Los orígenes nazis del narcotráfico en América Latina: Klaus Barbie, cocaína y la CIA

Bajo el amparo de los servicios secretos estadounidenses, que permitieron su llegada a Latinoamérica, el criminal de guerra nazi Klaus Barbie recicló sus tácticas de represión y tortura en Bolivia y ayudó a crear un imperio de la droga cuya huella llega hasta hoy.
Klaus Barbie Nazi
Klaus Barbie, conocido como "El carnicero de Lyon" fue responsable de la ejecución o asesinato de más de 4.000 personas.
29 mar 2026 06:01
Personalmente, no tengo remordimientos. Si hubo errores, hubo errores.
¿Pero un hombre ha de tener una línea de trabajo, no?

Klaus Barbie

Cuando Klaus Barbie pasó a estar en nómina de una agencia de inteligencia estadounidense en 1947 ya había vivido varias vidas de maldad humana. Barbie había dado caza a opositores a los nazis en Holanda, persiguiéndolos con perros. Había trabajado con los escuadrones de la muerte móviles de los nazis en el Frente oriental, masacrando a eslavos y judíos. Había dirigido durante dos años la Gestapo en Lyon, torturando hasta la muerte a judíos y combatientes de la Resistencia francesa (entre ellos al líder del movimiento, Jean Moulin). Tras la liberación de Francia, Barbie participó en el frenesí asesino de los nazis antes de que los Aliados entrasen en Alemania. Y, con todo, la carrera de este atroz criminal de guerra apenas experimentó una pausa antes de que se asegurase un puesto de entrada con nómina de los EEUU en la Alemania de posguerra. Barbie fue trasladado poco después desde Europa por sus nuevos patronos siguiendo la 'ruta de ratas' hasta Bolivia. Allí comenzó una nueva vida extraordinariamente similar a su antigua: trabajando para la policía secreta, cumpliendo órdenes de los capos de la droga y participando en el tráfico de armas por toda Sudamérica. Sus antiguas habilidades como torturador pasaron a estar muy demandadas.

A comienzos de los sesenta Barbie estaba trabajando de nuevo para la CIA con el objetivo de instalar en el poder a un criminal apoyado por los EEUU. En los años siguientes, este viejo nazi se convirtió en un actor central en el Programa Cóndor inspirado por los EEUU y que tenía como fin reprimir levantamientos populares y mantener a dictadores controlados por los EEUU en el poder en toda América Latina. Barbie ayudó a organizar el llamado 'golpe de la cocaína' de 1980, cuando una junta de generales bolivianos se hizo con el poder masacrando a la oposición de izquierda y cosechando miles de millones por el boom de la cocaína, del que Bolivia era el principal proveedor. Durante todo este tiempo Barbie fue uno de los hombres más buscados del planeta. Incluso así, Barbie prosperó hasta 1983, cuando finalmente fue repatriado a Francia para ser juzgado por sus crímenes. En esta sórdida historia de colusión entre agencias de inteligencia estadounidenses, fascistas y criminales, nadie representa más claramente los males de este tipo de alianzas que Klaus Barbie.

***

El 18 de agosto de 1947, tres hombres compartían copas en un café en Memmingen, parte de la Alemania ocupada por los estadounidenses. Uno era Kurt Merck, un antiguo oficial de la agencia de inteligencia militar de la Alemania Nazi, el Abwehr. Merck había trabajado en Francia durante la guerra y había sido recuperado por los servicios de inteligencia estadounidenses, que le habían interrogado y pronto puesto en nómina. El segundo era el teniente Robert Taylor, un oficial estadounidense del Cuerpo de Contrainteligencia del Ejército (Counter-Intelligence Corps, CIC). El tercer hombre era Klaus Barbie, en aquel momento prófugo de los franceses y los soviéticos y número tres en una lista anglo-estadounidense de los SS más buscados. Barbie había sido brutalmente interrogado por los británicos y no tenía ningún interés en repetir la experiencia.

Los responsables de Barbie en el CIC, que veían a los franceses como aliados de Stalin, no podían dormir pensando en la idea de Barbie revelando información sobre sus patronos estadounidenses

Merck era un viejo amigo de Barbie. A pesar de la rivalidad entre la Gestapo y el Abwehr, los dos habían trabajado juntos en Francia y se llevaban bien. Merck estaba más que dispuesto a garantizar al oficial estadounidense que Barbie sería un buen fichaje. Merck había sido reclutado por el CIC en 1946, en una época en la que las agencias de inteligencia estadounidenses estaban intentando reclutar talento nazi. La tapadera del CIC para este enfermizo head-hunting era extirpar y reprimir una supuesta red de las Juventudes Hitlerianas, cuyos miembros más fanáticos habían jurado continuar la lucha sin tener en cuenta las condiciones de rendición que se habían firmado.


Pero el interés real del CIC en Barbie nada tenía que ver con los llamados Werwolf de las Juventudes Hitlerianas. La contratación de Barbie como agente del CIC estaba sujeta a su voluntad de compartir información sobre las técnicas de interrogatorio de los británicos y sobre las identidades de los SS que los británicos habían intentado reclutar como agentes. Barbie estaba encantado de colaborar, particularmente teniendo en cuenta que este torturador entusiasta había recibido algunos moratones cuando fue interrogado él mismo por los británicos.

Durante los siguientes cuatro años, el tercer hombre de las SS más buscado en Alemania trabajó para el CIC. Los estadounidenses instalaron a Barbie en un hotel en Memmingen, trajeron a su familia desde Kassel y le pagaron, en parte, en especie —cigarrillos, medicinas, azúcar y gasolina—, mercancías que luego vendió a buen precio en el mercado negro. Después de informar inicialmente sobre las intenciones y técnicas de los británicos, el principal encargo de Barbie, tal y como aparece recogido en un memorando del CIC, era entregar informes sobre “las actividades de los servicios de inteligencia franceses en la zona de ocupación francesa y sus agentes que operan en la zona de control estadounidense”.

***

En 1948 el gobierno francés había recibido la información de que Barbie estaba viviendo bajo la protección de EEUU en algún lugar de Alemania. Los franceses estaban más impacientes que nunca por echarle el guante a Barbie, quien ya había sido condenado a muerte en ausencia por sus crímenes de guerra. Barbie era necesario para testificar en el juicio inminente de René Hardy, el miembro de la Resistencia que se salvó de la tortura de Barbie delatando a Jean Moulin. Pero el CIC no tenía ninguna intención de entregar su captura más preciada a los franceses, ni que fuese en préstamo, para el juicio de Hardy.

Los responsables de Barbie en el CIC, que veían a los franceses como aliados de Stalin, no podían dormir pensando en la idea de Barbie revelando información sobre sus patronos estadounidenses. Eugene Kolb, el oficial de la inteligencia del Ejército estadounidense que había trabajado con Barbie durante un año, dijo que éste no podía ser devuelto a los franceses porque “sabía demasiado sobre nuestros agentes en Europa y la agencia de inteligencia francesa estaba saturada de comunistas”. La opinión de Kolb está respaldada por los documentos del CIC, que sugieren que la Sûretė francesa tenía la intención de “secuestrar a Barbie, revelar sus conexiones con el CIC y avergonzar a los EEUU”.

