La cooperativa agroecológica Ecosol, en la cuerda floja: el buitre Élix pretende desahuciarles este viernes

El fondo de inversión adquirió en 2024 la totalidad del edificio que alberga el proyecto. Hoy, su plan es vaciarlo de vecinas para especular con los pisos, pese a que Ecosol lleva desarrollando una actividad esencial desde 1999.
Ecosol Tetuán - 5
Uno de los cooperativistas de Ecosol, proyecto de agroecología en el barrio de Tetuán en Madrid, pasa frente a una de las ventanas del local en peligro de especulación inmobiliaria. Álvaro Minguito
28 may 2026 05:00 | Actualizado: 28 may 2026 08:56

La cooperativa agroecológica Ecosol vivirá una jornada decisiva para su porvenir este viernes 29 de mayo tras más de 27 años de actividad esencial ininterrumpida en el barrio de Tetuán. Esa mañana, si todo sigue el curso marcado por la judicatura, el proyecto deberá abandonar forzosamente el edificio donde lleva desarrollando su labor desde 1999. La historia del posible desahucio de Ecosol -o al menos del local que le ha dado vida todos estos años- es la que no hace más que repetirse una y otra vez en los barrios del centro de Madrid: grandes inversores internacionales que se hacen con la compra de bloques enteros de edificios, ponen todos los recursos legales a su disposición para vaciarlo de sus vecinas y acaban convirtiéndolos en pisos turísticos o de alquiler de lujo.

Un proceso especulativo que resuena como una oscura letanía y que está detrás de miles de desalojos -visibles e invisibles- en el Estado español. Airbnbs, cafés de especialidad y hostels que se abren paso en barrios cada día más sacudidos por la gentrificación y el alza descontrolada de los precios. “Donde antes había un bar o un negocio de un vecino, ahora hay pisos turísticos o viviendas inasequibles”, señala Celia, empleada de la cooperativa, a escasos días del desalojo.

En el caso de esta cooperativa, un espacio de referencia en el distrito, podría decirse que el inicio de su resistencia organizada comenzó en 2024, cuando el conocido fondo buitre Élix Rental Housing adquirió la totalidad del edificio en el número 1 de la calle Salvia. Pero realmente el problema hunde sus raíces mucho antes de esa fecha: la antigua propietaria del inmueble, que entonces alquilaba el local a precios asequibles por solidaridad con las socias, falleció en plena pandemia. En su testamento estipuló donar el inmueble a la orden hospitalaria religiosa San Juan de Dios, confiando en que aquella acción constituiría una obra de caridad.

Esta orden promueve a menudo entre sus feligreses que donen su herencia a Iglesia para, según su propia web, “construir un futuro con mejores oportunidades para las personas que más las necesitan y, así, un mundo más justo para todos y todas”. Así hizo con la mejor de las intenciones la antigua casera de Ecosol, que dejó tras su muerte un legado solidario a la orden, sin saber que ésta acabaría vendiendo a precio de ganga el edificio a una inmobiliaria, Apolo Real State S.L.

A partir de entonces, el edificio fue cayendo en manos de hasta tres fondos diferentes, el último de los cuales ha decidido rehabilitar el inmueble, a excepción de la fachada, para alquilarlo a futuro. Un caso inmediatamente similar se ha dado recientemente con el desahucio del pensionista Mariano Ordaz, cuyo piso en pleno rastro madrileño fue comprado por la franciscana Venerable Orden Tercera (VOT) y ésta le dejó en la calle el pasado 7 de mayo para hacer negocio con el que había sido su hogar durante más de 50 años.

Todos sus intentos de mediar y negociar con la propiedad han sido infructuosos: El juzgado ya les ha notificado que el día 29 a las 11.45 tienen que estar fuera del local, sin condiciones

Ahora que el contrato finalizó de Ecosol y Élix busca vaciarlo enteramente, las cooperativistas se ven atadas de pies y manos. Todos sus intentos de mediar y negociar con la propiedad han sido infructuosos: El juzgado ya les ha notificado que el día 29 a las 11.45 tienen que estar fuera del local, sin condiciones. Ya se había producido en los últimos años un goteo progresivo de vecinas del mismo edificio que acabaron accediendo a abandonar sus viviendas a cambio de recibir una suma insignificante de dinero por parte de la propiedad, un extremo que Ecosol ha rechazado hasta el último momento. “Sabíamos queríamos quedarnos en el local y renovar el alquiler porque ellos planteaban darnos una cantidad de dinero que nos solucionaba el alquiler aproximadamente, con los precios del alquiler de ahora, no llegaba un año, seis o siete meses, con lo cual estábamos en la misma situación”, comenta Celia a este medio.

El modus operandi de Élix, propiedad de AltamarCAM, está dirigida por Claudio Aguirre, primo de la expresidenta autonómica del PP, es casi siempre el mismo: “compra, rehabilitación y venta de viviendas”, tal y como promocionan. Renovar los contratos de las vecinas a precios asequibles no entra dentro de sus planes de negocio. Para alcanzar sus fines especulativos han llegado incluso a emplear técnicas violentas de acoso inmobiliario, algo que este año ha precipitado su imputación tras la demanda de un bloque en lucha contra el fondo, Tribulete, 7: Se trataba de la primera vez que se logra sentar en el banquillo a un fondo como persona jurídica, algo que estos últimos meses ha ofrecido una pequeña luz de esperanza a Ecosol, también víctima de los tejemanejes de Élix.

