“Un detalle trivial”: cómo los EEUU importaron a científicos nazis

Después de la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos activó la Operación Paperclip, un polémico programa secreto que reclutó a más de un millar de científicos, ingenieros y médicos nazis a cambio de una limpieza de su pasado.
Werner von Braun
Werner von Braun, con traje, entre oficiales de la SS.
24 may 2026 06:00

Cuando las fuerzas aliadas cruzaron el Canal de la Mancha durante la invasión de junio de 1944, unos 10.000 oficiales de inteligencia, conocidos como Fuerzas-T, iban detrás de los primeros batallones. Su misión era capturar a expertos en municiones, técnicos y científicos alemanes así como sus materiales de investigación, junto con los científicos franceses que habían colaborado con los nazis. Muy pronto una cifra considerable de aquellos científicos fueron detenidos y trasladados a un campo de internamiento conocido como “la papelera” (Dustbin). La idea original de la misión se basaba en la estimación de que los equipos militares alemanes —tanques, reactores, misiles y proyectiles— eran técnicamente superiores y que los científicos, técnicos e ingenieros capturados podían ser rápidamente interrogados en un esfuerzo de los Aliados por ponerse a su mismo nivel.

Entonces, en diciembre de 1944, Bill Donovan, el jefe de la OSS [Oficina de Servicios Estratégicos, los servicios de inteligencia estadounidenses durante la Segunda Guerra Mundial, NdT], y Allen Dulles, el jefe de operaciones de inteligencia de la OSS para Europa, ambos desde Suiza, urgieron a Franklin Delano Roosevelt a que aprovase un plan para permitir que los oficiales de inteligencia, científicos e industriales nazis se les diese “el permiso de entrada en los Estados Unidos tras la guerra y se transfiriesen sus ganancias en depósito a un banco estadounidense o similar”. Roosevelt rechazó de inmediato la propuesta, afirmando que esperaba “que la cifra de alemanes ansiosos por salvar su propia piel y propiedad aumentará rápidamente. Entre ellos puede que haya algunos que deberían ser en propiedad juzgados por crímenes de guerra o al menos arrestados por su participación activa en actividades nazis. Incluso con los controles necesarios que Uds. mencionan, no estoy preparado para autorizar la concesión de garantías.”


Sin embargo, este veto presidencial ya era papel mojado incluso mientras se estaba redactando. La operación ‘Overcast’ (‘nublado’) ya estaba en marcha en julio de 1945, aprobada por el Estado Mayor Conjunto, con el fin de traer a EEUU unos 350 científicos alemanes, incluyendo a Werner von Braun y su equipo de construcción de los V2, a desarrolladores de armas químicas y a ingenieros de artillería y submarinos. Hubo una prohibición sobre el papel en cuanto a la importación de nazis, tan vacía a la hora de la verdad como el edicto de Roosevelt. El envío de ‘Overcast’ incluía a notorios oficiales nazis y de las SS como von Braun, el Dr. Herbert Axster, el Dr. Arthur Rudolph y Georg Richkey.

Operación ‘Paperclip’

El equipo de von Braun había usado mano de obra esclava procedente del campo de concentración de Mittelbau-Dora y había hecho trabajar hasta la muerte a prisioneros en el complejo Mittelwerk: más de 2.000 de ellos fallecieron por agotamiento y hambre. El esclavista que supervisaba la operación era Richkey. Richkey, en represalia por los sabotajes en la planta de misiles –los prisioneros orinaban en el equipo eléctrico, causando averías espectaculares–, ordenaba el ahorcamiento de doce prisioneros en las grúas de la factoría, con palos de madera introducidos en sus gargantas para ahogar sus gritos. En el propio campo de Mittelbau-Dora concluyó que los niños internados no tenían ninguna utilidad e instruyó a los guardias de las SS a que los matasen a golpes, lo que hicieron.

Este historial no impidió el rápido traslado de Richkey a los Estados Unidos, donde fue destinado a Wright Field, una base de las Fuerzas Aéreas cerca de Dayton, Ohio. Richkey trabajó en la supervisión de la seguridad de decenas de otros nazis que continuaron sus investigaciones en EEUU. También se le asignó la tarea de traducir todos los archivo de la factoría Mittelwerk, lo que le proporcionó la oportunidad, que no dudó en aprovechar, de destruir cualquier tipo de material que lo comprometiese a él y a sus colegas.

