Manolita Chen: de la cáscara amarga de ‘La pared de enfrente’ a pionera andaluza del colectivo LGTBI

El escritor arcense Abraham Guerrero Tenorio publica la novela ‘La pared de enfrente’ (Premio València’) basada en la historia de la artista, empresaria y activista del colectivo LGTBI, Manuela Saborido Muñoz, Manolita Chen, la primera mujer trans en España a la que se le cambió el nombre y el género en el DNI, y la primera en adoptar.
Manolita Chen 01
Manolita Chen portando una bandera Asociación Pasaje Begoña
22 abr 2026 08:00 | Actualizado: 22 abr 2026 13:18

Manuela Saborido Muñoz (Arcos de la Frontera, 1943) es una mujer que ha ido cumpliendo sus sueños. Ha sido una artista reconocida nacionalmente. Ha sido madre de cinco hijos. Ha sido la primera mujer trans en España a la que le cambiaron el nombre y el género en el DNI. Y a sus 83 años de edad, dirige la Fundación Manolita Chen que, entre viarias iniciativas, da cobijo y cariño a 38 personas del colectivo LGTBI víctimas de máxima vulnerabilidad; como en su día, ella lo fue.

“Ahora el sueño que tengo es tener esta fundación y llevar a tanta gente adelante. Ese sueño tan grande… Me he reído mucho. He tenido mis cosas: cuando he estado de vedette, me he reído. He tenido muchos enamorados, novios, queridos, he tenido de tó. ¿Qué te cree que yo soy santa? Yo no he sido puta, ni lo seré. Yo tengo la lucha por las personas que lo necesitan. Y más por las del colectivo. Yo no quiero que ninguna, que yo lo sepa, haya sufrido una parte mía. Esa voy yo a por ella hasta el fin del mundo. Yo he sido una persona que he sufrido mucho. Por mi familia, porque mi familia… Había hermanos que… Y mi madre, pobrecita, que en paz descanse, que es santa. Mi madre es santa. No quería ni me que rozara el aire, ni el sol. Nada. Siempre cuidándome. Pero me decía que ella había tenido un niño, que ella no había tenido una niña. Que ella nunca me iba a decir a mí Manolita. Y se murió sin decirme Manolita. Y era la madre más buena que había en el mundo. Y la lloro cada día. Porque yo he sido muy madrera. Pero su mentalidad era así. Porque ella se crió así. Entonces no lo comprendía. Pero ahora mismo yo comprendo a la pobrecita: era su mentalidad. Era lo que había”, cuenta Manuela Saborido Muñoz ‘Manolita Chen’, a través del teléfono.

“Qué alegría más triste”, dice uno de los últimos renglones de la novela ‘La pared de enfrente’, del escritor y poeta Abraham Guerrero Tenorio (Arcos de la Frontera, 1987) y premio ‘València’ de narrativa en castellano. “En mi adolescencia crecí con la visión de que Manolita solo era una vecina del pueblo a la que habían metido en la cárcel y sobre la que se hacían chistes homófobos, en su mayoría. Un personaje que se prestaba al chiste. Pero cuando vi el documental ‘Manolita, la Chen de Arcos’ (de Valeria Vegas), descubrí muchas cosas”, explica el autor.

“Lo primero, todo lo que había conseguido con su activismo y que era una figura trascendental para entender parte de la sociología del siglo XX español. Y lo segundo, que es lo que más me impulsó a escribir: una voz narrativa poderosísima”, continúa. Y tanto.

“Mira, yo creí que era un estudiante cuando vino a verme. Como vienen tantos chavales de los institutos que los mandan los maestros… Pues yo creí que era otro chaval más de los que vienen. Y yo me decía: Uy este niño de dónde habrá salido. Lo veía cortado… Y mira lo que me ha hecho. Él se quedaba callado para que yo charlara y yo como una cotorra: pom pom pom”, apunta Manolita Chen con todo el ‘age’ que desprende su cuerpo.

Manolita no sabe leer ni escribir; ahora hablar… Dice que tiene seis libros en el mercado, pero que ‘La pared de enfrente’ es el que más gracia le ha hecho: “Porque pone unas cosas muy graciosas mías, que le da mucha vida al libro… ¡A la novela! Que dicen que es una novela. Yo como de esas cosas no entiendo… Sé muchas cosas de la vida, de luchar en la vida. Pero la cultura mía de letras y de libros, no me hable… Yo firmaba con el dedo en la mili… Pero como no pude ir al colegio cuando era chica, porque mi madre me ponía en la escuela, pero a los dos días el profesor le decía a mi madre: María, mira, te tiene que llevar a Manolo, porque los padres se están llevando a los niños, porque dicen que lo que tiene tu Manolo se contagia”.