En diciembre de 1950 los Estados Unidos decidieron arrastrar a Barbie y su familia hacia 'la ruta de ratas', una puerta de salida de Europa para agentes nazis creada por los oficiales del CIC

De este modo sucedió que en diciembre de 1950 los Estados Unidos decidieron arrastrar a Barbie y su familia hacia 'la ruta de ratas', una puerta de salida de Europa para agentes nazis creada por los oficiales del CIC el teniente coronel James Milano y Paul Lyon. Lyon y Mylano habían estado trasladando a nazis fuera de Alemania, Austria y Europa oriental desde 1946 para enviarlos a Argentina, Chile, Perú, Brasil y Bolivia. El guía de esta operación también era un criminal de guerra, el padre Krunoslav Draganovic, un sacerdote croata que supervisó el envío de cientos de miles de judíos de Yugoslavia a su muerte en los campos de concentración nazis. Cuando el gobierno fascista en Croacia comenzó a desmoronarse a finales de la guerra, el sacerdote se refugió en el Vaticano. Entonces Draganovic explotó la tapadera de su posición en la Cruz Roja y en el Vaticano y sacó a cientos de criminales de guerra de Europa.

Muchos de los primeros reclutas de Draganovic eran miembros del régimen Ustaša, los escuadrones de la muerte bajo control del dictador croata Ante Pavelic, responsable de una de las masacres más sangrientas de la guerra. Cientos de miles de serbios —algunas estimaciones hablan de más de dos millones— fueron asesinados por las fuerzas de Pavelic para satisfacer su malsano deseo de convertir a Croacia en un “Estado 100% católico”. En su oficina, Pavelic enseñaba a sus visitas su trofeo favorito: un bote de más de dieciocho kilos de ojos humanos extraídos de sus víctimas serbias. Después de la guerra, Draganovic ayudó a Pavelic a asegurarse un pasaje seguro a Argentina, donde se convirtió en un invitado frecuente en las cenas de Juan y Eva Perón.


Algunos de los destacados nazis a quienes Draganovic ayudó escapar de Europa en dirección Sudamérica incluyeron al coronel Hans Rudel, que se marchó a Argentina, donde dirigió las fuerzas aéreas de Perón y se convirtió en el líder del movimiento neonazi internacional; el Dr. Willi Tank, el diseñador jefe de la Luftwaffe; y el Dr. Carl Vaernet, quien supervisó experimentos quirúrgicos con homosexuales en Buchenwald, castrando a hombres y reemplazando sus testículos con cápsulas metálicas. Vaernet era adorado por los Perón, quienes le mostraron su aprecio recompensando al médico nazi con un puesto en el Ministerio de Salud.

***

En 1947 el CIC contrató al padre Draganovic para que los ayudase a deshacerse de algunos de sus agentes y reclutas más problemáticos, en concreto científicos, médicos, agentes de inteligencia e ingenieros nazis. El acuerdo lo cerró en Roma el oficial del CIC Paul Lyon, quien observó que Draganovic había establecido “varios canales de evacuación clandestinos a varios países sudamericanos para varios tipos de refugiados europeos”. Draganovic no actuaba por altruismo, ni siquiera cuando se trataba de sus antiguos socios nazis. Exigió a las agencias de inteligencia estadounidenses 1.400 dólares por cada criminal de guerra que cruzase su puerta, y las agencias de inteligencia estadounidenses pagaron de buen grado el precio exigido. Una nota de un oficial de inteligencia del Departamento de Estado estadounidense explicaba que “el Vaticano justifica su participación por el deseo de infiltrar no solamente países europeos, sino también países latinoamericanos, con personas de todos los credos políticos mientras sean anticomunistas y favorables a la Iglesia católica”.

Temiendo que Barbie pudiera escapársele de las manos, los franceses protestaron directamente a John J. Mc Cloy, el Alto Comisionado de EEUU en Alemania. McCloy respondió fríamente que EEUU no entregaría a Barbie a los franceses para su posible ejecución “porque las alegaciones de los ciudadanos de Lyon pueden desestimarse como meros rumores”. McCoy sabía que esto no era cierto: en 1944 el nombre de Barbie aparecía de manera destacada en la propia oficina de McCloy en una lista llamada CROWCASS (Central Registry of War Criminals and Security Suspects, Registro Central de Criminales de Guerra y Sospechosos de Seguridad), en la que Barbie era identificado como en búsqueda y captura por “el asesinato de civiles y la tortura y asesinato de personal militar.”

Barbie no era ni mucho menos el único hombre de las SS a quien McCloy y sus cohortes trataron de proteger de la justicia. Otro de ellos fue la mano derecha de Adolf Eichmann, el barón Otto von Bolschwing. Este antiguo oficial de las SS fue contratado en 1945 por el CIC, donde se convirtió rápidamente en uno de los activos más productivos de la agencia, entrevistando y contratando a antiguos oficiales de las SS. Von Bolschwing fue luego transferido a la CIA, donde aplicó su experiencia en Alemania oriental. Como Barbie, von Bolschwing era un criminal de guerra de alto rango, habiendo sido uno de los gurús ideológicos de Eichmann en la cuestión judía, ayudándolo a redactar el plan para “purgar a Alemania de los judíos” y robarles su riqueza.

Hay pruebas de sobra de que Barbie era un monstruo sádico cuya prioridad vocacional era infligir daño y finalmente la muerte más que extraer sutilmente información

Fue von Bolschwing quien dirigió una de las matanzas más salvajes en la guerra, el asesinato de cientos de judíos en Bucarest. El pogromo de Bucarest es descrito con desgarrador detalle por el historiador Christopher Simpson en su notable libro Blowblack. Como escribe Simpson: “Cientos de inocentes fueron agrupados para su ejecución. Algunas de las víctimas fueron descuartizadas en una planta cárnica municipal, colgadas de ganchos para la carne y marcadas con hierros candentes como 'carne kosher'. Fueron degolladas en una profanación intencionada de las leyes kosher. Algunas fueron decapitadas. 'Sesenta cadáveres de judíos [fueron descubiertos] en los ganchos utilizados para cuerpos de reses', telegrafió a Washington el embajador estadounidense en Rumanía, Franklin Mott Gunther, tras el pogromo. 'Todos habían sido desollados... [y] la cantidad de sangre alrededor [era una prueba de que] habían sido desollados vivos'. Entre las víctimas, de acuerdo con los testigos oculares, había una niña de no más de cinco años, que fue abandonada colgando de sus pies como un ternero sacrificado, su cuerpo cubierto de sangre.”

En 1954 von Bolschwing fue trasladado a Estados Unidos. Richard Helms, que había ayudado a reclutar muchos de estos criminales, defendió la protección y el uso de gente como von Bolschwing, afirmando que “no estamos en los boy scouts. Si quisiéramos estar en los boy scouts, entonces nos habríamos unido a los boy scouts”. Una manera típica de racionalizar superficialmente sus prácticas de reclutamiento.

Los responsables de Barbie en el CIC tomaron precauciones extraordinarias para proteger a su recluta. Eugene Kolb rechazó la idea de que Barbie pudiese haber torturado físicamente a alguien argumentando que “era un interrogador con talento” y que, por ese motivo, “Barbie no necesitaba torturar a nadie”. En realidad hay pruebas de sobra de que Barbie era un monstruo sádico cuya prioridad vocacional era infligir daño y finalmente la muerte más que extraer sutilmente información. La experiencia de Barbie como torturador descansaba en el uso de látigos, agujas bajo las uñas, drogas y, de manera singular, la electricidad transmitida a través de pinzas en los pezones y los testículos. Su carrera ascendente en las SS, anticipada por sus partidos de voleibol con Heinrich Himmler en Berlín en 1940, se truncó de manera abrupta cuando golpeó hasta la muerte a Jean Moulin sin conseguir ninguna información de él. Incluso así, una generación después, Barbie y sus agentes de la CIA cooperarían de manera entusiasta para aplicar sus viejas técnicas a opositores de izquierda en Bolivia y otros lugares.


