3 de marzo de 1976
Andoni Txasko: “Gasteiz fue un problema político para las élites que apostaban por reformar el Régimen”
Desde su llegada siendo un niño a los barrios obreros de la ciudad hasta su participación en las asambleas de la iglesia de San Francisco de Asís, el testimonio de Txasko resulta esencial para trazar una genealogía de aquel movimiento y de la brutal represión policial que lo extinguió.
No obstante, como víctima de la violencia policial de aquel día, Txasko deja claro que desde la asociación Martxoak 3 no cejarán en su empeño por construir una memoria propia ni en su lucha por lograr justicia: que el Estado reconozca, por fin, su responsabilidad en aquella masacre.
Lo primero que te quería preguntar, habiendo sido tú protagonista de las luchas obreras del final del franquismo y la transición, es sobre tu infancia. ¿De dónde venías y cómo acabaste en Vitoria?
Yo nací en abril de 1955 en un pueblo de Álava, en Santa Cruz de Campezo, frontera con Navarra. Estuve viviendo allí hasta los seis años más o menos. Subimos a Vitoria a un piso alquilado, y luego empecé la escuela en el barrio de Judimendi. Posteriormente nos cambiamos a otra casa junto al Casco Viejo de la ciudad. Tras el colegio, casi toda la gente obrera pasábamos a la Formación Profesional. En mi caso estudié en el Instituto Politécnico Jesús Obrero la maestría industrial: tres años de oficialía y dos años de maestría.
Y después al tajo…
Al terminar los estudios me integré en el mundo laboral. Dos años antes, en las vacaciones de verano, estaba trabajando en la empresa, porque en mi familia éramos cinco hermanos, mi madre viuda y yo era el mayor. Había que aportar económicamente, no podíamos permitirnos el lujo de seguir estudiando; los profesores me decían que siguiera en la Universidad Laboral de Gijón, pero vi que tenía que aportar a la familia.
Vitoria fue la ciudad que más creció durante el desarrollismo franquista, pasando de ser una ciudad de provincias a un fuerte polo industrial. ¿Podrías hablarnos de cómo era el ambiente obrero de esa época?
El ambiente laboral en Vitoria se nutría de personas que venían de otros lugares del Estado: de Andalucía, Extremadura, Castilla, Galicia... Sitios donde no había trabajo o la situación era muy precaria por la explotación de los latifundios. La gente vino aquí porque la expansión industrial era muy grande; se habían desplazado muchas empresas, sobre todo de Gipuzkoa y Bizkaia, por la orografía de Vitoria, que al ser muy plana facilitaba hacer polígonos industriales.
Y las condiciones no eran las mejores...
Había bastante solicitud de mano de obra. Meter horas extraordinarias era una constante porque con el salario normal no llegaba. En 1976, el Gobierno había decretado una congelación salarial y la carestía de la vida era enorme (el IPC rondaba el 20%). La gente se veía obligada a trabajar entre 10, 12 y 14 horas, contando sábados y a veces domingos. Y el trabajo no tenía lugar solo en la fábrica, también se llevaban piezas a casa para ensamblar con la familia o se hacían “chapuzas”.
¿De dónde crees que te vino la conciencia? ¿Cuáles fueron tus influencias para desde la fábrica plantearte la necesidad de la lucha obrera?
La influencia me vino antes de entrar en la fábrica. Yo en la empresa estuve muy poco tiempo, entré en junio del 74 y caí de baja en marzo del 76 por las lesiones del 3 de marzo. Empecé a crear conciencia estudiando en Jesús Obrero. Como he dicho antes era un instituto donde éramos todos hijos de trabajadores, de gente humilde. Allí no había hijos de empresarios o gente pudiente. Esos iban por otras ramas para estudiar bachiller, luego la universidad y demás. Nosotros lo que queríamos era estudiar un oficio y con eso tener una salida pronta al mundo laboral.
