vendido tan bien.
Nuestros esfuerzos por imaginar una alternativa ecosocialista real y desarrollada al capitalismo —una que responda a las necesidades materiales que los científicos han estado explorando— han recibido muchas críticas, muchas de las cuales señalan puntos con los que ahora estamos de acuerdo y que intentamos incorporar en nuestro trabajo futuro. Sin embargo, incluso en esas críticas, en muchas detecto una sensación de alivio: al menos el libro intentó hacer algo nuevo.
Una de nuestras dudas es si habéis tenido algún tipo de problema durante o después de la publicación del libro en un país donde el término “socialismo” ha recibido la peor prensa, llegando incluso a ser ampliamente perseguido.
EE UU es un país extraño; los historiadores y politólogos suelen señalar que, a diferencia de Europa, EE UU nunca tuvo un movimiento socialista poderoso. Al mismo tiempo, EE UU ha tenido una historia colorida de movimientos obreros exitosos por el cambio social, a menudo organizados en torno a líneas raciales, que, aunque no eran socialistas de nombre, ciertamente reflejan valores socialistas de democracia y solidaridad. Esas complicaciones continúan hasta hoy.
La organización política DSA, o “Democratic Socialists of America” —actualmente integrada como el ala más izquierdista del Partido Demócrata de Estados Unidos— está compuesta de forma desproporcionada por un cierto tipo de activista: cosmopolita, con formación, blanco y con movilidad social descendente (probablemente en una profesión de servicios, como la educación).
Es común que los miembros de DSA se relacionen con el socialismo, al menos inicialmente, a través de sus símbolos, empezando como un interés intelectual o como afinidad con ciertos personajes de las noticias o de las redes sociales. Muchos miembros son recién llegados a las ciudades en las que viven, y la DSA, en su mejor versión, trabaja para conectar sus deseos flotantes de cambio con luchas tangibles y arraigadas en un lugar.
Por si no es obvio, soy un típico miembro de la DSA, y estoy orgulloso de ello. Otras formaciones progresistas de EE UU funcionan de manera bastante distinta. Muchas están muy localizadas en un barrio o una comunidad concretos, y sus miembros se interesan principalmente por ese contexto particular más que por un conjunto de ideas. Puede que la palabra socialismo resuene o no (lo segundo es común, especialmente cuando una formación incluye a personas socializadas durante la Guerra Fría). Aun así, yo llamaría socialistas a muchas de estas formaciones en sus valores fundamentales. Quizá por eso, en un número creciente de ciudades, muchos de estos grupos están dispuestos a entrar en coaliciones con la DSA como parte de una amplia lucha progresista por una u otra causa. Sospecho que este trabajo en coalición es el futuro a corto plazo del socialismo en Estados Unidos, con la DSA como un grupo identitario semiorganizado que se solidariza con otros.
Todo esto viene a decir que nuestro libro ha sido bien recibido por el conjunto de personas bastante jóvenes de EE UU que se sienten atraídas por la DSA. Los sospechosos habituales (conservadores, anticomunistas, etc) se han topado ocasionalmente con él y han dejado alguna reseña maliciosa, pero en general lo han ignorado. Sospecho que es porque tienen cosas más importantes de las que ocuparse.
Puede que el socialismo siga siendo un tema polarizante, pero tras más de una década con Bernie Sanders en el foco nacional (por no mencionar la elección de políticos más jóvenes como Zohran Mamdani en Nueva York), se está convirtiendo en una palabra más normal y en una forma más típica de autodefinirse. Los movimientos están cada vez más dispuestos a trabajar con socialistas porque este grupo de activistas organizados, bastante jóvenes, ha demostrado su capacidad para lograr victorias reales. Creo que los conservadores tienen razón al ver eso como la verdadera amenaza, y no nuestro pequeño libro.
Algo que me pareció muy importante es que el libro empieza imaginando una serie de catástrofes ecológicas que destruyen ciudades, se cobran muchas vidas y arrasan fábricas, tierras y recursos. Muchas obras de ficción parten de esa misma premisa: una tragedia como punto de inflexión para crear una nueva sociedad, ya sea más positiva o una distopía completa. ¿Crees que una tragedia de esas características es lo único que puede romper la alienación de la sociedad actual?
En nuestro caso, abrimos con imágenes muy rápidas de catástrofe ecológica para poder saltarnos el paso de establecer la crisis ambiental como problema. Supusimos que nuestros lectores coincidían en que la crisis ambiental era un problema y que el capitalismo era, al menos en parte, responsable de ello. Nuestro razonamiento era que, si los lectores no compartían esa suposición, tenían muchos otros libros entre los que elegir que harían ese argumento. Nuestra estrategia era motivar rápidamente nuestro deseo de una transformación más holística, que luego ocuparía el resto del libro.
