Derecho a la vivienda
Enrique Cal (FUCVAM): “Queremos transformar la sociedad y acabar con cualquier forma de explotación”
Enrique Cal (Rivera, Uruguay, 1965) es el presidente de la Federación Uruguaya de Cooperativas de Vivienda por Ayuda Mutua (FUCVAM), una de las organizaciones no estatales más importantes del mundo de vivienda cooperativa en derecho de uso, con 55 años de historia. La FUCVAM da cobijo a 35.000 familias distribuidas dentro de 760 cooperativas, en un país de aproximadamente 3,5 millones de personas.
Este modelo, intermedio entre la compra y el alquiler, permite habitar la vivienda con estabilidad, evitando la especulación gracias a la propiedad cooperativa y la gestión asamblearia de las personas socias que la componen y con la flexibilidad de poder abandonar la vivienda cuando se quiera, recibiendo la cuota de entrada.
Cal lleva habitando en este tipo de viviendas prácticamente toda su vida, primero como hijo, cuando se fue a vivir a una cooperativa de FUCVAM con su familia a los 13 años y, luego, para formar su propia familia.
Conversamos con él para acercar el modelo a otras realidades y latitudes y así inspirar alternativas que disputen la hegemonía a quienes entienden la vivienda como mercancía y lucro y no como derecho.
En el Estado español el modelo más desarrollado es el catalán gracias a organizaciones como Sostre Civic, La Dinamo o Perviure, entre otras. No es casualidad que sea un lugar donde el cooperativismo obrero y el colectivismo libertario tuvieron desde hace casi dos siglos un arraigo especialmente significativo. ¿Cuáles son los orígenes y antecedentes de la FUCVAM allá por 1970, año de su fundación?
El origen de FUCVAM hay que colocarlo en el contexto de la crisis socioeconómica de los años 60, preparatoria de lo que después fueron los años de dictadura en Uruguay y, en general, en toda América Latina.
En el marco de las medidas para salir de la crisis socioeconómica, el Gobierno de Jorge Pacheco, de uno de los partidos tradicionales y vinculado a los sectores empresariales, crea la llamada Ley General de Vivienda, que en realidad lo que tratar es de favorecer el ingreso de capitales extranjeros para dinamizar el boom constructivo y poder además comenzar a desarrollar una industria turística, importante actualmente en nuestro país.
Entonces, un senador vinculado al progresismo católico y a la teología de la liberación, que ya empezaba a gestarse por toda América Latina, Juan Pablo Terra, arquitecto y una persona con gran sensibilidad social, ve la oportunidad de generar junto con otros profesionales un capítulo destinado al cooperativismo de vivienda.
Así se genera el marco normativo para las cooperativas, el financiamiento, el acceso a la tierra, todo el asesoramiento técnico y eso posibilita que, ya en el año 68, haya tres cooperativas de vivienda, que generan las condiciones para que los partidos tradicionales terminen por aceptar estas normas. En el marco de un Gobierno de derecha, que además después es el mismo partido que le abre la puerta a la dictadura, se vota por unanimidad esta Ley, incluido el capítulo del cooperativismo.
Las cooperativas [de vivienda] son una síntesis de lo que es la sociedad uruguaya en cada momento. Es un movimiento que está vinculado a la clase obrera, popular, en una alianza de clase con los trabajadores organizados
Esto quiere decir que el marco jurídico estuvo antes que FUCVAM. Eso es un dato importante que cuando los compañeros de otros países nos plantean que quieren desarrollar el modelo cooperativo sin tener un modelo normativo, un marco jurídico, les explicamos que es más complicado, porque siempre vas a estar a contrapelo del statu quo y de la financiación, sobre todo.
A los dos o tres meses de aprobada la ley, ya había más de 100 cooperativas, que primero forman una coordinadora de cooperativas y luego FUCVAM en el año 70. Las tres cooperativas piloto tienen un origen obrero, en un caso vinculado al ferrocarril; en otro a empresas frigoríficas de Fray Bentos; y, en el último caso, a trabajadores rurales, donde tienen gran importancia las mujeres ya que, mientras los hombres estaban trabajando en el campo y solo volvían a sus casas el fin de semana, ellas eran las que principalmente participaban en la construcción de las viviendas.