Nos tocó vivir mucho apoyo a trabajadores en huelgas. Sabíamos que nuestro futuro estaba en la empresa y que lo que se lograra a través de la lucha obrera en la calle eran logros que luego disfrutaríamos nosotros. Recuerdo la huelga de Michelin, que fue muy larga; salíamos a apoyarla cada vez que lo solicitaban. Además, a nivel político había mucho movimiento y mucha represión, eran constantes las protestas en la calle. En ese instituto, además, se nos transmitía una conciencia social bastante fuerte lo que hacía que te implicases de forma activa en las luchas.
La cosa alcanzó tal punto que Gasteiz se convirtió en un problema político para las élites que apostaban por la reforma de Régimen. Nosotros íbamos por la ruptura.
Has hablado de la ley de topes salariales. En Vitoria, poco después de morir Franco, comienza un ciclo de lucha contra esta ley. ¿Cómo fue el proceso de ir dando forma, tajo a tajo, a las asambleas de trabajadores frente a la postura del Sindicato Vertical?
En aquel momento mi empresa, CEGASA (la famosa Tximist) no estaba en huelga. Teníamos unas condiciones laborales, económicas y sociales muy buenas comparadas con el resto. Hasta el punto que una vez quisimos lograr unas mejores condiciones e hicimos un día de huelga y el empresario, Juanito Celaya, nos dijo que si le buscábamos una nómina más alta que la que estábamos disfrutando nosotros nos la daría. Aun asi nos dedicábamos a secundar todas las huelgas generales en apoyo a las empresas que sí lo estaban.
Yo participaba activamente en las asambleas conjuntas que se hacían en la iglesia de San Francisco de Asís. Había una o dos veces por semana asambleas conjuntas para ver cómo iba desarrollándose el conflicto y de ahí se sacaban conclusiones para futuras actuaciones.
Y en esas asambleas se pasa a la organización de la huelga.
Lo primero que se hizo fue romper con el Sindicato Vertical. No se admitieron a los enlaces ni jurados de empresa del sindicato vertical, en el que paradójicamente convivían empresarios y trabajadores. Esto se hizo porque malamente pueden llegar a acuerdos un empresario y un obrero. Cada uno defiende sus intereses y en las empresas en huelga se crearon comisiones representativas al margen del sindicato oficial. Se elegían a como portavoces de los trabajadores en lucha a personas verdaderamente comprometidas y reconocidas por los currelas.
Pero estos representantes no podían hacer lo que querían...
Correcto. Estos representantes no tenían poder de decisión; eran transmisores. La asamblea era lo que ilusionaba a la gente: todos participaban, se sentían útiles, tenían voz y voto. Eso creó un movimiento que tomó una fuerza brutal, cosa que molestó sobremanera a los empresarios y al gobierno, que dijo “esto hay que acabar de una vez por todas”, temiendo que esa semilla brotara en otros lugares.
La cosa alcanzó tal punto que pronto lo de Gasteiz se convirtió en un problema político para aquellas élites que apostaban por la reforma de Régimen. Nosotros íbamos por la ruptura.
Hubo asambleas de mujeres, asambleas barriales... ¿Qué supuso eso en el tejido de la ciudad?
Fue fundamental. En el 3 de marzo, aparte de mejoras dignas de trabajo, se unían otras muchas cosas: Mejoras sociales, políticas, sindicales... Incluso se llegó a pedir la amnistía para que todos los presos antifranquistas que estaban en las cárceles salieran. Todas aquellas asambleas de barrio, que eran de mujeres, fueron una escuela de formación, de sensibilización en todos los sentidos
Cuando llegó el 3 de marzo, se llevaban dos meses largos de huelgas. En casa no entraba salario alguno. Las mujeres fueron las que animaban a seguir en la lucha a los trabajadores. Ellas salieron a la calle a reivindicar, hacían manifestaciones con las bolsas de la compra vacías para solicitar solidaridad, gestionaban las cajas de resistencia y la recogida de alimentos.
Además, en las reivindicaciones laborales, ellas se dieron cuenta de que estaban explotadas doblemente: en la empresa (donde cobraban menos y eran las primeras en ser despedidas para abaratar costes) y en casa. Empezaron a hablar de métodos anticonceptivos, del derecho al trabajo, a la convivencia, de guarderías... En el plano laboral la conciliación familiar brillaba por su ausencia.
