Agricultura
Desde el estrecho de Ormuz al supermercado: el precio de los fertilizantes ahoga a agricultores y familias
Las escaladas en el precio del petróleo y del gas copan las portadas y titulares diarios. Los vaivenes del desastroso ataque de Trump y Netanyahu contra Irán, que no parece terminar, hacen temblar y dispararse a los mercados con cada post en redes sociales del presidente norteamericano. Esos movimientos saltan directamente a las gasolineras y facturas de la luz, y de ahí al resto de productos. En cambio, existe otro insumo productivo que no llena tantas portadas pero que influye directamente en los costes de los productos de las estanterías de los supermercados y en las cocinas de los hogares: los fertilizantes necesarios para la agricultura.
Aproximadamente un tercio del suministro mundial de fertilizantes pasa por el estrecho de Ormuz, sobre todo de aquellos nitrogenados que se usa en la mayoría de huertas e invernaderos del país. Uno de ellos es la urea, fertilizante nitrogenado muy usado en la agricultura. No sólo se emplea directamente en el campo, sino que también se utiliza para producir otros fertilizantes, por lo que su encarecimiento aumenta el coste de todos ellos. Casi la mitad de su composición es nitrógeno y, además, necesita grandes cantidades de gas en su elaboración. Esta peculiaridad energética ha provocado que algunos países ricos en gas también se hayan especializado en producción de este tipo de insumos agrícolas. Lo que ha provocado que, de la misma forma que con el crudo y el gas, el conflicto en Irán haya provocado un cuello de botella y un rally especulativo de los mercados que ha elevado el precio más de un 50% en las últimas semanas y amenaza con seguir escalando si la guerra se prolonga.
Los precios en los mercados de futuros donde se comercia están todavía muy lejos de los 1.000 euros la tonelada que llegó a alcanzar la urea durante los primeros y caóticos meses de la invasión rusa en Ucrania. Pero tampoco está a los 400 dólares en los que cotizaba antes de que Trump y Netanyahu decidieran bombardear Irán el 28 de febrero. La banda entre los 665 y los 680 dólares por tonelada en los que cotiza en la última semana es más que suficiente para poner al sector agrícola en apuros. Unas dificultades que poco tardarán en trasladarse hasta los clientes mayoristas e intermediarios y de ahí, muy probablemente, a las estanterías de los supermercados y los bolsillos de los consumidores.
“Nadie nos habla de desabastecimiento, por lo que creemos que realmente hay muchas empresas que se están aprovechando de la situación, especulando y vendiendo a estos precios lo que tenían en stock”, Andrés Góngora de COAG
La escalada de precios, además, llega en un momento de lo más delicado. La primavera viene con épocas de cultivo y un mayor uso de fertilizantes. “Durante unos meses, en invierno y en épocas de lluvias, no hay mucho consumo, pero en primavera, a partir de abril, se incrementa, tanto en agricultura intensiva como extensiva”, explica a El Salto Andrés Góngora, responsable de producción agrícola de la Coordinadora de Organizaciones de Agricultores y Ganaderos (COAG). Pero también apunta a una primera duda en cuánto a la subida de precios: “Nos ha sorprendido mucho lo rápido que han subido los precios, cuando venimos de meses de poco consumo y esas empresas suelen aumentar su stock”, dice el agricultor. “Nadie nos habla de desabastecimiento, por lo que creemos que realmente hay muchas empresas que se están aprovechando de la situación, especulando y vendiendo a estos precios lo que tenían en stock”, lamenta Góngora.
El integrante de la organización de agricultores y ganaderos recuerda ese eufemismo económico que se utiliza cuando se habla de los carburantes en las gasolineras: “subida de cohete, caída de pluma”. “Puede que la situación se pueda corregir si la guerra y los costes se estabilicen, pero tememos que pase como con la gasolina y los precios no caigan de la misma forma que subieron y tarden mucho en volver a los precios normales”.
Si lo que se está cosechando ahora no está influenciado por los precios de los fertilizantes, podrá subir en parte por el gasoil, pero también apunta a un fuerte componente de especulación por parte de los intermediarios
Si el aumento de costes en los que incurre el agricultor cuando se tiene que abastecer de estos tipos de abono ya está encareciendo por motivos que, en opinión del agricultor, parecen corresponder más a movimientos especulativos, con la comida de los supermercados a Góngora se le despierta una duda muy parecida: “Los problemas que tenemos ahora y los incrementos de precios son para las cosechas que estamos plantando ahora. Nosotros subiremos los precios cuando recojamos esta cosecha, pero decir que los precios de los productos en los supermercados están subiendo por culpa de los fertilizantes es falso”, lamenta Góngora. La idea es sencilla, si lo que se está cosechando ahora no está influenciado por los precios de los fertilizantes, podrá subir en parte por el gasoil, pero también apunta a un fuerte componente de especulación por parte de los intermediarios y las grandes cadenas de alimentación.