Las cooperativas son una síntesis de lo que es la sociedad uruguaya en cada momento, no es que haya una población mayoritariamente de izquierdas, es un fenómeno que la gente muchas veces no se explica cuando vienen de fuera, aunque claramente es un movimiento que está vinculado a la clase obrera, popular, en una alianza de clase con los trabajadores organizados.
La propiedad es colectiva, los cooperativistas somos usuarios de la vivienda. Hay un documento de uso y goce que ampara el derecho a vivir en esa vivienda que es propiedad de la cooperativa
¿Cuáles son los pilares sobre los que se sustenta el cooperativismo de vivienda de la FUCVAM?
Primero, la democracia directa, no hay intermediarios en la toma de decisiones, como en cualquier cooperativa.
La Ley prevé dos tipos de aportes de las familias cooperativistas: por un lado el aporte económico, que se ve reflejado en un ahorro previo. El otro tipo de aporte se traduce en la ayuda mutua que significa que las familias tienen que trabajar en la construcción de las viviendas entre 21 a 25 horas semanales para cada núcleo familiar durante el tiempo que dura la obra, que son dos o tres años, según el cronograma que elaboraron los técnicos, donde toda persona mayor de 18 años se pone al servicio del maestro de obra. Y no importa si eres profesor, mecánico, empleado bancario, o lo que seas, si te toca ir a hacer pozos o te toca ir a romperte la mano con la pala ya después verás cómo hacer para teclear en la oficina.
Otro es la propiedad colectiva, los y las cooperativistas somos usuarios de la vivienda. Hay un documento de uso y goce que ampara el derecho a vivir en esa vivienda que es propiedad de la cooperativa, por eso hablamos de propiedad colectiva. A mí me preguntan: “¿Tenés vivienda?”. Sí, pero no tengo una, tengo 50, porque en mi cooperativa somos 50 casas. Garantiza el hecho de que la vivienda no sea un bien de cambio, sino que sea un bien de uso, en términos económicos. Elimina la especulación inmobiliaria porque nadie puede vender su vivienda, yo si mañana me tengo que ir o me quiero mudar de ciudad, no vendo la vivienda, renuncio a la cooperativa y la cooperativa tendrá que determinar quién es el nuevo socio/a que ingresa, y como es una vivienda que ya está terminada tiene que poner el capital social que equivale a las horas trabajadas y a la devolución del préstamo al Estado.
El último de los pilares sobre los que se sustenta el modelo de la FUCVAM es la autogestión, que además preexiste a la obra. Los y las cooperativistas somos los administradores del fondo, el Estado entrega a la cooperativa el dinero en forma escalonada y no hay más intermediación técnica en esto. Decidimos las compras, las contrataciones, las inversiones que hay que hacer, porque hoy puede estar barata la teja, pero quizá estemos haciendo los cimientos, pero si compramos ahora vamos a ahorrar tanta plata. Una vez que se termina la construcción, los complejos cooperativos siguen funcionando, la cooperativa no desaparece, es infinita. Hay un montón de servicios comunes: el salón comunal, la luz de la caminería, el mantenimiento de las casas, que sigue siendo autogestionado por la propia cooperativa.
El derecho de uso garantiza el hecho de que la vivienda no sea un bien de cambio, sino que sea un bien de uso, en términos económicos. Elimina la especulación inmobiliaria
Estos son los cuatro principios fundamentales de FUCVAM y que hacen posible que este modelo subsista y se prolongue en el tiempo.
Porque FUCVAM ha dejado de ser hace mucho tiempo un movimiento meramente viviendista, sino que es una organización que nace en el seno de la clase obrera, que está vinculada desde el punto de vista ideológico a la transformación de la sociedad y a la desaparición de cualquier forma de explotación. Por lo tanto, trasciende lo que es la lucha por el techo, sino que es la lucha por mejorar la vida de nuestros compatriotas y de generar lo que acá llamamos la búsqueda de la felicidad pública, del bien público para que cada uruguayo y cada uruguaya pueda desarrollar al máximo su potencialidad.
