Yuan iuan investiga el privilegio de la amistad, la especulación urbana y el capitalismo racial en Usera

Un fotolibro documenta los espacios íntimos de la diáspora china en el barrio que Madrid quiere convertir en “Chinatown” para atraer el turismo.
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Yuan iuan cartografía la diáspora china en el barrio de Usera (Madrid). David F. Sabadell
22 oct 2026 06:00

Restaurantes, salones de mahjong, templos, peluquerías, cibercafés… Espacios “aparentemente comerciales o funcionales” que constituyen “formas de resistencia y refugio frente al racismo estructural, la exclusión del espacio público y la estigmatización mediática”. La investigación Where is my friends______?, seleccionada dentro de la convocatoria Intermediae Distribuido 2025-2026 de Matadero Madrid para propuestas comunitarias y participativas, documenta los espacios de ocio cotidianos creados por la diáspora china en el barrio madrileño de Usera.

Para Yuan iuan (Qingtian, Lishui, 1995), activista en la comisión antirracista del 8M Madrid, militante del colectivo chino queer Queering All y artista visual especializada en diseño de interiores, estos entornos “de encuentro, memoria y refugio” están fuera del imaginario capitalista, exótico, e invisibilizado de “lo chino” en España. El resultado de la investigación es su libro fotográfico documental 人是物非,物是人非 / Las personas siguen aquí, pero los lugares ya no son los mismos. Los lugares siguen aquí, pero las personas ya no están. Así, el libro cruza dos títulos, dos expresiones aparentemente contradictorias que, sin embargo, describen las transformaciones de Usera, y “dos secuencias de imágenes y textos que avanzan desde extremos opuestos”.

Con diseño de Priscila Qiu y prólogos del artista Chenta Tsai y de la escritora Berna Wang, Yuan adelantará parte del contenido del fotolibro, actualmente en busca de casa editorial, en la última sesión del proyecto, un conversatorio abierto que se celebrará el 24 de octubre en Matadero Madrid junto a Eva Chen, Shishi Zhu, Xiaoya Chen y Emily Sun. “El fotolibro celebra nuestra comunidad. Me daba pereza estar criticando todo el rato y apelar a la blanquitud: me apetecía que pusiéramos nuestras experiencias en el centro”, explica a El Salto.

Parte del proceso del trabajo de Yuan ha sido “dejar constancia, porque estamos en un constante silenciamiento y borrado cultural. Es decir, que existimos, estamos existiendo y existiremos”. En ese sentido, es un homenaje a un barrio en el que la clase trabajadora china ha construido durante décadas espacios de ocio, reunión y espiritualidad, lejos de los espacios públicos hegemónicos. Lo hizo especialmente desde los años 2000, tras el desplazamiento progresivo desde Lavapiés, La Latina y el entorno de El Rastro, como consecuencia de la subida de alquileres y del racismo, “otra historia que tampoco está contada”, otra historia de “desmemoria”: la de cómo los barrios se construyen a partir de la precariedad y la expulsión urbana.

“Trabajo con los cuerpos racializados, los cuerpos que han pasado por un trauma racial. Solemos olvidar nuestra memoria. Pasa mucho con nuestros mayores, que no quieren hablar de su pasado”, dice Yuan iuan

Pero en Usera muchas familias chinas consiguieron acceder a la vivienda en propiedad, consolidando una comunidad estable y referentes culturales y sociales propios como supermercados, templos e iglesias, y escuelas. “Son lugares donde se habla la lengua propia, se reproducen memorias de infancia, se recrean vínculos y se reconstruye una noción de hogar”. Para elle, la memoria reside en los pliegues de la propia corporalidad: “Trabajo con los cuerpos racializados, los cuerpos que han pasado por un trauma racial. Solemos olvidar nuestra memoria. Pasa mucho con nuestros mayores, que no quieren hablar de su pasado”.

En sus palabras, le interesa recuperar lo que denomina la lengua materna del cuerpo. Y es que, “por intentar sobrevivir, olvidamos ciertas prácticas”, las que tienen que ver con la comida, la atmósfera, los espacios o, sobre todo, los vínculos, condicionados por la clase y la raza. “¿Cuántas personas tienen, realmente, amigas? ¿En qué momento la amistad se convirtió en un privilegio? ¿Cuánto se nos permite el ocio? ¿Cuánto se nos permite vincularnos?”, cuestiona. Señala que, en el caso de las generaciones más mayores, quizá recuperan sus prácticas si vuelven a China una vez al año. Pero, ¿y el resto del tiempo? Pone el ejemplo de su madrastra, que padece depresión: “Un día me dijo que se sentía encarcelada en el pueblo donde vive. Su cuerpo se ha ido cerrando y no tiene las herramientas para abrirse”.

