8 de marzo
María Juncay: “Gritamos que faltan las internas porque queremos que ninguna tenga que quedarse encerrada”
Han quedado un poco antes de la hora oficial, en una de las entradas del parque Etxebarria, para marchar con el bloque antirracista. Apenas media hora antes de dar comienzo a la manifestación de Bilbao, ya se les oye gritar sus consignas desde cualquier orilla de la ría.
Emakume Migratu Feministak Sociosanitarias busca hacerse fuerte, una vez más, este 8 de marzo, en la médula del bloque antirracista donde se insertan. María Juncay, militante del colectivo, dice que hasta que no se plantaron no fueron escuchadas: sus demandas no se incluían en las exigencias de esta simbólica jornada, ni tampoco en las del 25 o 30 de noviembre. Ciertos sectores de movimiento feminista blanco hacían oídos sordos.
El colectivo sale con un programa que trabajan durante todo el año: abolir el trabajo interno, acabar con el abuso laboral y seguir luchando contra el racismo que lo permite. Para ello, discuten en un local de Sestao, cedido por el Ayuntamiento, que comparten con el Emari Sestaoko Talde Feminista.
Juncay, que ha sido 14 años trabajadora interna, habla de tejer alianzas con diferentes sectores desde el antirracismo, el transfeminismo y el antifascismo. Como opinaba en una tribuna en Hordago, las mujeres migrantes son las que más sufren el trabajo esclavo del hogar.¿Os sentís incluidas en las exigencias de los feminismos hegemónicos de Euskal Herria?
Llevo aquí 26 años. Estuve interna durante 14 años y, cuando falleció la señora a la que cuidaba, pude empezar a ir a espacios. Mi primer contacto con mujeres migradas fue en Fundación Ellacuria, en un proyecto de fotografía donde plasmábamos experiencias de vida. Entré a partir de un trabajo nocturno que acepté. Así empecé a relacionarme con compañeras migradas. Al principio la gente me confundía con la cuidadora de mi hija. Había muchos prejuicios.
Desde entonces me vinculé a otros espacios: Torre Babel, Movimiento Feminista de Euskal Herria) y participé en la huelga de los cuidados de 2018. Ahí pusimos en la agenda que nuestro trabajo de cuidados debía ser reconocido como trabajo. No nos arrepentimos; ahora incluso las instituciones hablan de ello. Nosotras defendimos que los cuidados son trabajo remunerado y deben figurar en las reivindicaciones.
“Propusimos que la lucha antirracista estuviera en la marcha y sufrimos rechazos dentro de sectores del movimiento feminista”
La huelga del 2018 a favor de los cuidados fue histórica.
Esa huelga me marcó. Sentí que se abrían un montón de posibilidades. Seguimos en esos espacios y luego, durante la pandemia, apareció la PNL que impulsó la regularización de muchas personas. Fue un momento decisivo. En la pandemia denunciamos la doble jornada y el racismo. Propusimos que la lucha antirracista estuviera en la marcha y sufrimos rechazos dentro de sectores del movimiento feminista; algunos grupos se apartaron. No obstante, continuamos.
¿Cómo fue esa situación?
Cuando se recogieron firmas para apoyar nuestras demandas, el movimiento feminista apenas se implicó: recogieron pocas firmas. Eso nos dolió y nos hizo ver que no éramos una prioridad para algunos sectores. Por eso optamos por crear espacios propios. Esto no significa que creamos que podemos afrontarlo todo solas, sino que exigimos que el feminismo sea un movimiento social que reivindique a todas las mujeres. En general, no nos sentimos incluidas. Nos hemos ido por decisión propia porque nuestras demandas no eran atendidas.
En la huelga del 30 de noviembre nos plantamos: si no estaban nuestros derechos, no participamos. Nos señalaron, sufrimos violencia, pero también hubo gente que compartió nuestras demandas. Desde entonces tomamos agencia: no queríamos ser utilizadas como adorno para decir unas palabras o leer un fragmento sin verdadera inclusión. El 8M y el 25N salen muchas mujeres, pero ¿qué pasa el resto del año? ¿Qué hacen los espacios considerados feministas para sostener y actualizar la lucha? La tecnología y las nuevas generaciones exigen actualizar las estrategias.
Por ejemplo, el 30 de marzo, Día Internacional del Empleo de Hogar, casi nadie del feminismo mainstream apareció.
Eso duele porque es una lucha central para quienes sostenemos los cuidados. Creo que el movimiento feminista necesita un “reset”: reconocer privilegios (como el de las mujeres blancas), ponerse al servicio de quienes reclaman justicia, tiempo para descansar, para vivir, para cuidar a sus familias lejos, etc. Si no se gestionan estas demandas de manera colectiva, el movimiento se fragmenta en convocatorias paralelas y competencias que diluyen la riqueza de un movimiento social.
Respecto a las tres convocatorias que comentas, hay grupos abolicionistas y TERF; hay incluso anti-feminismo dentro del movimiento. ¿Se debaten estos temas aquí?
Nosotros no los tratamos mucho porque en nuestros espacios priorizamos cuidarnos y centrarnos en la lucha antirracista y en erradicar el empleo de hogar interno. El empleo de hogar interno es un régimen opresor, esclavista y racista: no hay mujeres blancas sometidas a este trabajo sin jornada, sin salario justo, sin descanso ni libertad, muchas con malos tratos y acosos. Por ello elaboramos un mini protocolo: nunca ir sola a entrevistas, mencionar que vienes de Emakume Migratu Feministak y que siempre habrá una compañera esperando abajo. Lo difundimos para que las recién llegadas no caigan en trampas de explotación laboral (amenazas de deportación, salarios ridículos, jornadas de 40+20 horas de presencia no pagadas, etc.). Es la realidad.