Manuela cuenta las violencias que arrastra su cuerpo y su memoria como si de una tragicomedia se tratase, o como si fuese la única fórmula que existe para poder seguir palante. “El otro día presentamos el libro en Sevilla, en el CICUS, y mira, tanta gente que había allí… se ponían tristes. Pero después le daba un toque y nos teníamos que reír”, sonríe Manolita.

“Que me perdone Dios, porque yo he sido violada por dos curas”

En ‘La pared de enfrente’, Abraham Guerrero Tenorio mezcla realidad y fábula. “Pocas cosas me parecen más literarias ni más narrativas que el rumor”, señala el autor, quien confiesa que “la novela es más ficción que realidad”. No obstante, destaca que “la investigación ha sido exhaustiva”, entrevistando a Manolita, a Jorge Pérez, vicepresidente de la Fundación Manolita Chen y a Carla Antonelli, política y activista del colectivo LGTBI, y primera diputada trans en España.

Manolita Chen 03
Abraham Guerrero Tenorio autor de ‘La pared de enfrente’ Alicia Gutiérrez

Además de documentarse en ensayos referentes a la transexualidad, tanto histórico como social. “Me han ayudado mucho libros como ‘Las degeneradas trans acaban con la familia’, coordinado por Ira Hybris, ‘Transbarcelonas’, de Rafael M. Mérida o ‘Querer como las locas’, de Jesús Pascual. He visualizado documentales que me llevaron a leyes, revistas y documentos de la época. Y prensa rosa, mucha prensa rosa de los años ochenta y noventa”, subraya.

Además, para Guerrero Tenorio era muy importante el plano lingüístico de la obra: “Supe desde el principio que la voz de Manolita sería coloquial, lo más fiel posible a su forma de hablar, así que ahí también consideré que los demás personajes hablasen con su propio idiolecto: que el guardia civil hablase como un guardia civil, que otros personajes ofreciesen su propio idiolecto”. Y es que la novela está estructurada en diferentes narradores. La historia está contada por la propia Manolita, reconocida con la muletilla de “niña”; también habla en primera persona su hermana pequeña Josefa, o su hermano José Antonio; aparece Conchita (su novia falsa del pueblo) y otras voces del colectivo trans como son: La Petróleo, Violeta la Burra, la Mónica, Cindy, la Bicicleta… Hasta habla la Manolita Chen del Teatro Chino.

Todo un desfile de personajes que cuentan su visión, sus vivencias, junto a la gran Manolita Chen, también conocida por los escenarios de Barcelona y Torremolinos como ‘La Meli’ o ‘Bella Elens’. Una vida repleta de oxímoron. Porque: una cosa no quita la otra. Y toda la violencia que sufrió Manuela a lo largo de su vida, no le van a quitar las alegrías. De ser de “de la cáscara amarga de la pared de enfrente, que así es como nos llamaban los mariquitas” a ser una pionera nacional del colectivo LGTBI.

Al final de la publicación, aparece un texto que resume la vida de Manolita:
“Con seis años la expulsaron del colegio para que no ‘contagiara’ su homosexualidad. Durante las fiestas patronales, el alcalde franquista Laureano Barrera la encarcelaba o la encerraba en el cementerio para ocultarla a ojos de los turistas. Un miembro de la Policía municipal acudía con frecuencia a su casa para limpiarle el maquillaje de la cara. Recibió electroshocks en un campo de concentración con el fin de ser ‘reeducada’. Mientras estuvo vigente la Ley de Vagos y Maleantes, y posteriormente la Ley de Peligrosidad y Rehabilitación Social, la detuvieron una y otra vez. Agentes de la Guardia Civil la violaron y otros agentes, o quizá los mismos, le metieron piedras en la boca hasta que sangrara. Etcétera.

80 años después de que naciera, también en octubre, pero de 2023, el ministro del Interior le concedió la Gran Cruz al Mérito Social de la Guardia Civil, y, unos días más tarde, el presidente del Gobierno le entregó la declaración de reparación y reconocimiento personal, la máxima distinción como referente de la memoria histórica LGTBIQ+ y como víctima de los abusos de la dictadura franquista. Comenzaba así el largo camino de la reparación”.

