Migración
Negu Gorriak/Derecho a Techo comienza su campaña contra la emergencia habitacional
@armandocasitas0
En el colectivo Negu Gorriak/Derecho a Techo creen que algo ha cambiado en Iruñea en los últimos años. Lo intuyen en el funcionamiento de las fronteras internas de la ciudad: desde controles racistas al confinamiento de unos 200 hombres jóvenes magrebíes en dos edificios en ruinas de Iruñea. Sin embargo, existen todavía personas que se autoorganizan para hacer frente a la emergencia habitacional.
16 personas que hasta ahora dormían en la calle o que sobreviven en la antigua Ikastola Jaso y en el Convento de Agustinas de Aranzadi, pernoctarán en Katakrak —un proyecto social con una larga tradición en la ciudad— durante los próximos tres meses, gracias al esfuerzo de un pequeño grupo de militantes contra las fronteras.
Negu Gorriak/Derecho a Techo se organiza contra las fronteras internas y el racismo institucional
Negu Gorriak/Derecho a Techo, es un grupo de activistas que entienden esta acción no como caridad, sino como un “asalto al acceso a derechos”. Según sus principios, intervienen en el sinhogarismo entendiéndolo como “la expresión más extrema de la crisis de vivienda, de los procesos de proletarización y del régimen de fronteras”.
Su objetivo es bloquear el “descarte de vidas” impulsando la formación política y fortaleciendo redes comunitarias que dependan de la organización y el apoyo mutuo, y no de la asistencia institucional. El objetivo, por lo tanto, no es simplemente sostener a estas personas, sino generar un dispositivo militante que permita luchar contra el régimen de fronteras internas y externas y la especulación inmobiliaria.
Un espacio para resistir al frío y para hacer comunidad
Desde que comenzaron su campaña pública en octubre de este año el objetivo de Negu Gorriak/Derecho a Techo ha sido intentar alojar con dignidad a las 200 personas que duermen a la intemperie en la ciudad. Ante la ausencia de respuesta por parte del Ayuntamiento de Iruñea —que ha decidido no ampliar el albergue de invierno, que abrirá tan solo tres días y acogerá solo a 50 personas— decidieron hacerlo de forma autogestionada, animando a los colectivos sociales de la ciudad a ceder sus locales o a apoyar económicamente la campaña.
De momento, tan solo la cooperativa Katakrak ha confirmado la cesión de su espacio, pero se espera que en las próximas semanas y meses se sumen otros colectivos. Por el momento, 16 personas de origen magrebí —Argelia y Marruecos— dormirán y desayunarán en el local situado en la calle Mayor de la capital navarra. La mayoría de ellos ya venían colaborando con otras iniciativas previas, como el comedor social que Dar Etxea —uno de los colectivos que impulsa la iniciativa Negu Gorriak/Derecho a Techo— lleva gestionando desde hace dos años en Matalaz, un espacio autogestionado del Casco Viejo de Pamplona.
La emergencia extrema que sufren estos jóvenes está estrechamente vinculada a la especulación inmobiliaria y la subida de precios del alquiler
Varias de las personas que el invierno pasado durmieron en los tres espacios sociales que se habilitaron para ello, han logrado estabilizar su situación y estarán colaborando con las pernoctas. “Uno de los objetivos de este año”, afirman desde Negu Gorriak/Derecho a Techo, “es que todas las personas que participen en la iniciativa salgan de este invierno con sus derechos básicos reconocidos por la administración” porque “es un requisito previo para poder militar y defender sus derechos en igualdad de condiciones que las personas con papeles”.
Para ello plantean continuar con los acompañamientos y asesoramientos solidarios a los servicios sociales, a la oficina del padrón, etc. pero no descartan acciones directas para presionar al Ayuntamiento de Iruñea —y a otros ayuntamientos de Iruñerria— para que reconozcan de forma efectiva el derecho al empadronamiento social, que se lleva denegando de forma sistemática desde hace años, sin importar el color político del alcalde de turno.
El objetivo último es político: hacer sindicalismo social. Se trata de organizar a personas migradas y autóctonas en torno a problemas comunes. La emergencia extrema que sufren estos jóvenes está estrechamente vinculada a la especulación inmobiliaria y la subida de precios del alquiler. De hecho, a pesar de que el proletariado urbano migrante es quien más sufre estás subidas, al verse obligado a pagar sumas abusivas por habitaciones hacinadas, la presión también afecta al resto de la población: el navarro medio destinó en 2024 un 41% de su sueldo bruto al pago del alquiler, una de las cifras más altas del Estado.
Macrodesalojos y silencio administrativo
Negu Gorriak ha emplazado públicamente al Ayuntamiento de Iruñea en repetidas ocasiones para que habilite locales vacíos donde puedan dormir las personas que ahora están en la calle. Aunque el consistorio asegura haber aumentado el presupuesto para personas sin hogar en el último año —cifrado en unos 3 millones de euros—, la realidad a pie de calle es que las plazas de albergue no han aumentado de forma reseñable y siguen siendo insuficientes para las casi 200 personas que duermen al raso en la ciudad.