Frente a la pérdida y el borrado, la investigación de Yuan también trata de “activar un archivo vivo”, no solo para los mayores sino “también para nosotros mismos”, pues “hemos ido olvidando lo que hemos heredado de nuestra familia, y aunque algunas prácticas las tengamos muy presentes, otras no, pero hay maneras de reactivarlas porque están archivadas en nuestro cuerpo”. Igual que sus recuerdos de Usera: con nueve años, migró de Qingtian a Madrid. En ese barrio, sus padres abrieron un local de mahjong y karaoke. “Mi vínculo con Usera es que para mí es un espacio de encuentro. Aún no dominaba el español y recuerdo jugar solo con niñes chines en el parque. Entonces todos los restaurantes eran de Qingtian o de Wenzhou. Había un solo hot pot. Los bubble tea eran de polvos. Honestamente, era como muy gueto. Solo había farolillos rojos cuando era festivo. Los pasteles de luna no eran símbolos de turismo y de consumo. Tenían otro significado. Ahora dicen que tanto la gastronomía como la cultura son puentes culturales. Pero a mí no me gusta esa palabra”.

“Eso es el capitalismo racial: nosotras ya no somos las personas que hemos construido ese espacio para consumir nosotras o conectar con nuestra propia cultura, sino que ahora estamos en un parque temático en el que pasamos a estar al servicio de las demás”, señala

Critica que la idea del puente cultural se ha instrumentalizado como filtro que expolia la identidad para el consumo de la población blanca: “Es un proceso que nos roba y quita matices para que las personas blancas puedan consumir y entrar a nuestros espacios. Eso es el capitalismo racial: nosotras ya no somos las personas que hemos construido ese espacio para consumir nosotras o conectar con nuestra propia cultura, sino que ahora estamos en un parque temático en el que pasamos a estar al servicio de las demás”.

Yuan rastrea los orígenes de su militancia en el hecho de “venir de una familia no muy estructurada, pero con mucho pensamiento confuciano, y con roles que he tenido que asumir y que no entendía”. En ese sentido, recuerda que se hacía muchas preguntas porque ha socializado desde los márgenes, “como mujer, como persona china, en una familia con mi padre y su mujer…”. Pero, sobre todo, “yo viví mucho racismo, tanto aquí en Madrid como en Castilla-La Mancha y en Extremadura, donde viví de adolescente. Racismo de violencia física”. Cuenta que con 13 o 14 años se defendía a las puertas de su instituto de las agresiones racistas.

Con 20, empezaba a organizarse en Extremadura en los colectivos feministas locales. “Recuerdo leer La mujer del porvenir de Concepción Arenal. Me marcó mucho por su perspectiva feminista, pero yo vinculé su teoría con la opresión de todo el resto de cuerpos. Años después me mudé a Madrid de nuevo. Durante la pandemia volvimos a vivir una violencia extrema. Estuve en el II Encuentro de la Diáspora China en España celebrada en Matadero Madrid y empecé a escribir mis primeras cosas y a involucrarme más”.

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Yuan iuan, en Usera. David F. Sabadell

Al analizar la transformación de Usera, Yuan denuncia las dinámicas de gentrificación y turificación promovidas tanto por las instituciones locales como por sectores empresariales de la comunidad china. “No se trata solo de hablar de la vivienda, sino del derecho al territorio y al descanso”, matiza respecto al movimiento de protesta actual por la crisis de la vivienda. “Además, es un tema que siempre ha estado vinculado con la clase y con la raza. En Usera recuerdo que no se alquilaban habitaciones, sino literas dentro de ellas”. También apunta que “los espacios públicos están cada vez más privatizados y en nuestro ocio se nos empuja sí o sí a consumir. Pero yo ya no hablo solo de espacios físicos, sino incluso de espacios mentales, que la blanquitud nos roba y expolia, que nos silencia y después nos convierte en otro relato”.

Como ejemplo paradigmático, cita el arco realizado por el artista español Okuda San Miguel en la plaza del Hidrógeno: “Se recurre a una figura con gran capital social y cultural como él para otorgar una validación institucional que capitaliza y estetiza la cotidianidad del barrio. Ese arco supuestamente chino es un claro símbolo de cómo los agentes y espacios culturales también sirven para gentrificar y turistificar”.

No es el único: la artista visual también critica el impulso institucional del Año Nuevo Chino y la promoción turística del barrio como “Chinatown”. “Yo siempre he dicho que es el Año Nuevo de la Comunidad de Madrid”, dice con sarcasmo. En la charla (Des)memorias urbanas, organizada en el Museo Nacional de Antropología en mayo de 2025, Yuan contaba la anécdota de que las propias participantes chinas en el desfile solo encontraban sitio para comer y reunirse en una cadena de comida rápida.

A pesar de la visión crítica de Yuan, también destaca que precisamente durante este proceso de investigación y de elaboración del fotolibro ha reflexionado sobre la necesidad de “convivir con la contradicción”: “Antes era muy rígida políticamente... pero al trabajar con personas de verdad, cuando me pongo en su piel, dejo de cuestionarme si equis cosas están bien o están mal”. Respecto al Año Nuevo Chino, “cuando pregunté cómo se sintieron los señores del centro de mayores que bailaron en el parque de Pradolongo, me dijeron que se emocionaron muchísimo. Vieron filas y filas de personas y sintieron mucho orgullo de poder ocupar ese espacio, de que la gente los viera, y de poder mostrar su cultura. Llevan tantos años escondidos que para ellos fue un ‘oye, aquí estamos’”.