La organización de mujeres supondría un elemento de concienciación muy fuerte para quienes participaban en ella
En esa época había una mentalidad muy machista. En el hogar era el hombre el que mandaba y las mujeres eran unas meras sirvientas que tenían que tener la casa a punto, todo limpio, la comida preparada para cuando llegase el hombre. Y el hombre se sentaba allí a mesa puesta y, cuando se levantaba, se iba a echar la partida o a tomar los vinos con los amigos y ellas se quedaban allí fregando y cuidando los niños, Y entonces ellas dijeron: “Oye, esto se tiene que acabar. Aquí todos tenemos los mismos derechos y las mismas obligaciones. Aquí hay que hacer también la cama, fregar los platos y cuidar a los niños.”
Las mujeres tuvieron un papel muy grande en todo momento y de ahí partió la Asamblea de Mujeres que sigue actuando a día de hoy.
El día 3 el seguimiento de la huelga fue prácticamente total en Vitoria; no solo las empresas en huelga, sino la mayoría de la ciudad paró: estudiantes, amas de casa, el comercio, agricultores... Fue un triunfo total.
A partir de enero y febrero, el conflicto pasa a lo que llamáis “el asalto a las calles”, llegando a lugares donde vivían las élites. ¿Qué supuso eso para esa burguesía franquista?
La lucha no abarcaba sólo los lugares de trabajo. La gente consideró trasladar la protesta al centro de la ciudad, donde estaba esa burguesía, esa clase pudiente, para escenificar el conflicto ante ellos. Eso les molestó mucho y fue cuando verdaderamente la policía empezó a reprimir de manera dura. Hasta entonces había concentraciones ante el Sindicato Vertical, pero eran “corridas” relativas. A partir de esa movilización en el centro, se empezó a notar la represión más dura.
Llegamos a los hechos del 3 de marzo. Fraga diría a posteriori que había que parar “el soviet de Vitoria”. ¿Qué recuerdas de ese día?
Dos semanas antes ya se habían convocado huelgas generales. No salieron del todo como se esperaba. El día 3 se preparó más a conciencia entre todas las comisiones representativas. La huelga triunfó de manera prácticamente total en Vitoria; no solo las empresas en huelga, sino la mayoría de la ciudad paró: estudiantes, amas de casa, el comercio, agricultores... Fue un triunfo total.
El pueblo respondió de manera maravillosa, pero la policía, desde primeras horas, se encargó de reprimir duramente cualquier atisbo de concentración. La idea con la que partíamos era confluir desde los polígonos hacia el centro. Sin embargo la policía había recibido la orden de “limpiar”. La represión fue brutal, incluso se dieron los primeros disparos de fuego real antes de la masacre de la tarde. Aun así, yo junto con otros compañeros llegamos como pudimos al centro de la ciudad, donde se empezó a formar un núcleo importantes de personas
Se calcula que hubo entre 150 y 200 heridos en total. tenemos contabilizados 55 heridos por disparos de bala, además de los que no hemos podido localizar, aunque sí disponemos de datos que confirman su existencia.
Y esa misma tarde estaba convocada una gran asamblea en la Iglesia de San Francisco de Asís…
Así es. A las cinco de la tarde había convocada una asamblea general en la Iglesia de San Francisco de Asís. La policía la sitió y la rodeó cuando estaba llena (se calculan entre 4.000 y 5.000 personas dentro) e indicaron que había que desalojar. El párroco se negó, diciendo que era una asamblea pacífica amparada por el Concordato. La policía rompió los cristales y empezó a lanzar botes de humo y gases lacrimógenos al interior. Aquello fue un infierno. La gente no podía salir porque afuera estaba la policía esperando, y armada.
Al final, ante la asfixia, empezaron a salir y la policía hizo un pasillo: los golpes que recibían eran tremendos. Viendo eso, la gente que estaba fuera (unas 10.000 personas) intentó atraer la atención de la policía lanzando objetos para liberar la salida. La policía empezó a disparar indiscriminadamente. El resultado ya se conoce: cinco obreros asesinados (tres fallecieron casi al momento, dos después) y cientos de heridos de bala y traumatismos.