Para 1947 había la suficiente inquietud pública, estimulada por el columnista Drew Pearson, como para exigir un juicio pro forma por crímenes de guerra a Richkey y otros. Richkey fue trasladado a Alemania occidental y sometido a un juicio secreto supervisado por el ejército estadounidense, que tenía todos los motivos para absolver a Richkey, ya que su condena habría revelado que todo su equipo, ahora en EEUU, había sido cómplice en el uso de mano de obra esclava y en la tortura y asesinato de prisioneros de guerra, y, por tanto, también culpables de crímenes de guerra.

En septiembre de 1946 el presidente Harry Truman aprobó el proyecto ‘Paperclip’, inspirado por Dulles, cuya misión era traer a los Estados Unidos a no menos de un millar de científicos nazis

El ejército, en consecuencia, saboteó el juicio de Richkey reteniendo documentos que ahora se encontraban en EEUU y previniendo que von Braun y otros que ahora se encontraban en Dayton pudiesen ser interrogados. Richkey fue absuelto. Como algunos de los materiales empleados en el juicio implicaban a Rudolph, von Braun y Walter Dornberger, sin embargo, las notas del juicio se clasificaron y se mantuvieron en secreto durante cuarenta años, enterrando de este modo las pruebas que podrían haber enviado a todo el equipo de fabricación de los cohetes y misiles a la horca.

Los oficiales de mayor rango del ejército estadounidense conocían la verdad. Inicialmente el reclutamiento de criminales de guerra se justificó como necesario para continuar la guerra contra Japón. Más tarde la justificación moral asumió la forma de invocar “reparaciones intelectuales” o, como lo presentó el Estado Mayor Conjunto, como “una forma de explotación de unas mentes singulares selectas cuya continuidad en la productividad intelectual deseamos emplear”. El apoyo para esta postura repugnante procedió de un panel de la Academia Nacional de las Ciencias, que adoptó la posición gremial de que los científicos alemanes habían evadido de algún modo el contagio nazi siendo “una isla de inconformismo en el organismo político nazificado”, una afirmación que von Braun, Richkey y otros tratantes de esclavos seguramente apreciaron profundamente.

Para 1946 la lógica basada en la estrategia de la guerra fría ganaba importancia. Se necesitaba a los nazis en la lucha contra el comunismo, y sus conocimientos ciertamente tenían que mantenerse lejos de los soviéticos. En septiembre de 1946 el presidente Harry Truman aprobó el proyecto ‘Paperclip’, inspirado por Dulles, cuya misión era traer a los Estados Unidos a no menos de un millar de científicos nazis. Entre ellos se contaban los criminales más abyectos de la guerra: los médicos del campo de concentración de Dachau que habían matado a prisioneros sometiéndolos a pruebas de altitud, que habían congelado a sus víctimas y les habían suministrado enormes dosis de sal marina para investigar el proceso de ahogamiento; los ingenieros de armas químicas, como Kurt Blome, que llevó a cabo experimentos con gas sarín con prisioneros en Auschwitz; los médicos que investigaron traumas de guerra en las mujeres prisioneras de Ravensbrück infectando sus heridas con serrín, gas mostaza y vidrio, luego cosiéndolas y tratando a algunas con dosis de medicamentos con sulfamidas para compararlas con las demás y observar cuánto tiempo tardaban en desarrollar casos letales de gangrena.


Entre los objetivos del programa de reclutamiento ‘Paperclip’ se encontraban Hermann Becker-Freyseng y Konrad Schaeffer, autores del estudio ‘La sed y el saciamiento de la sed en situaciones de emergencia en alta mar.’ El estudio fue diseñado para investigar vías de prolongar la supervivencia de los pilotos que eran derribados sobre el mar. Con este fin, los dos científicos pidieron a Heinrich Himmler “cuarenta sujetos de prueba sanos” de la red de campos de concentración del jefe de las SS, siendo el único debate entre los científicos si las víctimas de su investigación habían de ser judíos, gitanos o comunistas. Los experimentos se llevaron a cabo en Dachau.

A Becker-Freyseng se le concedió la responsabilidad de editar para las Fuerzas Aéreas de EEUU el cúmulo de investigación aérea que habían realizado sus colegas nazis

A estos prisioneros, la mayoría de ellos judíos, se les forzó con sondas a consumir agua salada, mientras que a otros se les inyectó directamente en las venas. A la mitad de los sujetos se les suministró un componente llamado Berkatit, que supuestamente había de hacer más llevadera el agua salada, aunque ambos científicos sospechaban que el propio Berkatit se demostraría como fatalmente tóxico en dos semanas. Sus sospechas se demostraron correctas. Durante las pruebas, los médicos usaron largas agujas para extraer tejido del hígado, sin anestesia. Todos los sujetos de la prueba fallecieron.