“Supe desde el principio que la voz de Manolita sería coloquial, lo más fiel posible a su forma de hablar”

Manuela, ¿Qué significó para ti que la Guardia Civil te distinguiera después de toda la violencia que ejercieron contra ti?
Eso porque la Guardia Civil pidió perdón. La Iglesia todavía no me ha pedido a mí perdón. Yo he sido violada por la Iglesia. Y yo siempre he querido a la Iglesia y he ayudado a la Iglesia. Toda mi vida. Yo creo que una persona que se ha portado más bien con la Iglesia, no la ha habido. Pero no me podían ni ver. Y ahora el último que hay ahora en Arcos, es un homófobo. Ya va a hacer un año o dos que voy a abrir la capilla de las Aguas, que yo abría la ermita todos los días, y me ponen una cerradura. Ya no pude entrar más. Son los más sinvergüenzas. Y que me perdone Dios, porque yo he sido violada por dos curas.

En una entrevista en 'La Script', el director de cine Santiago Segura comentó lo siguiente: “Bibiana Fernández, por ejemplo, me parece una mujer. Es una mujer, se lo ha ganado. Tiene disforia de género, se hormona, tiene su carné de identidad. Yo me casaría con ella. O sea, las trans en España no han tenido nunca ningún problema. Y de repente sacan una ley trans muy agresiva”.
A Santiago Segura qué quiere que yo le diga… Ese hombre cambió de camello. Eso no lo quiero yo ni contestar, porque es vergonzoso que diga ese señor esas cosas. Un hombre que es tan buen director de cine y que diga estas cosas. Ese hombre no puede decir eso, porque eso es mentira, eso que se ha querido tirar es de faroleo. O es franquista. A mí me da igual ya que sea franquista, de Vox o de quien sea.

En la novela, dices tú como narradora: “Franco había sido, niña, la causa de todos mis males; yo no sabía ni cuántas cárceles había pisado por culpa de sus leyes. A mí me habían tachado de vaga, de maleante y de peligro social porque a él le había salido de los mismísimos pensar que nosotras las mariquitas éramos unas delincuentes”. ¿Qué te entra por el cuerpo cuando hoy escuchas a jóvenes decir que con Franco se vivía mejor, o que viviríamos mejor bajo una dictadura?
Yo me muero cuando lo escucho. Es que yo escucho a mi sangre, que no lo escucho a los jóvenes, sino a sobrinos míos. Y yo le digo, chiquillo, ¿tú a dónde has escuchado eso? ¿y cómo sabes tú que se vivía mejor entonces? Pregúntale a tu abuela y pregúntale a tu padre y pregúntale… Y sobre todo no con la homosexualidad, sino con cualquier hombre que iba a por cuatro espárragos al campo, le pegaban y le quitaban los espárragos y se iban por caracoles. Es que era con todo. Con los mariquitas sobre todo y con las lesbianas, con las lesbianas eran peor, más perseguidas que ahora. ¿Pero nosotras? Yo veía un guardia al lejos por la calle, y yo me iba corriendo de las descomposiciones que me entraba.

¿Y es cierto que estuvo con La Petróleo en el entierro de Franco?
Sí. No sé la de horas que estuve en la cola.

En el libro cuenta que su intención era escupirle al ataúd…
Yo llevaba la saliva en la boca. Y La Petróleo me decía: como haga eso nos llevan presa. Y yo: que te calle. Y la eché. Que le den por culo a Franco.

“Ese niño me lo llevo yo para casa, porque nadie lo quiere. Y aquí estoy yo, para quererlo”.

Para Abraham, lo que más le gusta de Manolita es “su picardía. Ella es un ejemplo de picaresca”. Manuela, que durante sus años como cabaretera llevó por bandera su pueblo, regresó a Arcos en 1975 para cuidar de su madre María. Y tres años después, en 1978, abrió El Camborio, una sala travesti, en plena transición. Tras dejar los escenarios, Manolita se convirtió en empresaria y abrió otros negocios como son El Rincón Andaluz, La Cuadra y el restaurante Los Tres Caminos. Y es en su pueblo donde adopta a sus cincos hijos. Hijos que, como expresó en una entrevista televisada junto a José María Íñigo en 1983: “Ese niño me lo llevo yo para casa, porque nadie lo quiere. Y aquí estoy yo, para quererlo, para amarlo y para adorarlo”.

Y es lo que lleva haciendo también desde que creó Hogares Manolita Chen en Sevilla y Arcos de la Frontera, dando un hogar y amor a personas del colectivo LGTBI que están en situación de extrema vulnerabilidad. “Vienen huyendo de sus países porque los matan, los ahorcan… Y en España porque hay algún familiar que está abusando de ellos, porque los maltratan… Y en cuanto nos enteramos, enseguida vamos a por él. Tú no sabes esto lo fuerte que es: ver a un chaval con 18 ó 20 años, de esa manera… y a mí me entra de todo. Me descompongo, y me lio a darle achuchones, y le digo: Aquí estoy yo, como si fuera tu familia, aquí somo todos como una familia, hijo”, escenifica. De nuevo: qué alegría más triste.

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