Al final, tal y como explica Góngora, “el primer impacto recae directamente sobre las costillas del productor, porque no podemos trasladar el aumento en el coste y no podemos decidir sobre los precios”. En una misma línea apunta Javier Guzmán, director de la ONG Justicia Alimentaria, que afirma que “el modelo actual ha atrapado a buena parte del campesinado en una dependencia brutal de insumos externos: fertilizantes químicos, piensos importados, gasóleo… y cuando suben los costes energéticos, el agricultor no puede repercutirlos fácilmente en el precio que recibe”. El resultado es unos márgenes más estrechos o directamente pérdidas, lo que en algunos casos conlleva “más endeudamiento y más expulsión del campo”, lamenta Guzmán.
“Lo que vemos es que la gran distribución y la agroindustria utilizan estas crisis para justificar subidas, incluso por encima de los costes reales”, Javier Guzmán
En cuanto al incremento de los precios en la estantería del supermercado que se ha comentado antes, Guzmán también tiene claro que hay “trampa”. “Lo que vemos es que la gran distribución y la agroindustria utilizan estas crisis para justificar subidas, incluso por encima de los costes reales”, explica el experto. Recuerda la reciente crisis energética, que también disparó el precio de los fertilizantes incluso por encima de los precios actuales, tras la invasión de Rusia en Ucrania. “Se disparó el precio de los alimentos mientras muchos productores siguen cobrando lo mismo o menos”. Los cálculos que manejan en su organización apuntan a que entre 2021 y 2025 los precios subieron un 40%, pero los beneficios empresariales explicaron hasta el 84% de esa subida. “Es un sistema profundamente injusto donde el consumidor paga más, el agricultor gana poco y quien concentra poder en la cadena aumenta beneficios”, denuncia el director de Justicia Alimentaria.
Los dos señalan un problema más y que puede que provoque unos incrementos en los precios más a medio plazo. Si los fertilizantes de este tipo que se están utilizando ahora se encarecen hasta el punto que el agricultor no puede pagarlo, “habrá sectores que reducirán o dejarán de consumirlos y la producción será mucho menor”, dice Góngora mientras enumera los que cree que se verán más afectados por su carácter extensivo y la cantidad que suelen utilizar como los cereales, leguminosas o frutos secos. “La cosecha dentro de unos meses será menor, dependeremos de más importaciones”, alerta el agricultor.
Las ayudas del gobierno
El pasado viernes, con el decreto de ayudas para paliar las consecuencias del conflicto en Oriente Medio venía un paquete de ayudas precisamente para amortiguar las subidas de los fertilizantes dotada con 500 millones. Desde Unión de Uniones de Agricultores y Ganaderos (UdU) han valorado de forma positiva el paquete por ser una “medida que supone un reconocimiento del fuerte incremento de costes que están soportando las explotaciones agrícolas”. No obstante, dicha organización considera “que esta ayuda, aun siendo relevante, resulta claramente limitada para el conjunto del sector y no compensa el incremento generalizado de los costes de producción”.
“La ayuda del Gobierno se va a quedar muy corta si llegamos a precios de los 1.000 euros la tonelada”, Andrés Góngora
En la misma línea se mueve COAG. Les parece bien como primer paquete de medidas, “pero esto requiere hacer un seguimiento en las próximas semanas porque se ha focalizado en gasóleo y fertilizantes”, exige Góngora. También señala la escasez de una ayuda que es fija según la hectárea, sin tener en cuenta el tipo de cultivo. “Puede que para los cultivos pueda servir, pero en mi sector, la fruta y la hortaliza, no nos va a compensar para nada con el incremento de los precios”. Le pone una cifras aproximadas: “Para mi invernadero, me van a dar una ayuda de unos 110 euros, cuando entre este mes y comienzos del siguiente ya me habré gastado unos 500 euros más de lo que me gastaría con los precios de hace tan solo un mes”, lamenta. Además, estamos hablando del comienzo de la temporada, con los precios subiendo y alcanzado los 665 euros la tonelada, pero lejos de lo que llegó a alcanzar hace un tres de años y dónde podría llegar si el conflicto en Oriente Medio se alarga: “La ayuda se va a quedar muy corta si llegamos a precios de los 1.000 euros la tonelada”.
Mientras se escriben estas líneas, Trump ha vuelto a poner en práctica el Trump Always Chicken Out(Trump siempre se acobarda) y ha anunciado una nueva prórroga de ataques a infraestructuras energéticas de Irán hasta el 6 de abril, diez días más del plazo anterior, a la vez que alardea de estar cerca de alcanzar un acuerdo con el régimen iraní. Pero ni los mercados ni los agricultores se creen ya al habitante de la Casa Blanca. Los mercados siguen descontando que la guerra va a continuar y las cotizaciones de petróleo, gas y fertilizantes siguen sin relajarse demasiado, más bien al contrario. Sólo nos queda ver cuándo y de qué forma va a llegar esos incrementos a la lista de la compra de los hogares y vigilar, tal y como alertaban Guzmán y Góngora, de quién se está enriqueciendo con esta guerra y sobre las espaldas de quién se apoyan las consecuencias negativas.
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