Tanto Becker-Freyseng como Schaeffer recibieron contratos de larga duración gracias a ‘Paperclip’. Schaeffer terminó en Texas, donde continuó su investigación sobre “la sed y la desalinización del agua salada”. A Becker-Freyseng se le concedió la responsabilidad de editar para las Fuerzas Aéreas de EEUU el cúmulo de investigación aérea que habían realizado sus colegas nazis. Mientras trabajaba en esta tarea fue rastreado y llevado a juicio en Núremberg. La obra, de varios volúmenes, titulada La medicina de aviación alemana en la Segunda Guerra Mundial, llegaría a ser publicada por las Fuerzas Aéreas de EEUU e incluyó una introducción escrita por Becker-Freyseng desde su celda en la prisión de Núremberg. La obra no mencionaba a las víctimas humanas de la investigación, pero sí que elogiaba a los científicos nazis como hombres sinceros y honorables, “con un carácter libre y académico”, que trabajaban bajo las limitaciones del Tercer Reich.

Las víctimas de Rascher eran encerradas en una cámara de baja presión que simulaba altitudes de más de 68.000 pies. Ochenta de los sujetos murieron después de una hora y media sin oxígeno

Uno de sus colegas más destacados era el Dr. Sigmund Rascher, también destinado a Dachau. En 1941 Rascher informó a Himmler de la necesidad vital de conducir experimentos de altitud con sujetos humanos. Rascher, que había desarrollado una cámara de baja presión especial durante su etapa en el Instituto Kaiser Wilhelm, pidió a Himmler permiso para que se le entregase a su custodia a “dos o tres criminales profesionales”, un eufemismo nazi para referirse a los judíos, los prisioneros de guerra rusos y miembros de la resistencia clandestina polaca. Himmler respondió rápido afirmativamente y en menos de un mes comenzaron los experimentos de Rascher.

Las víctimas de Rascher eran encerradas en una cámara de baja presión que simulaba altitudes de más de 68.000 pies. Ochenta de los sujetos murieron después de ser mantenidos durante una hora y media sin oxígeno. Decenas de otros fueron sacados semi-inconscientes de la cámara e inmediatamente arrojados en bañeras de agua helada. Rascher seccionaba entonces sus cabezas para examinar cuántos vasos sanguíneos de sus cerebros habían explotado debido a embolias de aire. Rascher filmó estos experimentos y las autopsias y envió el metraje junto con sus meticulosas notas a Himmler. “Algunos experimentos causaron a los hombres semejante presión en sus cabezas que enloquecieron y se arrancaron el cabello en un intento de aliviar dicha presión”, escribió Rascher. “Se arañaron la cabeza y los rostros y gritaron en un esfuerzo por intentar aliviar la presión de los tímpanos.” Los archivos de Rascher fueron incautados por agentes de inteligencia estadounidenses y entregados a las Fuerzas Aéreas de EEUU.

“Desde un punto de vista militar, sabíamos que nos eran inestimables”

Los oficiales de los servicios de inteligencia estadounidense veían las críticas de gente como Drew Pearson con desdén. Bosquet Wev, jefe de la Joint Intelligence Objectives Agency (JOIA), despachó el pasado nazi de los científicos como “un detalle trivial” y aseguró que seguir condenándolos por su trabajo para Hitler y Himmler era, simplemente, “darle vueltas al mismo tema”. Jugando con los temores de los estadounidenses hacia los planes de Stalin para Europa, Wev argumentó que dejar a los científicos nazis en Alemania “representa una amenaza a la seguridad mayor para este país que cualquier afiliación nazi que hubieran podido tener o incluso cualquier simpatía nazi que aún puedan albergar.”

Con un pragmatismo similar se expresaba uno de los colegas de Wev, el coronel Montie Cone, jefe de la división G-2 encargada de recopilar, procesar y analizar materiales del enemigo. “Desde un punto de vista militar, sabíamos que nos eran inestimables”, afirmó Cone, “piénsese tan sólo en lo que tenemos a partir de su investigación: todos nuestros satélites, aviones a reacción, cohetes, casi todo lo demás”.