En lo que respecta al antisemitismo de Barbie, sus patrones de la inteligencia estadounidense saltaron una vez en su defensa. El teniente Robert Taylor aseguró que Barbie “no era un antisemita, simplemente era un nazi leal”. Otro informe del CIC mantenía que Barbie “no mostraba un entusiasmo particular hacia la idea de matar judíos”. En realidad Barbie comenzó su carrera como oficial del SD, una subunidad de las SS encargada por Reinhard Heydrich con la tarea de resolver el “problema” judío tan rápidamente como fuese posible. En una de las primeras purgas en los Países Bajos, Barbie encabezó la infame incursión en la aldea granjera judía de Wieringmeer, donde él y sus hombres emplearon pastores alemanes para dar caza a 420 judíos, que fueron enviados a la muerte en las canteras y cámaras de gas de Mauthausen.

Barbie fue transferido desde este “campo de entrenamiento” en Holanda en julio de 1941 al Frente oriental, donde se unió a las llamadas “unidades para tareas especiales” de las SS, los Einsatzgruppen. A estos escuadrones de la muerte móviles se les asignó la tarea de asesinar a todo comunista y judío que pudiesen encontrar en Rusia o Ucrania, sin tener en cuenta —según la fría expresión de Heydrich— “su edad o sexo”. En menos de un año, estos escuadrones de la muerte errantes bajo el mando de hombres como Barbie mataron a más de un millón de personas. Fueron el modelo para los escuadrones de la muerte de la CIA en Vietnam —el Programa Fénix de la CIA y otras operaciones similares— y en América Latina, donde equipos de sicarios patrocinados por la CIA en Guatemala, El Salvador, Chile, Colombia y Argentina aplicaron métodos similares de terror brutal, matando a cientos de miles de personas. No hay nada, en términos de ferocidad, que separe las masacres dirigidas por Barbie en Europa oriental de las operaciones en My Lai o El Mozote.

Premiado con un nuevo ascenso por su trabajo en el Frente oriental, Barbie fue trasladado a Lyon en 1942. Una de sus tareas fue ayudar a completar la reciente orden de Himmler de que las SS en Francia deportasen al menos a 22.000 judíos a los campos de concentración en el Este. Barbie asumió la tarea con entusiasmo. Su equipo irrumpió en las oficinas de la Union Générale des Israelites de France en Lyon e incautó los registros con las direcciones de huérfanos y otros niños judíos. Ese mismo día Barbie arrestó más tarde a un centenar de judíos, enviándolos a su muerte en Auschwitz y Sobibor. A continuación, Barbie acudió al orfanato judío de Izieu, deteniendo a 41 niños con edades comprendidas entre los tres y los 13 años, junto a sus maestros. Todos fueron enviados en camiones a los campos de la muerte nazis. Barbie se lamentaba a su superior en su informe sobre la batida en la escuela: “Por desgracia, en esta operación no fue posible incautar dinero u objetos de valor”.

Desde Viena, los Barbie viajaron a través de 'la ruta de ratas' de Draganovic a Argentina y después a Bolivia

Durante su etapa en Lyon, Barbie estaba en un constante estado de excitación por los sufrimientos de los presos que mantenía en la prisión de Montluc. El SS aparentemente obtenía un placer sádico de encerrar a sus prisioneros en celdas durante días con los cadáveres mutilados de sus amigos. Reunía a los miembros de la Resistencia francesa detenidos para someterlos a ejecuciones falsas, aplicarles hierros candentes en las suelas de sus pies y las palmas de sus manos, sumergir repetidamente sus cabezas en inodoros repletos de orina y excrementos, y animar a su perro alsaciano negro, Wolf, a morderles sus genitales. La tortura de Lise Leserve a manos de Klaus Barbie fue particularmente horrible. Encadenó su cuerpo desnudo a una viga y la golpeó con una cadena con púas. Pero a pesar de su “gran talento” como interrogador, Barbie no consiguió que Leserve hablase. Leserve sobrevivió a su tortura y a un año en el campo de concentración de Ravensbrück y testificó contra él en su juicio en 1984.

Con los Aliados avanzando hacia Lyon, Barbie se preparó para huir de Francia en 1944. Pero antes de abandonar el país ordenó que los 109 presos judíos que quedaban en Montluc fuesen ametrallados y sus cadáveres arrojados en el cráter causado por una bomba cerca del aeropuerto de la ciudad. Barbie también se tomó la molestia de eliminar a los dirigentes de la Resistencia francesa que aún estaban bajo su custodia. El 20 de agosto de 1944, los hombres de Barbie cargaron en camiones cubiertos con lonas a 120 personas sospechosas de ser miembros de la Resistencia y las transportaron a un almacén abandonado cerca de St. Genis Laval. Los prisioneros fueron conducidos al edificio, donde fueron rápidamente ametrallados. La montaña de cadáveres fue regada con gasolina y el edificio fue destruido con granadas de fósforo y dinamita. La explosión envió algunas partes de los cadáveres a la ciudad, a cientos de metros.

Éstos eran los hechos más destacados de la hoja de servicios del hombre que en 1951 fue enviado por la inteligencia militar estadounidense junto con su familia a un piso franco en Austria. Allí Barbie recibió un curso de emergencia de español y se le entregaron 8.000 dólares en efectivo. A Barbie se le proporcionó, cortesía de los falsificadores de la casa, una nueva identidad: Klaus Altmann, mecánico. En una broma siniestra, Barbie eligió él mismo el apellido de “Altmann”, que es como se llamaba el rabino en la ciudad natal de Barbie, Trier. El rabino Altmann había sido una figura destacada de la resistencia antinazi hasta 1938, cuando hubo de exiliarse en Holanda, donde fue descubierto por los nazis en 1942 y enviado a su muerte en Auschwitz. Desde Viena, los Barbie viajaron a través de 'la ruta de ratas' de Draganovic a Argentina y después a Bolivia. Un informe interno del CIC observaba triunfalmente sobre el rescate de este criminal de guerra que “se ha gestionado la disposición final de un individuo extremadamente sensible.”

***

El 23 de abril de 1951 Klaus Barbie y su familia llegaron a La Paz, una ciudad que el joven Che Guevara llamaría más tarde “la Shanghái de América”. El Che, quien visitó La Paz en el verano de 1953, la describió como habitada por “una rica gama de aventureros de todas las nacionalidades.” Algunos de estos aventureros, incluyendo a Barbie, con quien el Che puede que se cruzase inadvertidamente por las calles o en los bares de La Paz, con el paso del tiempo, y con la ayuda de la CIA, ayudarían a rastrear y asesinar al revolucionario quince años después en las junglas de Vallegrande.