¿Habéis tenido de esto un cálculo de cuántos heridos pudo haber más allá de las personas que murieron ese día?
Según el parte oficial, en los sumarios constan 68 personas ingresadas en hospitales con heridas de bala. Sin embargo, muchísima gente no acudió al hospital —entonces llamado Cuarto Socorro— ni a urgencias, ya que hacerlo implicaba dejar una filiación, lo que suponía posteriormente una persecución y graves consecuencias. Incluso hubo personas que, tras recibir un disparo que no alcanzó órganos vitales, acudieron a amigos enfermeros, enfermeras o médicos para que les curaran. Otros optaron por tratarse ellos mismos con alcohol, mercromina y otros productos similares.
Por todo ello, se calcula que hubo entre 150 y 200 heridos en total: algunos de gravedad, otros menos graves. De ellos, tenemos contabilizados 55 heridos por disparos de bala, además de los que no acudieron a urgencias y que no hemos podido localizar, aunque sí disponemos de datos que confirman su existencia.
Por ello, en todo momento queremos señalar que la premeditación y planificación de esa masacre estaba bien estructurada desde los aparatos del Estado.
Al día siguiente tu serias herido. ¿Cómo ocurrió?
Estábamos unos compañeros viendo cómo había quedado la zona de la masacre. No había nadie en la calle, ni incidente o alteración alguna,salvo gente insultando a la policía desde las ventanas De repente, nos rodearon unos jeeps. Yo ya tenía una lesión en el ojo izquierdo desde la niñez, no veía nada por ese ojo. El miedo que tenía siempre era recibir un golpe en el ojo bueno.
Me tiré contra la pared tapándome la cabeza. Empezaron a golpearme sin parar. Les dije: “Llevadme detenido, haced lo que queráis, pero no sigáis golpeándome que tengo una lesión ocular”. Eso les ensañó más. Me agarraron de los brazos para que no me pudiera cubrir y todos los golpes fueron a la cabeza. Uno entró de lleno en el ojo sano, el derecho. Me dejaron en blanco. No veía nada. Me insultaban: “Comunista, hijo de puta”. Me pusieron en las manos unos alambres y yo intuí que arrastré un poste de luz o de teléfono o algo que estaba en alguna barricada.
Estuve un mes ingresado en el hospital con reposo absoluto. Y luego ya fue el peregrinar por diferentes hospitales. Y al final acabé en la Clínica Universitaria de Navarra regida por el Opus. Allí aparte de soportar la lesión, todas las operaciones que me hicieron tenía que soportar todos los días al cura de turno, a ver si me quería confesar.
La respuesta obrera fue contundente en otras zonas, hubo huelgas de solidaridad en muchos puntos de Euskal Herria y el Estado
Todas las expresiones de solidaridad que se produjeron en el Estado, que fueron numerosas, fueron duramente reprimidas. Hay que tener en cuenta que, como consecuencia de esa represión, en Tarragona asesinaron a Juan Gabriel Rodrigo, un trabajador de la refinería que participaba en una manifestación. En la huelga general del día 8 en Basauri también asesinaron a Vicente Antón, un joven de 18 años que participaba en las movilizaciones.
El espíritu del 3 de marzo y sus métodos de lucha -basados en la asamblea como elemento principal para tomar decisiones- tuvo un impacto tremendo no solo en Gasteiz, sino en toda Euskal Herria.
Aunque no es tan conocido, tambien hubo victimas de la violencia policial a nivel internacional.
En Roma se organizó una protesta ante la Embajada española y, por orden de esta, imagino, los carabinieri actuaron, dispararon y mataron a Mario Marotta, un viandante que pasaba por el lugar, además de herir de bala a varias personas más. Hubo numerosas expresiones de solidaridad en otros países como Alemania o Francia, aunque aquí no se conocieron debido a la censura. Sin embargo, tuvimos conocimiento de ellas a través de organizaciones sindicales internacionales que nos trasladaban la información mediante los sindicatos clandestinos que operaban en ese momento.