La situación en Iruñea no es una excepción en Euskal Herria. En otras capitales como Donostia y Bilbao, la gestión del PNV se ha saldado con el desalojo de cientos de personas. En Donostia, el desalojo de Martutene se ejecutó con un despliegue policial desproporcionado que incluyó perros y drones.
Ante estos hechos, la respuesta de los partidos de la oposición —EH Bildu, Podemos, PSN— ha oscilado entre la indiferencia y el alegato a favor de los macrodesalojos: EH Bildu en Donosti valoraba positivamente “el desalojo escalonado” efectuado por el PNV pero lamentaba la escasa presencia de trabajadores sociales durante el proceso.
Autogestión y apoyo mutuo
La campaña se sostiene gracias a la militancia. Decenas de personas, algunas vinculadas a colectivos sociales locales como Haritu o SOS Racismo, se han ofrecido para colaborar en los turnos de acompañamiento y logística. La financiación es totalmente autónoma: los gastos se cubren con aportaciones económicas individuales y de colectivos, sin ninguna ayuda institucional.
Destaca el papel de la CGT, que además de ceder su espacio el año pasado —junto al MOC y Katakrak—, en esta edición se ha comprometido a aportar casi un tercio del presupuesto total (unos 3.500 euros), sumando también a su militancia para cubrir las pernoctas.
Aunque el Ayuntamiento de Iruñea no ha anunciado todavía el desalojo de los espacios ocupados, la amenaza es real en un contexto de “pánicos sociales y culto a la seguridad” según aseguran desde Negu Gorriak
Ahora, el colectivo se marca como objetivo garantizar también la cena para estas personas durante todo el invierno. Para ello, lanzarán un crowdfunding específico bajo el lema “Apadrina una cena”, buscando cubrir 107 noches con comida digna. Desde la red animan a cualquier persona que quiera colaborar a contactar directamente con ellos.
La ofensiva política: del abandono al racismo institucional
Zorrotzaurre en Bilbao, Martutene en Donostia, el parque Bruil de Zaragoza, el B9 en Badalona, la Ikastola Jaso y el convento de Aranzadi en Pamplona… No se trata de casos aislados. Existe una penetración cada vez mayor de los discursos de extrema derecha que catalogan a estos trabajadores migrados como “población excedentaria”. Aunque el Ayuntamiento de Iruñea no ha anunciado todavía el desalojo de los espacios ocupados, la amenaza es real en un contexto de “pánicos sociales y culto a la seguridad” según aseguran desde Negu Gorriak/Derecho a Techo.
Las alcaldías de Bilbao, Donostia, Iruñea, Badalona y Zaragoza han decidido no reforzar o ni siquiera abrir dispositivos de invierno a pesar de la bajada de las temperaturas. Pese al distinto color político de sus gobiernos, parece consolidarse una línea compartida: la exclusión de facto de las personas migrantes del estado de bienestar.
El caso de Badalona es paradigmático. El alcalde Xavier García Albiol (PP) desalojó a cientos de personas del Instituto B9 sin ofrecer alternativa habitacional. La respuesta, sin embargo, fue una ola de solidaridad vecinal y antirracista: barrios enteros se han volcado ofreciendo comida y techo, y el Sindicato de Vivienda calificado los hechos de “racismo institucional”. Por su parte, CCOO y las C.U.P. han puesto recursos y locales a disposición de los movimientos sociales autoorganizados que están coordinando la campaña de solidaridad.
El Ayuntamiento de Iruñea cuenta con decenas de edificios públicos vacíos que podrían funcionar como albergues de emergencia. Desde Negu Gorriak/Derecho a Techo no descartan la okupación de espacios “si falla todo lo demás que estamos intentando con los colectivos de la ciudad”.
Primera noche en Katakrak
La jornada comienza a las ocho de la tarde de este frío domingo de enero —se prevén temperaturas de -3º durante varios días seguidos— con una primera asamblea en la que se reúnen los activistas responsables de gestionar el espacio. Se repartirán los turnos de lunes a domingo, desde las once de la noche hasta las nueve de la mañana, hasta el 31 de marzo.
La asamblea discurre en torno a cuestiones logísticas: botiquines, limpieza de baños, qué hacer en caso de que se produzca una emergencia médica… Algunos vienen desde otras localidades navarras: se organizan turnos, se crea un grupo de whatsapp, se saludan antiguos compañeros y se presentan los nuevos.