En Japón el ejército estadounidense puso en nómina al Dr. Shiro Ishii, el jefe de la unidad de armamento biológico del Ejército Imperial japonés

Los agentes de inteligencia estadounidenses estaban tan inmersos en su misión que tomaron medidas extraordinarias para proteger a sus reclutas de los investigadores del propio Departamento de Justicia estadounidense. Uno de los casos más despreciables fue el del investigador en aviación Emil Salmon, quien durante la guerra ayudó a incendiar una sinagoga atendida por mujeres y niños judíos. Salmon recibió refugio por parte de funcionarios estadounidenses en la base aérea de Wright, en Ohio, antes de ser condenado por sus crímenes por un tribunal de desnazificación en Alemania.

Los nazis no eran los únicos científicos buscados por los agentes de inteligencia estadounidenses tras el fin de la Segunda Guerra Mundial. En Japón el ejército estadounidense puso en nómina al Dr. Shiro Ishii, el jefe de la unidad de armamento biológico del Ejército Imperial japonés. El Dr. Ishii empleó un amplio abanico de agentes biológicos y químicos contra tropas chinas y aliadas, y dirigió un gran centro de investigación en Manchuria, donde llevó a cabo experimentos con armas químicas con prisioneros de guerra chinos, rusos y estadounidenses. Ishii infectó a los prisioneros con tétano, los alimentó con tomates infectados con tifus, desarrolló moscas que transmitían la peste bubónica, infectó a mujeres con sífilis e hizo explotar bombas con gérmenes sobre decenas de prisioneros de guerra atados a estacas. Entre otras atrocidades, los registros de Ishii muestran que con frecuencia realizó “autopsias” a sus víctimas aún con vida. En un acuerdo fraguado por el general Douglas MacArthur, Ishii entregó más de 10,000 páginas de sus “resultados de investigación” al ejército estadounidense, esquivó su acusación por crímenes de guerra y fue invitado a impartir clases en Ft. Detrick, el centro de investigación de armas biológicas del ejército estadounidense cerca de Frederick, Maryland.

Bajo el paraguas de ‘Paperclip’ hubo una competición feroz no solamente entre los aliados durante la guerra, sino también entre varias agencias estadounidenses, que es siempre la más salvaje de las luchas. Curtis Le May creía que sus flamantes Fuerzas Aéreas, recién creadas, conducirían prácticamente a la extinción a las fuerzas navales, y pensó que podía acelerar ese objetivo si era capaz de adquirir a tantos científicos e ingenieros nazis como le fuese posible. Por su parte, la Marina de Guerra de EEUU no era menos codiciosa a la hora de engrosar su personal con criminales de guerra nazis. Uno de los primeros hombres seleccionados por la Marina fue un científico nazi llamado Theodor Benzinger, un experto en heridas en el campo de batalla, conocimiento que obtuvo a través de experimentos con explosivos llevados a cabo con sujetos humanos en la última fase de la Segunda Guerra Mundial. Benzinger terminó consiguiendo un lucrativo contrato del gobierno y trabajando como investigador en el Hospital Naval Bethesda en Maryland.

Técnicas de interrogatorio

A través de su misión técnica [nombre dado a la operación de los servicios de inteligencia de este cuerpo, NdT] en Europa, la Marina también iba tras la pista de las investigaciones más avanzadas de los nazis en técnicas de interrogación. Los oficiales de inteligencia de la Marina pronto dieron con sus estudios sobre sueros de la verdad, una investigación que llevó a cabo en el campo de concentración de Dachau el Dr. Kurt Plötner, quien suministró a los prisioneros judíos y rusos elevadas dosis de mescalina y a continuación observaba cómo mostraban un comportamiento esquizofrénico. Los prisioneros comenzaban a hablar abiertamente de su odio hacia sus captores alemanes y a confesar su estado psicológico.

Los oficiales de inteligencia estadounidenses se interesaron por los informes del Dr. Plötner. La OSS, los servicios de inteligencia de la Marina y el personal de seguridad del Proyecto Manhattan habían estado llevando a cabo sus propas investigaciones de lo que se conocía como TD o “droga de la verdad” (truth drug). Como se recordará de la descripción del capítulo 5 del oficial de las OSS Gerge Hunter White, y su uso de THC en el mafioso Augusto Del Gracio, se había estado experimentando con TDs desde 1942. Algunos de sus primeros sujetos eran las personas que trabajaban para el Proyecto Manhattan. Las dosis de THC se administraban a los objetivos en el Proyecto Manhattan de diferentes formas, con una solución líquida de THC que se inyectaba en la comida y la bebida o en pañuelos de papel empapados. “El TD parece relajar todas las inhibiciones y atenúa las áreas del cerebro que gobiernan la discreción y cautela del individuo”, informó el equipo de seguridad del Proyecto Manhattan en un informe interno. “Acentúa los sentidos y revela cualquier rasgo fuerte del individuo.” Pero había un problema: las dosis de THC hacían que los sujetos vomitasen y los interrogadores no podían conseguir que los científicos divulgasen información, incluso con concentraciones elevadas de la sustancia.