“Muchas veces cuestionamos las perspectivas de ‘blanca salvadora’. Por eso creo que no podemos tampoco robar esos espacios, aunque yo lo vea con otros ojos. ¿Quién voy a ser yo para decirles que en mi opinión hay una manipulación por parte del Ayuntamiento y las asociaciones y empresarios chinos que impulsan ese proyecto? Yo tengo miedo de que utilicen a las personas mayores como cartas Pokémon: ahora sacamos a los que saben hacer taichi, ahora a quien toca el erhu… Pero aunque rechacemos esos espacios porque de entrada nos parecen negativos, hay personas reales detrás”, incide.

Analiza que, al final, “nosotras tenemos esta visión politizada porque tenemos las herramientas y el privilegio de haber accedido a ellas”. También admite que “las prácticas de mediación cultural que se suelen aplicar son bastante blancas”. Cuenta que en su intervención en el centro de mayores durante el proceso de investigación, hicieron dinámicas formando un círculo muy grande entre todos los participantes: “Pero, por ejemplo, en China ciertos encuentros con tantas personas juntas no están permitidos. Entonces es normal que muchos no sientan que pueden hablar libremente de esa forma. Así que sí, son prácticas que nos vienen de la educación recibida en el norte global. Cuando escribí este proyecto para presentarlo a la convocatoria de Matadero, tenía muy claros los objetivos de registrar, acceder, entrevistar… pero luego me he dado cuenta de que las herramientas que yo tenía no eran las más adecuadas, porque vienen de la academia”.

“Casi todo el mundo vincula a la comunidad china con la alimentación, los bazares y los restaurantes, pero hay que reivindicar que también hemos formado parte de la cultura de los años más oscuros de este país, durante el franquismo”, recuerda

Además de aportar autocrítica, Yuan apunta a que en el futuro le gustaría ahondar en la investigación de otros hitos históricos que los relatos reduccionistas de lo chino en España han ignorado, como la presencia en las Brigadas Internacionales durante la Guerra Civil española o la existencia del Teatro Chino ambulante fundado a mitad del siglo pasado. “Casi todo el mundo vincula a la comunidad china con la alimentación, los bazares y los restaurantes, pero hay que reivindicar que también hemos formado parte de la cultura de los años más oscuros de este país, durante el franquismo”.

Yuan menciona la genealogía de este teatro popular a través de la figura de Chen Tse-Ping y la posterior apropiación y despojo de su identidad comercial. “Hubo un momento en España en que la palabra ‘chino’ estuvo asociada al teatro. Pero al ser un teatro chino, hubo mucha invisibilización. De hecho, fueron pioneros en muchas cosas, como en las primeras muestras de lesbianismo, y otros actos subversivos para la época. Chen Tse-Ping fundó este teatro junto a su pareja Manuela Fernández Pérez, una mujer de Vallecas, conocida después como Manolita Chen. Pero hay otra Manolita Chen famosa en España, muy querida por el colectivo LGTBI por ser de las primeras personas trans en el mundo del espectáculo… y que robó el nombre de la primera. Poco se habla de ello”.

Para concluir, pregunto a Yuan sobre el juego de palabras que da título(s) al libro: ¿viene de un chengyu (expresión tradicional china)? “¡Claro!”. Pero por un momento duda si la expresión original es 人是物非 (“las personas siguen aquí, pero los lugares ya no son los mismos”) o 物是人非 (“los lugares siguen aquí, pero las personas ya no están”). Yuan conecta con su memoria y, finalmente, afirma: “El original es la segunda. Se refiere a que cuando una persona que se ha ido vuelve a su pueblo o a su hogar de la infancia, aunque el paisaje sigue siendo el mismo, ella ya no es la misma persona. Me parece adecuado para describir Usera, porque es un lugar cuyo significado ha cambiado para nosotres, incluso si para la gente blanca sigue igual”.

Migración
Crecer en un ‘chino’

Los jóvenes hijos e hijas de inmigrantes chinos nacidos en España o que migraron con poca edad se han visto, de pequeños, constreñidos físicamente a los restaurantes y bazares de ‘todo a 100’, y, de mayores, por una sociedad prejuiciosa, llena de estereotipos y estructuralmente racista.

Barrios
Chinatown: se vende barrio multicultural con farolillos
El proceso de remodelación de Usera ya está en marcha: los presupuestos municipales de 2024 incluyen una partida de nueve millones de euros destinada a peatonalizar calles e introducir elementos que refuercen la identidad china de la zona.
Memoria histórica
Tras las huellas de un internacionalismo olvidado: el diario del brigadista chino Xie Weijin
Un centenar de brigadistas chinos luchó en la guerra civil española. Nueve de ellos acabaron en el campo de concentración de Argelès-sur-Mer en Francia.
Creaciones morales
El circo chino de Manolita Chen
El teatro portátil fue un entretenimiento barato que sobrevivió al paso a la modernidad hasta el final de la década de los 80.
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