La resistencia contra los centros de datos: vecinos y ayuntamientos plantan cara a las multinacionales

Con la promesa de desarrollo y puestos de trabajo, en muchas zonas con problemas de despoblación se están proyectando macrocomplejos de centros de datos que consumen una enorme cantidad de electricidad, despilfarran miles de litros de agua y amenazan con convertirse en un nuevo pelotazo inmobiliario que destroza el medioambiente.
Centro de datos BCN
Centro de datos en Barcelona.
20 ago 2026 06:10

Lo llaman “la nube”, pero no es ningún lugar etéreo y abstracto que flota en el cielo y almacena datos por arte de magia. La nube son miles de millones de discos duros encendidos simultáneamente las 24 horas del día y los 365 días del año que, básicamente, contienen todo Internet. La nube, lejos de ser esponjosa y ligera, también consume una cantidad descomunal de electricidad y suele estar refrigerada por miles de litros cúbicos de agua, en muchos casos potable.

La explosión de la IA generativa en los últimos años ha provocado que las multinacionales tecnológicas se lancen a construir centros de datos para abastecer la nueva demanda, y uno de sus destinos más deseables es España. En concreto, zonas de regiones como Castilla-La Mancha o Aragón, donde abundan el suelo urbanizable y las nefastas consecuencias de la despoblación.

Bajo la promesa del desarrollo, el progreso y la inversión de millones de euros, varios gobiernos autonómicos están priorizando y agilizando la construcción de estos centros de datos en sus territorios. No obstante, algunos ayuntamientos, junto a vecinos y asociaciones ecologistas, están dando la batalla judicial para impedir que estos proyectos lleguen a sus pueblos debido al enorme impacto que tienen en los recursos naturales, la salud y el medioambiente.

Atajos urbanísticos y poca información

Las zonas de la España rural donde se levantan macroproyectos de este tipo “son zonas de sacrificio donde van recayendo los daños que deja el capitalismo, sin que a las multinacionales les importen ni las vidas ni la salud de la gente que vive en ellas”, declara Aurora Gómez Delgado, portavoz de Tu nube seca mi río, un colectivo que visibiliza el impacto ambiental y social que tienen las grandes infraestructuras digitales.

Gómez señala, además, que casi todos los macroproyectos de la España vaciada están ligados entre sí, ya que, por ejemplo, para producir los microprocesadores de los centros de datos hacen falta minerales raros, y no es casualidad que este tipo de minería haya resurgido en España durante los últimos años.

En 2024 el Gobierno de Aragón declaró de interés autonómico y general un proyecto de centros de datos de Amazon que incluye la construcción de estas instalaciones en varios municipios de la región, además de infraestructuras eléctricas y de abastecimiento de agua. El Gobierno autonómico está tramitando estos proyectos mediante Planes de Interés General (PIGA), una figura urbanística que acelera los trámites para construir instalaciones consideradas de interés para la comunidad autónoma.

El PIGA “ya se ha usado antes con pistas de esquí, macroproyectos de renovables y macrogranjas. Bajo el pretexto de agilizar los proyectos de inversión, los diferentes gobiernos de Aragón han ido usado el PIGA para impulsar la idea de moda en cada momento y minimizar los procesos de participación que prevén otras normas”, detallan desde Acción Pública para la Defensa del Patrimonio (APUDEPA).

El hecho de que proyectos de gran envergadura como los centros de datos tengan un tiempo reducido de información pública se suma a los problemas que ya tienen los pequeños municipios para responder a todos los procedimientos que les afectan

En la asociación aragonesa critican que el hecho de que proyectos de gran envergadura como los centros de datos tengan un tiempo reducido de información pública se suma a los problemas que ya tienen los pequeños municipios para responder a todos los procedimientos que les afectan, “dado que gran parte del tejido asociativo aragonés es sin ánimo de lucro y tiene escasos recursos para revisar de urgencia ese nivel de documentación”, destacan.

En APUDEPA también se quejan de que los proyectos “a menudo se publican en fechas como agosto o navidades, los promotores tienen poco interés en dar una información que realmente permitan a la sociedad valorar los proyectos, sobre todo cuando incluyen expropiaciones”.

Pueblos pequeños contra gigantes de Silicon Valley

Con menos de 5.000 habitantes, Villanueva de Gállego (Aragón) es pionero en plantarle cara a Amazon. A finales de 2025 su ayuntamiento abrió un frente judicial contra el proyecto de centro de datos —que debía ocupar unas 84 hectáreas—. El consistorio presentó un recurso contencioso-administrativo contra la aprobación del PIGA, alegando que las repercusiones económicas del proyecto serían negativas para las arcas municipales.