A su llegada a Bolivia, los Barbie fueron cálidamente recibidos por el padre Rogue Romac, otro de los exiliados del padre Draganovic. El verdadero nombre de Romac era Osvaldo Toth, un sacerdote croata buscado por crímenes de guerra. Toth ayudó a Barbie a establecer un lucrativo negocio destruyendo la selva tropical de Bolivia. Los nazis hicieron una pequeña fortuna operando aserraderos en los bosques cercanos de Santa Cruz y depósitos de madera en La Paz. Pero Barbie pronto comenzó a sentirse inquieto y no pudo esconder más sus ambiciones políticas. Rápidamente fue captado y puesto en activo por el gobierno protofascista de Víctor Paz Estensorro, al que asesoró en materia de seguridad interna junto con los exiliados nazis Heinz Wolf y un tal Herr Müller. Müller era un antiguo fiscal nazi que había condenado a muerte a los jóvenes líderes del movimiento de resistencia La Rosa Blanca. Su crimen: haber distribuido hojas volantes contra los nazis en la Universidad de Múnich en 1943.


Barbie se demostró tan útil al gobernante boliviano que el 7 de octubre de 1957 él y su familia fueron recompensados con un premio muy codiciado, la ciudadanía boliviana, un estatus que frustraría intentos de extraditarlo a Europa. Los papeles de ciudadanía de Barbie fueron firmados personalmente por el vicepresidente boliviano Hernán Siles Zuazo, quien, muchos golpes de estado después, se vería forzado a entregar a Barbie a los cazadores de nazis franceses. Barbie, sin embargo, no tenía ninguna lealtad particular hacia Paz Estenssoro. Más bien pronto se encontró quejándose de un hombre cuya extraña ideología política mezclaba el populismo de izquierdas con nociones fascistas de orden social. La incomodidad de Barbie con Paz Estenssoro tenía su reflejo en quejas muy parecidas en Washington. Paz Estenssoro había decepcionado a sus patrocinadores estadounidenses en dos cuestiones clave: había mantenido relaciones cordiales con el gobierno de Castro en Cuba y se había negado a enviar al ejército boliviano a reprimir a los mineros de estaño en huelga. La CIA envió al coronel Edward Fox a La Paz para buscar a un candidato con el que reemplazar a Paz Estenssoro.

Barbie usó también su posición para poner otra vez en obra su ideología de eugenesia política: en esta ocasión sus víctimas fueron las tribus indígenas bolivianas

El hombre que se ganó el favor de la CIA fue el general René Barrientos Ortuño. Barrientos no era un desconocido para Barbie, es más, juntos habían estado secretamente conspirando para derrocar a Paz Estenssoro durante algún tiempo. El momento llegó en 1964, cuando el palacio presidencial fue asaltado y a Paz Estenssoro le presentaron una elección simple: podía “tomar un viaje al cementerio o al aeropuerto”. Paz Estenssoro hizo las maletas y tomó un avión rumbo a Argentina. El golpe de estado de Barrientos retornó a Bolivia otra vez a las garras de la dictadura militar. Pero esta vez el gobierno estadounidense no vaciló y se hizo con el control firme del ejército boliviano, envió a decenas de asesores estadounidenses a La Paz e invitó a 1.600 oficiales del ejército boliviano a EEUU para entrenarlos en bases militares estadounidenses. Este grupo incluía a veinte de los generales bolivianos de mayor rango.


Fue en esta época cuando los franceses reactivaron su búsqueda de Barbie. Comenzaron a buscarlo en Sudamérica y enviaron repetidamente telegramas al gobierno estadounidense preguntando por su paradero. EEUU negó poseer cualquier tipo de información sobre su antiguo agente, incluso cuando la CIA y otras agencias de inteligencia sabían muy bien que estaba trabajando para el régimen de Barrientos. Barbie se aseguró una posición en el cuerpo de seguridad interna de Barrientos, conocido como Departamento 4, desde el que planificó operaciones de contrainsurgencia e instruyó a sus subordinados en técnicas nazis de interrogatorio y terror estatal. Barbie usó también esta posición para poner otra vez en obra su ideología de eugenesia política: en esta ocasión sus víctimas fueron las tribus indígenas bolivianas, a las que consideraba genética y culturalmente inferiores.

Barrientos y Barbie no perdieron el tiempo en ir contra los mineros de estaño, y el ejército y la policía secreta de Barbie llevaron a cabo una serie de sangrientas incursiones en las que asesinaron a cientos de mineros y sindicalistas. Los dirigentes de los sindicatos y los partidos de la oposición fueron forzados a exiliarse, condenando a la crisis a las minas de estaño, que entonces eran la principal fuente de ingresos de la economía boliviana. Barrientos intentó reemplazar los ingresos perdidos de las minas con el petróleo, entregando enormes concesiones alrededor de la ciudad de Santa Cruz a Gulf Oil. A cambio, Barrientos recibió lo que la compañía calificó eufemísticamente como “contribuciones de campaña”. Gulf también obsequió a Barrientos con un helicóptero, un regalo que la compañía aseguró que hizo por instrucciones de la CIA. Como veremos, fue un regalo que volvería para perseguir al general.

***

Los movimientos revolucionarios se multiplicaban por toda América Central y del Sur y la CIA temía, correctamente, que Bolivia, con su mezcla de campesinos indígenas y grupos sindicales radicales, fuese un terreno fértil a la revuelta. Durante 1966 y 1967 la CIA destinó varios millones de dólares a Bolivia. Parte de este dinero, unos 800.000 dólares, fueron a parar directamente a los bolsillos de Barrientos, y facilitaron sin duda que el general tolerase que los estadounidenses se hiciesen con su gobierno. La CIA justificó su presencia en Bolivia en 1967 en un informe de la siguiente manera: “La violencia en las zonas mineras y en las ciudades de Bolivia ha continuado ocurriendo intermitentemente, y estamos ayudando a este país a mejorar su entrenamiento y equipamiento”.

Con un régimen más estable y autoritario en el poder, Klaus Barbie aprovechó la oportunidad para expandir su imperio financiero. Abrió una empresa llamada Estrella Company, que vendía corteza de quinina, pasta de coca y fusiles de asalto. También entró en contacto con Friederich Schwend, el genio financiero de las SS, quien había terminado en Lima, Perú. Schwend había sido enviado a América Latina a través de las redes clandestinas nazis por el OSS [Oficina de Servicios Estratégicos] tras decir a Allen Dulles dónde habían almacenado las SS millones en dinero en efectivo, oro y joyas robadas a sus víctimas. Schwend afirmaba ser un granjero de pollos, pero en realidad era un consultor bien remunerado de generales en Perú, Colombia, Bolivia y Argentina.


Los dos nazis unieron fuerzas para crear Transmaritania, una compañía logística que habría de generar andando el tiempo millones en beneficios. Barbie compartió los ingresos invitando a la junta de su compañía a algunos de los peces gordos del gobierno boliviano, incluyendo al jefe de las Fuerzas Navales de Bolivia, el jefe del Estado Mayor del Ejército y al director de la policía secreta boliviana, el general Alfredo Ovando Candía. Esta empresa logística comenzó transportando harina, algodón, estaño y café, pero pronto se pasó a un cargamento mucho más provechoso: drogas y armas. La fuente de la mayoría de estas armas, incluyendo lanchas militares, tanques y aviones de combate, enviadas por Barbie y Schwend a regímenes de todo Sudamérica, era una empresa con sede en Bonn llamada

Merex estaba controlada por otro antiguo nazi protegido por los EEUU: el coronel Otto Skorzeny, el paracaidista favorito de Hitler y el hombre que había rescatado a Benito Mussolini de prisión. Durante el momento álgido de la Contra, la operación de Oliver North lograría que Merex cerrase un acuerdo armamentístico de dos millones de dólares, subrayando así la continuidad de las alianzas con nazis en todas las agencias estadounidenses: desde la Inteligencia Militar a la OSS, la CIA y el Consejo de Seguridad Nacional de Reagan. Al menos una de las personas vinculadas a Transmaritania era un agente de la CIA: Antonio Arguedas Mendieta, quien sirvió como ministro del Interior durante el régimen de Barrientos y había estado en nómina de la CIA durante muchos años cuando comenzó a hacer negocios con Barbie.