“Queremos trabajar en pie de igualdad por el reconocimiento de todos los derechos para todos y queremos plantar cara a la emergencia habitacional junto a vosotros”, explica Alba, una de las portavoces del colectivo
A las diez de la noche comienzan a llegar los jóvenes —y no tan jóvenes— magrebíes que dormirán por primera vez en Katakrak esta noche. Algunos se conocen entre sí y la mayoría conocen a los activistas más veteranos de Dar Etxea, que les han acompañado a resolver papeles con una administración local —la de Iruñea especialmente— cada vez más correosa en lo que a trámites se refiere. Han podido cenar un bocadillo gracias a los y las militantes de Dar Etxea y se preparan en círculo para lo que será una asamblea logística, pero también política, en la que participan todas las personas implicadas en la iniciativa, tanto si tienen papeles como si no.
Younis, un jóven marroquí, hace de traductor improvisado. Izaskun, cooperativista de Katakrak explica las cuestiones básicas: hora de dormir, dónde cargar los móviles, qué hacer en caso de una emergencia médica… Alba, una de las portavozas del colectivo, explica la dimensión política de la iniciativa, mientras Younis traduce a darija lo que puede: “Esto no es una iniciativa institucional; no somos del ayuntamiento ni cobramos por estar aquí” explican a la asamblea. “Queremos trabajar en pie de igualdad por el reconocimiento de todos los derechos para todos y queremos plantar cara a la emergencia habitacional junto a vosotros”.
Tres chavales que pernoctaron el año pasado y que han logrado mejorar relativamente su situación, intervienen también en el debate: “no queremos 'ayudas' ni tenemos nada que agradecer a las instituciones, que no han hecho otra cosa que poner trabas”. “Solamente hemos mejorado nuestra situación cuando hemos luchado codo con codo con personas autóctonas, con papeles, con posibilidad y con voluntad de ayudarnos mutuamente” añade otro compañero que también participó en la iniciativa del año pasado.
Aquí nadie pide perdón por existir
(Omitimos los nombres reales de las personas entrevistadas, ya que existe un riesgo muy real de que los Servicios Sociales del Ayuntamiento de Iruñea aprovechen esta información para denegar empadronamientos u otros servicios básicos)
Mohammed (nombre ficticio) llegó a Iruñea en julio de 2024. Desde entonces ha vivido en 3 ciudades diferentes. En su país se dedicaba a la carpintería metálica, pero decidió arriesgarse a cruzar el Mediterráneo para buscar un futuro mejor. “La atmósfera en Argelia es opresiva” dice. “Opinar de política te puede costar la vida”. Algunos de sus amigos militaban en sindicatos, pero él nunca ha asistido a manifestaciones en su país. “Si no tienes estabilidad, un techo, un trabajo, es imposible que te arriesgues a ir a una manifestación”.
Soufiane (nombre ficticio) es marroquí. No tiene estudios en su país. Su familia siempre se ha preocupado por él, nos dice, pero llegó un momento en que, sencillamente, no había dinero para más. Así que decidió arriesgarse y cruzar a nado hasta Melilla, una ruta habitual para los marroquíes, pero muy peligrosa -el 3 de enero de este año ya se cobró su primera víctima-. Colabora en el comedor de Dar Etxea en Matalaz y dice que le gusta el ambiente del comedor: “todo el mundo colabora para limpiar y preparar, sin importar de dónde sea, argelino, marroquí o navarro”.
Amine ha podido empadronarse gracias al empadronamiento solidario gestionado por Dar Etxea, pero se queja de que “un ayuntamiento y un gobierno supuestamente de izquierdas no pueden dejar a 200 personas viviendo en la calle”
Amine (nombre ficticio) es marroquí. Algo mayor que el resto. No habla mucho. Tiene dos niños, a los que espera poder traerse junto con su esposa pero, de momento, vive en la antigua Ikastola Jaso. Ha podido empadronarse gracias al empadronamiento solidario gestionado por Dar Etxea, pero se queja de que “un ayuntamiento y un gobierno supuestamente de izquierdas no pueden dejar a 200 personas viviendo en la calle; yo pensaba que eso de presentarse como de izquierdas para luego hacer todo lo contrario era una cosa solo de África; es triste ver que en Europa es igual”. Sin embargo, es optimista con respecto a su situación porque ve que “hay mucha solidaridad en Pamplona, mucha gente ha donado dinero o ha ayudado con los comedores”.
Se apagan las luces en la Sala Nagusia de Katakrak, por donde han pasado Silvia Federici, Fermin Muguruza, Belén Gopegui, Lucio Urtubia. Esta sala hoy acoge el inicio de una campaña que, según los impulsores, pretende “crear una organización mixta que incluya al nuevo subproletariado migrante, a las clases medias navarras en proceso de descomposición y a quienes están resistiendo a la cara más fea de la gestión progresista de la crisis”. Las paredes responden con un escueto “Hau dena aldatu nahi genuke” -“Queremos cambiar todo esto”, un guiño a la famosa canción de Hertzainak- que puede todavía leerse bajo la luz de la calle que se filtra por las ventanas.
Derecho a la vivienda
Negu Gorriak/Derecho a Techo lanza en Iruñea su campaña para hacer frente al sinhogarismo
Editorial
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