Bajo 40ºC: la ola de calor golpea a las personas migrantes sin hogar en París

Cerca de 5.000 personas duermen en la calle en la capital francesa. Muchas de ellas son migrantes y soportan de forma directa los efectos de las temperaturas extremas.
Campamento Chapelle
Campamento del boulevard de la Chapelle, en la línea 2 del metro de París. Inés Gil
París, Francia.
8 jul 2026 09:15

En el norte de París, junto a la estación de Stalingrad, la estructura metálica de la línea 2 del metro se eleva sobre el bulevar de la Chapelle. Cada cuatro minutos, el paso de los trenes rompe el silencio con un estruendo constante que hace vibrar el suelo.

Bajo esas vías elevadas se levanta un asentamiento de migrantes que no tienen hogar. Alrededor de 350 personas, casi todos hombres, duermen aquí en tiendas de campaña improvisadas. “Esto es una mierda. Y con este calor, todavía peor”, protesta Shezad. Tiene 31 años, es originario de la provincia afgana de Kunar y llegó a Francia hace una década. Desde entonces ha ido encadenando campamentos improvisados, habitaciones de hotel y, en ocasiones, “pisos ruinosos”, como él mismo describe. Hoy vuelve a dormir en una tienda de campaña, bajo las vías del metro.

“Es un infierno. Por la tarde el calor te invade todo el cuerpo. No hay manera de refrescarse. No corre el aire y la tienda nunca se enfría. Mira, estas manchas me salieron durante la ola de calor”, dice mientras se remanga la camiseta para mostrar varias lesiones en el hombro.

Un riesgo mortal en la calle

La última semana de junio las temperaturas alcanzaron los 41 grados en París y rondaron los 40 durante tres días consecutivos. Se trata de unos registros inéditos en la capital francesa para esas fechas y que representaron un “grave riesgo sanitario” para las personas sin hogar, explica Paul Alauzi, coordinador de la misión de personas migrantes de Médicos del Mundo París. “No tuvieron ni un solo momento de respiro”. A pesar de que la temperatura se ha estabilizado en Francia, el calor extremo sigue presente. “El riesgo de deshidratación en estos casos es muy elevado. También aparecen problemas dermatológicos graves, porque el calor agrava las irritaciones y las lesiones cutáneas”. A ello se le suma la falta de recursos de la organización. “Muchos de nuestros voluntarios son médicos jubilados, personas mayores especialmente vulnerables a las altas temperaturas. Apenas pueden salir a hacer las rutas de atención”.

El calor extremo que se vive en Europa estos días también está consecuencias psicológicas para las personas sin hogar. “Las personas migrantes ya han atravesado experiencias muy traumáticas durante el exilio. Las altas temperaturas pueden agravar trastornos psiquiátricos. En el campamento de Stalingrad, por ejemplo, encontramos a una persona que se había aislado fuera de las tiendas y se había arrancado la piel del cuero cabelludo”, explica el trabajador humanitario.

Durante los días más calurosos de la semana pasada, Ali acudió cada jornada al canal Saint-Martin para darse un baño. Con la llegada de las altas temperaturas, el Ayuntamiento de París autorizó el baño en este canal de 4,5 kilómetros

Ali, otro de los residentes del campamento, interviene en la conversación. “En nuestro país hace mucho calor, pero esto es París. Esta ciudad no está preparada para soportar estas temperaturas”, dice. Durante los días más calurosos de la semana pasada, Ali acudió cada jornada al canal Saint-Martin para darse un baño. Con la llegada de las altas temperaturas, el Ayuntamiento de París autorizó el baño en este canal de 4,5 kilómetros que atraviesa los distritos 10 y 11 de la ciudad, convirtiéndolo en uno de los principales refugios frente al calor para los parisinos.

Además del canal, quienes viven en el campamento de La Chapelle pueden utilizar gratuitamente los baños y duchas municipales. “Están cerca de la estación Gare de l'Est. No queda precisamente al lado y, cuando vuelves caminando bajo 40 grados, ya vuelves a estar empapado en sudor. Pero al menos podemos ducharnos”, explica Ali. A pocos metros del campamento hay también una fuente de agua potable. “No habríamos sobrevivido sin ella”, asegura Safi, otro refugiado afgano, originario de Mazar-i-Sharif. “Aquí nos ayudamos entre nosotros. Eso también es el campamento. Pero para quienes tienen más de cincuenta años todo resulta mucho más difícil”, añade mientras señala a un compañero de pelo canoso tumbado sobre una manta en el suelo.

Alojamiento de emergencia no garantizado

Las organizaciones que trabajan con personas sin hogar y migrantes advierten de que los episodios de calor extremo agravan una situación ya de por sí crítica. Utopia 56, una de las principales asociaciones de apoyo a personas migrantes en Francia, sostiene que el Estado no está cumpliendo con su obligación legal de garantizar alojamiento de emergencia.

Durante la ola de calor de hace una semana, solo se habilitaron 428 plazas adicionales de alojamiento de emergencia, pese a que, según Utopia 56, “unas 5.000 personas siguen viviendo en la calle. Esas plazas, además, dejaron de estar disponibles el pasado 28 de junio”. A ello se sumó el anuncio de la Prefectura de eliminar 1.200 noches de alojamiento en hoteles de aquí a diciembre. “Es inadmisible”, denuncia Nathan Lequeux, coordinador de la organización en París.