Al leer los informes del Dr. Plötner, los oficiales de inteligencia de la Marina estadounidense descubrieron que éste había experimentado con relativo éxito con la mescalina como una droga para inducir el discurso e incluso la verdad, permitiendo a los interrogadores extraer “incluso los secretos más íntimos del sujeto cuando las preguntas se formulaban inteligentemente.” Plötner también investigó detalladamente el potencial de la mescalina como un agente para modificar el comportamiento o controlar la mente.


Esta información era de particular interés para Boris Pash, una de las figuras más siniestras del elenco de personajes de la CIA en esta primera fase. Pash era un emigrado ruso en EEUU que había vivido los años de la revolución y el nacimiento de la Unión Soviética. En la Segunda Guerra Mundial terminó trabajando para la OSS, dirigiendo la seguridad del Proyecto Manhattan, donde, entre otras actividades, supervisó la investigación de Robert Oppenheimer y fue el interrogador principal del conocido científico atómico cuando éste pasó a estar bajo sospecha de filtrar secretos a la URSS.

Como jefe de seguridad, Pash supervisó al oficial de la OSS George Hunter White y su uso de THC en los científicos del Proyecto Manhattan. En 1944 Pash fue elegido por Donovan para dirigir lo que se denominó Misión Alsos, diseñada para rastrear a los científicos alemanes que habían estado implicados en el desarrollo de armas atómicas, químicas y biológicas. Pash estableció su base de operaciones en el hogar de un amigo de antes de la guerra, el Dr. Eugene von Haagen, un profesor de la Universidad de Estrasburgo, de la que varios científicos nazis habían sido miembros. Pash había encontrado a von Haagen cuando el médico se encontraba en la Universidad Rockefeller de Nueva York, investigando virus tropicales durante su año sabático. Cuando von Haagen regresó a Alemania a finales de los treinta, él y Kurt Blome se convirtieron en los directores de la unidad de armamento biológico de los nazis. Von Haagen se pasó buena parte de la guerra infectando a internos judíos en el campo de concentración de Struthof-Natzweiler con enfermedades, incluyendo la fiebre manchada. Impertérrito por las actividades durante la guerra de su viejo amigo, Pash inmediatamente puso a von Haagen en el programa ‘Paperclip’, donde trabajó para el gobierno estadounidense durante cinco años proporcionando su conocimiento en la investigación de armas con gérmenes.

Fue von Haagen quien puso a Pash en contacto con su antiguo colega Blome, reclutado sin demora para el programa ‘Paperclip’. Hubo una pausa inconveniente cuando Blome fue arrestado y juzgado en Núremberg por sus crímenes de guerra médicos, incluyendo infectar deliberadamente a cientos de prisioneros de la resistencia polaca con tuberculosis y la plaga bubónica. Pero afortunadamente para el hombre de ciencia nazi, los servicios de inteligencia del ejército estadounidense y la OSS retuvieron los documentos que lo incriminaban y que habían adquirido a través de su interrogatorio. Las pruebas no sólo habrían incriminado a Blome, sino también su papel supervisando la construcción de un laboratorio de armamento químico y biológico para probar este tipo de armamento y usarlo sobre las tropas aliadas. Blome fue absuelto.

En 1954, dos meses después de la absolución de Blome, oficiales de inteligencia estadounidenses viajaron hasta Alemania para entrevistarlo. En una nota a sus superiores, H.W. Batchelor describió el objetivo de esta peregrinación: “Tenemos amigos en Alemania, amigos científicos, y ésta es una oportunidad para disfrutar reunirnos con ellos y debatir nuestros varios problemas”. En la reunión, Blome entregó a Batchelor una lista de los investigadores en armamento biológico que habían trabajado con él durante la guerra y debatieron prometedoras nuevas vías de investigación en las armas de destrucción masiva. Blome pronto fue incluido en el programa ‘Paperclip’, con un contrato de 6.000 dólares anuales, y voló hasta EEUU, donde se reintegró en su investigación en Camp King, una base del ejército en las afueras de Washington D.C. En 1951 von Haagen fue arrestado por las autoridades francesas. A pesar de los infatigables esfuerzos de sus protectores en los servicios de inteligencia estadounidenses, fue condenado por crímenes de guerra y sentenciado a veinte años de prisión.