Un año después de que Barrientos asumiese el poder, el Che Guevara desapareció del radar de la CIA. El director de la CIA, Richard Helms, creía que el revolucionario había sido asesinado después de una ruptura con Fidel Castro tras la encendida defensa del Che de mantener una línea revolucionaria en un momento en el que Fidel estaba moderando su retórica. Helms se equivocaba. El Che había pasado más de un año en las junglas del Congo, ayudando a orquestar un movimiento revolucionario para derrocar al dictador Mobutu, instalado por la CIA. Más tarde, en 1967, agentes de la CIA supieron que el Che estaba encabezando una revolución entre los campesinos en los Andes bolivianos. Un escuadrón especial de agentes de la CIA y boinas verdes fue enviado a La Paz. Cuatro de los nuevos asesores eran veteranos cubanos de anteriores planes de la CIA contra el Che y Castro, incluyendo a Aurelio Hernández y Félix Rodríguez.

En este momento crítico, la CIA, una vez más, acudió a Barbie en busca de ayuda. Actuando a través de intermediarios del gobierno de Barrientos, como Ovando Candía y Arguedas, la agencia abrió un conducto que duraría todos los años setenta con Barbie, quien enviaba un flujo constante de información a sus responsables en Langley. Es casi seguro que Barbie, con su proximidad con el general Ovando Candía, jugó un papel a la hora de rastrear y asesinar al Che.

Tal y como hacían los nazis, el general Ovando Candía exigió una prueba de la identidad del Che después de que hubiese sido fusilado por órdenes de Barrientos. El general originalmente ordenó que se decapitase al Che y se enviase su cabeza a La Paz. Félix Rodríguez, el hombre de la CIA que robó el reloj del Che y una bolsa de tabaco para su pipa de su cadáver, afirma que persuadió al general de que hacer algo así sería contraproducente. Ovando cedió, ordenando en su lugar que se amputasen las manos del Che y se embalsamasen. Su cuerpo fue enterrado cerca de una pista de aterrizaje en Vallagrande, y exhumado y retornado a Cuba en 1997.

Las manos preservadas del Che y su diario terminaron finalmente en posesión del ministro del Interior (y agente de la CIA) Antonio Arguedas. Pero en 1968 Arguedas desertó del régimen de Barrientos, hizo público secretamente el diario del Che de su campaña boliviana y huyó a Cuba con las manos embalsamadas del líder guerrillero.

***

En 1969 Barrientos falleció cuando su helicóptero de Gulf Oil se estrelló en circunstancias sospechosas. Su muerte allanó el camino a la corta presidencia del general Ovando Candía. El gobierno de Ovando Candía duró menos de un año antes de que perdiese unas elecciones contra el general nacionalista Juan José Torres. Torres liberó a los camaradas del Ché Régis Debray y Ciro Bustos de la prisión e hizo arriesgadas aperturas al gobierno chileno de Salvador Allende y a la Cuba de Castro. Su gobierno también expropió tierras propiedad de empresas extranjeras, incluyendo las lucrativas concesiones mineras controladas por Gulf Oil.

Por su papel a la hora de ayudar en el complot para el sangriento golpe de Banzer, Barbie fue nombrado coronel honorario y se convirtió en un asesor remunerado del Ministerio del Interior

Este cambio en los acontecimientos no fue bien recibido por la CIA, que tanto había invertido en Bolivia. Se planificó otro golpe. En esta ocasión el general elegido fue Hugo Banzer Suárez, un hombre entrenado por el ejército estadounidense en Fort Hunt en la llamada Escuela de Golpes (la Escuela de las Américas) en Panamá. Banzer se demostró como un estudiante aplicado y ganó la Orden del Mérito Militar del Ejército de EEUU. También era un viejo conocido de Klaus Barbie, quien desempeñó un rol crucial en este golpe.

El golpe contra el presidente Torres tuvo lugar en agosto de 1970. Una semana antes Torres había planificado viajar a Santiago de Chile para reunirse con Allende. Incluso para lo que se había vivido en Bolivia, el derrocamiento del gobierno de Torres fue notorio por su extrema violencia y por los esfuerzos que el nuevo régimen adoptó para erradicar a los elementos izquierdistas del país. Se clausuraron las universidades, consideradas como “semilleros” de radicalismo, los mineros de estaño fueron nuevamente reprimidos y más de 3.000 sindicalistas y militantes de la izquierda fueron arrestados para su interrogatorio y “desaparecidos”. La embajada soviética fue clausurada y se enfriaron las relaciones con Cuba y Chile. Gulf Oil fue generosamente compensada por sus activos expropiados.

Barbie justificó la naturaleza violenta del golpe de Banzer al periodista brasileño Dantex Ferreira sosteniendo que las simpatías izquierdistas de Torres suponían una amenaza para toda América del Sur. “Lo que Bolivia hizo en el 67 para defenderse contra un golpe del Che Guevara fue condenado en muchos lugares del mundo”, aseguró Barbie. Por su papel a la hora de ayudar en el complot para el sangriento golpe de Banzer, Barbie fue nombrado coronel honorario y se convirtió en un asesor remunerado de tanto el Ministerio del Interior como del notorio Departamento 7, el ala de la contrainsurgencia del Ejército boliviano. Ambas instituciones fueron penetradas y financiadas a fondo por la CIA. Es más, tanto los registros de la CIA como del ejecutivo boliviano muestran que Barbie pasó información a la CIA sobre personas sospechosas de ser agentes soviéticos y cubanos en América del Sur. Barbie también envió a Langley copias de documentos que robó de la embajada peruana e información sobre las operaciones de la agencia de inteligencia chilena, la DINA.

Un informe boliviano de Barbie se deshace en elogios sobre su servicio para el gobierno de Banzer: “Uno de los aspectos más importantes del trabajo de Barbie fue asesorar a Banzer sobre cómo adaptar de manera efectiva al ejército para la represión interna más que para la agresión externa. Muchas de las características del ejército, que más tarde se convertirían en norma, fueron desarrolladas por primera vez por Barbie a comienzos de los setenta. El sistema de campos de concentración… se convirtió en una norma para destacados prisioneros políticos y militares.”

Los nazis siguieron asesorando a la policía secreta militar sobre métodos de interrogatorio a prisioneros, que parece que no evolucionaron demasiado desde los días de Barbie en Lyon. “Con Barbie, ellos [el ejército boliviano] aprendieron a usar las técnicas de la electricidad y el empleo de la supervisión médica para mantener al sospechoso con vida hasta que habían terminado con él.”

El gobierno boliviano pagó a Barbie 2.000 dólares al mes por sus servicios de asesoramiento. Pero esto suponía una pequeña parte de sus ingresos, ya que también obtenía enormes beneficios de la venta de armas al ejército boliviano. Muchas de estas compras se pagaron utilizando fondos proporcionados por el ejército estadounidense, que respaldaba económicamente a las fuerzas armadas bolivianas.