Dicho esto, no creemos que la tragedia sea necesaria ni suficiente para romper la alienación de la sociedad presente. De hecho, en nuestra historia de catástrofe ecológica, las soluciones adoptadas tras un gran desastre de huracán fueron lamentablemente insuficientes y no acabaron con la crisis ambiental. Si las fuerzas sociales progresistas están preparadas y organizadas, un acontecimiento trágico puede convertirse en una oportunidad para movilizar a nuevas personas y lograr algún cambio social. Sin embargo, no hay nada natural en la “tragedia”: siempre es producida socialmente, y muy especialmente en el caso de los desastres ambientales.
Un deslizamiento de tierra podría ser un acto aleatorio de Dios, o podría ser resultado del cambio climático (con ciertas empresas o estratos sociales como responsables últimos). La lucha social determina la naturaleza de una tragedia, sus causas y sus significados. Si un movimiento es lo bastante poderoso para definir una tragedia como un crimen, con un culpable, y puede actuar para transformar la sociedad en respuesta, entonces ese movimiento habrá roto, al menos temporalmente, la alienación de la sociedad actual. Espero que quede claro que no hay nada pasivo en un movimiento así. No se puede esperar a que lleguen tragedias perfectas.
Al menos a corto plazo, los socialistas autoproclamados necesitan trabajar en coalición con otras formaciones que no se identifican como tales
En el club de lectura éramos personas con opiniones políticas distintas, desde gente a la que le costaba comprar el libro porque ponía la palabra “Socialismo” en el título hasta gente para quien ese era su mayor atractivo. Aun así, todas nuestras reflexiones coincidían en que teníamos que cuidar el ecosistema de la mejor manera posible. Sin embargo, la reflexión social de la mayoría era un poco “el hombre es un lobo para el hombre”. ¿Ves en nuestro caso un foro de discusión donde puedan explorarse con mayor profundidad los planteamientos de Socialismo de medio planeta; o, por el contrario, crees que sin una perspectiva de dirección socialista centralizada y coordinada, no existen los recursos necesarios para abordar realmente estas cuestiones?
Por mi experiencia en EE UU, al menos a corto plazo, los socialistas autoproclamados necesitan trabajar en coalición con otras formaciones que no se identifican como tales. El trabajo en coalición no exige abandonar las propias creencias o perspectivas; más bien exige identificar causas comunes y oportunidades de colaboración y solidaridad. Según mi experiencia, el trabajo en coalición suele ser más fluido cuando los grupos implicados han articulado claramente sus perspectivas y motivaciones; la claridad evita malentendidos y permite que grupos muy distintos encuentren causas comunes, por estrechas que sean.
Como he pasado mi carrera pensando en problemas ambientales, me he convencido de que el capitalismo es un motor central de la crisis ambiental; la inversión deliberada y planificada, en lugar de la anarquía de los mercados, me parece esencial para superar la crisis ambiental. Dicho esto, hay muchos grupos interesados en impulsar inversiones deliberadas y planificadas que protegerían el medio ambiente, pero que no necesariamente suscriben (todavía) la visión de una transformación socialista. Esos grupos pueden formar parte del movimiento de movimientos que puede empujar contra la crisis ambiental.
Una nota sobre la naturaleza humana: como socialista, me inclino por la construcción social. Los antropólogos han mostrado la gran diversidad de sociedades construidas por los seres humanos, algunas muy igualitarias y otras profundamente jerárquicas. Estas sociedades, a su vez, generan sus propios sujetos. Un niño criado bajo el capitalismo actual pensará de forma bastante distinta a uno criado en una sociedad de iguales. Los humanos siempre serán crueles y celosos, pero sí creo que es posible organizar la sociedad de modo que solo exista lo que Freud llamó la infelicidad ordinaria.
Las patologías del capitalismo son históricamente contingentes. No hay nada natural en tener deseos ilimitados: ese hambre sin fin es una consecuencia del capitalismo y resultaría ajena a una persona que viviera con una concepción distinta del mundo. Ese deseo ilimitado genera muchos más problemas que los que surgen de la irreducible infelicidad ordinaria de la vida humana.
Las patologías del capitalismo son históricamente contingentes. No hay nada natural en tener deseos ilimitados: ese hambre sin fin es una consecuencia del capitalismo
¿Crees que alguna sociedad actual, especialmente China, tiene hoy suficiente planificación social —informada y apoyada por su ciudadanía— para que puedan explorarse caminos ambientales hacia el socialismo de medio planeta?