Una de las reclamaciones económicas planteadas por el municipio tiene que ver con el Impuesto sobre Construcciones, Instalaciones y Obras (ICIO). De aplicarse la exención fiscal prevista por el PIGA, Villanueva de Gállego calcula que dejaría de ingresar unos 23 millones de euros. “A menudo se otorgan exenciones de impuestos locales a las empresas, y muchos promotores tiene su sede fiscal fuera de Aragón, lo que reduce la aportación a la economía local”, explican desde APUDEPA.

El enfrentamiento en Aragón no se limita a Amazon. Microsoft tiene proyectados tres campus de centros de datos en otros pueblos como La Muela (6.700 habitantes) o Villamayor de Gállego (2.800 habitantes)

El enfrentamiento no se limita a Amazon. Microsoft tiene proyectados tres campus de centros de datos en otros pueblos como La Muela (6.700 habitantes) o Villamayor de Gállego (2.800 habitantes). El Gobierno aragonés ya aprobó en 2025 el PIGA para estas instalaciones, que ocuparán casi 300 hectáreas. En enero de este año, varias organizaciones ecologistas y asociaciones vecinales y de defensa del territorio protestaron contra el proyecto haciendo hincapié en los aspectos ambientales —básicamente el impacto en los recursos hídricos de los pueblos—.

A pocos kilómetros de Villanueva de Gállego se encuentra La Puebla de Alfindén (6.400 habitantes). El Gobierno aragonés tramita allí un campus de centros de datos promovido por ACS y Benbros Energy. El Ayuntamiento ya ha presentado hasta ocho alegaciones al proyecto, quejándose de que el coste total se dispara desde los 23 millones anunciados a más de 82, y cuestionando las cargas económicas y urbanísticas que recaerían sobre el municipio y los problemas por el abastecimiento de agua.

Castilla-La Mancha es otro de los destinos donde las multinacionales de Silicon Valley han puesto el foco. Vianos (Albacete) apenas supera los 400 habitantes, y allí se ha planeado un centro de datos de inteligencia artificial de 300 MW

Castilla-La Mancha es otro de los destinos donde las multinacionales de Silicon Valley han puesto el foco. Vianos (Albacete) apenas supera los 400 habitantes, y allí se ha planeado un centro de datos de inteligencia artificial de 300 MW sobre una superficie cercana al millón de metros cuadrados (el equivalente a 140 campos de fútbol).

“Estamos asistiendo a un nuevo colonialismo que tiene como víctima a la España interior y la España vaciada, que curiosamente es la España que está prestando servicios ecosistémicos al resto”, afirma Toni Jorge, portavoz de Ecologistas en Acción de La Manchuela (Albacete y Cuenca). “Nos están invadiendo todo tipo de industrias de alto impacto que solo vienen a beneficiar a unas pocas empresas en manos de tecnofascistas”, añade.

El proyecto de Vianos, explica Jorge, es de los más grandes de España y está proyectado en una zona sensible de la sierra de Segura, a escasos kilómetros de Alcaraz y al lado del río Guadalmena. Desde Ecologistas critican que se venda como un proyecto adiabático (el sistema no intercambia calor con el exterior), y no se hayan especificado cuáles serán los sistemas de refrigeración. También apuntan a que el macrocentro se va a nutrir de la energía generada por 8 turbinas alimentadas con gas natural procedente de enormes depósitos de gas licuado que pueden consumir entre 100 y 150 millones de metros cúbicos al año.

En cuanto a las promesas de empleo, Jorge incide en que “de esta inversión no va a haber retorno alguno al territorio, y los beneficios se van a ir fuera, junto con las ayudas públicas que van a recibir”. El activista explica que la ratio de empleo generada es de 0,2 a 0,3 empleados por MW debido al alto nivel de automatización de los centros de datos. “Literalmente son un pufo para la zona dónde se implantan y no se entiende cómo la Administración se alinea de manera tan descarada con los intereses de las grandes tecnológicas”.

“A pesar de todas las advertencias sobre el futuro de los recursos hídricos en el escenario del cambio climático, Europa y España continúan con su carrera suicida para no quedarse atrás en una tecnología que no va a aumentar el bienestar de la población”

En época de sequía, el caudal del río Segura y sus afluentes baja hasta la emergencia hídrica. Toni Jorge señala que la demanda de los centros de datos se añade a las de la agricultura, la ganadería y el consumo urbano. “A pesar de todas las advertencias sobre el futuro de los recursos hídricos en el escenario del cambio climático, Europa y España continúan con su carrera suicida para no quedarse atrás en una tecnología que no va a aumentar el bienestar de la población”, admite.