Élix Rental “cuenta con unas ventajas fiscales escandalosas que fomentan la especulación sin límites al no tener que pagar impuestos sobre los beneficios adquiridos”, advierte el Sindicato de Inquilinas

Desde el Sindicato de Inquilinas llevan años advirtiendo de que esta socimi “cuenta con unas ventajas fiscales escandalosas que fomentan la especulación sin límites al no tener que pagar impuestos sobre los beneficios adquiridos. Algo por lo que apuestan sin miramientos muchos accionistas sin escrúpulos”. Con su anterior proyecto, Elix Vintage, llegaron a adquirir 22 bloques en Madrid y Barcelona, un total de 421 viviendas. Además de Tribulete, 7, otros bloques organizados con este sindicato que se han rebelado contra este fondo han sido Galileo 22 (Chamberí) y Boldano 5 (Ciudad Lineal).

Un efecto dominó económico en pequeños productores rurales

La falta de mecanismos legales de protección hacia proyectos cooperativos como Ecosol hace que la orden de abandonar el local se haya producido con una celeridad poco habitual, tan solo tuvieron un plazo de dos semanas hasta el desalojo desde que el juzgado les denegara el recurso que habían interpuesto contra la propiedad. El pasado mes de julio se había celebrado el juicio contra la socimi en el que las cooperativistas estuvieron imputadas por incumplimiento de contrato, si bien todas ellas habían seguido pagando su alquiler en el juzgado pese a que la sociedad no quisiera aceptar los pagos. Ahora, al borde de su expulsión, temen que la pérdida del local donde llevan tejiendo comunidad genere un efecto dominó económico en los pequeños productores con los que trabajan.

“Va a perder dinero el campo, el de los pequeños productores a los que desde hace muchos años compramos la fruta y verdura que cultivan”, destaca Celia. La labor fundamental de todos ellos en el medio rural permite a la cooperativa disponer de productos vegetales frescos de origen ecológico como cerezas, arándanos, fresas, lechugas o higos secos. Estos agricultores comprometidos con el proyecto proceden de regiones como Guadalajara, Extremadura, Murcia o el sur de Madrid.

“Vendemos un 15% de nuestros kiwis a Ecosol, con los que empezamos a trabajar hace más de 15 años. Estamos en la Vera, una zona que vive del campo”, describe Cristina, una productora víctima del posible desalojo

Ecosol señala en un comunicado el caso particular de una familia agricultora de Cáceres, que se vería indirectamente afectada por la clausura del local. “Vendemos un 15% de nuestros kiwis a Ecosol, con los que empezamos a trabajar hace más de 15 años. Estamos en la Vera, una zona que vive del campo. Somos una forma de que tengan vida los pueblos”, describe Cristina, una productora víctima del posible desalojo.

En este sentido, las participantes del proyecto señalan la hipocresía de las instituciones que de un lado defienden las políticas destinadas a fortalecer el medio rural, así como los proyectos basados en combatir los efectos de la crisis ecosocial, y del otro entorpecen el funcionamiento de iniciativas como Ecosol. Ni siquiera el propio Ayuntamiento ha ofrecido alternativas o posibilidades de intermediación a las afectadas. “Al Ayuntamiento de Madrid proyectos así no les interesa para nada. De hecho, les interesa que no existan ese tipo de proyectos para que la gente no se una y no piense y actúe en colectivo”, coinciden los cooperativistas.

Preservar y disputar espacios colaborativos de autoconsumo

Pero no se trata solo de medir los innegables efectos económicos que el desalojo reportaría a decenas de personas implicadas en Ecosol: su existencia permite algo que va más allá del consumo: tejer redes comunitarias en el barrio, consolidar espacios asamblearios y horizontales de encuentro donde el cuidado está en el centro y donde las lógicas productivas del mercado quedan en un segundo plano. En suma, poner en práctica otras formas de organizar la vida y las relaciones sociales. “El rentismo destruye también los comercios de barrio, primero vaciaron el bloque de vecinas y ahora quieren desahuciar a una cooperativa agroecológica que lleva años resistiendo y tejiendo redes en el barrio”, protestan desde el Sindicato de Inquilinas, con quien están organizadas las cooperativistas en su batalla judicial contra el gigante inmobiliario.

“Primero vaciaron el bloque de vecinas y ahora quieren desahuciar a una cooperativa agroecológica que lleva años resistiendo y tejiendo redes en el barrio”, protestan desde el Sindicato de Inquilinas

“Al final, es ésta lógica de exprimir la inversión que han hecho en vivienda todo lo posible, pase lo que pase, sobre las vidas de la gente de esos bloques. Y todo esto por la apertura legislativa a que los fondos de inversión puedan hacer negocio con beneficios fiscales, con facilidades para que entraran en este país, y en concreto en la Comunidad de Madrid, después de la crisis de 2008, la de la burbuja hipotecaria” se explaya la portavoz del sindicato.