Estoy cada vez más convencido de que solo una participación profunda en el autogobierno colectivo puede aportar la legitimidad necesaria para sostener transformaciones sociales a la escala necesaria para resolver la crisis ambiental. Sería un grave error intentar imponer grandes cambios en la vida cotidiana como un mandato desde arriba, incluso si esos grandes cambios contaran con un sólido consenso científico.
Por eso me atrae cada vez más el movimiento de asambleas ciudadanas. Son organizaciones de democracia directa, compuestas por personas corrientes seleccionadas al azar, que dedican mucho tiempo a informarse sobre el cambio climático (u otro asunto) antes de tomar decisiones. Es un modelo muy distinto del referéndum, en el que la gente vota una gran cuestión igual que vota a un político, y se parece mucho más a una cooperativa propiedad de sus trabajadores en sus exigencias de tiempo y atención.
Dada la complejidad de la gobernanza ambiental, creo que solo instituciones participativas como estas pueden ofrecer una planificación social que tenga la legitimidad necesaria para una transformación amplia. Estamos explorando los detalles de cómo podría funcionar esto en un nuevo libro, pero vale la pena recordar que la antigua Atenas fue una sociedad grande y compleja gobernada por un sistema de democracia directa como este.
¿Crees que la burbuja de la IA nos ha hecho perder el foco en automatizaciones útiles, seguras y de bajo impacto ambiental, y en sistemas robóticos alternativos?
La IA ciertamente ha desviado la inversión capitalista de la automatización de bajo impacto ambiental. Sin embargo, donde estoy en EE UU (la Ohio rural), la IA también ha provocado una reacción muy fuerte tanto en mi ciudad universitaria progresista como entre los agricultores conservadores de los alrededores. Las reuniones del condado están llenas de manifestantes unidos que no estarían de acuerdo en muchas otras cuestiones. Esta reacción me da esperanza de que sean posibles otras coaliciones y de que un futuro potencial construido sobre un autogobierno profundamente participativo (en lugar de la inversión capitalista privada) elegiría libremente invertir en tecnología de menor impacto.
Yo mismo imaginé el capítulo “Noticias desde 2047” como una fusión entre las ciudades de la “Utopía” de Tomás Moro, las comunidades pitagóricas y el lado más amable de los refugios de Fallout. ¿Es esa una visión que encaja con la propuesta que queríais ofrecer en esa ficción breve al final del libro?
No sabría decirte nada respecto a de los refugios de Fallout, pero sí queríamos crear una utopía que resonara con una amplia variedad de perspectivas. Incluimos personajes que vivían de maneras diferentes e intentamos centrar los conflictos restantes en torno al uso de recursos, los modos de vida, etc.
El libro insiste en el papel que el veganismo puede desempeñar en la descarbonización del planeta y, al mismo tiempo, con una planificación adecuada, hacer posible garantizar la nutrición global evitando enfermedades zoonóticas. Sin embargo, el punto de partida del veganismo normalmente no es esta racionalidad, sino la sensibilidad ante el sufrimiento animal. ¿Deberíamos reforzar ese enfoque racional hasta que se una al mismo nivel que la lógica de proteger la vida animal; o deberíamos seguir abordando el sufrimiento animal como el curso introductorio y, una vez aprendido, ampliar nuestros conocimientos?
Según mi experiencia, los argumentos éticos a favor del veganismo o el vegetarianismo pueden despertar cierta actitud defensiva. Personalmente, me abrí a los argumentos éticos sobre el sufrimiento animal solo después de haber dejado ya de comer carne por razones “racionales” relacionadas con los impactos ambientales. Una vez que dejé de comer carne, dejé de necesitar defender mi autoimagen como “buena persona” y pude abrirme a los argumentos sobre la inmoralidad de hacer daño a los animales. No sé cuántas personas podrían tener una experiencia similar, pero diré que en mis clases con estudiantes de grado, a menudo están bastante dispuestos a reducir su consumo de carne para ayudar al planeta: esto les parece algo que está bajo su control, un esfuerzo empoderador, aunque sea demasiado pequeño, para hacer algo frente a la crisis. Este paso puede ser pequeño, pero puede ser el comienzo de un compromiso más profundo con la relación entre el mundo humano y el no humano.
¿Ves actualmente a algún Hayek moderno que pudiera proponer un mayor afianzamiento del neoliberalismo, o crees que la proliferación de sus políticas desastrosas y su ultra-propaganda en podcasts y redes sociales está llegando gradualmente a su agotamiento?