Tanto Ecologistas en Acción como el Grupo de Acción Local Sierra del Segura ya han anunciado que emprenderán acciones contra el proyecto. De momento, la Consejería de Desarrollo Sostenible de la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha insiste en que el proyecto aún se encuentra sometido a un procedimiento de evaluación ambiental.

Otro proyecto de centro de datos en Torrelobatón (Valladolid)

En Castilla y León se ha abierto otro frente de oposición a los centros de datos. Varios vecinos de la comarca de los Montes Torozos ha iniciado una campaña de movilización contra el proyecto de construcción de un centro de datos en Torrelobatón (Valladolid, menos de 400 habitantes) por parte de la empresa DC Mudarra S.L.U. Su principal preocupación es, de nuevo, el “expolio de los recursos hídricos” de la zona.

La memoria del propio proyecto asegura que el sistema de refrigeración necesitará un llenado inicial de más de 1.400 metros cúbicos de agua, y después continuará habiendo “aportaciones”, aunque aclara que serían “mínimas”. El pliego del proyecto también detalla que al año, el centro de datos consumirá unos 6.000 metros cúbicos de agua, aunque los vecinos dicen que esta cifra es engañosa, ya que los sistemas de refrigeración evaporativa requieren un consumo de agua continuo.

Este centro ocupará entre 120 y 250 hectáreas, y hay temor de que afecte al sistema de drenaje y recarga de aguas subterráneas de la comarca

“Lo que más nos preocupa es que el medio rural, y en particular la zona de los Montes Torozos, termine de ser expoliada hasta el punto de ser inhabitable”, comenta Sofía Corral Alonso, impulsora de la recogida de firmas contra el proyecto en Torrelobatón. Corral menciona que para las empresas de la IA “es más sencillo ir a zonas donde hay tan poca densidad de población que piensan que nadie va a luchar contra ello, o que no vamos a leernos las 500 hojas del proyecto”.

Como es habitual, cerca del complejo será necesario construir otra infraestructura energética para producir los más de 2.000 GWh de electricidad que el centro consumirá cada año. Ese centro ocupará entre 120 y 250 hectáreas, y hay temor de que afecte al sistema de drenaje y recarga de aguas subterráneas de la comarca. Los vecinos movilizados aclaran que esta “central térmica encubierta” contará con casi 100 grupos electrógenos industriales y un almacenamiento de 4.000 metros cúbicos de combustible diésel, y alertan del ruido constante de los generadores y las emisiones de gases contaminantes.

Las promesas de puestos de trabajo por parte de la empresa constructora y del Gobierno de Castilla y León también les suenan a estafa. “Habrá trabajo, pero no para la gente del pueblo”, asegura Corral. “Cuando pusieron molinos de viento en toda esta zona también prometieron muchos puestos de trabajo que, por supuesto, eran para técnicos muy cualificados que trabajan en remoto y que solo se acercan desde las ciudades a solucionar problemas concretos. Nadie de los pueblos de alrededor trabaja en los molinos”, matiza, y añade que “el único trabajo para los de aquí sería como albañiles durante la construcción, y durante muy poco tiempo. Ya sabemos lo rápido que construyen este tipo de centros en cuanto [la consejería de] Medioambiente les da luz verde”.

Beneficios para las empresas, costes para los vecinos

La inversión que las multinacionales y los promotores inmobiliarios prometen tiene detrás una serie de costes que suelen asumir el ayuntamiento del territorio donde se construyen. “Los centros de datos ni fijan población ni generan riqueza local”, incide Aurora Gómez, de Tu nube seca mi río. “[Las multinacionales] planean estos proyectos en zonas envejecidas, donde saben que van a encontrar poca o ninguna capacidad de resistencia.

En Aragón, en algunas expropiaciones para macroproyectos como los de los centros de datos se están pagando dos euros por metro cuadrado a las familias que poseen los terrenos. Gómez afirma que “en estas zonas de sacrificio hay un problema, y es que la gente tiene miedo de que sus pueblos desaparezcan, por lo que su única esperanza es que haya empleo”.