***

Los setenta fueron una década dulce para Barbie, quien daba numerosas charlas sobre el nuevo fascismo suramericano, a menudo en vigilias a la luz de las velas en los llamados auditorios de Thule, adornados con banderas nazis y demás iconografía del Tercer Reich. Este criminal de guerra también viajaba libremente: durante finales de los sesenta y los setenta, Barbie visitó EEUU al menos unas siete veces e increíblemente también regresó a Francia, donde afirmó haber depositado una corona de flores en la tumba de Jean Moulin.

Los sacerdotes y misioneros católicos eran uno de los grupos que Barbie y Banzer persiguieron con especial celo, ya que Banzer creía que habían “sido infiltrados por marxistas”. Se arrestaron a sacerdotes para interrogarlos, y fueron acosados, torturados y asesinados. Uno de los asesinados fue un misionero estadounidense de Iowa llamado Raymond Herman. Esta campaña de represión contra los teólogos de la liberación llegó a ser conocida como el Plan Banzer y fue adoptada con entusiasmo en 1977 por sus socios dictadores de la Confederación Anticomunista Latinoamericana (CAL). Esta campaña de represión también contó con el apoyo de la CIA, que proporcionó información a los hombres de Barbie sobre las direcciones, historiales y textos autorizados por los sacerdotes y sus amigos. Barbie también estuvo estrechamente implicado en la Operación Cóndor patrocinada por EEUU, una especie de asociación comercial de dictadores sudamericanos que unieron sus fuerzas en un intento por aplastar las insurgencias allí donde se levantasen en el continente.

La sorprendente consolidación del poder de Banzer estuvo respaldada por los millones de dos amigos, el industrial nacido en Alemania Eduardo Gasser, por una parte, y el empresario ganadero Roberto Suárez Gómez, por la otra. Pero Suárez también tenía otro negocio: supervisaba uno de los imperios más lucrativos del narcotráfico. El hijo de Gasser, José, se uniría más tarde a Suárez en una empresa valorada en miles de millones de dólares, como lo haría el primo de Hugo Banzer, Guillermo Banzer Ojopi, dos de los generales de Bolivia de mayor rango, el director de la oficina de aduanas de Santa Cruz y el propio Klaus Barbie.

Las armas de los hombres de Barbie las proporcionaba, de manera gratuita, el gobierno de Banzer, quien, a su vez, las había comprado de la empresa de armas de Barbie

La organización criminal de Suárez llegaría a ser conocida como La Mafia Cruceña, y disfrutó del casi monopolio de los campos más productivos de cocaína del mundo: el 80% de la cocaína mundial se originaba en sus plantaciones en el Alto Beni. Suárez era el principal proveedor de hoja y pasta de cocaína al cártel de Medellín y tenía una de las mayores flotas aéreas privadas del mundo, que usaba para transportar la mayor parte de su pasta de cocaína a los laboratorios colombianos. Los aviones que transportaban la cocaína despegaban de un aeródromo privado de perteneciente a la red de Suárez. El resto de la pasta de cocaína se enviaba a Colombia mediante la empresa de Barbie, Transmaritania.

A medida que la operación de Suárez crecía para convertirse en un imperio valorado en miles de millones de dólares, éste acudió a Barbie para que le ayudase con sus florecientes problemas de seguridad. Barbie reunió diligentemente a su banda de narcomercenarios, que el nazi había bautizado como 'Los novios de la muerte'. Entre sus filas había dos antiguos oficiales de las SS, un terrorista supremacista de Rhodesia y Joachim Fiebelkorn, un neofascista de Frankfurt.

Barbie asignó quince guardaespaldas a Suárez para que vigilasen todos sus pasos. Se aseguró de que los clientes colombianos pagasen sus pedidos y envió a bandas armadas de 'Los novios de la muerte' en incursiones en la jungla para destruir las operaciones de narcotraficantes rivales. Las armas de los hombres de Barbie las proporcionaba, de manera gratuita, el gobierno de Banzer, quien, a su vez, las había comprado de la empresa de armas de Barbie.

En 1978 el secretario personal de Banzer, su yerno, su sobrino y su esposa fueron arrestados por tráfico de cocaína en EEUU y Canadá

A mediados de los setenta la economía boliviana estaba en ruinas. Banzer, siguiendo el consejo de su buen amigo de Santa Cruz, Roberto Suárez, pergeñó un atrevido plan para salvar a Bolivia: ordenó que en los campos de algodón que atravesaban dificultades económicas se plantase coca. Entre 1974 y 1980 el territorio destinado a la producción de cocaína se triplicó, llevando a un agente de la DEA a observar que “alguien ahí ha plantado un montón de plantas.” Este enorme incremento en el suministro hizo que el precio de la cocaína cayese con fuerza, alimentando un nuevo mercado, y, con él, el auge de los cárteles de Colombia. Mientras el precio en la calle de la cocaína en 1975 era de 1.500 dólares por gramo, en 1986 había caído a los 200 euros por gramo.

“Los líderes del ejército boliviano comenzaron a exportar cocaína y pasta base como si fuese un producto legal, sin ninguna pretensión de control de narcóticos”, recordaba un antiguo agente de la DEA, Michael Levine. “Al mismo tiempo, hubo una tremenda subida de la demanda desde EEUU. La dictadura boliviana se convirtió rápidamente en la fuente primaria de suministro de los cárteles colombianos, que se formaron durante este período. Y los cárteles, a su vez, se convirtieron en los principales distribuidores de cocaína en todos los EEUU. Éste fue realmente el comienzo de la explosión de la coca en los ochenta.”

La comisión de Banzer en el narcotráfico ascendía supuestamente a varios millones de dólares anuales. Era una empresa que compartía con su familia y con sus amigos. En 1978 el secretario personal de Banzer, su yerno, su sobrino y su esposa fueron arrestados por tráfico de cocaína en EEUU y Canadá. Avergonzado por estas revelaciones, Banzer dejó el cargo en 1978 y prometió elecciones libres en 1979. A pesar de la extensión del fraude y la intimidación a los votantes, los partidos de derechas perdieron, sin esperarlo, las elecciones, un hecho que precipitó el infame golpe de la cocaína en 1980.

Esta vez los conspiradores estuvieron dirigidos por el general Luis Arce Gómez, el primo de Roberto Suárez, y su socio, el general Luis García-Meza. Arce Gómez, entonces jefe de la agencia de inteligencia militar del Ejército de Bolivia, había estado usando al ejército para asistir el negocio de Suárez con la cocaína desde comienzos de los setenta. A la hora de planificar el golpe, Arce Gómez solicitó los servicios de su viejo amigo, el hombre al que llamaba “mi maestro”: Klaus Barbie. La CIA estaba informada de los acontecimientos que llevaban al golpe y, lo que es más, había recibido una cinta de audio de una reunión de planificación en la que participaban Arce Gómez, Roberto Suárez y Klaus Barbie.


Para ayudar a la causa, Barbie reclutó la ayuda del terrorista italiano Stefano “Alfa” Delle Chiaie. En aquel momento Delle Chiaie estaba en búsqueda y captura tras el asesinato en Washington D.C. del chileno Orlando Letelier a manos de un socio del italiano, Michael Townley, el agente estadounidense empleado por la policía secreta de Pinochet. Delle Chiaie trajo consigo a Bolivia un grupo de 200 terroristas argentinos, veteranos de la “guerra sucia”. En un guiño a los asesinos de William Colby en Vietnam, Delle Chiaie llamó a su banda de sicarios “los comandos Fénix”.