La muerte del neoliberalismo se ha pronosticado muchas veces, especialmente con la segunda elección de Trump, y sin embargo el neoliberalismo continúa. El historiador Quinn Slobodian ha escrito en su libro Hayek's Bastards sobre cómo la extrema derecha ascendente no se opone necesariamente al neoliberalismo, sino que es una rama más desagradable del corriente neoliberal más familiar.
Al mismo tiempo, la formación de élites tecnocráticas en universidades, facultades de Derecho y corporaciones sigue estando muy influida por décadas de consenso neoliberal. Dudo que haya un nuevo Hayek, pero ciertamente habrá empresarios ideológicos que busquen normalizar la extrema derecha o defender la formación actual de las élites (quizá como parte de una reacción tecnocrática contra la propia extrema derecha).
La muerte del neoliberalismo se ha pronosticado muchas veces, especialmente con la segunda elección de Trump, y sin embargo el neoliberalismo continúa
En el libro hay una cuestión central: devolver parte del control al propio planeta, frente a perspectivas de intervención humana sobre él, como si fuéramos la figura mitológica de Prometeo guiando los cambios en el mundo. ¿Cree que la izquierda actual está hundida en el prometeísmo hasta el punto de no poder percibirse como un peor administrador ecológico que la propia naturaleza?
Durante mucho tiempo ha habido una veta prometeica en la izquierda: una narrativa triunfalista de la capacidad de la humanidad para doblegar la naturaleza a su voluntad, si tan solo pudiera trabajar colectivamente. Sin embargo, la izquierda no es necesariamente prometeica. Muchos socialistas tempranos eran vegetarianos y defendían una relación mucho más amable con otros animales y, en general, con la naturaleza. En la izquierda ambiental estadounidense actual hay un apoyo bastante fuerte (al menos en teoría) a los movimientos indígenas y a los conocimientos ecológicos tradicionales, que en muchos casos defienden una relación más mutualista que dominante con el mundo natural.
Sin embargo, hay algunas corrientes de la izquierda que tienden a actitudes más dominantes hacia la naturaleza. Estas corrientes suelen ser más escépticas hacia la política «woke» o socialmente progresista y tienden a valorizar cierta imagen del trabajador en su teoría de la transformación social de la clase obrera (blanco, hombre, empleado en una fábrica). En resumen, hay cierto machismo en el prometeísmo de izquierdas, y es importante confrontar ese machismo para construir solidaridad tanto con otras formaciones progresistas como con el mundo no humano.
En España hemos tenido catástrofes ecológicas como la eutrofización del Mar Menor por la contaminación de la agricultura intensiva, las inundaciones o DANA (depresión aislada en niveles altos) en Valencia que causaron la pérdida de cientos de vidas y daños por millones y millones en edificios, carreteras públicas y patrimonio. Al mismo tiempo, somos uno de los países con mayor capacidad para obtener energía solar y eólica. Sin embargo, nuestra percepción general es que todos estos problemas son políticos, ya que no hay más inversión en renovables, ni límites a la construcción, ni control ambiental para las empresas. ¿Cómo percibes nuestro caso?
Creo que tienes razón en que el principal obstáculo para la acción ambiental es político. La ciencia que hay detrás de la crisis es bastante clara y tenemos toda la tecnología que necesitamos para resolver el problema, aunque, por supuesto, nuevas mejoras tecnológicas serían útiles. También han comprobado que ni siquiera una tragedia crea automáticamente un suelo fértil para que crezca el cambio político. Cómo lograr ese cambio político es una cuestión difícil y dependerá de las fuerzas sociales que actúan en la zona del Mar Menor, en Valencia y en España en general.
En nuestro movimiento, me gustaría ver más intercambio de conocimientos entre luchas, ya que muchos de nosotros nos hemos encontrado con problemas similares de forma independiente en muchas regiones del mundo. Grupos como Trade Unions for Energy Democracy han intentado construir este conocimiento transfronterizo, transmovimental y translingüístico, pero es un trabajo difícil y todos estamos muy dispersos y sobrecargados.
Después de la publicación de Socialismo de media Tierra, ¿cuáles son los siguientes pasos? ¿Habrá más libros, productos audiovisuales como un documental seriado, convenciones ambientales, etc.?
Estamos trabajando en un libro casi secuela, en el que pensamos con mucho más detalle la planificación económica participativa mediante asambleas de democracia directa. Mientras tanto, trabajo en un proyecto separado sobre cómo la gente corriente y los movimientos sociales pueden relacionarse con la ciencia que hay detrás del cambio climático sin deferir a los expertos ni caer en madrigueras conspirativas.
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