Análisis
América Latina: un continente desnudo y a la defensiva

El ataque a Venezuela es un golpe para toda la región latinoamericana, pero también una muestra de debilidad del proceso bolivariano. El secuestro de Maduro no hubiera sido posible sin la colaboración interna.
Un mes varados en la frontera entre Chile y Perú - 3
Ramón P. Yelo Migrantes venezolanos varados en la frontera entre Chile y Perú.
8 ene 2026 08:29

El ataque a Venezuela es un golpe a toda la región latinoamericana, que se produce en el momento de mayor ascenso de las derechas duras en varias décadas y de la casi extinción de gobiernos progresistas.

La forma como fueron secuestrados Nicolas Maduro y su esposa, sin oponer resistencia, evidencia la fragilidad del proceso bolivariano que, en algún momento, pretendió ser una “revolución”. Aunque resultará difícil llegar al fondo de la cuestión, algunos hechos han quedado al descubierto.

El primero es que la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB) no combatió, que algunos de sus mandos, imposible saber cuántos, fueron comprados por los agentes de Estados Unidos y colaboraron con la invasión. Lo más probable es que hayan aislado a Maduro y lo hayan entregado.

Tanto la nueva presidenta Delcy Rodríguez, como su gabinete, comenzaron una limpieza de los mandos que no están dispuestos a plegarse a Washington y están invitando a que la población no salga a las calles a protestar

La facilidad con que lo hicieron, sin siquiera un soldado estadounidense herido, es una seria advertencia para la dirigencia chavista que permanece en el poder, pero no tiene el poder para tomar decisiones que no sean del agrado de Trump y del Pentágono. Tanto la nueva presidenta Delcy Rodríguez, como su gabinete, comenzaron una limpieza de los mandos que no están dispuestos a plegarse a Washington y están invitando a que la población no salga a las calles a protestar.

Para los países vecinos, como Colombia, es algo más que una seria advertencia. Pero también lo es para México y Groenlandia, que están después de Cuba en el orden de prioridades estratégicas de la Casa Blanca. Trump anunció que no va a enviar soldados a Cuba, ya que espera forzar a Díaz Canel a negociar cuando la isla se quede sin suministro de petróleo, con un sistema eléctrico colapsado y con la hambruna en puertas.

Sin embargo, la posibilidad de que exista alguna intervención en Colombia, incluyendo la inútil decapitación del presidente Petro, al que apenas le quedan seis meses en el Gobierno, suena a amenaza seria, sobre todo para su sucesor. Contra lo esperado, gran parte de las elites colombianas mostraron su desacuerdo con Trump. El diario El Espectador titula su editorial del 6 de enero: “Amenazar al presidente Petro es agredir a Colombia”. Es importante porque no es un medio afín al presidente sino opositor, y porque refleja la opinión de una parte de la poderosa burguesía colombiana.

Para los países vecinos, como Colombia, es algo más que una seria advertencia. Pero también lo es para México y Groenlandia, que están después de Cuba en el orden de prioridades estratégicas de la Casa Blanca

El más conservador El Tiempo, deslinda al presidente Petro del narco, pese a que mantienen un largo contencioso político. “Ante las declaraciones del estadounidense, que ha acusado al presidente colombiano de narcotraficante, hay que ser tajantes: no existe indicio alguno que permita afirmar que el presidente Petro tenga vínculos con negocios ilícitos de droga”.

Un continente dividido

Hace muchos años que la región no estaba tan dividida y tan alineada con Estados Unidos. Argentina, Bolivia, Ecuador y Paraguay, solo en Sudamérica, apoyaron la violación de la soberanía venezolana, a los que debe sumarse Chile cuando asuma Kast en marzo. El único Gobierno firme es el de Petro. Los de Lula y Sheinbaum no pueden siquiera considerarse progresistas ya que el primero gobierna en alianza con la derecha y el mexicano es sumamente “tolerante” con Estados Unidos, país del cual depende económicamente, más allá de las declaraciones soberanistas de la presidenta. En México se especula con el ingreso de agentes estadounidenses para tareas anti narcóticos y de control de la frontera, algo que puede suceder en cualquier momento.

Lo sucedido en las últimas elecciones argentinas revela el estado de la opinión pública en la región. Un mes antes Milei de las legislativas de octubre, perdió por goleada en la provincia de Buenos Aires, gobernada por el peronista Axel Kicillof. Pero Milei escenificó un acuerdo con Trump, que implica la concesión de préstamos para equilibrar la maltrecha economía, lo que llevó a buena parte de los votantes —que se esperaba volvieran a votar contra el oficialismo— a cambiar su voto. En síntesis, la abierta intromisión de Trump en el escenario electoral consiguió torcer la voluntad popular a favor de Milei, que venía en franca decadencia.