Delle Chiaie tenía sus propios vínculos con la CIA, que se remontaban a finales de la Segunda Guerra Mundial. El joven italiano, que se había labrado una carrera en las bandas callejeras de Roma y Nápoles, se había convertido en el protegido del conde Junio Valerio Borghese, el fascista italiano conocido como “el príncipe negro”. Borghese había dirigido el aparato de inteligencia de Mussolini y dado caza y asesinado a miles de combatientes de la resistencia italiana. A finales de la guerra Borghese fue capturado por los comunistas italianos, que querían ejecutar al carnicero por sus crímenes. Pero el legendario agente de la CIA James Jeus Angleton, entonces en el OSS, al conocer el destino que pesaba sobre “el príncipe negro”, acudió presto a Milán y salvó a Borghese del pelotón de ejecución. “El príncipe negro” se pasó unos meses en prisión y luego pasó a trabajar en la campaña de la CIA para suprimir a la izquierda italiana.

Delle Chiaie fue reclutado de su banda callejera por el grupo neofascista P-2, en el que intimidó a comunistas italianos, inició una serie de atentados con bomba y, en 1969, planificó un golpe de estado contra el gobierno italiano. Cuando el golpe fracasó, Delle Chiaie y Borghese huyeron a la España de Franco, donde supervisaron ataques encubiertos contra los independentistas vascos. Desde Madrid, Delle Chiaie relanzó su carrera como consultor internacional sobre terrorismo de extrema derecha, prestando sus servicios a Jonas Savimbi, el líder de las fuerzas de la UNITA en Angola apoyadas por la CIA, José López Rega, el arquitecto de los escuadrones de la muerte de Argentina, y al dictador chileno que la CIA ayudó a llegar al poder, Augusto Pinochet.


El 17 de julio de 1980 tuvo lugar el golpe de la cocaína en Bolivia. Los periódicos y estaciones de radio progresistas fueron bombardeados, las universidades fueron clausuradas y las tropas enmascaradas de Barbie y Delle Chiaie, armadas con ametralladoras, barrieron las calles de La Paz disparando desde ambulancias. Convergieron en el centro de la resistencia, el edificio de la COB, la sede del sindicato nacional de Bolivia. Dentro se encontraba Marcelo Quiroga, un líder sindicalista recientemente elegido como diputado y que había llamado a una huelga general. Las puertas fueron dinamitadas y 'Los novios de la muerte' entraron abriendo fuego. Quiroga fue rápidamente encontrado y abatido. Gravemente herido, él y decenas de sindicalistas fueron llevados a los cuartales del ejército, donde fueron golpeados y torturados con electricidad, como había impartido Barbie. Las mujeres fueron violadas. El cadáver de Quiroga fue encontrado tres días después en las afueras de La Paz, repleto de disparos, golpeado, quemado y castrado.

El 25 de enero de 1983 Barbie fue arrestado y después entregado a los franceses. Fue extraditado a Francia, donde fue juzgado y encarcelado en la prisión de Montluc

Al día siguiente el general García-Meza prestó juramente como nuevo presidente de Bolivia. Sin demora, nombró al general Arce Gómez ministro del Interior. Barbie fue elegido como jefe de las fuerzas de seguridad internas de Bolivia y a Delle Chiaie se le asignó la tarea de asegurar el apoyo internacional al régimen, que vino rápidamente de Argentina, Chile, Sudáfrica y El Salvador.

En las semanas siguientes al golpe, miles de líderes de la oposición fueron detenidos y llevados al mayor estadio de fútbol de La Paz. Siguiendo el precedente de Argentina, fueron fusilados en masa y sus cadáveres fueron arrojados en los ríos y barrancos de fuera de la capital. Los Novios de la Muerte comenzaron a vestirse con uniformes confeccionados imitando los de las SS y Arce Gómez y Barbie los movilizaron para suprimir “la delincuencia organizada”.

En una muestra de apoyo a la guerra internacional contra las drogas, el nuevo régimen boliviano inició rápidamente una campaña contra del narcotráfico. Barbie fue nombrado su supervisor. La operación tenía tres objetivos: suavizar las críticas de EEUU y la ONU al papel de Bolivia en el narcotráfico, eliminar a 140 rivales del monopolio de Suárez y suprimir despiadadamente a los opositores políticos al régimen. Durante el siguiente año se estima que los generales implicados en el negocio de la cocaína se embolsaron unos dos mil millones de dólares en el narcotráfico. Al final la situación en Bolivia se volvió tan escandalosa que los patrocinadores del régimen en EEUU decidieron retirarle su apoyo. García-Meza fue obligado a dimitir en agosto de 1981 y abandonó Bolivia como un hombre rico, consolidando la posición de su país como principal proveedor de cocaína.

Barbie y Delle Chiaie permanecerían en Bolivia otro año y medio. La policía italiana y la DEA estadounidense habían planeado una operación para capturar a Delle Chiaie en 1982, pero éste había huido de Bolivia después de ser alertado por un contacto suyo de la CIA. El 25 de enero de 1983 Barbie fue arrestado y después entregado a los franceses. Fue extraditado a Francia, donde fue juzgado y encarcelado en la prisión de Montluc, el escenario de muchos de sus crímenes. Después de su arresto, Barbie fue preguntado por un periodista francés si tenía algún tipo de remordimiento. “Personalmente, no tengo remordimientos”, contestó, “si hubo errores, hubo errores. ¿Pero un hombre ha de tener una línea de trabajo, no?”

El propio Roberto Suárez anunció en 1989 que “desde las elecciones de 1985 todos los políticos del país han participado en la cocaína”

Pero mientras Barbie languidecía en prisión, el imperio de la cocaína que había ayudado a construir prosperaba. Es más, después de que los cerebros del golpe de la cocaína hubiesen huido, la situación se deterioró. La cantidad de cocaína producida en Bolivia se disparó de las 35.000 toneladas métricas anuales en 1980 a las 60.000 toneladas métricas anuales a finales de los ochenta. Casi toda la producción estaba destinada a la venta en EEUU. La cocaína ascendía al 30% del PIB del país. En 1987 Bolivia ingresaba tres mil millones de dólares anuales por la venta de cocaína, más de seis veces el valor del resto de sus exportaciones. En 1998 se estimaba que 70.000 familiares bolivianas dependían del cultivo de la coca a pesar de que ganaban menos de 1.000 dólares anuales por su arduo trabajo. “Si el narcotráfico desapareciese de la noche a la mañana habría un desempleo rampante”, comentó Flavio Machicado, un antiguo ministro de Finanzas de Bolivia, “habría protestas y violencia abierta.”