El estatuto y la normativa no protegen bien; muchas internas no tenían derecho al paro hasta que se avanzó en convenios y en la ratificación europea, pero aún queda mucho por hacer. Con la regularización, pedimos a empleadores que, cuando la trabajadora obtenga NIE y permiso, la den de alta en la seguridad social y le hagan contrato. Tememos despidos cuando las personas reclaman lo que les corresponde. Por eso pedimos valentía a las familias y empleadores: no perderán nada contratando legalmente, y ganarían la tranquilidad de estar haciendo lo correcto.
¿Cómo interpelar a las recién llegadas? ¿Qué les decís?
Que no tenga miedo; venimos de contextos donde la obediencia y la cultura patriarcal dificultan reclamar derechos. Animamos a las recién llegadas a buscarnos en redes (WhatsApp, Instagram, Facebook), y a participar en nuestros espacios. También hacemos llamados a todas las mujeres feministas, antirracistas, anticapitalistas, decoloniales, antifascistas, para que nos reconozcamos y trabajemos juntas en objetivos comunes: apoyar a las pensionistas, a las compañeras trans, a las empleadas de hogar el 30M, etc.
¿Qué papel juegan las mujeres blancas en vuestra organización?
Tenemos un grupo de cuidados formado por personas blancas que hace de apoyo logístico y de protección en manifestaciones (altavoces, comunicación con policía, etc.) para acompañar a las personas migradas y racializadas. Hemos preparado acciones para el 8M, el 21M (día contra la discriminación racial), el 30M y el 1 de mayo. En todas estas acciones saldremos como bloque antirracista, con música, baile y energía para desconectar y expresar libertad. Nuevamente hacemos llamados a la solidaridad práctica: hemos recibido ofrecimientos de vivienda de compañeras blancas para alojar a migrantes temporalmente; necesitamos materiales para manifestaciones (papel, pintura, plástico, altavoces). Coordinamos y pedimos colaboración concreta: padrón, información sobre cómo ayudar, acompañamiento.
“Las internas sostienen la crisis de cuidados que permite el enriquecimiento del país y de las familias; reivindicamos el derecho al descanso y al ocio”
Este 8M se hace fuerte el bloque antirracista.
Para nosotras el 8M es una fecha clave para visibilizar nuestras demandas y ocupar esos espacios. En las manifestaciones gritamos consignas como “faltan las internas” porque queremos un día en que todas podamos salir sin que ningunatenga que quedarse encerrada cuidando. Las internas sostienen la crisis de cuidados que permite el enriquecimiento del país y de las familias; reivindicamos el derecho al descanso y al ocio. A las personas que participan del 8M pero tienen internas en casa, les pedimos que reconozcan su privilegio: que miren quién está en su casa y si esa persona también querría salir. Hay que exigir derechos como jornada, descanso y condiciones dignas. No se puede celebrar la igualdad cuando disfrutas del derecho de salir y otras lo pierden por trabajar en régimen 24/7.
Respecto a la regularización, pedimos a la sociedad reconocer la lucha de los colectivos migrantes que la impulsaron y, cuando una persona consiga permiso, que las empleadoras y empleadores actúen con responsabilidad: dar de alta y contrato. También sugerimos que el Estado obligue normativamente a regularizar contratos de quienes han trabajado años en situación irregular y que ofrezca alternativas habitacionales. Si alguien despide a una trabajadora por reclamar sus derechos, hay recursos legales y no debe tener miedo.
Además de luchar contra el trabajo interno habláis de racismo inmobiliario, que dificulta el acceso al alquiler incluso si tienes nómina.
Hemos impulsado viviendas comunitarias; en 2023 pedimos apoyo económico para este proyecto y no recibimos mucha respuesta, pero conseguimos una casa en mayo y ahora tenemos cinco casas comunitarias, por las que sí pagamos, pero que permiten a familias con niños acceder a un hogar. También trabajamos para empadronar a las personas y evitar pagos abusivos por trámites. Es importante que el discurso feminista se traduzca en acción concreta: crear soluciones, acompañar y transformar.
“Necesitamos unirnos, reconocer privilegios, acordar objetivos comunes y caminar juntas para no perder lo que han conseguido nuestras antecesoras”
¿Y este 8M?
Hemos propuesto que el 8M no sea solo un gesto simbólico: nosotras leemos un manifiesto y lo trabajaremos durante todo el año, evaluando los avances para revisarlo en el siguiente 8M. No nos gusta el postureo: que el discurso se convierta en trabajo efectivo. Necesitamos unirnos, reconocer privilegios, acordar objetivos comunes y caminar juntas para no perder lo que han conseguido nuestras antecesoras.
¿Llamáis a la unidad?
Animamos a todas las organizaciones a sentarse a la mesa, a acordar lo común y trabajar juntas más allá del 8M. No queremos competir entre movimientos. Hay que priorizar lo que nos une y ejecutar acciones durante todo el año para transformar discursos en realidades concretas. Nosotros seguiremos moviendo conciencias y construyendo desde la práctica: viviendas comunitarias, protocolos de protección, campañas informativas y presencia visible en las calles.
¿Cómo leéis los discursos que edulcoran o romantizan el trabajo doméstico o la reclusión en el hogar?
La industria musical juega su papel. Rosalía, por ejemplo, es una joven que vende, y no sé si mide lo que dice o lo hace por mantener audiencia. Hace daño, sí, pero las raíces del movimiento feminista son sólidas y resistirán esas olas
Trabajo doméstico
Esclavitud contemporánea en el trabajo del hogar interno, ¿podemos acabar con ella?
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