Durante el episodio de calor extremo de la semana pasada, la asociación tuvo que alojar por sus propios medios a unas 160 personas cada jornada, principalmente mujeres y menores. “No debería recaer sobre las ONG una responsabilidad que corresponde al Estado. Es la Prefectura la que tiene la obligación legal de garantizar alojamiento de emergencia a cualquier persona sin hogar”, insiste Lequeux.

Boumedien, agente de la Policía Municipal de París, sin embargo, rechaza la idea de que la administración pública francesa se haya mantenido pasiva ante esta situación. Llega al campamento mientras se están llevando a cabo las entrevistas para este reportaje y pide intervenir. “También deberías hablar de nuestro trabajo. Debes ser justa con nosotros”, reclama, preocupado por la imagen que pueda proyectarse de la Policía. Boumedien forma parte de la Unidad de Asistencia a Personas Sin Hogar, integrada en la Dirección de la Policía Municipal de París, que desde hace dos décadas, con un equipo especializado con población migrante, lleva a cabo intervenciones sociales de diferente índole.

“Durante los días de calor repartimos agua fría”, cuenta el agente. “Estuvimos movilizados de forma permanente, haciendo rondas sin interrupción. Si alguien presenta un problema de salud, avisamos a los servicios de emergencia y los hospitales públicos los atienden gratuitamente. También trabajamos con el 115 –el servicio público de emergencia– para intentar conseguir plazas de alojamiento”.

No obstante, reconoce que los recursos son insuficientes. “No hay suficientes plazas disponibles”. Ante la posibilidad de que nuevas olas de calor vuelvan a afectar a la capital durante el verano, asegura que la policía municipal “está preparada” y recuerda que el Ayuntamiento ha instalado numerosos puntos de agua potable en toda la ciudad. “Aquí mismo, a pocos metros, en el parque Léon, hay una fuente”. Aún así, admite que la situación es difícil para las personas sin hogar. “Aún hay muchísima gente viviendo en la calle”.

A pocos metros del grupo de afganos, varios personas de origen sudanés buscan refugio bajo la sombra de las vías del metro. “Aquí el calor es insoportable”, cuenta Abdul. Huyó de la guerra en Sudán y llegó a Francia hace apenas diez días, en plena ola de calor. “Espero que no tengamos que volver a pasar por algo así durante este verano”.

Movilización para exigir más ayudas públicas

La ola de calor llevó el pasado martes 30 de junio a decenas de personas migrantes sin hogar hasta la explanada de la Prefectura de París. Reclamaban un alojamiento de emergencia para todas aquellas personas, miles, que siguen durmiendo en la calle. Lucila llevaba una pancarta hecha con cartón en la que se podía leer: “Todo el mundo necesita un techo”. Tiene 43 años, es originaria de la República Democrática del Congo, madre de cinco hijos y vive en la calle. “Con el calor extremo, uno de mis hijos tuvo fiebre. Los pequeños no conseguían dormir. Era insoportable”, explicaba el martes.

Gala Matondo: “Somos extranjeros, pero antes que nada somos seres humanos”

“¡Alojadnos, estamos agotados!”, coreaban los manifestantes. La movilización fue convocada por Utopia 56, junto con Médicos del Mundo. Ambas organizaciones vienen denunciando la falta de plazas de alojamiento para las personas sin hogar. Según Bérangère Grisoni, presidenta del colectivo Les Morts de la Rue (Los Muertos de la Calle), “más de una decena” de personas sin hogar fallecieron “como consecuencia del episodio de calor extremo en París, en la región de Île-de-France y en Pays de la Loire”.

Gala Matondo, una mujer angoleña que lleva en Francia apenas un año y medio, explica que pasó los primeros días de la ola de calor “bajo una tienda de campaña” y junto a sus dos hijos, uno de ellos un bebé de apenas ocho meses. La pancarta que portaba el martes, durante la manifestación, rezaba: “Tener un techo es una necesidad básica”. “El calor se acumula dentro de la tienda y, por la noche, no consigo refrescar al bebé”, relataba. Durante los días más duros, Utopia 56 consiguió alojar temporalmente a la familia. “Intenté llamar al 115, pero nunca había plazas. Por suerte, la asociación nos ayudó”. También reclamó a las autoridades francesas que cumplieran con su obligación de garantizar un alojamiento de emergencia. “Somos extranjeros, pero antes que nada somos seres humanos”.

Calida, de 37 años, hace un mes que vive en Francia. Ha llegado desde Alicante con su marido y su hijo con la esperanza de encontrar trabajo en el país galo. También viven en la calle. “Llamé al 115, pero no había sitio”. Mi bebé tiene diez meses. Para él es muy duro”. Su marido, Mourat, tampoco pudo buscar empleo durante los días de calor extremo. “No conseguía dormir por las noches. Estaba completamente agotado. Fue terrible. Es un círculo vicioso. Según la meteorología, las olas de calor extremas volverán. No sé cómo vamos a sobrellevarlo”, concluye.

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