Este es el nuevo estilo en las relaciones internacionales en la región. La intromisión abierta, escenificada en los medios, como forma de intimidar y de forzar a la gente

Doce días antes de la votaciones, Trump dijo: “Si él pierde, no vamos a ser generosos con Argentina”. El secretario del Tesoro, Scott Bessesnt, fue más claro aún: “El éxito de la agenda de reformas de Argentina es de importancia sistémica, y una Argentina fuerte y estable que contribuya a consolidar un hemisferio occidental próspero redunda en el interés estratégico de Estados Unidos”.

No hizo falta disparar un solo tiro. Este es el nuevo estilo en las relaciones internacionales en la región. La intromisión abierta, escenificada en los medios, como forma de intimidar y de forzar a la gente a pensar si vale la pena resistir al imperio, aunque sea a través de las urnas.

Movimientos desorientados y sin propuestas

Luego de los gobiernos progresistas y la oleada de gobiernos antipopulares —desde Bolsonaro hasta Milei y Noboa—, los movimientos se debilitaron y algunos cayeron directamente en la desorganización. Los progresismos implementaron programas sociales para asegurar la gobernabilidad, lo que redundó en diversos grados de cooptación y el traspaso de cuadros de los movimientos a las instituciones estatales. Ciertamente, los movimientos fueron garantes de la gobernabilidad entre los de abajo, pero el precio fue demasiado alto aunque recién se haría visible con la llegada de las derechas represivas.

En suma, cuando más necesaria se hacía la movilización popular, fue imposible relanzarla ya que las bases estaban desgastadas y, sobre todo, desorientadas. Un destacado kirchnerista muestra su escepticismo en La Jornada: “Escribo estas líneas en Argentina, donde el pueblo llano y no tan llano padece de una rarísima mezcla de apatía, confusión y silente tristeza cotidiana”.

La exvicepresidenta de Maduro se ha pasado al bando vencedor, sin el menor pudor, así como buena parte de los mandos militares y los civiles en el Gobierno

Imaginemos la realidad de ese mismo pueblo llano pero en Venezuela, donde la exvicepresidenta de Maduro se ha pasado al bando vencedor, sin el menor pudor, así como buena parte de los mandos militares y los civiles en el gobierno. 

Ahora estamos ante un fenómeno nuevo que los movimientos deberán sopesar. Entre el Caracazo de 1989, que acabó con el bipartidismo del pacto de Puntofijo (1958) y el último levantamiento indígena y popular de 2022, mediaron una veintena de insurrecciones que derribaron una decena de gobiernos. El levantamiento, la pueblada, se convirtió en una forma de acción que tuvo en el derribo popular de Fernando de la Rúa, en diciembre de 2001 en Argentina, una de sus más notables expresiones. 

Pero con la política del chantaje trumpista, puede suceder que el Pentágono movilice sus fuerzas para disuadir y amedrentar a los pueblos insurrectos. Esta es una de las más tremendas lecciones del ataque a Venezuela. El mismo 3 de enero el presidente espetó: “El dominio de Estados Unidos en América Latina no será cuestionado nunca más”.

Esta es una de las más tremendas lecciones del ataque a Venezuela. El mismo 3 de enero el presidente espetó: “El dominio de Estados Unidos en América Latina no será cuestionado nunca más”

Parece evidente que ni las izquierdas ni los movimientos tienen la fuerza suficiente como la frenar esta brutal ofensiva. Debemos tomar estas amenazas muy en serio, a la vista de lo sucedido en Caracas. No soy de los que apuestan al progresismo, pero ni este ni las izquierdas existirían sin los movimientos populares, campesinos, negros e indígenas. De modo que si el Pentágono consigue sus objetivos, la izquierda será un cadáver político si las y los de abajo no consiguen zafar del control y el chantaje militar. Lo sucedido en los últimos años en un Ecuador militarizado es el espejo donde los movimientos pueden mirarse.

El autor
Raúl Zibechi (1952) es un periodista, escritor y activista uruguayo, especializado en movimientos sociales, autor de ‘Dispersar el poder’ (2006) o ‘Territorios en resistencia’ (2008), entre varias decenas de títulos esenciales para entender la historia reciente de América Latina.

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