Opinión
La transición energética que necesitamos: democracia, límites y comunidad

La participación en proyectos renovables de gran dimensión se debe dar en condiciones de solvencia técnica, participación, respeto de los límites ambientales, protección de las personas y retornos a la comunidad en la que se inserta.
Nafarkoop asanblada
Asamblea General de Nafarkoop de 2023 en Bera.

Presidenta de Goiener

Director de Goiener.

Goiener
13 jun 2026 05:22

La crisis ecológica y climática ha situado la transición energética en el centro del debate público. Cada vez son más las voces que coinciden en la necesidad de abandonar la dependencia de los combustibles fósiles y avanzar hacia un modelo basado en fuentes renovables. Sin embargo, existe una cuestión de fondo que merece una reflexión serena: ¿de qué transición energética hablamos y al servicio de quién se está construyendo?

Desde Goiener, cooperativa ciudadana sin ánimo de lucro dedicada a la comercialización y generación de energía renovable, compartimos plenamente la urgencia de transformar el sistema energético. Pero también creemos que dicha transformación debe abordarse desde una perspectiva ecosocial que tenga en cuenta no solo el origen de la energía que consumimos, sino también el modelo económico, político y cultural que la sustenta.

La sociedad contemporánea se ha construido sobre una dinámica de crecimiento continuo que requiere una extracción cada vez mayor de energía y materiales. Este modelo, basado en la acumulación y el incremento permanente del beneficio económico, ha provocado una profunda alteración de los equilibrios ecológicos que sostienen la vida. La evidencia científica señala que ya hemos sobrepasado varios de los límites biofísicos fundamentales del planeta, mientras continúan aumentando tanto el consumo global de recursos como la degradación de los ecosistemas.

En este contexto, la transición energética no puede limitarse a sustituir unas fuentes de energía por otras manteniendo intactas las lógicas que nos han conducido hasta aquí. Cambiar el petróleo por las renovables sin cuestionar las dinámicas de crecimiento ilimitado, extractivismo o concentración del poder económico difícilmente puede considerarse una transición justa.

Hoy asistimos a un despliegue acelerado de infraestructuras renovables que, en muchos casos, reproduce patrones conocidos. Grandes actores empresariales lideran proyectos concebidos principalmente desde criterios de rentabilidad financiera, mientras los impactos territoriales y ambientales recaen sobre comunidades concretas. A ello se suma una creciente competencia global por minerales y materiales estratégicos, cuya extracción genera conflictos sociales y ambientales en numerosos territorios del planeta. La cuestión no es, por tanto, si necesitamos energías renovables. La cuestión es cómo, para qué y bajo qué condiciones las desarrollamos.  

En Euskal Herria este debate adquiere una relevancia especial. Con frecuencia se transmite la idea de que un despliegue masivo de renovables constituye la única vía posible para garantizar nuestro bienestar futuro. Sin embargo, conviene incorporar algunos matices que rara vez ocupan espacio en la conversación pública.

Incluso los escenarios más ambiciosos de generación renovable difícilmente permitirán mantener los actuales niveles de consumo energético, lo que obliga a reducir y racionalizar de la demanda

Por un lado, incluso los escenarios más ambiciosos de generación renovable difícilmente permitirán mantener los actuales niveles de consumo energético. Esto obliga a abordar una cuestión a menudo postergada: la reducción y racionalización de la demanda. Por otro lado, vincular exclusivamente el desarrollo renovable a la competitividad económica corre el riesgo de subordinar los objetivos sociales y ambientales a intereses de mercado que pueden cambiar con rapidez. Asimismo, la democratización energética no puede reducirse a fórmulas simbólicas de participación cuando la propiedad efectiva y la capacidad de decisión permanecen concentradas en unos pocos actores.

Finalmente, resulta imprescindible reconocer que los grandes proyectos suelen localizarse en entornos rurales, donde los impactos sobre el paisaje, la biodiversidad y las comunidades locales son especialmente significativos. Frente a esta realidad, creemos que existe otro camino posible.

Un marco de criterios para participar en la transición energética

La complejidad del momento actual nos exige ir más allá de los posicionamientos genéricos a favor o en contra. Si asumimos que la transición energética plantea dilemas reales y que no existen soluciones exentas de impactos, resulta imprescindible dotarse de criterios transparentes que permitan orientar las decisiones.

Goiener ha aprobado un marco de referencia para analizar tanto la posible participación en proyectos renovables ya existentes como el eventual impulso de nuevos proyectos de cierta envergadura

Con esa voluntad, Goiener ha aprobado un marco de referencia para analizar tanto la posible participación en proyectos renovables ya existentes como el eventual impulso de nuevos proyectos de cierta envergadura. Tras casi un par de años de aprendizaje sobre las opciones de diferentes tecnologías, sus impactos, procedimientos, consultas internas y externas a diferentes agentes se ha podido formular un primer conjunto de criterios básicos para saber si los proyectos son suficientemente buenos para seguir adelante.