El modelo de negocio de los centros de datos no asegura puestos de trabajo estables y duraderos. De nuevo, en Aragón, de los 1.300 puestos de trabajo que prometieron las empresas de centros de datos acabaron consolidándose entre 30 y 70

Sin embargo, el modelo de negocio de los centros de datos no asegura puestos de trabajo estables y duraderos. De nuevo, en Aragón, de los 1.300 puestos de trabajo que prometieron las empresas de centros de datos acabaron consolidándose entre 30 y 70. Esto se debe a que los proyectos son adjudicados a grandes constructoras y estás pensados para que las obras, y por lo tanto los costes asociados a ellas, solo duren unos cuantos meses.

“La aceptación social de un proyecto debe considerar muchos más factores que únicamente el económico”, insisten desde APUDEPA, y comentan que “no es casualidad que estos proyectos se levanten en zonas pobres y poco pobladas. Muy pocas veces se discute el modelo territorial donde siempre se sacrifica a los mismos para beneficio de unos pocos”.

En concreto, en la organización señalan que mientras los costes y perjuicios recaen sobre zonas despobladas y con poco peso político, el beneficio real de estos proyectos se lo llevan los centros urbanos: “Que una región como Aragón apueste por ese modelo nos traslada los impactos duraderos de proyectos que, a largo plazo, solo benefician realmente a zonas como Madrid y Barcelona”.

“Provocan un agujero económico en los pueblos”, insiste Gómez. “La ciudadanía paga todas las infraestructuras, pero las empresas que las explotan no pagan todos los impuestos”, añade. Por lo tanto, aunque los servicios digitales que alojan son globales, los centros de datos se encuentran en lugares físicos muy concretos que son los que a fin de cuentas sufren las consecuencias.

Gómez apunta que dichas consecuencias “no solo son ruido y falta de agua, sino que los centros de datos consumen tanta energía que afecta a las empresas y la industria de los alrededores”. Esa “gentrificación energética” está ocasionando que en zonas de México, por ejemplo, dejen de funcionar las panaderías, o que en estados como Querétaro empiece a haber desabastecimiento de agua para la población.

Toneladas de agua y muchísima electricidad para alimentar a la IA

La principal preocupación, y el asunto que aglutina el grueso de las críticas son los recursos naturales necesarios para alimentar y enfriar los centros de datos. Los servicios que prestan estas instalaciones son globales, pero sus necesidades de energía y consumo de agua recaen sobre municipios concretos, ya que para funcionar, los centros requieren suelo, conexiones eléctricas, redes de telecomunicaciones y muchísima agua.

En un informe de mayo de este año, la Agencia Europea de Medio Ambiente (AEMA) advierte de que el crecimiento de los centros de datos está aumentando la presión sobre las redes eléctricas, la disponibilidad de suelo y los recursos hídricos, especialmente cuando varias de estas instalaciones se concentran en un mismo territorio. En Europa, los centros de datos ya acaparan el 3% del consumo eléctrico total según la propia agencia.

La Agencia Internacional de la Energía (AIE) calcula que el consumo mundial de electricidad de los centros de datos ha pasado de los 415 TWh de 2024 a acercarse a los 800 y este crecimiento en apenas dos años está impulsado en su mayor parte por la IA

Por su parte, la Agencia Internacional de la Energía (AIE) calcula que el consumo mundial de electricidad de los centros de datos ha pasado de los 415 TWh de 2024 a acercarse a los 800, y este crecimiento en apenas dos años está impulsado en su mayor parte por la inteligencia artificial. La AIE estima que las energías renovables apenas cubren la mitad de este incremento de la demanda eléctrica, el resto continúa saliendo de la quema de combustibles fósiles.

El agua es otro de los puntos de conflicto. Los centros de datos necesitan sistemas de refrigeración para mantener los servidores a una temperatura adecuada y que no se recalienten. Esa refrigeración se basa en el enfriamiento mediante agua, una circunstancia que pone en una situación difícil a aquellas zonas donde ya de por sí escasea.

Además, el consumo de agua no se limita al recinto de los centros de datos. La AEMA distingue entre el agua utilizada directamente para refrigerar los equipos y la empleada indirectamente en la generación de la electricidad que alimenta los centros. Según sus estimaciones, el consumo de agua asociado a estas dos actividades en los centros de datos vinculados a la IA podría alcanzar 1.068 millones de metros cúbicos anuales en 2028, es decir, casi medio millón de piscinas olímpicas.

Pero la huella ambiental tampoco se acaba ahí. El Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente también identifica entre los principales impactos asociados a los centros de datos de IA las emisiones de gases de efecto invernadero, la generación de residuos electrónicos y la utilización de minerales y materias primas críticas.

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