Entonces, hemos acompañado la lucha del movimiento popular, la lucha contra la dictadura, contra las intenciones de bajar la edad de imputabilidad, contra la reforma que hizo el Gobierno anterior de una ley de urgente consideración que fue de cuño netamente antipopular, la reforma a la Seguridad Social. En general, en todas las luchas que tocan al bien público y a la felicidad pública, FUCVAM está metida. Ahora estamos profundamente comprometidos con una campaña para que se les coloque una sobretasa a las grandes riquezas, para combatir la pobreza infantil en particular, porque uno de cada tres niños uruguayos nace en un hogar pobre.
¿Qué caracteriza al cooperativismo en derecho de uso uruguayo y por qué es útil para evitar la especulación de un bien como la vivienda?
Lo primero es el sujeto de crédito. El Estado brinda un crédito a la cooperativa para poder construir la vivienda. Este cubre el costo de la tierra, de la construcción, los materiales y la mano de obra especializada.
Yo soy profesor de Educación Física, no sabía levantar paredes. Después aprendí, pero de planos y cuestiones similares, nada. Por eso tiene que haber en las cooperativas gente especializada contratada como albañiles, electricistas, que le enseñen a los cooperativistas. Todo esto está financiado y lo que tiene que ver con el asesoramiento arquitectónico, contable, social, lo brinda el Instituto de Asistencia Técnica.
El sujeto de crédito es la cooperativa, no cada familia. La cooperativa es la que tiene que pagar una cuota que es colectiva. Si vamos a dividir por la cantidad de dormitorios, si vamos a hacer cuota única, si vamos a dividir por metros cuadrados, cada cooperativa toma la decisión por la autonomía que tiene por la democracia directa. Acá no viene el Instituto y dice: “Tienen que hacer así”. No, asesora y la cooperativa es la que decide.
Uruguay es un país de 3,5 millones de habitantes y hay como 90.000 personas que no tienen vivienda. Sigue arrastrando el mismo déficit cuantitativo que en la época en que se generó la ley
Si una familia tiene a un miembro enfermo que no le cubre la Seguridad Social porque es trabajador/a independiente y no generó ingresos y no puede pagar la cuota, la cooperativa la cubre para no tener recargos en lo que hay que devolverle al Estado y, luego, con un financiamiento interno o no, según cuáles son las características y el reglamento de cada cooperativa para el uso del fondo de socorro, esa familia le retribuye a la cooperativa. Esto es importante para poder gozar de una vivienda digna independientemente de los problemas económicos o sociales. También para actuar como antisistémico frente a todo lo que es el botín de guerra que es la vivienda como elemento determinante para las condiciones de vida de la gente.
Uruguay es un país de 3,5 millones de habitantes y hay como 90.000 personas que no tienen vivienda. Sigue arrastrando el mismo déficit cuantitativo que en la época en que se generó la ley, porque cuando el estado le transfiere al mercado la responsabilidad de administrar algo tan básico y tan importante como la vivienda, nunca va a existir la posibilidad de superar la desigualdad social y la injusticia.
El sistema cooperativo en derecho de uso atenta contra los intereses del mercado porque sus viviendas nunca entran al mercado especulativo. Y si yo me quiero ir, no voy a buscar cuál es el mejor momento para vender mi vivienda porque no puedo, al no ser dueño de ella. Y la cooperativa tampoco la puede vender, lo único que puede hacer es aceptar el ingreso de un nuevo socio/a. Hace un llamado a aspirantes cuando tiene una vivienda vacía y ese nuevo socio ingresa con los mismos derechos que uno fundador, aunque no trabajó ni fue poniendo la cuota que le tocaba durante 25 años que es el tiempo de devolución del dinero. Hoy es un problema porque para un trabajador/a medio, entrar a una cooperativa ya habitada es muy difícil porque lo que yo aporté durante 25 años lo tiene que aportar de una vez al no haber planes de financiación en nuestro país para una familia que quiere entrar a una cooperativa porque no hay una garantía, no hay un bien a hipotecar, porque la casa cooperativa no es embargable ni hipotecable. Todo esto es como un marco protector para el efectivo uso del derecho a la vivienda durante toda la vida de esa familia y posteriores, porque el documento de uso y goce está amparado por los derechos de herencia, lo que quiere decir que el día en que yo me muera, mis hijas van a poder seguir haciendo uso de ese documento de uso y goce que firmé yo en algún momento.