De ‘Paperclip’ a ‘Bluebird’

Desde su asignación a ‘Paperclip’, Pash, ahora en la recién nacida CIA, pasó a convertirse en el director de Program Branch/7, donde su interés continuado en las técnicas de interrogatorio tuvo numerosas oportunidades de ponerse en práctica. La misión de Program Branch/7, que salió a la luz sólo en la comisión impulsada por el senador Frank Church en 1976, era supervisar los secuestros, interrogatorios y asesinatos a cargo de la CIA de supuestos agentes dobles de la CIA. Pash estudió detenidamente el trabajo de los médicos nazis en Dachau buscando pistas útiles de los métodos más eficientes a la hora de extraer información, incluyendo drogas que inducían al habla, electroshock, hipnosis y psicocirugía. Durante la etapa en la que Pash dirigió PB/7, la CIA comenzó a invertir dinero en el Proyecto ‘Bluebird’ (azulillo), un esfuerzo por replicar y extender la investigación realizada en Dachau, sólo que, en vez de mescalina, la CIA empleó LSD, que había sido desarrollado por el químico suizo Albert Hoffman.


El primer test de LSD de la CIA dentro de la operación fue administrado a 12 sujetos, la mayoría de los cuales eran negros, y, como observaron los psiquiatras de la CIA que emulaban a los médicos en Dachau, “de un nivel mental no muy elevado.” A los sujetos se les dijo que se les estaba suministrando un nuevo medicamento. En un informe de la CIA de la operación, los médicos de la agencia, conscientes de que los experimentos con LSD habían inducido episodios esquizofrénicos, les aseguraron que “no podía pasarles nada grave o peligroso.” Los médicos de la CIA suministraron a los doce sujetos 150 microgramos de LSD y luego los sometieron a un interrogatorio hostil.

Después de estos tests iniciales, la CIA y el ejército estadounidense ampliaron el campo de pruebas en el Edgewood Chemical Arsenal de Maryland, comenzando en 1949 y durante toda la década siguiente. Más de 7,000 soldados estadounidenses fueron sujetos involuntarios de este experimento médico. Se ordenó a los soldados pedalear en bicicletas estáticas con máscaras de su oxígeno impregnadas con una variedad de drogas alucinógenas, incluyendo LSD, mescalina, BZ (un alucinógeno) y SNA (serny, de la familia que el PCP, conocido en la calle como “polvo de ángel”). Uno de los objetivos de esta investigación era inducir un estado de amnesia total. El objetivo se logró en varios sujetos. Más de un millar de los soldados que se registró en los experimentos salió de ellos con serios problemas psicológicos y epilepsia, y decenas de ellos intentaron suicidarse.

Uno de ellos fue Lloyd B. Gamble, un afroamericano que se había alistado en las Fuerzas Aéreas. En 1957 Gamble fue embaucado para participar en un programa de narcóticos del Departamento de Defensa y la CIA. Se le hizo creer que participaba en las pruebas de nuevos uniformes militares. Como incentivo para entrar en el programa se le ofreció un permiso prolongado, una vivienda particular y más visitas conyugales. Durante tres semanas Gamble se puso y se quitó diferentes tipos de uniforme, y cada día, en medio de esta actividad, se le daba, según recordó, dos o tres vasos de un líquido similar al agua y que era, en realidad, LSD. Gamble sufrió terribles alucinaciones y trató de suicidarse. Diecinueve años después conoció la verdad, cuando las investigaciones de Church revelaron el programa, e incluso entonces el Departamento de Defensa negó que Gamble hubiese participado en él. Este encubrimiento únicamente se vino abajo cuando apareció una antigua fotografía de la oficina de relaciones públicas del Departamento de Defensa en el que orgullosamente aparecían Gamble y decenas de otros soldados como “voluntarios de un programa del más alto interés nacional".

Counterpunch
Jeffrey St. Clair es el editor de Counterpunch y autor de Whiteout: the CIA, Drugs and the Press (Verso).Este texto es una adaptación y actualización de un capítulo de Whiteout: the CIA, Drugs and the Press (Verso).  Traducción de Àngel Ferrero.
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