A pesar de que todavía no haya tenido lugar la reparación judicial a través de la responsabilización del Estado, el relato de la “modélica transición” parece que se resquebraja. ¿Cómo valoras el reconocimiento de la memoria histórica y vuestra lucha en la Asociación?
A nivel oficial, la versión que impera en los archivos es la policial de aquel momento. Nosotros éramos los agresores y la policía los agredidos. Ningún tribunal se quiso hacer cargo de esa patata caliente. No se consiguió señalar a ningún culpable de la violencia durante ese día pese a existir grabaciones, testimonios…etc y sin embargo varios de los delegados de fábrica estuvieron en la cárcel, acusados de sedición, imagínate.
¿Cuál ha sido el recorrido de la Asociación Martxoak 3 de la que formas parte?
Nos constituimos como Asociación Martxoak 3 en 1999 para buscar la verdad, la justicia y la reparación. Hemos ido al Parlamento Europeo, participamos en la Querella Argentina con la jueza Maria Servini contra los crímenes del franquismo (donde se dictaron órdenes de extradición contra Martín Villa y otros, que España denegó) donde también se investigaban a torturadores como Billy el Niño o asesinatos como el de los Sanfermines de 1978 con German Rodriguez.
De momento, hemos logrado que las instituciones vascas reconozcan a las víctimas, pero nos falta la “pata” de la justicia. El Estado español sigue aplicando un código de justicia interno que contraviene los pactos internacionales firmados. La Ley de Memoria Democrática es insuficiente; no entra en el tema de justicia y la impunidad.
Desde el Gobierno se amparan en que es otro el régimen que existe en la actualidad. Y lo podemos entender. Pero el responsable último de lo que ocurrió el 3 de marzo en Gasteiz fue el Estado. Por ello pedimos un acto institucional al más alto nivel donde el Estado reconozca su responsabilidad principal y directa en la masacre del 3 de Marzo, tal como hizo Cameron en Inglaterra con el Bloody Sunday. El espíritu del 3 de marzo sigue vivo, especialmente en la juventud de Gasteiz y Euskal Herria, y eso es muy importante para que no se repita.
El caso del 3 de marzo puede servir como punta de lanza para abrir camino a otra mucha gente que no tiene igual la potencia o la capacidad de darse a conocer como nosotros.
¿Qué cree que ha quedado de la memoria del movimiento del 3 de marzo en la actualidad?
El espíritu del 3 de marzo y sus métodos de lucha -basados en la asamblea como elemento principal para tomar decisiones- tuvo un impacto tremendo no solo en Gasteiz, sino en toda Euskal Herria. Emisoras de radio libre como Hala Bedi, el gaztetxe de Gasteiz y todos los colectivos sociales adoptaron ese espíritu: una forma de lucha asamblearia totalmente horizontal, donde no había jerarquías ni decisiones impuestas desde arriba, sino que las resoluciones surgían desde abajo. En Gasteiz, especialmente, la implantación de ese legado ha sido profunda.
Y eso es algo que nos alegra: que hoy en día los jóvenes sigan recuperando aquel espíritu en sus manifestaciones, sean del signo que sean. A pesar de todas las diferencias que existen entre la juventud actual, todos comparten ese método asambleario de toma de decisiones. La implicación con el 3 de marzo aquí en Gasteiz es tremenda. La transmisión generacional está funcionando y la participación de los jóvenes es total.
¿Algo mas que añadir?
Incidir en denunciar la impunidad del Estado y la falta de justicia. Seguiremos siendo esa punta de lanza. El caso del 3 de marzo puede ser la punta del iceberg de una represión brutal, de unos asesinatos, unas torturas brutales, unos encarcelamientos que no deberían haberse producido. Y queremos servir como punta de lanza para abrir camino a otra mucha gente que no tiene igual la potencia o la capacidad de darse a conocer como nosotros. Como víctimas de la violencia de Estado que somos, creemos que Martxoak 3 puede ser quien abra camino a través del que puedan transitar otras víctimas con menor visibilidad, pero igualmente víctimas.
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