¿Cómo se consigue que el cooperativismo en derecho de uso se convirtiera en una realidad habitacional para más de 35.000 familias en un país de 3,5 millones de personas?
El principal éxito es que funciona, es un sistema que es efectivo y que da solución a una necesidad de la gente. Si tú recorres Uruguay, no hay un solo esqueleto de cooperativa, lo que quiere decir que todas las cooperativas que empiezan, terminan. Pueden tener algún problema y se extiende tal vez la obra un año porque cambió la relación con el dólar, los socios eran haraganes y no hacían las horas o no trabajaban con las ganas que tenían que trabajar. Pero no hay esqueletos de cooperativas a medio construir, todas empiezan y terminan. Sí puedes ver esqueletos de edificios en los que en determinado momento al propietario, a la constructora, la ecuación económica no le daba ganancia, dejaban todo y se iban. No se nos puede achacar que usamos la plata del Estado y no construimos. Por lo tanto, es un sistema efectivo que soluciona el problema de la vivienda digna, una vivienda decorosa para familias de trabajadores y trabajadoras.
El sistema cooperativo en derecho de uso atenta contra los intereses del mercado porque sus viviendas nunca entran al mercado especulativo
Por otra parte, la dirigencia de FUCVAM es militante, no hay dirigentes rentados. Sí hay compañeras que son arquitectas, que integran el Departamento de Apoyo Técnico, que también está integrado por cooperativistas que en la historia de la cooperativa les gustó la obra o tienen experiencia porque son albañiles o electricistas y han vivido ya la etapa de construcción y se ponen al servicio de las cooperativas nuevas para que no cometan los mismos errores, para que tengan un abanico de posibilidades para solucionar problemas que seguramente ya se presentaron anteriormente en alguna de las anteriores cooperativas.
Hoy, las cooperativas son muy buen cliente, porque el Instituto se lleva el 10 % del préstamo total. Además, son muy lindas las casas, realmente son casas a las cuales a un trabajador le sería difícil acceder de otra manera.
Creo que FUCVAM ha sabido adaptarse muy bien a distintos momentos y a distintas problemáticas.
En la década de los 90 se planteó el problema de que los asentamientos proliferaron. La solución del Gobierno se llamaba núcleo básico evolutivo que era una cáscara y la familia tenía que hacer evolucionar esa cáscara para formar una vivienda. Pero si no tenían plata para comer, ¿cómo iban a hacer evolucionar la vivienda? Y además, el Estado contrataba a empresas privadas que construían eso con materiales de mala calidad para tratar de ampliar los márgenes de ganancia. Entonces, FUCVAM propuso que con el mismo costo lo pusiera en manos de las cooperativas y se construyeron más metros cuadrados y de mejor calidad y al día de hoy esas cooperativas subsisten, están al lado de los barrios estos de los núcleos básicos evolutivos totalmente deteriorados mientras que las cooperativas están todas con sus espacios comunes cuidados, jardinería, juegos de la infancia, etc. Porque no solamente se construyó más y mejor sino que además se logró cooperativizar a un sector de la sociedad que tradicionalmente no accedía al cooperativismo. Ahí se tumbó un mito que había de que el cooperativismo era para los trabajadores/as que estaban en mejores condiciones económicas.
