Opinión
La persecución de la brujería en la Navarra “libre”
El pasado diciembre asistí a una proyección del documental Sorgina, banaiz! de Asisko Urmeneta en la Durangoko Azoka. El cartel que cierra el documental viene a decir que en la Navarra que, tras la conquista castellana, se mantuvo “libre” al norte de los Pirineos entre 1527 y 1620 no hubo caza de brujas. Lamento no poder reproducir el cartel literalmente; sin embargo, ésta no es la primera vez que Asisko Urmeneta afirma algo similar.
En un vídeo de septiembre de 2025 disponible en internet, sostiene que «en la zona que permanece soberana, esto es, en la actual Baja Navarra, no se da ni un solo caso», añadiendo que “no se puede entender la caza de brujas en Euskal Herria fuera de la lógica de la ocupación” (“[…]subirau irauten duen eskualdean, oraingo Nafarroa Beherean,ez da kasu bakar bat ere ematen. […]ez dago ulertzen ahal sorgin-ehiza Euskal Herrian okupazio logikatik kanpo”).
He aquí la clave, la supuesta ausencia de casos en la zona no conquistada sirve de argumento negativo para explicar o reforzar la hipótesis que vincula los procesos por brujería y la conquista del reino. No entraré aquí a discutir los posibles problemas de esta interpretación, principalmente por tratarse de un contexto, el del siglo XVI navarro, que no he estudiado en profundidad.
No obstante, si alguna vez dicha hipótesis llega a demostrar su valía para explicar al menos algunos de los rasgos de la caza de brujas en Navarra después de 1512, no debería hacerlo basándose en un silencio del registro documental, puesto que, si bien recurrir a estos vacíos resulta ya problemático de por sí, en este caso el silencio ni siquiera es total, como demuestra el libro Brujos y brujas. Procesos de brujería en Gascuña y en el País Vasco del historiador François Bordes (Ediciones Jaguar, 2006 y Éditions Privat, 1999, para la edición original en francés).
Imagino que Asisko Urmeneta no conocía el libro de François Bordesy el atrevimiento hizo el resto, ya que hay constancia de condenas a la hoguera por hechicería y brujería en la Baja Navarra de los siglos XIV y XV y que esta práctica siguió vigente en el Béarn durante el XVI, gobernado por los mismos reyes que la Navarra soberana
Es verdad que no parecen haberse conservado actas de procesos, pero esto no tiene por qué significar que no hubiera juicios ni persecución en dicho territorio, ni que las actas (tan numerosas en la Navarra conquistada, cierto es) deban ser nuestra única fuente de conocimiento. Por ejemplo, Bordes menciona el caso de Grace de Gracide, condenada al destierro por difamación, encantamientos y adivinaciones en Bayona en 1584, añadiendo que “la instrucción del caso nos permite saber que ya había sido azotada en la Baja Navarra acusada de brujería” (p. 70).
Otro apunte similar indica que “en 1613, cinco muchachas fueron declaradas indeseables en Bayona: acusadas de brujería, acababan de ser flageladas en Saint-Palais [Baja Navarra] por este crimen” (p. 124). Acerca de lo prolongado de algunos de estos procesos sabemos que, «en 1576, Marie de Laboyrie y Nabarrine de Tisnerot presentan un recurso al juzgado de lo penal porque, según dicen, llevaban en la prisión de Escos [Baja Navarra] nueve meses acusadas de ‘pretensión calumniosa de brujería’, cuando incluso sus acusadoras se habían retractado” (p. 75).
Sobre el uso de la tortura nos habla el hecho de que en noviembre de 1588 se pagaron «doce francos bordeleses a dos “torturadores de Labastide-Clairence [Baja Navarra] para que fueran a torturar durante dos días a Jeanne de Pagadle, de Bunus [Baja Navarra], prisionera acusada de brujería”» (p. 75).
Los Estados del Béarn ordenaron pesquisas y permitieron elegir, “en cada pueblo, a dos hombres para investigar los crímenes de brujería y perseguir a los acusados, con ayuda de los soldados del Rey”
Y que los casos no eran aislados lo suponemos porque en agosto de 1594 los Estados del Béarn ordenaron pesquisas, y “un mes después, por la insistencia de los diputados de la Baja Navarra, el lugarteniente general del Ejército, presidiendo los Estados en Saint-Palais, permite a la gente que se reúna con objeto de elegir, en cada pueblo, a dos hombres para investigar los crímenes de brujería y perseguir a los acusados, aunque ab l’adjunction de las gens deu Rey (con ayuda de los soldados del Rey)” (p. 74).
A la luz de estas informaciones, es innegable que en la Navarra “libre” posterior a 1527 se persiguió la supuesta brujería y hubo procesos judiciales, aunque las actas de los mismos no se hayan conservado o encontrado aún. Es cierto que ninguna de las fuentes citadas arriba habla de penas de muerte u hogueras.
Aun así, antes de aferrarse a un nuevo silencio documental y descartar que hubiera ejecuciones en la comarca soberana en los siglos XVI y XVII, hay que tener en cuenta que se trata de fuentes indirectas o relativas a estadios procesales previos a la pena, que hay constancia de condenas a la hoguera por hechicería y brujería en la Baja Navarra de los siglos XIV y XV (pp. 20-22) y que sabemos también que esta práctica siguió vigente a lo largo del siglo XVI en el vecino Vizcondado del Béarn (gobernado por los mismos reyes que la Navarra soberana), con ejecuciones documentadas en las décadas de 1520 y 1590 (pp. 76-78 y 87).
Imagino que Asisko Urmeneta no conocía el libro de François Bordes, y el atrevimiento hizo el resto. Sin embargo, si ya en 1904 Vicente Blasco Ibáñez denunciaba que “la Iglesia omnipotente” había «matado por segunda vez” a las víctimas de la intolerancia religiosa “creando el vacío en la Historia”, hoy, cuando variadas investigaciones han tratado y tratan de menguar ese vacío, deberíamos procurar que la ideología no las mate por tercera vez. Sólo en 2025 y ocupándose de Navarra cabe destacar los libros de Jesús Moya Mangas, Leire San Martín Marcos y Peio Monteano Sorbet.
Ander Berrojalbiz presentará el libro 'Brujas, herejes y otras musas' en Katakrak (Iruñea) el martes 5 de mayo a las 19:00
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