Laboral
La dignidad en lo más alto
El pasado 8 de abril, dos trabajadores del sector del metal de la bahía de Cádiz se encaramaron a una de las grúas del astillero de San Fernando, gestionado por la empresa pública Navantia. Desde allí vienen denunciando la existencia de listas negras que impiden a los trabajadores activos sindicalmente ser contratados. Sin duda esta es una práctica patronal ilegal que en pleno siglo XXI debería estar erradicada y formar parte del paso más oprobioso. Pero como tantas otras cuestiones del ámbito laboral, aún no ha sido superada.
Tan es así, que llama poderosamente la atención el silencio atronador que guardan las empresas sobre la cuestión de fondo de la denuncia. Si no existieran las listas negras, dicha demanda sería disparatada y nadie en su sano juicio subiría a una grúa para denunciarlo. Es más, nadie asumiría el sacrificio que implica permanecer allí durante varias semanas.
Jesús y Manuel han sabido dar en la tecla que activa un debate necesario en el ámbito de la contratación laboral. ¿Por qué siguen existiendo listas negras? ¿A qué responden? Y lo más importante, ¿por qué se toleran por las autoridades? Estamos, evidentemente, ante una cuestión difícil de acreditar y de resolver, pero lo que es un hecho es que existen y se usan. Las contratas que operan en el sector naval de la Bahía de Cádiz podían prestar un más que relevante testimonio. Sin embargo, nadie les ha interrogado y no veremos aparecer este tema en ninguna de sus intervenciones ni notas de prensa.
Manuel y Jesús han sabido continuar con ese hilo de luchas que une algunos de los mejores episodios de la lucha obrera. Duro Felguera, Sagunto, Naval Gijón, Euskalduna, Reinosa, Sintel, y un largo etcétera de nombres que evocan imágenes y recuerdos de los mejores ejemplos de organización y dignidad obreras. Han sido capaces de situar un debate que no existía ante la opinión pública, están obligando a posicionarse a quien cómodamente se beneficiaba de estas prácticas clandestinas y, sobre todo, están evidenciando a quienes guardan silencio: un silencio atronador. De otro lado se sitúa, sin embargo, todos los colectivos y personas que desde latitudes diferentes apoyan la lucha. No es casual la oleada de solidaridad y ánimos que reciben. Quienes se conmueven por las causas justas no pierden la oportunidad de enviar un mensaje, realizar un paro solidario o manifestarse en su favor.
Y es que el metal gaditano ha recibido varios golpes bajos en este milenio: desde el cierre de Delphi y Airbus-Puerto Real hasta la firma del último Convenio del sector en contra de la opinión de las asambleas de trabajadores. Por eso, acciones como la de la grúa serán siempre recordadas en nuestro imaginario como un paso adelante, un ejemplo muy positivo, digno de la mejor tradición de lucha de la Bahía, que no es poca ni irrelevante. Por eso están ahí arriba: para seguir haciendo historia. En este episodio han situado la dignidad de los trabajadores del metal aún más alto de la grúa en la que siguen encaramados. Estamos ante una manifestación de la inteligencia colectiva que caracteriza a la clase trabajadora y ante un ejemplo de entrega, militancia y sacrificio personal.
Por ello, como acertadamente invocan ellos desde arriba, concluimos este artículo diciendo: ¡Hacer sindicalismo no es delito. Las listas negras sí son delito!
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