El modelo de cooperativas en derecho de uso es un sistema efectivo que soluciona el problema de la vivienda digna, una vivienda decorosa para familias de trabajadores y trabajadoras
Y a día de hoy se están formando cooperativas con personas privadas de libertad. Ya vamos con la segunda cooperativa donde los socios/as presos en la cárcel de varones y presas en la cárcel de mujeres están en la misma cooperativa intentando solucionar su problema de vivienda para cuando salgan, para irse con las familias que tienen afuera.
Con gente en situación de calle también. No estamos hablando del que está en la peor situación, con problemas de salud mental, de consumo, sino personas que han transitado un proceso de recuperación, que tienen trabajo y viven en hogares de transición que brinda el Estado, pero están pensando en una cooperativa de vivienda para solucionar su problema de vivienda definitivamente porque todas las soluciones del Estado son transitorias, tienen un tiempo de finitud.
Mujeres trans es otra población que también tradicionalmente queda por fuera de los programas sociales e incluso en las cooperativas, porque son parte de esta sociedad machista, patriarcal, discriminatoria que tenemos, a pesar de que nos creemos que somos muy amplios y muy inclusivos. Hay una cooperativa que se llama Inclusión Brazos Abiertos, que está conformada mayoritariamente por mujeres trans y sus familias.
Estamos llegando a sectores de la sociedad que difícilmente uno podría pensar que se iba a estar llegando hace 55 años.
En la crisis de 2000-2002, que fue la gran crisis económica en la región —porque la de 2008 no pegó tanto— no había para comer y las cooperativas que tenían matriz de empleo público no tuvieron grandes problemas porque no se resintió el ingreso de las familias. En ese momento se empezó a pelear por el subsidio a la permanencia, que significa que el Estado asumiera los costos de la parte de la cuota de las familias que habían perdido el trabajo las dos personas y no había ingresos ya que esto estaba previsto en la ley del año 68, por eso decimos que es una ley pionera y creo que única en el mundo en cuanto a lo vanguardista que fue. Pero ese subsidio estatal estaba puesto en la ley pero no se aplicaba y no se quiso aplicar en ese momento.
Entonces, FUCVAM tomó la decisión de generar un programa de subsidios unilateral: hacíamos los cálculos y le pagábamos al Estado lo que nos daban esos cálculos. Al principio, se lo depositábamos y como el segundo año del conflicto no había movimiento de posiciones, lo empezamos a depositar en una cuenta paralela y así estuvimos 10 años de huelga de pagos hasta que el Gobierno se avino a aplicar el subsidio a la familia que tiene problemas económicos y así no pierde la vivienda.
Ocupamos tierras, no para construir ahí, sino para denunciar que había tierras ociosas en manos del Estado y que a las cooperativas se las tenía relegadas en la adjudicación de la tierra
Estos fueron grandes logros del cooperativismo, cada problema importante generó una respuesta gremial. Por ejemplo, en los 90 no había acceso a la tierra, la tierra era para los grandes consorcios inmobiliarios. Pues ocupamos tierras, no para construir ahí, sino para denunciar que había tierras ociosas en manos del Estado y que a las cooperativas se las tenía relegadas en la adjudicación de la tierra. Eso generó la primera cartera de tierras a nivel de un gobierno departamental. Hasta el día de hoy sigue funcionando, la tierra que se pone a disposición de las cooperativas no va con el valor de mercado, sino con el valor catastral.
Y recientemente, un Gobierno de izquierda le aumentó los intereses a las cooperativas posteriores al año 2008. Ese aumento de intereses de la izquierda fue bajado por el Gobierno de la derecha, el Gobierno anterior a este que está ahora. Podría añadir a los principios que te decía anteriormente este de la autonomía política, FUCVAM no depende de ninguna corriente partidaria, ningún partido político. Esa autonomía es la que le da la libertad para enfrentarse a un gobierno de la derecha, a un gobierno de coalición de izquierda o a la dictadura. Porque lo que se defienden son los intereses corporativos, en el buen sentido de la palabra, del cooperativismo y del acceso a la vivienda y a la vida digna de los ciudadanos y de las ciudadanas.