Criterios que el tiempo y el contraste con la realidad nos ayudarán a ir mejorando, afinando. No se trata de una fórmula cerrada ni de un modelo universalmente aplicable, sino de una herramienta para evaluar en qué condiciones una instalación renovable puede contribuir efectivamente a una transición ecosocial justa.

Partimos de algunas convicciones básicas. La primera es que los proyectos de generación renovable deberían desarrollarse desde lógicas alejadas del ánimo de lucro como valor principal. La energía es un bien esencial para la vida y no puede quedar subordinada exclusivamente a criterios de rentabilidad financiera. Entendemos que la transición energética debe contribuir a satisfacer necesidades colectivas y no a reforzar dinámicas de crecimiento económico ilimitado.

La segunda es que la propiedad comunitaria debe ocupar un lugar central. Las iniciativas ciudadanas, cooperativas y públicas están en mejores condiciones de garantizar que los proyectos se diseñen atendiendo al interés general, favoreciendo una distribución más justa de los beneficios y una integración más respetuosa en el territorio.

La tercera es que toda actuación debe contemplar de manera rigurosa los impactos que genera, tanto a escala local como global. Esto implica valorar no solo las posibles medidas correctoras, sino también la conveniencia misma de desarrollar determinados proyectos cuando los costes ecológicos o sociales resulten incompatibles con los objetivos perseguidos.

Finalmente, consideramos que la transición hacia una sociedad sostenible requiere reforzar las relaciones de cooperación entre territorios y comunidades. La autosuficiencia absoluta no es posible ni deseable. La clave reside en construir vínculos basados en la reciprocidad, la solidaridad y la corresponsabilidad.

A partir de estos principios generales, Goiener ha definido una serie de condiciones mínimas para valorar la participación en proyectos renovables de gran dimensión. En primer lugar, los proyectos deben contar con la solvencia técnica necesaria para garantizar su viabilidad y seguridad. Asimismo, la propiedad debe permanecer mayoritariamente en manos comunitarias, incorporando tanto a Goiener como a los actores locales vinculados al territorio donde se ubique la instalación.

El diseño y la gobernanza deben construirse de manera participada, atendiendo a las características sociales, culturales y ambientales de cada lugar. No se trata únicamente de consultar a las comunidades afectadas, sino de hacerlas partícipes de las decisiones fundamentales.

No se considerarán compatibles aquellos proyectos que afecten a especies amenazadas o en peligro de extinción, ni tampoco aquellos que se sitúen en espacios naturales protegidos o que generen efectos barrera significativos

Desde el punto de vista ambiental, se establecen límites claros. No se considerarán compatibles aquellos proyectos que afecten a especies amenazadas o en peligro de extinción, incluso cuando existan medidas compensatorias previstas. Tampoco aquellos que se sitúen en espacios naturales protegidos o que generen efectos barrera significativos para la fauna, especialmente para las especies migratorias.

Además, cualquier intervención deberá garantizar una restauración óptima de las condiciones ecológicas del entorno una vez finalizada su implantación, de forma que la restauración de hábitats y terrenos contribuya a alterar lo menos posible la calidad ambiental existente previamente.

La protección de las personas constituye igualmente un criterio fundamental. Los proyectos deberán evitar impactos acústicos sobre los núcleos habitados y minimizar las afecciones derivadas de las infraestructuras asociadas. En este sentido, se priorizarán soluciones de evacuación energética soterradas siempre que resulte técnica y ambientalmente viable.

Por último, defendemos que la energía generada debe servir prioritariamente a la comunidad en la que se inserta el proyecto. Esto implica favorecer el acceso de los distintos agentes socioeconómicos locales y reservar una parte de los beneficios o de la energía producida para responder a situaciones de vulnerabilidad energética.

En Goiener creemos que hay que desplazar el foco del debate de la mera cantidad de megavatios instalados a las preguntas sobre quién decide, quién se beneficia, quién asume los impactos y qué modelo de sociedad estamos construyendo

Somos conscientes de que estos criterios no eliminan todos los conflictos ni todas las tensiones inherentes a la transición energética. Pero creemos que pueden contribuir a desplazar el foco del debate: de la mera cantidad de megavatios instalados a las preguntas sobre quién decide, quién se beneficia, quién asume los impactos y qué modelo de sociedad estamos construyendo.

Sabemos que no alcanzaremos a cubrir todas las necesidades existentes. Precisamente por eso, resulta aún más importante que cada acción que emprendamos esté hecha con cuidado, calidad y respeto; el resto tendrá de abordarse desde otros espacios y herramientas. Para avanzar en este camino y decidir con nuestra comunidad de socias los siguientes pasos, Goiener celebramos hoy en Abadiño nuestra asamblea general.

Tribuna
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