En los ochenta, la DEA y la CIA viajaron a Bolivia para entrenar y armar a las tropas de choque de Bolivia contra el narcotráfico, los Leopardos. Pronto se descubrió que muchos de los Leopardos habían comenzado una asociación fructífera con los plantadores de coca y los narcotraficantes. Una investigación del Congreso estadounidense de 1985 descubrió que “no se ha erradicado ni una sola hectárea de cocaína desde que EEUU estableció su programa de asistencia contra el narcotráfico en 1971”. Tampoco es que a la CIA le importase demasiado, porque los Leopardos apuntaban sus armas a los insurgentes indígenas. El nivel de corrupción oficial apenas se redujo tras la salida de Barbie, Arce Gómez y García-Meza. Un informe de 1988 del GAO describió “un nivel de corrupción sin precedentes, que se extiende a virtualmente todos los niveles del gobierno y la sociedad bolivianas.” El propio Roberto Suárez anunció en 1989 que “desde las elecciones de 1985 todos los políticos del país han participado en la cocaína”. Su comentario volvió a ser relevante para el país en 1997, cuando su antiguo socio Hugo Banzer volvió a asumir la presidencia de Bolivia.

Como hemos visto, la carrera de Klaus Barbie –quizá de manera más clara que la de otros– ilumina la conducta monstruosa de la CIA y los imperios de la droga que ésta ayudó a engendrar y proteger. Cabe destacar, una vez más, que una conducta como ésta no surgió de una agencia “insubordinada”, sino que ha sido, desde siempre, la expresión de la política gubernamental estadounidense.

Sobre el reportaje
Este reportaje tiene su origen en una serie de artículos que escribí para la edición impresa de CounterPunch y otras revistas noroccidentales hoy extintas, Ilium's Burning (sobre la red Gehlen) y Pseudotsuga (sobre la 'Operación paperclip'), sobre el reclutamiento de agencias de inteligencia estadounidenses y el empleo de criminales de guerra nazis tras la Segunda Guerra Mundial. Posteriormente aparecieron editados en el libro Whiteout: the CIA, Drugas and the Press (Verso, 1998). Buena parte de los documentos sobre la relación de Klaus Barbie con las agencias de inteligencia estadounidenses proceden del elaborado informe de Allan Ryan para el Departamento de Justicia de EEUU, cuyas conclusiones, pese a todo, son un blanqueamiento de esa colaboración. Ryan afirma increíblemente que Barbie sólo era un criminal de guerra nazi al que las agencias de inteligencia estadounidenses ayudaron a escapar de Europa, y sostiene que EEUU no tuvo ningún contacto con Barbie tras su llegada a Sudamérica. Ambas afirmaciones son ridículas. Tres libros sobre la carrera de Barbie como nazi y al servicio de los servicios de inteligencia estadounidense indispensables son Klaus Barbie de Tom Bower, The Nazi Legacy de Manus Linklater y Neal Ascherson, y Klaus Barbie de Erhard Dabringhaus (uno de los responsables de Barbie en el aparato de inteligencia estadounidense). El épico documental de Marcel Ophuls Hotel Terminus: la vida y época de Klaus Barbie también fue una fuente importante a la hora de redactar este texto. El comercio de Bolivia con la cocaína está puntillosamente detallado en Cocaine Wars , de Paul Eddy. Michael Levine proporciona un relato estremecedor del golpe de la cocaína de 1980 en su libro, The Big White Lie . Drug War Politics de Eve Bertram y otros es la mejor recolección que he encontrado sobre los fracasos de la política estadounidense contra el narcotráfico desde Reagan para los países de América Latina y para los propios EEUU. Traducido por Àngel Ferrero con permiso del autor.
Memoria histórica
‘Stolpersteine’, una piedra en el camino contra el olvido del genocidio nazi

Rainer Stach trabaja en el Centro de Documentación sobre el Nacionalsocialismo en Colonia. Visita Madrid para participar en los homenajes realizados a víctimas republicanas que huyeron a Francia y fueron posteriormente capturadas por los nazis y llevadas al campo de concentración de Mauthausen.

Ucrania
De Stepan Bandera a los banderovtsy
Una exhaustiva biografía de Grzegorz Rossoliński-Liebe recientemente publicada en español por la editorial Dirección Única analiza la vida y la trayectoria política del dirigente fascista y el culto que se ha generado en Ucrania en torno a su figura.
Historia
“Entrar a la Dirección General de Seguridad era entrar al infierno”
El historiador asturiano ha vuelto a investigar la violencia policial durante el Franquismo. En su nuevo libro, se centra en el edificio de la Puerta del Sol que fue el kilómetro cero de la represión contra movimientos políticos y sociales.
Extrema derecha
La vida de Emilio Hellín en el Paraguay de Stroessner
En los años 80, decenas de militantes españoles de extrema derecha, muchos de ellos de Fuerza Nueva y buscados por la justicia, huyeron a Paraguay, donde el régimen de Alfredo Stroessner les dio cobijo. El asesino de Yolanda González fue uno de ellos. ¿Hasta qué punto Hellín y el resto de españoles afincados en Paraguay participaron en el aparato represivo de una de las últimas dictaduras fascistas del Cono Sur?
Opinión
El “fin de ciclo” progresista y sus derivas
¿Hay un “There is no alternative” populista? ¿Es hoy el repliegue bajo la forma del “mal menor” de turno, una vez más, la cara estratégica de un oficialismo frágil que enfrenta a un enemigo construido no solo como menos frágil, sino inmensamente poderoso?
Fascismo
Gladio, una historia de contrasubversión

Encargada de domesticar a líderes ambiciosos como François Mitterrand, Willy Brandt y Olof Palme, la red Gladio —nombre en clave para el proyecto Stay Behind— fue una incursión del departamento de Estado de EE UU en el contexto de la Guerra Fría.

Fascismo
Historia de un neonazi alemán y su fortín de Alicante

El exlegionario alemán Joachim Fiebelkorn, uno de los neonazis más temidos de la segunda mitad del siglo XX, investigado por una masacre en Italia y odiado en Bolivia por su papel como colaborador de la dictadura junto al capitán de la Gestapo Klaus Barbie, tiene un fortín en Alicante donde es arropado por guardias civiles, militares y camaradas legionarios. Le visitamos.

Historia
“Che Guevara ha tenido dos vidas: la que realmente vivió, y la que se le otorgó tras su muerte”
94 años desde el nacimiento de Ernesto Che Guevara, el profesor de la Universidad de Buckingham, especialista en política, relaciones internacionales y la historia de Cuba, analiza el pensamiento del líder revolucionario, su rol durante la Revolución cubana e incluso tras su muerte para mantener las ideas socialistas en la isla.
Memoria histórica
Breve historia de la contrasubversión (1967-2018)
El nacimiento de los servicios secretos durante el franquismo se planteó como una forma de infiltrarse y provocar a organizaciones consideradas subversivas. Las consecuencias de ese modelo todavía se aprecian en cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado.
Transición
Batallón Vasco Español, Madrid, año 1980

Se cumplen cuatro décadas del año en el que la extrema derecha asesinó más en España desde la llegada de la democracia. El asesinato de Yolanda González condensa las incógnitas en torno a la connivencia entre los ultras, la guerra sucia contra ETA y sus enlaces y superiores en los Cuerpos de Seguridad del Estado.

Cargando valoraciones...
Comentar
Informar de un error
Es necesario tener cuenta y acceder a ella para poder hacer envíos. Regístrate. Entra na túa conta.
Cargando...
Cargando...
Comentarios

Para comentar en este artículo tienes que estar registrado. Si ya tienes una cuenta, inicia sesión. Si todavía no la tienes, puedes crear una aquí en dos minutos sin coste ni números de cuenta.

Si eres socio/a puedes comentar sin moderación previa y valorar comentarios. El resto de comentarios son moderados y aprobados por la Redacción de El Salto. Para comentar sin moderación, ¡suscríbete!

Cargando comentarios...