¿Cuáles han sido las herramientas negociadoras y movilizadoras a lo largo de vuestra historia para conseguir que esta expansión fuera exitosa?
Siempre decimos que los movimientos sociales tienen que tener una doble mirada y un doble anclaje.
Uno, en la legalidad, y usar todos los mecanismos que se nos brinda, como las mesas de Diálogo, donde tenemos una permanente cada 15 días con el Ministerio de Vivienda, para ir viendo problemas que surgen de las cooperativas, en las obras, del atraso en los préstamos, en un marco de negociación bipartita.
Pero también tenemos un ancla en la ilegalidad. La huelga de pagos es tal vez la herramienta más poderosa que tiene el movimiento cooperativo, porque no somos una fábrica que para la producción o la exportación y le genera un perjuicio al empresario. El retorno económico es lo que al Estado más le duele. En 2008 fueron 170 cooperativas las que dejaron de pagar al Estado porque en la lucha por bajar el interés aplicamos la huelga de pago, después de haber sido rechazados sistemáticamente en los ámbitos de negociación. Esto no es para hacernos los vivos y para pagar menos intereses, sino que es un reclamo digno porque los intereses hipotecarios habían aumentado a más que lo que cobraban los bancos privados. Este sinsentido lo hizo el gobierno de izquierda que elevó del 2% al 5% anual, cortando además la vía de diálogo.
Nos reunimos cada 15 días con el ministerio de vivienda pero Tenemos también un ancla en la ilegalidad. La huelga de pagos es tal vez la herramienta más poderosa que tiene el movimiento cooperativo en uruguay
Y por otro lado es importante la denuncia pública. Las marchas de FUCVAM tienen una característica muy diferenciadora y es que a sus marchas no van solo los obreros/as, va la familia entera, porque va quien habita las casas.
En el Estado español, la Plataforma de Afectados por la Hipoteca (PAH) o el Sindicato de Inquilinas, están trabajando en cooperativizar bloques ocupados a la Sareb o bloques en lucha propiedad de fondos de inversión. ¿Cómo ha sido vuestra relación con otros movimientos de vivienda de Uruguay y qué alianzas habéis ido fraguando?
FUCVAM es la organización de vivienda más antigua del país, aunque hay otros colectivos.
Hay un colectivo que también surgió con la ley del año 68, FECOVI, compartimos con ellos la categoría de usuarios, pero esas cooperativas funcionan más con el ahorro previo, no funcionan tanto con el modelo de ayuda mutua trabajando en la obra. El Estado les exige el ahorro de un monto importante a cada familia, entonces hay una diferencia en cuanto al nivel socioeconómico de ingresos en las familias. Pero a pesar de tener esa capacidad de ahorro, a pesar de tener ingresos más altos, son usuarios, lo que quiere decir que hay una opción ideológica por no alimentar el mercado como propietarios de la vivienda, gracias al derecho de uso.
Luego está la vivienda sindical, que fue una propuesta de la PIT-CNT (central sindical única uruguaya) en el año 2010. FUCVAM, a pesar de que había nacido en el seno de la clase obrera organizada, vio con mucha tristeza que creara una federación de viviendas sindicales que, paradójicamente, son de propietarios. Los obreros/as organizados que toda la vida dieron la batalla por la colectivización de los medios de producción, la nacionalización de la banca construyen viviendas privadas que se pueden vender. Durante toda la obra y el periodo de amortización todos los beneficios y los marcos protectivos son los de la condición de usuarios, pero después, cuando termina la obra, se hace un nuevo contrato, una nueva escritura y quedan propietarios de la casa construida con el préstamo del Estado y la pueden vender al precio del mercado. Eso es el sueño del capitalismo y de la propiedad.