De hecho, la cooperativa nace a partir de un grupo de unas 15 familias provenientes de diferentes ámbitos como la ecología, salud, antimilitarismo, u otros, con ganas de que el consumo vaya “más allá de lo personal para abarcar también lo social”. La filosofía, desde entonces, ha sido la de hacer del carrito de la compra una herramienta de transformación social. Términos como comercio justo y ético o consumo autogestionado están en el vocabulario cotidiano de este tipo de iniciativas.

Pese a los vaivenes del mercado especulativo, que está haciendo mella en todo el distrito y se está cebando en especial con proyectos como el suyo, Ecosol no contempla bajar la persiana al menos de momento. “La intención de las socias y los socios de Ecosol es seguir con la actividad porque es un proyecto que lleva casi 30 años en el barrio, muchos de los socios han permanecido desde el principio y vamos a intentar por todos los medios que Ecosol no desaparezca”, cuenta Celia con esperanza. Dado el impacto de la crisis habitacional en los alquileres de viviendas y locales, ven viable compartir espacio con otras asociaciones y colectivos del entorno. “Ecosol es una cooperativa sin ánimo de lucro, los precios de los productos están súper ajustados para pagar los gastos de luz local y mi sueldo en este caso, entonces no nos podemos permitir un local de mil euros”, confiesan desde la cooperativa.

Aunque no tienen problema con colaborar con otras entidades a la hora de compartir local, precisan de un espacio donde sea posible el almacenaje y conservación de los productos de proximidad, algo de lo que no todos disponen. También para recibir todos los productos de los proveedores en las mañanas, repartir entre los socios que acuden puntualmente a su recogida los martes, exponer los frescos y realizar las asambleas y reuniones de la mesa de coordinación.

La idea, por tanto, es seguir disputando el espacio y continuar así con la tarea también política que define al proyecto. Fabian, militante del Sindicato de Vivienda de Tetuán (SVT) que acudirá el viernes a las nueve de la mañana a frenar el desalojo, defiende la necesidad de luchar por este tipo de proyectos cooperativos hoy más amenazados que nunca. “Estamos viviendo un retroceso en cuanto a derechos políticos y eso hace que espacios como esta cooperativa donde la clase trabajadora puede desarrollar su actividad encuentre cada vez menos amparo en un procedimiento judicial. Los ataques que sufren cada vez son más atroces y violentos, al igual que está sucediendo en centros sociales autogestionados”, sostiene en conversación con este medio.

“Esto no va solamente del mantenimiento de Ecosol, sino también de resistir en un barrio como Tetuán que tiene una presión del mercado inmobiliario bestial...”

Tanto las cooperativas como estos espacios de organización barrial están sufriendo un embate acusado en los últimos años, y muy en especial en el distrito de Tetuán. “Lo que quieren es eso, acabar con el tejido del barrio con tal de sacar dinero. Esa lucha ha permitido a Ecosol quedarse durante tres años en el local bajo la estrategia Nos quedamos”, insiste Molina. Y añade: “Esto no va solamente del mantenimiento de Ecosol, sino también de resistir en un barrio como Tetuán que tiene una presión del mercado inmobiliario bestial, donde muchos fondos, constructoras y rentistas en general están queriendo acabar con un barrio históricamente de clase obrera, con una organización popular bestial y que sigue siendo”.

Ahí existen actualmente cerca de 1.481 ofertas de apartamentos turísticos según la web de Airbnb mientras que 5,5 millones de hogares se enfrentan a la exclusión residencial. Para Fabian, el problema reside en la mercantilización de algo que debería entenderse como un bien de primera necesidad consagrado por la misma Constitución: “La vivienda se acaba cambiando como si fueran caramelos, cuando es un bien básico en el que vivir. Cada vez tenemos menos herramientas legales a nuestro favor, de manera que tenemos que engrosar nuestra acción sindical, la presión a los rentistas, con el fin de combatirles organizadas”, infiere.

Fondos buitre
Ecosol, la cooperativa agroecológica que lucha por sobrevivir al desalojo del fondo buitre Élix Rent
Este gigante inmobiliario, que ya ha logrado hacerse con la práctica totalidad del edificio que alberga el proyecto, se niega a renovar su contrato de alquiler ya que busca rehabilitar el inmueble y alquilarlo a precios desorbitados.
Derecho a la vivienda
Las vecinas de Tribulete, 7 sientan en el banquillo a altos cargos de Élix Rental por acoso inmobiliario
El pasado mes de diciembre el Juzgado de Instrucción número 17 de Madrid admitía a trámite la querella presentada por las vecinas del bloque contra este fondo buitre.
Sphera
Sembrar zanahorias, recolectar comunidad
Una comunidad que sostiene la agricultura es un grupo de personas que alquila tierra y contrata a agricultores para cultivar. Es la forma de obtener frutas y verduras de kilómetro cero.
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