Maltrato animal
Codornices entre cadáveres en una granja con certificado de bienestar animal
Coordinador de Clima y Medio Ambiente en El Salto. @pablorcebo.bsky.social, pablo.rivas@elsaltodiario.com
Aves y huevos entre cadáveres, muchos de ellos en avanzado estado de descomposición y mordidos por roedores; grandes cantidades excrementos acumulados bajo los animales o jaulas con decenas de codornices hacinadas. Son algunas de las imágenes que se han descubierto en una nueva “granja de los horrores”, como son calificadas desde los colectivos animalistas, en este caso una explotación avícola situada en Juneda (Lleida) que cuenta con certificado de bienestar animal Welfair, el estándar Free to Fly for animal welfare (libres para volar por el bienestar animal) y la certificación International Featured Stands (IFS) de calidad y seguridad alimentaria.
Las imágenes, que ha destapado la organización ARDE, fueron tomadas en octubre de 2025 en el complejo ganadero catalán, formado por cinco naves destinadas a la cría de codornices, con capacidad para 130.000 animales en jaulas y propiedad del Grupo Urgasa, el principal productor de este tipo de aves a nivel europeo. Los huevos de codorniz que comercializa esta compañía se pueden encontrar en los supermercados Mercadona y Bon Preu, bajo su marca blanca; así como en Carrefour, bajo marca Urgasa; en la web de Eroski, bajo marca Hobea, y El Corte Inglés, con marca Dagu.
La organización animalista, especializada en la denuncia de las prácticas irregulares de la industria ganadera, ha puesto los hechos en conocimiento de la Fiscalía de Medio Ambiente de Catalunya y de la Conselleria d’Agricultura y alega “presuntas irregularidades administrativas en materia de sanidad animal y posibles delitos de maltrato animal y contra la salud pública”. Asimismo, alerta de que “la convivencia de las aves y sus huevos con cadáveres putrefactos implica riesgos zoonóticos de transmisión de enfermedades a humanos como la leptospirosis o salmonella”.
Un informe veterinario que avisa al consumidor
ARDE suma a la denuncia un informe veterinario, firmado por la colegiada Silvia Gimeno Ponce, por el que se pone de manifiesto “un riesgo relevante para el consumidor” desde el punto de vista de la sanidad animal y la seguridad alimentaria.
El documento, basado en el análisis de las imágenes, señala la presencia de cadáveres de codornices en evidente estado de descomposición dentro de las jaulas, en contacto directo con aves vivas, así como numerosos cadáveres adicionales bajo las jaulas. También cita “imágenes en las que un operario recoge un número elevado de aves muertas, lo que sugiere una mortalidad significativa y persistente”.
Respecto al estado de los animales, señala aves con pérdida de plumaje, “compatible con picaje entre congéneres, indicativo de estrés y manejo inadecuado” y “aves con signos clínicos compatibles con enfermedad o malestar como entrecerrado de los ojos, actitud apática, o embolamiento del plumaje o plumaje erizado”. Estos hechos suponen, para ARDE, una posible vulneración de la normativa relativa a la higiene de los productos alimenticios y de bienestar animal.
Desde la organización denunciante destacan asimismo el estado de “suciedad extrema” de las instalaciones, con huevos “en contacto directo con suciedad, heces y cadáveres”. Al respecto, el informe veterinario remarca que “el contacto de huevos con cadáveres en descomposición, heces y suciedad favorece la contaminación de la cáscara, con riesgo de penetración bacteriana al interior del huevo”. Esto supondría una “grave deficiencia higiénico-sanitaria, incompatible con los requisitos de higiene de la producción primaria” para la veterinaria.
Julia Elizalde: “Es alarmante que esta granja tenga el sello de bienestar animal, cuando desde el punto de vista administrativo está incurriendo en claras irregularidades”
Por otro lado, la organización denuncia el sistema de gestión de residuos. “En las imágenes se observa cómo un operario, siendo consciente de la presencia de aves vivas en la cinta transportadora de estiércol, la pone en funcionamiento sin retirar a los animales”. Al respecto, el informe veterinario señala “riesgo extremo e inmediato derivado del uso de un sistema mecánico de evacuación de residuos en presencia de animales vivos, con posibilidad de atrapamiento, traumatismos graves o muerte”.
También alega que el suelo y sistema de alojamiento, jaulas con suelo de rejilla, no es el adecuado, puesto que en las imágenes se puede ver cómo en algunos casos la extremidad distal completa (la pata) atraviesa la malla.
Certificaciones de calidad que no se cumplen
Las imágenes difundidas por ARDE contrastan con las certificaciones de calidad y bienestar animal que luce el Grupo Urgasa. La primera de ellas, el sello Animal Welfair, otorgado a 32.000 granjas de nueve países dice acreditar “el bienestar animal, de forma independiente, científica y basada en la observación directa del animal”.
Asimismo, la marca Free to fly, asegura animales “en plena naturaleza, usando métodos tradicionales, con todas las garantías”. En su “receta” se pueden leer que las codornices son “libres para volar”, con un “sistema de puesta libre de jaula que permite un amplio movimiento a la codorniz y la posibilidad de volar dentro del recinto”. También contarían con “zona de recreo ‘arenal’ superior al 50% del total del espacio disponible”, “zona de relax y privacidad para la puesta” y un sistema de luz y ventilación natural.
El grupo Urgasa destaca asimismo la posesión de la garantía Halal de Junta Islámica y el certificado IFS Food, que pretende garantizar el cumplimiento de la calidad, la seguridad alimentaria y la normativa vigente.
Julia Elizalde, portavoz de ARDE, señala al respecto que “es alarmante que esta granja tenga el sello de bienestar animal, cuando desde el punto de vista administrativo está incurriendo en claras irregularidades”. Para la portavoz, los certificados son “una mera herramienta de marketing”, por el que “los consumidores son engañados, creyendo apoyar el bienestar cuando en realidad están financiando la explotación y el sufrimiento animal”.
Para Elizalde los hechos observados en esta granja “no son un caso aislado”. “La violencia en la industria ganadera es sistemática, porque se trata a los animales como máquinas en una fábrica, no como los seres sintientes que son. Demandamos al Gobierno y los supermercados acciones urgentes para poner fin a las granjas de los horrores”, finaliza.
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