Los obreros/as organizados que toda la vida dieron la batalla por la colectivización de los medios de producción, la nacionalización de la banca, construyen viviendas privadas que se pueden vender
Hay muy buen vínculo con la clase obrera, con el sindicalismo. De hecho, estamos participando en una herramienta que para nosotros es fabulosa, que es la Intersocial, que es el colectivo que coordina a los estudiantes universitarios, a los trabajadores/as organizados, a las cooperativas de vivienda afiliadas a FUCVAM y a los jubilados. Esas cuatro organizaciones forman la Intersocial histórica, que fue definitiva en el tramo final de la caída de la dictadura y en la construcción de grandes acuerdos para lograr victorias, para llevar adelante luchas populares. Logramos la reforma de la Seguridad Social, se juntaron firmas y se llevó al plebiscito. Ahora queremos impulsar desde la Intersocial la campaña por este impuesto a los más ricos porque estamos hablando de la infancia y estamos hablando de la afectación de los grandes capitales personales y ociosos. O sea, ni siquiera afecta a las grandes empresas, a los capitales productivos, sino sólo a los ociosos y personales.
¿Qué aporta el cooperativismo en derecho de uso para que las Administraciones Públicas y los Gobiernos entiendan que las crisis de vivienda hay que abordarlas integralmente y fuera del lucro capitalista para poder garantizar el derecho a la vivienda? En breves palabras, ¿cómo les intentarías convencer?
Acá hay un gran poeta argentino que creó un personaje, el Martín Fierro, que era un gaucho rebelde que se peleaba con la autoridad. El autor de Martín Fierro se llamaba José Hernández y dijo que “la ley es como el cuchillo, no ofende a quien lo maneja”. Lo primero es que hay que partir de un análisis de la realidad y es que las leyes en nuestro país no las hicieron los sectores populares, las hicieron los grandes comerciantes, las élites de la jerarquía militar, policial. Y la propiedad privada sigue siendo sagrada, meterse con la propiedad privada es muy complicado. Aun teniendo gobiernos de izquierda, se niegan a discutir una reforma del sistema tributario que sancione o por lo menos desestimule la especulación con la vivienda. Proteger a la parte más débil del contrato de arrendamiento es clave.
Así como en la salud o en la educación el Estado interviene y genera servicios, en vivienda la intervención estatal siempre queda relegada.
Si el Estado promoviera la categoría de usuarios como política de Estado, se estaría asegurando de que cada vez más familias solucionen el problema de la vivienda y no alimentar el mercado especulatorio, los vaivenes de la inversión privada.
Las leyes en nuestro país no las hicieron los sectores populares, las hicieron los grandes comerciantes, las élites. Y la propiedad privada sigue siendo sagrada, meterse con la propiedad privada es muy complicado.
Actualmente el Estado está resignando el cobro de impuestos a grandes trust inmobiliarios que están generando una burbuja inmobiliaria y dejando ese problema para más adelante, porque mientras tanto tiene que seguir invirtiendo en la construcción de vivienda social para terminar con zonas inundables, con los asentamientos precarios, para los jubilados. Entonces tiene un doble gasto porque exonera el capital y tiene que seguir invirtiendo en vivienda de interés social. El cooperativismo de vivienda compite con el mercado en forma muy desigual además, porque el Estado exonera a este último a través de la ley de vivienda promovida de una gran cantidad de impuestos (Patrimonio, IRPF, IVA, Actividades Económicas, Transmisiones Patrimoniales - la primera compraventa de ese apartamento está exonerada de impuestos-, etc). Las cooperativas no tenemos exoneración de ningún impuesto. De ninguno. No solamente somos altamente perjudicados como ciudadanos y ciudadanas que resignamos el cobro de impuestos al gran capital, sino que además pagamos todos los impuestos.
Entonces, para el Estado sería un gran negocio invertir en una vivienda que además no depende de las cuestiones económicas, sino que el Estado se asegura de que es una plata que presta para vivienda y que se construye vivienda y no alimenta el mercado especulatorio y además es la forma más efectiva de usar porque no necesita gestionar el dinero, no necesita supervisar la construcción, no necesita construir, lo construyen los propios cooperativistas. Si no, seguimos haciendo más de lo mismo pensando que lo hacemos mejor. Eso es la síntesis del gobierno de izquierda uruguaya. Hace falta mucho coraje y mucha voluntad política para desarrollar proyectos transformadores.
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