Opinión
La capitalización de la identidad LGTBIQ+

Las aplicaciones de citas mercantilizan nuestra identidad LGTBIQ+ y transforman la búsqueda de comunidad en un modelo de negocio adictivo que fragmenta nuestros vínculos sociales.
Foto Grindr app
Imagen publicitaria de la app de citas Grindr.

Estudiante de Psicología.

8 may 2026 07:01

Pertenecer a una minoría social siempre conlleva muchas dificultades y obstáculos que conforman la experiencia de exclusión y aislamiento social inherente a dicha identidad grupal. Sin embargo, donde las personas pertenecientes a estas categorías ven una lucha, las multinacionales ven una oportunidad de negocio con la cual lucrarse de las necesidades de los colectivos.

Eran los dos mil cuando comenzó la expansión global de las redes sociales. Prometían facilitarnos el acceso los unos a los otros para mantener la calidad de los vínculos sociales a pesar de la distancia. Anuncios de estudiantes de intercambio videollamando a su familia desde la universidad, hijos trabajadores emigrantes conectando a través de Facebook con sus padres… Lejos quedan los días en los que las plataformas digitales eran un complemento de la interacción humana rutinaria, conformando hoy en día la normatividad comunicativa del día a día. Bajo este contexto, la posibilidad de conectarse y estrechar lazos con desconocidos se vuelve una herramienta indispensable para las minorías étnicas, de género y de orientación sexual. La pertenencia a un grupo de similares que antes era solo posible en las grandes ciudades se ha vuelto accesible para todos, independientemente de tu localización geográfica. La facilitación de la integración social y el desarrollo de una identidad compartida es un invento revolucionario, ya que dichos procesos correlacionan positivamente con una mayor longevidad, menores enfermedades cardiovasculares, etc.

A pesar de la apología colectiva de las redes sociales, su presencia constituye una amarga victoria ya que las interminables tardes de “tomar algo” con amigos se han visto sustituidas por la cultura de la inmediatez y comodidad. ¿Para qué vas a arreglarte, desplazarte y pasar calor en una terraza cuando tu colega está al alcance de un mensaje de texto? ¡Ni siquiera tienes por qué aclararte la voz para hacer una llamada!

Es esta misma línea de pensamiento la que ha reducido la vida nocturna y la presencia en situaciones en las cuales se propicia conocer personas y hacer amigos. De esta forma, las aplicaciones de citas toman el control no solo de la búsqueda de encuentros románticos sino también de amistades. En España, según un estudio de GfK en diciembre de 2025, alrededor de 1.5 millones de personas usan diariamente estas plataformas, un 21% más que hace dos años.

Ranking aplicaciones usuarios
Datos estadísticos sobre aplicaciones y redes sociales. Estudio de GfK.

En sí, el online dating no es nocivo para las minorías ni para la mayoría de población, todo lo contrario. En concreto, en el colectivo LGTBIQ+ existe una reticencia notable a ligar en espacios públicos por miedo a la discriminación y violencia homófoba, por lo que poder encontrar personas de forma digital supone un avance tanto en unión como en seguridad. El problema radica en las suscripciones y filtros que promocionan estas apps; paga por saber a quién le gustas, por enseñar más tu perfil a otros usuarios y, sobre todo: filtra por gustos.

De esta forma, lo que antes era un beneficio para todos, ahora es la antesala de un nuevo mercado en el cuál los usuarios son tanto los consumidores como el producto ofertado. Los filtros facilitan la discriminación sexual racializada, excluyendo o fetichizando tanto a personas de determinadas razas como cuerpos. Por mucho que pueda parecer un halago, la fetichización explícita de la identidad de una persona no es más que la deshumanización de la misma y, a largo plazo, correlaciona con la disminución del valor propio percibido, que a su vez se vincula con mayor incidencia en trastornos depresivos y ansiosos.

...la fetichización explícita de la identidad de una persona no es más que la deshumanización de la misma y, a largo plazo, correlaciona con la disminución del valor propio percibido, que a su vez se vincula con mayor incidencia en trastornos depresivos y ansiosos

Dejando de lado el sistema de categorización, nos encontramos otro problema: el patrón de refuerzo intermitente. De la misma forma que se advierte de que los juegos de apuestas son adictivos, se debería advertir de que estas plataformas funcionan de una manera parecida. Navegar entre tantos perfiles puede generar sentimientos de inseguridad que subyacen a las comparaciones ascendentes con otras personas, haciendo que el usuario se cuestione su propia valía. Dicho proceso es potenciado por la hegemonía de la heteronormatividad y el ideal mesomórfico, ese estándar corporal rígido al que se aspira a llegar por miedo a la exclusión y el rechazo social.

De esa nueva necesidad de validación externa se pasa al like; al darlo se siente una excitación por lo que está a punto de ocurrir y cuando se consigue el famoso match: ¡bingo! El usuario obtiene una sensación de recompensa que a veces llega y a veces no, lo que en psicología es un claro ejemplo de condicionamiento operante.

No es el concepto en sí sino la manera en la que se comercializan las apps de citas, monetizando las necesidades del colectivo a través de dinámicas “Pay to win”, es decir, paga por ligar más. La interfaz está pensada para mantener al usuario adicto a ella, no para tener citas reales y es ese patrón de atención el que modula la experiencia de ligue. Se disminuye el valor percibido de cada match ya que hay un sinfín de perfiles, rompiendo totalmente el complejo entramado social de conductas de cortejo que antes eran popularmente aceptadas.

De esta forma, las redes sociales dan una de cal y otra de arena facilitando el conocer nuevas personas, pero controlando la manera en la que lo haces para poder mercantilizar la identidad LGTBIQ+ como ya bien nos avisó Karl Marx en El Capital (1867), afirmando que en el sistema capitalista las relaciones sociales entre personas son sustituidas por relaciones entre objetos. Dicha dinámica fragmenta las comunidades y las aísla de sí mismas.

Quizás nuestras madres tuviesen razón y “sea culpa del teléfono”, por lo que hoy más que nunca debemos salir a la calle a fomentar los encuentros presenciales, formando una red de apoyo y vínculos socioafectivos positivos como acto de rebelión política frente al intento de reducir nuestra identidad a activos financieros.

Bibliografía

Longevidad asociada a la calidad de los vínculos sociales:

Holt-Lunstad J, Smith TB, Layton JB (2010) Social Relationships and Mortality Risk: A Meta-analytic Review. PLoS Med 7(7): e1000316. https://doi.org/10.1371/journal.pmed.1000316

Menor Riesgo de enfermedades cardiovasculares asociado a una pertenencia grupal:

Tan J, Wang Y. Social Integration, Social Support, and All-Cause, Cardiovascular Disease and Cause-Specific Mortality: A Prospective Cohort Study. Int J Environ Res Public Health. 2019 Apr 27;16(9):1498. doi: 10.3390/ijerph16091498. PMID: 31035622; PMCID: PMC6539343.

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